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| Padre LIVIO TESSARI |
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| Escrito por Giovanni Tebaldi | |
| 19.02.2006 | |
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P. LIVIO TESSARI 1928 – 2003 La misión viene de lejos El P. Livio Tessari nace en Silvelle di Trebaseleghe, en la provincia de Padua, diócesis de Treviso, el 2 de diciembre de 1928, de una familia véneta de agricultores y pequeños propietarios. Livio frecuenta regularmente la parroquia y estudia en las escuelas del pueblo. En la clase V se distingue en religión, trabajos manuales, disciplina e higiene. Desde 1940, año de su ingreso en el Instituto, asiste a las clases de bachillerato de Montevecchia y Vittorio Veneto, en el liceo de Cereseto y Varallo Sesia, y en 1949-1950 hace el noviciado en Certosa di Pesio, donde se da de él un juicio excelente: «Es un buen elemento -se lee en su ficha-. Piedad sólida y constante, de fácil y grata convivencia, de buena iniciativa. Buen tipo por su carácter: bajo una apariencia sencilla y callada, se esconde un corazón de oro y una exquisita bondad… Entusiasta de la vocación y el Instituto… será ciertamente un buen misionero”. Es ordenado sacerdote el 20 de junio de 1954 por mons. Lorenzo Bessone, que será su primer obispo en Kenya. De 1954 al 1959, con vistas a la misión en África, el P. Livio se aplicó en estudios técnicos y se convirtió en profesor de la Escuela Técnica de Alpignano para jóvenes Hermanos misioneros. Más tarde, de 1959 a 1961, fu asistente de los estudiantes en Vittorio Veneto y a continuación se le nombró ecónomo de la casa de formación de Biadene. En 1961, tras ser destinado a Kenya, entonces colonia inglesa, fue enviado a Londres para estudiar inglés; y llegó a Kenya en febrero de 1962. Como primer cometido se le encargó que ayudara a instalar y potenciar la instalación eléctrica para llevar agua e instalar Rayos-X en el hospital de Nkubu. Al mismo tiempo comenzó a familiarizarse con la lengua local, con el fin de ser eficaz en su trabajo pastoral y misionero. En el mes de octubre de 1962, el obispo, monseñor Lorenso Bessone, le destinó a la misión de Kyeni, en el Distrito de Embu, donde comienza su primer decenio de intensa actividad misionera. La misión parte del corazón Dios configura al misionero de acuerdo con las necesidades de la gente, y Kenya, después de 1963, tenía que aceptar el reto de una nueva situación política para la construcción del País y de la Iglesia local, con la ayuda de los misioneros. En este contexto el P. Livio se encontró en medio de su gente, como amigo, catequista y formador, demostrando una fe profunda y concreta con la que estimular a los cristianos a contribuir en primera persona a la construcción de su País con total generosidad Esta actividad estaba enraizada en su coherencia espiritual: “Su espiritualidad no se fundaba en el sentimiento -afirma su párroco, Daniel Bortoletto, que le siguió de cerca en el camino misionero-, sino que estaba enriquecida con la reflexión, la meditación y la contemplación basadas en la Biblia. Este espíritu interior alimentaba su aguda inteligencia práctica, su capacidad organizativa, que hacía partícipes a los africanos de sus iniciativas hasta hacerles artífices de su historia”. Fue este espíritu interior el que animó su servicio al desarrollo humano y cristiano, sin dejarse llevar por la vanidad del éxito. Sus objetivos eran inconfundibles: prevalecía sobre todos la evangelización, conducida con el ejemplo y el diálogo; en la convivencia con el obispo y su presbiterio, y en la opción de algunas prioridades, entre ellas las iglesias como lugar de encuentro y de oración. Merece un recuerdo, entre tantas iglesias construidas por él y por las comunidades cristianas, la de Karaba Wango, realizada sobre un plano del arquitecto Emilio Maiga, de San Remo. Representaba la cooperación misionera de mucha gente, entre otros el obispo de Treviso, monseñor Migani, que donó un cáliz y una píxide, las Religiosas de Roma donaron el Vía Crucis, Cáritas de Roma los paramentos, etc. Las prioridades de la evangelización Dos prioridades que consideró esenciales para la evangelización y el desarrollo humano fueron la educación escolar y la sanidad. En estos sectores demostró una capacidad extraordinaria de organización, llevada a cabo con discreción y honradez ejemplar, y contando con la ayuda de asociaciones parroquiales, grupos de apoyo y ONG’s de Kenya e Italia. No toleraba una comunidad cristiana sin color y sin forma, por lo que en su años de misión erigió en Kiangunyi un Catholic Women Social Centre y en Kyeni una Catechistical & Bible School para jóvenes; con la financiación de “Sviluppo Pace” de Turín construyó en Kyeni-Kiaragana los locales de la Women’s Union for Social Action; abrió doce escuelas elementales en las aldeas de la misión y creó dos escuelas secundarias para jóvenes, una de ellas para chicas, la Kyeni Grils Secondary School, dirigida por las Ursuline Sisters of Brentwood-England, que se hizo famosa en Kenya por los excelentes resultados en los exámenes finales. Entre 1990 y 1991, con la aprobación del Gobierno, así como de la diócesis de Embu y la donación de 80 acres de tierra por parte de la población local, el P. Livio creó la Wachoro Boys Secondary School y la Gitarakwa Girls Secondary School, que en pocos años fueron capaces de acoger las solicitudes de educación de la zona. La prensa nacional se hizo eco el 26 de junio de 1991 de la inauguración de la Gitarakwa Girls Secondary School ante las autoridades parlamentarias y el Ministro de Agricultura, Jeremiah Nyaga, que expresó su complacencia por lo que los misioneros de la Consolata realizan en el campo de la enseñanza. Al final de la ceremonia, el P. Tessari confió la gestión de la obra a un comité interino, que pasaría los poderes a la presidente designada, Miss Catherine Njagi. Era ésta una de las características más apreciadas por el P. Livio, la entrega de toda actividad a la responsabilidad de la gente, reservándose la continuidad de la obra por medio de grupos de apoyo, de simpatizantes y de medios. Otro sector, el de la sanidad, concentró sus preferencias porque consideraba urgente ofrecer al menos una pequeña ayuda a los miles de enfermos que no podían acceder a los centros de salud y darles alguna educación elemental. Esta preferencia la manifestó desde su llegada, en octubre de 1962, a la misión de Kyeni, donde había un pequeño hospital dirigido por el doctor Antonio Lucia. En relación con esto, entre otras cosas, el doctor Antonio Lucia nos cuenta los siguiente: “Encontré al P. Livio por vez primera en 1961 cuando pasó por Kyeni (Kenya) juntamente con monseñor Lorenzo Bessone... Estaban de regreso de Nairobi y se dirigían a Meru vía Kyeni, Chuka, Egoji y Nkubu... Durante un breve descanso que hicieron en mi casa, les hice saber que sería muy oportuno que en el hospital tuviéramos mayor capacidad de energía eléctrica. Algunas semanas más tarde llegó a Kyeni un generador que duplicaba al que teníamos y nos lo traía el P. Livio Tessari personalmente... Desde aquel día... fuimos amigos inseparables, nos comunicábamos todo y trabajamos por nuestra causa (el hospital) sin cansarnos...”. Debemos recordar también que fue en aquellos años (1962-1972) cuando el P. Livio y el doctor Lucia, ayudados por las Hermanas Misioneras de la Consolata, instalaron en el Hospital de Kyeni todos los aparatos técnicos necesarios. Con la ayuda financiera de la diócesis de Fidenza fue posible dotar de un laboratorio al hospital, escuela de enfermeras, departamento de maternidad y aparatos de Rayos-X, así como mejores instalaciones para la electricidad y el agua. En 1968 el P. Livio, con la ayuda de la diócesis de Vicenza creó en Isahara la misión y el hospital, que en pocos años fue adoptado por el Gobierno para la asistencia sanitaria de la población de aquella zona. En 1973 fue destinado a la Casa Generalicia de Roma y durante cinco años fue coordinador de las ayudas a la misión. Su trabajo consistía en presentar a las diversas agencias de ayuda proyectos de desarrollo para las misiones, con el fin de conseguir los fondos necesarios para su realización. Desde ese puesto, con donaciones de la asociación “Sviluppo e Pace” de Turín y de la Comunidad Económica Europea, pudo financiar los locales de la Women’s Union for Social Action de Kyeni-Kiaragana e ir al encuentro de las necesidades de algunos estudiantes kenyanas en Italia. De vuelta a Kenya, en 1978, el P. Livio dedicó sus energías a las comunidades de la parroquia y a las escuelas. Aquí creo el Women Social Centre y organizó definitivamente la Girls Secondary School, proveyendo de las estructuras necesarias a los dormitorios y dotando a la escuela de electricidad y agua en abundancia. Cuando en 1983 la misión de Kiangunyi pasó a depender directamente del clero local, el P. Livio fue trasladado por los superiores a la misión de Karaba, situada en una región muy árida. Y cuando en 1985 hubo una sequía prolongada, con la ayuda de Cáritas italiana, de los “Fondi Aiuti Italiani” y con el apoyo del Gobierno de Kenya, creó la “Karaba Integrated Project”, que consistió en los siguiente: - plantación de 150.000 árboles en terrenos amenazados por la deforestación; - distribución de 2.600 cabezas de ganado a familias afectadas por la sequía; - perforación de varios pozos de agua potable y la construcción de nueve guarderías. Al mismo tiempo, el P. Livio, con la ayuda de los catequistas, llevaba adelante las actividades de pastoral, contribuyendo así al aumento numérico de los cristianos. En 1989 dio vida a la nueva parroquia de Karaba Wango, donde desplegó todas sus dotes prácticas y espirituales durante diez años, hasta 1998, convirtiéndola en una misión modelo por sus estructuras educativas y religiosas, culminadas con la bendición de la hermosa y funcional iglesia parroquial. En 1998 el P. Livio fue llamado a Roma por los superiores para confiarle el cargo de director del Departamento para la Coordinación de los Hospitales IMC en las Misiones, cargo que desarrolló hasta 2002. Monseñor Silas Njiru, obispo de Meru, que conocía muy bien el trabajo realizado por él en Kenya, le envió una hermosa carta de felicitación, en las que entre otras cosas le decía: “Querido Padre Livio: Quiero expresarte mi agradecimiento sincero por el servicio que has hecho durante muchos años en las parroquias de Meru y Embu. Cada uno de nosotros ha visto y apreciado todo el bien realizado en las parroquias de Kyeni, Kevote, Karaba y Karaba Wango. En todas partes dejaste improntas visibles e indelebles. La gente te recuerda y seguirá recordándote en los años futuros. Puedes estar seguro de que la semilla que has plantado germinará y dará fruto”. En los últimos años de su vida, esta actividad a favor de los enfermos y de las estructuras sanitarias le ocupó totalmente, en cuerpo y alma. Se convirtió en punto de referencia para médicos deseosos de desplegar sus conocimientos en los hospitales de la misión. Fue justamente durante una inspección a la zona pobre de Tharaka con el doctor Giorgio Giaccaglia cuando vio a una muchacha dar a luz en el camino. “El padre Livio Tessari, de la Consolata, le sugirió: Hay que construir un hospital para mujeres y niños” (cf. La Voce, mensual de la diócesis de Ferrara-Comacchio). El proyecto fue financiado por la ciudad de Ferrara, por la Asociación ‘Emiliano De Marco’ y por grupos de apoyo de Montebelluna y Capua. Dos años después, el hospital (cincuenta camas, dos salas operatorias, otra para radiografías y un laboratorio) está en funcionamiento gracias a la presencia del doctor Giorgio Giaccaglia y las Hermanas enfermeras indias. Pero la salud del P. Livio iba cediendo implacablemente al grave infarto que le había sorprendido en Catania en febrero de 2002. El día 15 de junio de 2003 fue llevado al hospital Koelliker de Turín, donde se le diagnosticó un tumor en el hígado. El 30 de junio de 2003 moría en Alpignano. A los muchos misioneros presentes en la misa de funeral, el P. Artemio les honró con las palabras de un recuerdo emocionado del hermano fallecido. Los restos del P. Livio fueron llevados a su pueblo natal, donde fueron enterrados al lado de los de sus padres. A los amigos que llenaban la iglesia de la parroquia de Canizzaro (Treviso), el párroco, don Daniele Bortoletto, les dijo: “Nos ha dejado un hombre incansable en el trabajo por el Evangelio: ¿quién le sustituye?” Giovanni Tebaldi
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