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Delegación de Costa de Marfil PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Piero Trabucco, IMC   
19.02.2006

VISITA CANÓNICA

A LA DELEGACIÓN DE COSTA DE MARFIL

(23 agosto – 12 septiembre 2003)

15 de noviembre de 2003

Queridos Misioneros:

 Con vosotros damos gracias a Dios por habernos permitido hacer serenamente la visita canónica a vuestra Delegación. Realmente había sido programada para el mes de febrero, pero los acontecimientos en el ámbito social y político que todos conocemos no nos la permitieron.

La persistente dificultad de los viajes, que ha desaconsejado también esta vez la visita a vuestras residencias del Norte, en Dianra y Marandallah, nos ha permitido en cambio prolongar la convivencia comunitaria y realizar una sesión de reflexión de cuatro días sobre vuestra realidad de vida y de trabajo, que ha sido especialmente significativa y fructífera. Juntos hemos celebrado nuestro ser de Misioneros de la Consolata y hemos dado gracias al Señor, que nunca deja de protegernos en los momentos de dificultad y de peligro. También hemos podido afianzar la sintonía entre la misión en Costa de Marfil con el camino que el Instituto está realizando en este momento en varias partes del mundo. No faltó un recuerdo especial a nuestra apertura en Mongolia, que ha usurpado a vuestra Delegación el título de la misión más joven misión del Instituto.

Deseamos ahora detenernos en la lectura de vuestra realidad, valorando las aportaciones hechas en la revisión inicial, antes de ofrecer algunas orientaciones operativas. Esta lectura permitirá al mismo tiempo que os presentemos a toda nuestra Familia misionera, a vosotros como misioneros y vuestra misión y la realidad social, política y eclesial en la que os encontráis, aunque será necesariamente de forma esquemática. Limitamos nuestra atención a dos aspectos.

1. Un camino de ocho años 

Habéis dedicado un día antero a recordar vuestra experiencia de ocho años de trabajo misionero en Costa de Marfil y a reflexionar sobre sus características. Habéis encontrado una coincidencia muy grande al poner de relieve, entre otros, los siguientes elementos positivos:

- Esfuerzo común y mucha reflexión han sido abundantes en la realización de la que fue la consigna del IX Capítulo General, es decir, realizar una misión que respondiera al criterio de la “novedad en cuanto al estilo, a los métodos y a las expresiones de la acción evangelizadora del Instituto” (Actas, 73).

- La opción por los pobres, que tuvo su punto diamantino en el proyecto de inserción realizado en el Bardot durante casi siete años, ha sido una constante preocupación y un criterio en las nuevas aperturas, especialmente en el Norte. Esto ha hecho madurar, además, un estilo de misión que desea manifestarse especialmente con una sencillez de estructuras y una proximidad a la gente.

- Ha habido un evidente empeño por parte de todos para concretar un estilo de misión, haciendo hincapié en la primera evangelización, en la proximidad a la gente, la atención en hacer nuestras sus preocupaciones en cuanto a salud, educación, elevación del ambiente, deseo de ser en todas partes una presencia de consolación, atención dada a los catequistas, esmero de la liturgia.

- Teniendo presente el ambiente pluricultural y étnico circundante, es digno de destacar el esfuerzo hecho especialmente por los más jóvenes para aprender una de las muchas lenguas locales. Tal esfuerzo no solamente responde a una explícita voluntad del Padre Fundador, sino que es también índice del interés por la gente, por su culturas y por la realidad de su vida. En las dos misiones del Norte, el aprendizaje de la lengua es el vehículo indispensable para poder dialogar con la gente y poder establecer un primer contacto con la realidad musulmana.

- El esfuerzo para crear comunidades significativas y fraternas ha tenido consecuencias benéficas para el personal misionero y ha posibilitado un testimonio eficaz de vida para las comunidades cristianas y no cristianas.

Tampoco os habéis olvidado de hacer una lista de las dificultades y los retos que acompañan vuestro trabajo. Con espíritu realista, pero positivo, habéis dirigido la mirada sobre vosotros mismos, sobre la Iglesia y sobre la sociedad circundante para descubrir los eventuales obstáculos que debéis salvar o los objetivos que debéis perseguir y que exigen una mayor atención de todos. Los repasamos a continuación brevemente:

- No siempre desde el principio ha sido plenamente comprendido nuestro carisma por la Iglesia local. Mientras que por una parte tenemos en la máxima consideración la comunión y la colaboración con la Iglesia local, por otra debemos mostrar también, más con los hechos que con las palabras, que nuestro deseo de estar en zonas de primera evangelización o en las periferias, en situaciones sociales de marginación y con estructuras elementales, son expresiones de un estilo de trabajo que ahonda sus raíces en nuestro carisma misionero y que integra ministerios desempeñados por otras fuerzas en beneficio de la Iglesia local.

- Vuestra Delegación está dando sus primeros pasos. Debéis encontrar aún el ritmo adecuado, los medios más aptos, una mayor comunión e intercambio, tanto en el interior de vosotros mismos como con la Dirección General, que a su vez deberá quizá tratar de estar más presente y puntual con sus orientaciones, pero sin privaros de la responsabilidad jurídica que compete a una Delegación.

- El personal misionero, que es generalmente muy joven, ha sufrido por razones de salud física, cambios repentinos e inesperados que no han dejado de causar alguna desorientación. La propia misión (lo sabemos muy bien) genera a menudo esas dificultades. Si por una parte debemos aceptarlas, por otra no debemos minimizar sus efectos negativos.

- Algunas orientaciones iniciales que se refieren especialmente a lo “nuevo” que nuestra misión en Costa de Marfil quería llevar a cabo, con el paso del tiempo se han convertido en objeto de diferentes interpretaciones que han ocasionado prolongadas confrontaciones y alguna hendidura en el tejido de comunión de la Delegación. El esfuerzo que estáis haciendo para aclarar los objetivos de vuestra presencia en este país no debe ir en detrimento de los valores por los que el Instituto os admira.

- Una nueva frontera se está abriendo en el Norte. Debéis mirar hacia ella todos con interés porque ofrece a la Delegación la posibilidad de vivir plenamente la primera evangelización, de realizar obras de consolación a favor de la gente y de intentar el no siempre fácil diálogo con el mundo musulmán.

2. Una realidad conflictiva 

Las consecuencias de los acontecimientos políticos del último año se dejan sentir fuertemente no sólo en la población y en los diversos aspectos de la vida social, sino también en el trabajo misionero. Vuestra Delegación, al igual que el país, se ha dividido en dos partes. Dos comunidades vuestras se encuentran en la zona Norte, en manos de los rebeldes, y tres en la del Sur, controlada por las fuerzas gubernamentales. La Iglesia no deja de hacer oír la voz de sus pastores, siempre vigilantes y atentos para hacer progresar al pueblo de Dios hacia una mayor madurez de su fe en el contexto difícil de la África de hoy. La lectura que habéis hecho de esta realidad vuestra y de la de todo el continente, partiendo de nuestra óptica misionera IMC, ha entrevisto algunos aspectos interesantes que deseamos recordar:

- Aunque las fuerzas gubernamentales y las de la oposición hayan logrado oficialmente un acuerdo, la realidad concreta sigue siendo muy difícil y conflictiva. El país sigue prácticamente dividido en dos, con las consiguientes dificultades de movimiento entre las dos partes; la inseguridad y el miedo reinan soberanas; crece la discriminación étnica frente a la numerosa población de emigrantes llegados en tiempos pasados al país, con la relativa desconfianza de la población musulmana hacia la cristiana; en el Norte faltan a menudo los servicios sociales básicos; ha aumentado la desconfianza de los partidos políticos entre sí. También en nuestro ámbito esta situación ha creado graves dificultades de conexión de las misiones del Norte con la de San Pedro.

- Las dificultades políticas generan a su vez innumerables inconvenientes y problemas en la población, como la división en las familias, el aumento de las injusticia con los pobres y su explotación, el empobrecimiento constante de la gente que en algunos casos llega hasta a carecer de los medios necesarios para sobrevivir, un crecimiento de la inmoralidad en las diversas esferas de la vida social y un aumento de los refugiados.

- En el campo pastoral se multiplican los retos y se aumentan los problemas. Enumeramos algunos: las visitas a las comunidades de base resultan más difíciles, en algunos casos ha habido casi una completa suspensión de las actividades pastorales; la evangelización exige mayor atención a la promoción humana y a la solidaridad, así como a las iniciativas en favor de la reconciliación y de la paz; hay que ayudar a nuestros fieles a no recurrir en estos momentos de emergencia a formas tradicionales de religiosidad relacionadas con el fetichismo o las prácticas mágicas; es necesario hacer presente con cierta insistencia la palabra de la Iglesia para que se convierta en una referencia segura para todos los fieles.

- El magisterio de la Iglesia africana, especialmente a partir de la exhortación apostólica Ecclesia in Africa, y el de los obispos de Costa de Marfil, evidencian aspectos que no pueden ser olvidados en nuestra obra misionera. Estos son algunos: la inculturación de la fe es de la máxima importancia y requiere agentes pastorales que se afanen en el aprendizaje de la lengua local, en el conocimiento de la cultura, en la proximidad a la gente; la formación de las comunidades locales al estilo de la “familia” recuerda la necesidad de una participación activa por parte de todos; dos son las prioridades en la evangelización que nunca deben olvidarse: la formación de las comunidades eclesiales de base y la formación continua de los fieles; ecumenismo y diálogo interreligioso deben ser preocupaciones constantes de los agentes de pastoral aunque su logro no sea siempre fácil; los cristianos de Costa de Marfil deben ser los primeros en acoger a los refugiados, como también preceder en las buenas relaciones con los inmigrados y en intentar con el mayor esfuerzo un clima de respeto mutuo y de reconciliación entre todas las personas.

Puntos firmes

La inspiración inicial, en el momento de poner en marcha nuestra presencia en Costa de Marfil, había encontrado en las orientaciones del noveno Capítulo General referencias iluminadoras, que luego, a lo largo de los años siguientes, han podido ser completadas con otras intuiciones percibidas en contacto con la realidad del país y de la Iglesia y haciendo una confrontación con el XCG. Estas orientaciones e intuiciones han vuelto a aparecer a lo largo del encuentro en la asamblea que abrió la presente visita. Recordamos algunos que ilustramos brevemente para que puedan seguir siendo puntos firmes, especialmente para los Misioneros que han llegado recientemente a la Delegación.

Inserción 

Fue nuestra primera opción en Costa de Marfil, tanto en el orden del tiempo cuanto en relación con el impacto producido, y encontró en nuestra presencia de siete años en Bardot (San Pedro) su realización más significativa, aunque, por diversos motivos no haya podido luego proseguir. Una reflexión atenta sobre esta experiencia ha llevado a la comunidad a expresar su firme convicción de que la inserción debe proseguir como experiencia significativa y valor característico de la Circunscripción. La Delegación entiende ahora por “inserción”, en el contexto de su acción misionera en este país y sobre la base de la experiencia hecha hasta ahora, una realidad de doble dimensión:

1. El ideal, que es su fuerza íntima, estimula al misionero a vivir la misión de manera sencilla y esencial, en medio de la gente más pobre, comprometiéndose a comprender su cultura y su condición de vida. El misionero utiliza medios sencillos en el trabajo y ofrece complacido a la gente su colaboración en proyectos sociales de desarrollo, sin distinción de pertenencia religiosa o de raza.

2. La realización concreta, que da credibilidad al ideal, hace verdadera la opción de los pobres como deseada por nuestros últimos Capítulos Generales, se expresa en el contexto de todas nuestra presencia y utiliza una metodología de trabajo que se inspira en el carisma de los Misioneros de la Consolata.

La presente visita desea poner de relieve toda la fuerza evangelizadora que la opción de la inserción puede tener en el contexto de nuestra misión en Costa de Marfil, tanto en el presente como en el futuro. Dentro de los proyectos misioneros, esa opción debe encontrar un “modus vivendi” con nuestra específica evangelización, aun teniendo su propio ámbito de acción. Sugerimos que la misma cuente con la necesaria atención en el momento de redactar el PVC, que sea un criterio en la elección de nuevas aperturas y sea presentada como una opción comunitaria y específica de la Delegación a los Misioneros que llegan para trabajar en esta Circunscripción.

La elección de un servicio de pura inserción, desligado del servicio pastoral parroquial, deberá ser objeto de discernimiento cuando llegue el momento de proceder a una nueva apertura. Se deberá llegar a él con el consentimiento de la comunidad de la Delegación y del Ordinario del lugar donde ese proyecto quiera ser realizado.

Metodología misionera 

Como ya dijimos, ésta nace de las opciones hechas al comienzo de nuestra presencia en Costa de Marfil y por la inspiración perenne que brota de nuestro carisma. De la reflexión hecha durante estos días de convivencia con vosotros, nos parece que la misma se caracteriza por los siguientes elementos:

- Primer anuncio del evangelio a los que todavía no conocen a Cristo. Para llegar a esto es necesario que cuidemos con gran atención la formación y el trabajo de los catequistas, los catecumenados, la preparación de subsidios adecuados para la catequesis. El tradicional camino del catecumenado deberá, no obstante, estar precedido, en muchas instancias, por la búsqueda de los caminos nuevos para entrar en contacto con el mundo de los no cristianos.

- Compromiso en conocer la cultura de la gente en medio de la que nos encontramos realizando nuestra misión, valorando de manera especial el uso de la lengua local o una de ellas en caso de que hubiera otras.

- Esfuerzo de inculturación de la fe, especialmente en el área de la liturgia, de la iniciación cristiana, en la formación de los catequistas y en la catequesis, en la producción de subsidios para la formación cristiana.

- Una atención especial debe concederse a lo que nosotros llamamos “consolación”, porque lo exige la situación del país y muchos grupos humanos que están marginados, lo desea nuestro tradicional compromiso en el área de la promoción humana y en nuestra proximidad al mundo de los pobres.

- La presente situación de un país dividido en dos, con las consecuencias nefastas en el ámbito de la convivencia entre personas de etnias y nacionalidades diversas, exige de nosotros un gran empeño en el campo de la reconciliación y de la paz. Dejamos a una profundización comunitaria la búsqueda de los medios pastorales adecuados para lanzar una auténtica campaña de reconciliación en las comunidades cristiana confiadas a nuestros desvelos.

- Debemos intentar, incentivar y profundizar el diálogo ecuménico e interreligioso. Esto debe valer no solamente con las grandes religiones, sino también con las personas ligadas a las religiones tradicionales. Este diálogo comienza con el respeto y el conocimiento recíproco, la participación en iniciativas sociales comunes para llegar luego a la oración común y a la amistad fraterna, dejando a Dios el momento de tocar los corazones para una decisión según la conciencia.

Lo “nuevo” de nuestra presencia en Costa de Marfil

El IXCG deseaba que la apertura en un país francófono se caracterizara por su novedad. Hacía la lista de algunos criterios pero no ofrecía indicaciones concretas. Los ocho años ya transcurridos en Costa de Marfil han permitido realizar reflexiones y discernimiento para descubrir caminos nuevos de hacer misión. Ciertamente no son todavía suficientes para poder trazar caminos nuevos, claros y seguros. Nos permitimos aquí poner de relieve tres que hemos podido entrever y que vosotros nos habéis señalado y que un día podrían producir frutos abundantes.

1. Búsqueda y estudio: quien se aventura por senderos no explorados, necesita equiparse con una buena dosis de empeño para hacer descubrimientos que puedan ayudarle a encontrar la meta que trata de lograr, que en nuestro caso sería lo “nuevo” que ayuda a realizar una misión cada vez más eficaz. Las experiencias pasadas ayudan pero no son suficientes, y la preparación profesional de base sólo facilita los instrumentos de trabajo. Para encontrar nuevos caminos para evangelizar, el misionero necesita más que nunca una sana curiosidad intelectual, pasión por la misión y una fantasía espiritual que le permita descubrir los caminos que el Espíritu traza a la misión de hoy. Debe cultivar el interés por la lectura, la investigación y el estudio. La formación permanente de la Delegación debe facilitar confrontaciones comunitarias sobre temas inherentes a la evangelización y los nuevos caminos de la misión.

2. Una misión de estilo “africano”: el Capítulo General de 1993 deseaba que la nueva apertura pudiera ofrecer un nuevo campo de trabajo misionero especialmente a los hermanos africanos en el ámbito de ese continente. La actual mayoría de los misioneros de la Delegación es africana, como africano es el Superior delegado. ¿Cómo pues no soñar que esta Circunscripción crezca y madure conforme a rasgos típicamente africanos y con las características propias del genio evangelizador de este continente? Es sin duda un reto e invito a nuestros misioneros a comprometerse en la búsqueda de caminos que reflejen la experiencia evangelizadora de sus iglesias de origen y para concretar las líneas pastorales del documento Ecclesia in Africa y del magisterio de los obispos, especialmente de Costa de Marfil. Aprovéchese la ayuda que puede llegar de los misioneros con gran experiencia misionera y de las personas expertas en este campo.

3. Diálogo con el mundo musulmán: fue el último Capítulo General el que invitaba a los Misioneros IMC que trabajan en África a encontrar caminos específicos que permitan un contacto y un diálogo con la realidad musulmana, tan viva y presente en este continente. La próxima apertura en Yibuti quiere ser una tentativa de responder a la invitación capitular. Pero no puede ser la única manera. La religión musulmana está muy presente en Costa de Marfil, especialmente en la zona Norte del país. Las dos misiones de Dianra y de Marandallah tienen como uno de sus objetivos específicos el contacto con el Islam. Los misioneros deben prepararse a esto también con lecturas y estudios apropiados, sabiendo contar con la ayuda de los misioneros que tienen experiencia o de otras personas expertas en este campo.

Valoración de la comunidad

La Conferencia de la Delegación ha acogido favorablemente la invitación del Capítulo General para constituir las comunidades con tres misioneros. La verificación de esta norma puede permitir a todas las comunidades de la Delegación tener un significado más claro, mantener un ritmo de vida más estable y sereno, formular un PVC atento no solamente al trabajo, sino también a la formación y al apoyo de las personas.

También para vosotros, al igual que para los misioneros de las demás circunscripciones, queremos confirmar algunas orientaciones, quizá muy conocidas ya pero que consideramos de importancia fundamental para la realización plena de nuestro proyecto misionero:

- Acogeos cordialmente como hermanos, ayudaos entre vosotros (cf. BU 103, Acogida). Conscientes de que “la vida común es para nosotros un valor primario” (Const. 22), procurad que las diferencias de edad o de extracción cultural no afecten negativamente al diálogo dentro de la comunidad local, sino que se conviertan en fuente de enriquecimiento mutuo. Abundad en la comunicación entre vosotros y con las demás comunidades de la Delegación, utilizando todos los medios necesarios y útiles, especialmente en estos tiempos de emergencia en que los viajes por carretera son tan difíciles y peligrosos.

- Cuidad la formación permanente, sabiendo reservaros un día a la semana. Sed fieles a este tiempo: planificad bien, participad activamente en sus actividades, exigidlo y verificadlo con el Superior delegado en el curso de sus visitas a la comunidad. Ese día comunitario puede servir no sólo para la formación permanente sino también para la programación y la revisión del trabajo y para el necesario descanso, al margen de las actividades normales de cada uno.

- Todas las comunidades contemplan en su proyecto de vida (PCV) dos momentos diarios de oración, que en algunos casos son vividos con los fieles. Hemos notado que los cuidáis y los celebráis con la calma necesaria. Nos parece que no falta, periódicamente, la oración comunitaria del rosario. ¿Por qué en este año del rosario no nos comprometemos en rezarlo con más frecuencia, cuando sea posible, con la comunidad cristiana?

- Las tareas de las personas en la comunidad local deben ser determinadas con claridad. Facilitan las relaciones fraternas, responsabilizan a las personas, hacen crecer el sentido de pertenencia comunitaria. Un momento adecuado para determinarlas o verificarlas tiene lugar cuando se establece el PCV y durante la visita periódica del Superior delegado. No debe faltar nunca, al respecto, la indispensable elasticidad por medio de la cual cada uno sabe prever las dificultades del hermano, toma iniciativas en los momentos de emergencia y evita refugiarse en eso de que “a mí no me concierne”. Cada uno revisará el propio servicio realizado en la comunidad, acogiendo de buen grado las observaciones que le pueden llegar de sus hermanos.


Una espiritualidad unificadora

No podemos dejar de detenernos, aunque sea brevemente, en la importancia de cuidar una espiritualidad que brota del carisma específico de Misioneros de la Consolata y que, al mismo tiempo, refleja las exigencias de una vida apostólica que une una dimensión contemplativa sólida con un celoso servicio apostólica por la causa del Reino de Dios. Somos, en efecto, personas consagradas y no simples agentes de pastoral misionera. Somos “llamados y enviados” por Dios al mismo tiempo. Después de haber contemplado algunos aspectos de vuestra vida y de la misión, deseamos recordar ahora alguna de las muchas observaciones que el XCG quiso hacer a este respecto y con la fuerza y la convicción de una atenta reflexión sobre los cien años de vida del Instituto:

- “La carencia de una dimensión espiritual vigorosa hace menos creíble nuestro servicio a la misión. Aparece entonces nuestro límite: la superficialidad y la falta de profundidad en las diversas expresiones de nuestra vida. Es fundamental volver a vivir ‘el absoluto de Dios’, una fuerte espiritualidad, una profunda experiencia de Dios que anime y mueva nuestro andar ad gentes” (32).

- “En la configuración del carisma se coloca no solamente el fin ad gentes sino también un modo determinado de vivirlo, con algunas cualidades o características que para el Fundador son elementos esenciales de la identidad del Misionero de la Consolata. Las señalan las Constituciones y se refieren a los aspectos espirituales (nn. 12-16), a las virtudes (nn. 18-19) y a un estilo propio de los Misioneros de la Consolata en la evangelización (nn. 71-76)” (20).

- “Anunciar explícitamente el evangelio de Jesucristo como único Salvador, es mucho más que enseñar una doctrina, una moral, un conjunto de verdades a las que adherirse. El anuncio tiende a cambiar a las personas por dentro y a conducirlas a vivir, pensar y obrar según los ideales evangélicos del Reino de Dios, hasta la formación de comunidades cristianas e iglesias locales” (36).

- “El Capítulo recomienda a todos los Misioneros que celebren los misterios de nuestra salvación con alegría, participación, plenitud de significado y de espíritu, y que se comprometan en vivir los que celebran en la fe. Las celebraciones deben ser preparadas con esmero y sensibilidad pastoral, sin improvisaciones, especialmente la homilía” (55).

- “La dimensión mariana que alienta nuestra espiritualidad se debe expresar, también en nuestras comunidades, con las actitudes consiguientes: acogida, escucha, mansedumbre, solicitud por los hermanos, actos concretos de consolación. Toda comunidad se detendrá a valorar, y si es necesario a revisar, las relaciones entre los hermanos que la componen y decidirá algunos gestos concretos para vivir estas actitudes” (52).

Identidad y vida de la Delegación

Nuestra comunidad de Costa de Marfil se puso en marcha en enero de 1996. Desde entonces ha visto un constante y gradual aumento de personas capaz de animar a la Dirección General a constituirla en Delegación el 16 de febrero de 2001. Los cambios de personal, que en estos años se han verificado con frecuencia, quizá hayan afectado a su crecimiento armonioso y no hayan siempre permitido una participación realmente comunitaria en todas las decisiones. Tres años después de la constitución jurídica de la Circunscripción, la visita ha podido comprobar que existe todavía la necesidad de delinear mejor ciertos aspectos de la vida de la Delegación y determinar más detalladamente el ritmo de trabajo del consejo y los medios que permitan la participación de todos los Misioneros en su vida y sus programas.

Deseamos ahora poner de relieve algunos elementos relativos a la naturaleza de la Delegación y los que necesitan ser posteriormente aclarados con el fin de facilitar el trabajo y las relaciones dentro de la Circunscripción y con la Dirección General.

La índole de la Delegación

La delegación es, por su propia naturaleza, una Circunscripción en estado inicial, con personal escaso y obras incipientes. Con la última apertura, decidida estos últimos días de la visita tras un atento discernimiento comunitario, la Delegación está compuesta por cinco comunidades, tres en la diócesis de San Pedro (Sago, Grand Béréby, Grand Zatry) y dos en la diócesis de Odienné (Dianra y Marandallah). Para los próximos años, tanto el Consejo de Delegación como la Dirección General deberán procurar consolidar estas comunidades, tratando de asegurar la presencia de tres misioneros en cada una.

Como cualquier otra Delegación, Costa de Marfil mantiene un vínculo especial con la Dirección General, que deberá seguir su vida y facilitar su desarrollo, evitando situaciones problemáticas que pueden ser causadas por el número reducido de personas.

El número 144 de las Constituciones establece los ámbitos de autoridad y autonomía de su Consejo. Para cualquier otra deliberación concerniente a la vida y las actividades de la Delegación, el Superior delegado deberá recurrir a la Dirección General. La presencia y la proximidad del Consejero continental podrá facilitar esa mediación.

Por su parte, la Dirección General se compromete, especialmente a través del Consejero continental, a estar cercana al camino de la Delegación con una visita anual, con la participación en sus decisiones más comprometidas, como son el discernimiento con vistas a nuevas aperturas y la reestructuración de las ya puestas en marcha.

El Superior delegado y su Consejo

La naturaleza y la función de ambos son paralelas a las de las Regiones. Recordemos aquí algunos aspectos de su respectiva responsabilidad y su trabajo que de mutuo acuerdo hemos querido examinar con mayor atención.

- El Superior delegado puede elegir como sede cualquier comunidad para que la misma le facilite el contacto con los misioneros y el acceso a los medios ya habituales de comunicación, como son el teléfono y el correo electrónico.

- Al comienzo de cada año hará una programación de la Circunscripción, en la que describirá sus momentos más significativos y las principales iniciativas de formación permanente. Esta programación, estudiada y aprobada por el Consejo, se da a conocer después a toda la comunidad de la Delegación para que pueda constituir el punto de referencia en los proyectos comunitarios de vida.

- Es oportuno que ambas zonas, la del Norte y la del Sur, estén representadas en el seno del Consejo. La periodicidad de los encuentros del Consejo se determina en la programación anual. Consultas breves con los consejeros pueden también hacerse por el Superior cada vez que lo considere oportuno. Las decisiones y las orientaciones de cada encuentro del Consejo deben ser comunicadas a los misioneros con la mayor prontitud y respetando la debida confidencialidad.

- La Conferencia Regional prevé que el Superior realice cuatro visitas anuales a todas las comunidades. Serán prolongadas para permitirle una visión de la vida y de las actividades de los misioneros. En esas ocasiones cada uno de los misioneros tendrá la posibilidad de mantener un coloquio con el Superior para informarle sobre su propio proyecto de vida y de trabajo. 

Los departamentos y su función

La Dirección de Delegación es ayudada en su cometido de animación por los siguientes departamentos:

- Departamento de administración. Es dirigido por la Administración de Circunscripción, de acuerdo con las normas de las Constituciones y del Directorio para la administración de los bienes y bajo la directa responsabilidad del Superior delegado y de su consejo.

Será tarea suya preparar cada año el balance y el presupuesto que deben luego ser aprobados por la autoridad de la Delegación. Es oportuno que estos últimos sean conocidos por todos los misioneros. La Administración visitará periódicamente las comunidades locales para asegurarse de que la contabilidad es ordenada y está al día. Ayudará a los Misioneros en el estudio y la preparación de proyectos que debe presentar a las agencias internacionales de solidaridad. Es cometido de la Administración realizar todos los actos ordinarios de administración y los extraordinarios que no son contemplados en el presupuesto. Estos últimos deberán ser aprobados, cada vez que se hagan, por el Superior y su Consejo.

Con aprobación del Superior delegado, presentará a la consideración de los hermanos de la comunidad, cuando tengan lugar las asambleas periódicas comunitarias, todas las cuestiones administrativas que merecen ser ilustradas y profundizadas juntos.

- Comisión de Justicia y Paz. Está presidida por un misionero que, a través del contacto con los hermanos de otras circunscripciones del continente, deberá ser capaz de ofrecer a los misioneros de la Delegación subsidios útiles para poner en marcha iniciativas concretas en las comunidades cristianas locales. Podrá también aprovechar los encuentros periódicos de Delegación para promover nuevas iniciativas, poner al día sobre los trabajos en marcha y sobre los posibles proyectos que se quieren programar.

Se concederá una atención especial a la situación actual del país y a la necesidad de reconciliación entre los diversos grupos étnicos, cuyas mutuas relaciones se han visto duramente afectadas por intereses políticos o de los partidos, en detrimento del respeto a los derechos humanos, que muchas veces las personas no utilizan para defenderse por miedo o porque los ignoran.

- Animación misionera y vocacional. Las actividades de esta área están animadas y coordinadas por un misionero que, entre otras cosas, tratará de mantener relaciones con las circunscripciones IMC del continente. Siendo nuestra presencia todavía incipiente en este país, toda nuestra atención deberá centrarse en la animación de las comunidades cristianas de las diócesis en las que trabajamos, para que no falte en ellas la atención a la realidad misionera de la Iglesia ni el celo y el dinamismo misionero en su interior.

La animación vocacional es el complemento de toda pastoral juvenil. Se tratará pues de promover una atención ineludible a todas las vocaciones en la Iglesia, de manera especial a las de consagración especial. Consideramos que todavía no ha madurado el tiempo de poner en marcha un proyecto específico de acogida y formación de jóvenes que desean ser Misioneros de la Consolata.

Formación permanente

Se trata de un ámbito de gran importancia en toda Circunscripción, pues de ella depende en gran medida el bienestar del personal misionero y la vitalidad de nuestra obra misionera. La formación permanente es animada y coordinada en la Delegación por el Superior delegado, ayudado por su Consejo.

La visita ha comprobado con satisfacción el interés de todos en las iniciativas de formación permanente y el deseo de que el esmero sea aún mayor. En relación con este tema pensamos que podemos ofrecer las siguientes orientaciones:

- Dada la ubicación geográfica de nuestras actuales comunidades y la situación nada fácil de las comunicaciones internas del país, la Delegación se reunirá dos veces al año durante un período prolongado de unos 12 días cada uno. De este modo se puede disfrutar de tiempo suficiente para la convivencia y la comunión de vida, para iniciativas prolongadas y provechosas de formación permanente y para el estudio de problemáticas particulares inherentes a nuestra vida y misión.

- Toda iniciativa de formación debe ser atentamente preparada, dada a conocer a los misioneros con suficiente anticipación y realizarse mediante estructuras adecuadas a la convivencia y alejadas de nuestros ambientes de trabajo. Prosígase la laudable iniciativa de reunir a los misioneros jóvenes para iniciativas formativas aptas a sus exigencias.

- Síganse aprovechando las iniciativas provenientes de la Dirección General, tanto en el ámbito del continente como del Instituto. La Dirección General está a su vez disponible para buscar personas expertas que puedan ayudar en la organización de momentos prolongados de formación.

Conclusión

Llegados al final de esta relación, somos conscientes de que refleja sólo en parte la abundancia de temas sobre los que nos hemos confrontado, todos unidos, a lo largo de nuestra visita. Consideramos un don del Señor haber vivido con vosotros los primeros cuatro días de la visita para reflexionar sobre el pasado y el presente de nuestra presencia en este país. De ese modo hemos podido abordar inmediatamente los problemas que os preocupan como miembros de la Delegación en este momento, juntamente con las dificultades y los retos a los que debéis hacer frente. Estamos convencidos que a todos os anima entusiasmo y coraje a la hora de afrontarlos, como es propio de verdaderos misioneros.

Habéis elegido al Beato Allamano como protector de la Delegación. Os confiamos a su paterna protección y os recomendamos su ejemplo de vida. Si sois fieles a su carisma, nuestra presencia en este país maravilloso, aunque sometido en este momento a una prueba difícil, no podrá dejar de conseguir el objetivo que el IXCG proyectó y que nuestra Familia misionera espera.

Os damos las gracias uno a uno por vuestra acogida serena y fraterna. Nuestro agradecimiento especial al Superior delegado, P. Zachariah King’aru, que facilitó nuestro encuentro con todos vosotros. También agradecemos al Consejo de la Delegación haber vivido con nosotros momentos prolongados para aclararnos vuestra situación y ayudarnos a comprender muchos aspectos de vuestra vida. Que María Consolata, Madre de toda consolación, os bendiga e interceda por este país en busca de una paz duradera en la justicia y la fraternidad.

P. Piero Trabucco, IMC

(Padre General)

P. Norberto Louro R., IMC

(Consejero continental)

Ultima modificación ( 12.03.2006 )