| Inicio |
| Links |
| Buscar |
| Contáctenos |
| Mapa del sitio |
| Créditos |
| Administrador |
| Seminarista Jesús Alirio Toro Santiago (1977-2003) |
|
|
|
| Escrito por La Redazione del “Da Casa Madre” | |
| 19.02.2006 | |
|
Nació el 9 de abril de 1977 en Teorama, Colombia, del matrimonio formado por Trinidad Toro y Ramona Santiago. Ingresó en el Instituto en 1998, en el seminario propedéutico de Bucaramanga. Hizo los estudios de filosofía en la universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Terminada esta etapa, pasó al noviciado a Argentina, y al final del mismo, el 29 de diciembre de 2001, se consagró al Señor con la profesión religiosa y comenzó los estudios de teología en el Seminario Internacional de Bogotá. Jesús Alirio se encontraba prestando su servicio pastoral en la parroquia de Marialabaja. El jueves día 3 de julio, en moto y con uno de sus compañeros, volvía a casa desde la aldea de San Pablo, cuando el vehículo, debido quizá a la escasa visibilidad, chocó contra una vaca. Los dos resultaron heridos, pero a Alirio le descubrieron los médicos de Cartagena un grave trauma craneal, por lo que tuvo que sometérsele a una delicada intervención quirúrgica. Su estado empeoró de tal modo que el 6 de julio fallecía a la edad de 26 años. De los testimonios manifestados por sus compañeros y formadores se desprende que Alirio era un joven convencido de su vocación misionera y que deseaba dedicar toda su vida a los hermanos. Tenía un carácter fuerte, espontáneo; defendía con energía sus ideas y en ocasiones reaccionaba explosivamente, pero siempre tomaba la iniciativa para reconciliarse. Su camino vocacional no estuvo exento de dificultades. Logró, no obstante, identificarse profundamente con el carisma IMC. Acariciaba el deseo de realizar su vocación misionera en África. Se ofrecía espontáneamente a los trabajos que la casa exigía y colaborada en la animación misionera comprometiéndose en la difusión de la revista “Dimensión Misionera”. En su compromiso de joven misionero se dedicaba al apostolado de los pobres con la catequesis, la celebración de la Palabra y la distribución de las ayudas que recogía de la gente. Así logró reunir un grupo de 60-70 personas que ayudaba con entusiasmo y generosidad. En Navidad y Pascua, así como durante las vacaciones, trabajaba en nuestras parroquias misioneras, donde demostró mayor atención a las personas que a otras actividades. Su deseo era promover a las personas desde dentro, ayudándolas a encontrarse con el evangelio. Había heredado de su madre una profunda espiritualidad mariana que expresaba con amor a la Consolata, a la que ofrecía cotidianamente su rosario, que recitaba en comunidad o en privado. Su humanidad sabía expresarse como amistad sincera, reconocida y estimada por todos sus compañeros: “Jesús Alirio fue un buen amigo mío y de muchos misioneros de la Consolata. En el seminario estaba atento a los detalles y era sensible a las necesidades de los demás. Fue muy hermoso vivir con él durante la experiencia misionera de Marilabaja. Le vi compartir con entusiasmo y alegría su vocación misionera con los grupos de oración de aquella parroquia. Le oí repetir a menudo que pertenecer a la comunidad de los Misioneros de la Consolata, identificarse con su carisma y compartir sus ideales era lo más grande que le había sucedido en la vida. Su incomparable sonrisa lo demostraba” (un compañero). “Su amistad me enseñó algo muy importante: ser fiel y libre en las decisiones radicales y saber estar realmente próximo a las personas” (un compañero). El P. Sandro Carminati, superior regional, describe así los funerales en su pueblo natal: “Por la tarde del martes, día 8 de julio, celebramos una misa en su pueblo con mucha participación de gente. Fue un momento de fe y de acción de gracias por el don de la vida de Alirio. Juntos oramos para que su muerte produjera frutos de consolación, esperanza y animación misionera. Estaban presentes conmigo los padres Benjamín Martínez, Paul Maina y otros sacerdotes, así como el seminario teológico de Bogotá al completo. La asistencia de la gente fue enorme y ejemplar. En el cementerio, ante su tumba, toda nuestra comunidad formó una corona en torno a su familia, especialmente su madre, haciéndole así sentir que el vacío dejado por el hijo se colmaba con muchos otros hijos de la comunidad de los Misioneros de la Consolata”
La Redazione del “Da Casa Madre” |
|
| Ultima modificación ( 12.03.2006 ) |
| Quiénes somos... |
| El beato G. Allamano |
| Castelnuovo Don Bosco |
| La Consolata |
| Novena Beato Allamano |
| Santidad |
| Boletín |
| Documentación |
| Nuestras revistas |