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A la Región de Colombia PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Antonio Bellagamba, IMC   
19.02.2006

VISITA CANÓNICA
A LA REGIÓN COLOMBIA
(4 de agosto - 4 de octubre de 2003)

4 de octubre de 2003


Queridos Hermanos de la Región Colombia:

El 30 de agosto de 2003, al final de la solemne concelebración eucarística y ante una multitud que abarrotaba la renovada Plaza de San Francisco de Florencia, el obispo bendijo una estatua del Beato José Allamano y descubrió una lápida en su honor. En el discurso oficial, el gobernador afirmó: "En la historia del Caquetá hay un antes y un después: antes de los Misioneros y de las Misioneras de la Consolata y después de ellos. Sin quitar nada al trabajo realizado por los Franciscanos en los comienzos de la evangelización del Caquetá, podemos afirmar que todo lo que existe en el territorio es fruto del trabajo de los Misioneros y de las Misioneras de la Consolata. La estructuras escolares, las sanitarias, las del desarrollo humano y social de esta región, así como de nuestra fe, todo se lo debemos a estos hombres y mujeres que, animados por el espíritu de su Fundador, cuya estatua quedará como recuerdo perenne en esta plaza, se sacrificaron, se pusieron manos a la obra de una situación en estado embrionario y la promocionaron hasta conseguir su desarrollo actual". ¡Una auténtica apoteosis!
Aquella misma tarde y en los días siguientes, cuando hablábamos de este agradecimiento a nuestros hermanos, nos dimos cuenta de que, aun asintiendo a las alabanzas recibidas en aquella ocasión, nos veíamos obligados a aceptar unos cuantos "peros" adversativos. Es verdad que el desarrollo de la zona se debe a nosotros, "pero..."; es verdad que la educación ha sido notablemente impulsada, "pero"..la fe que hemos compartido con la gente es más que un hecho personal y espiritual, "pero..."; es verdad que la fe que hemos compartido con la gente es algo más que un hecho personal y espiritual, "pero...". Todos estos "peros" venían a ser correctivos a aquella apoteosis de alabanzas para presentar un cuadro más objetivo y realista. En nuestra mente se perfilaba paulatinamente una imagen diversa de nuestra misión, con todos sus luminosos colores, pero también con sus sombras amenazadoras. Una misión de gigantes, pero también de diminutos enanos; una misión de héroes, pero también de miedosos; una misión integral, pero también fragmentada; una misión cargada de éxitos, pero también de derrotas; una misión en la que se encuentra lo divino, pero también lo humano. Una misión que debe ser continuamente valorada, desafiada y renovada si no se quieren crear islas en lugar de comunidades abiertas a la inculturación y a la universalidad.
Esta imagen de la misión fue la que nos acompañó en la visita canónica a la Región Colombia, la que inspiró las relaciones que pudimos presentar a las comunidades y la que ahora nos ayuda a escribir esta carta. Refleja especialmente los contextos actuales en los que la misión se desenvuelve y pone de relieve los elementos de fondo, positivos y negativos, que influyen en vuestra vida y actividad. Acoged esta carta como fruto del esfuerzo sincero de los dos visitadores en pro de un mejor futuro de la Región y de su misión en Colombia y en Ecuador.

1. Contextos y desafíos de la misión en la Región

¿Violencia o paz?
La violencia y la búsqueda de la paz son los temas cotidianos sobre los que gira toda la realidad del país, así como de las instituciones políticas, económicas, sociales y eclesiales.
La elección del actual Presidente, Álvaro Uribe (mayo 2002), ha dado lugar a un cambio importante en la vida de los colombianos. Como programa para su mandato ha elegido tres líneas de acción: política de seguridad democrática, lucha contra la corrupción y recuperación económico-social.
El Presidente se ha propuesto conseguir la seguridad usando "mano fuerte y corazón generoso" en relación con los grupos armados. "O pactan o terminamos con ellos", ha sido y sigue siendo su lema. Y aunque ha conseguido parcialmente crear un clima de relativa tranquilidad en el país, relegando a los grupos subversivos cada vez más a las zonas interiores y montañosas, esta política militar sigue suscitando una gran preocupación en las Organizaciones no gubernamentales y humanitarias, que temen que se recurra a la injusticia y a la violación de los derechos humanos para lograr la paz.
El conflicto armado se encuentra en evidente fase de aceleración. Los diversos grupos guerrilleros se afanan tratando de reforzar sus fuerzas. El ejército se ve obligado a hacer ver los resultados de su acción para poder contar con el apoyo del Gobierno, de Estados Unidos y de la opinión pública. Los paramilitares, a su vez, tratan de mimetizarse poniendo de manifiesto tentativas de reinserción en la normalidad de la vida social. Estados Unidos está preocupado por los efectos que provoca el conflicto colombiano en los países limítrofes. La polarización entre los actores del conflicto se agudiza día tras día, mientras crece el peligro de que explote la situación social. Los guerrilleros tratan de forzar a la sociedad civil aprovechando las medidas impopulares del Gobierno y su alineamiento con Estados Unidos y atacando no solamente las zonas interiores, sino los grandes centros urbanos por medio del terrorismo o gangsterismo. Por su parte, los narcotraficantes, tratando de proteger sus cultivos, siguen financiando ejércitos privados, mientras que los civiles mejor situados financian bandas armadas para protegerse de la guerrilla. A los inermes campesinos sólo les queda la alternativa de abandonar sus tierras. Con tales premisas se intenta seguir realizando una reforma agraria al revés, condenando a la mayor parte de los colombianos, desesperados ante la actual situación, a buscar inútilmente caminos de salida a este círculo vicioso y trágico entre guerrilla, narcotráfico, paramilitares y un ejército que no puede garantizar en todo el territorio su presencia y protección.

Crecen la violencia y el narcotráfico, aumentan los marginados y los pobres
Aunque los sondeos evidencian que los campesinos creen disfrutar de mejores condiciones de seguridad, Colombia sigue siendo uno de los países más violentos del mundo, con una media anual de 28.000 homicidios. Paradójicamente, sólo el 20% de estos asesinatos son atribuibles a la confrontación armada entre militares y grupos armados, que el 80% de tales muertes son el resultado nefasto de una violencia que se extiende en todos los ámbitos sociales.
El narcotráfico ha arraigado y avanzado de tal modo en el país, que también Colombia ha sido incluida en la lista de la cruzada internacional antiterrorista. Los diversos grupos armados, todos ellos implicados en el comercio de la droga, son considerados terroristas. Esto dará lugar a complicaciones muy serias cuando se llegue, si se llega, a establecer acuerdos de paz. Incluso los campesinos, el eslabón más débil de esta cadena de muerte y víctimas de tantos atropellos, son considerados enemigos por las diversas estrategias elaboradas con vistas a la eliminación de las drogas ilícitas.
La economía nacional da señales de recuperación, pero hay muchas dudas sobre los efectos de las actuales medidas del Gobierno en este campo. A causa del enorme apoyo financiero de 2.300 millones de dólares de Estados Unidos, que tiene en Colombia un aliado importante en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, el país se ha visto obligado a invertir el 5,5% de su PIB en gastos militares. Todo ello en detrimento de las políticas sociales en favor de los más pobres. De los 40 millones de colombianos, 27 viven en la pobreza y aproximadamente 12 en una pobreza extrema.


La presencia y la función de la Iglesia
En esta situación de conflicto armado y de narcotráfico, la Iglesia está llamada a asumir una función de mediación y de diálogo entre las diversas partes, evitando la polarización y facilitando una comprensión mutua.
La Iglesia de Colombia está llamada a formar y promover en las conciencias una cultura de reconciliación, manteniendo viva en todos la voluntad de llegar a una solución pacífica y equitativa del conflicto armado. Esta cultura de reconciliación debería sustituir la de la revancha y la venganza que durante tantos años ha predominado en la sociedad, generando muerte, destrucción y un clima de temor. Se hace necesaria una presentación más concreta y pedagógica de la reconciliación. Ésta es espiritual porque la Iglesia, dondequiera que se encuentra y actúa, genera comunión entre las personas y no división; es social porque el Evangelio cura las heridas de la violencia recordando y denunciando sus trágicas consecuencias; es política porque indica el camino del perdón y rompe la cadena de la venganza y la revancha entre los que llegan al los centros del poder; es cultural porque forma una nueva conciencia ética como alternativa a la mentalidad creada por el narcotráfico.
También el compromiso de continuar su implicación en la misión ad gentes hará que la Iglesia de Colombia sea más creíble en su nueva función de mediación entre los diversos grupos armados, de comunión entre la gente, de servicio para la reconciliación nacional y de consolación de todas las heridas causadas a la gente y a las culturas en el país.
Como Misioneros de la Consolata, es en esta Iglesia donde podemos ofrecer nuestro inestimable servicio, en sintonía con el espíritu de Allamano y con nuestra consagración misionera.

2. Aspectos importantes para vuestro futuro

Durante la visita canónica hemos estudiado en cada comunidad y con todos los misioneros los problemas y las situaciones locales y hemos entregado a cada una de ellas una relación escrita, ofreciendo orientaciones que consigan mejorar de alguna manera el ser y el obrar. Queremos recoger y profundizar ahora todos esos aspectos que consideramos comunes en la Región y ofrecer nuestras sugerencias para bien de todos vosotros. Lo hacemos siguiendo este trazado: la persona del misionero, santidad y oración, comunidad, apostolado, animación misionera vocacional (AMV), formación de base, revisión y finanzas.

2.1. La persona del Misionero

Hemos vivido y orado con vosotros y hemos reflexionado unidos sobre el modo como percibís y vivís la vocación común, los rápidos cambios que os rodean y los nuevos desafíos. Hemos estado con vosotros en las parroquias y en las actividades situadas en las zonas y en los territorios del interior; en las situaciones de violencia y en los momentos de gran inseguridad para vuestras vidas; en las comunidades de formación y en las actividades de AMV; en estructuras escolares, en los departamentos al servicio de la comunidad regional y en las casas de acogida de los misioneros. Hemos admirado vuestras muchas cualidades y actitudes. Muchos de vosotros sienten profundamente su consagración a Dios en el Instituto y la viven totalmente. La espiritualidad de Fundador atrae a muchos de vosotros y os hacéis fecundos en la santidad y en la búsqueda del bien de los demás. Las características del Instituto, inspiradas por Allamano y consagradas por nuestra tradición, siguen vivas en quienes las practican con constancia y serenidad. Algunos sienten la necesidad de tiempos y espacios espirituales y de formación permanente para alimentar la vida interior y para subir la montaña de la santidad, buscando los medios más adecuados para conseguirlo. El celo y el entusiasmo por el trabajo pastoral siguen siendo una herencia fecunda para la Región y muchos sentís la llamada del apostolado y de las nuevas exigencias. Los esfuerzos en marcha para comenzar o perfeccionar una auténtica pastoral indígena, afro y urbana, con los caracteres de la consolación, del perdón y de la reconciliación, así como para actualizar la evangelización parroquial, están dando sus frutos y os constituyen como innovadores ejemplares para otras fuerzas misioneras. Por otra parte, desplegáis todos vuestros dones y vuestra creatividad en la formación de los más jóvenes y animáis a la iglesia local a ser misionera.
Pero estar entre vosotros nos ha permitido también ver y comprender ciertas situaciones personales deletéreas y pastoralmente en quiebra. Como siempre es odioso señalar los aspectos negativos de los misioneros, preferimos transcribir lo que vosotros mismos habéis escrito en vuestro "Instrumento N. 1" para el estudio del contexto en que vivís: "Algunos misioneros están pasando por momentos de dificultad en relación con su identidad religiosa, sacerdotal y misionera, debido a la situación actual del mundo, de la cultura y de la Iglesia, así como porque la misión ad gentes está en proceso de revisión. Otros, por problemas personales, son individualistas, escasos en fraternidad y disponibilidad, y se sienten con dificultades a la hora de tomar decisiones. Otros se adaptan a una vida siempre igual, en actitud de dependencia, poniendo los proyectos personales por encima de los de la comunidad, planteando dificultades a la hora de aceptar un cambio de actividad. Otros revelan poca capacidad de reflexión e incluso dificultades para aceptar los valores...".
Compartimos totalmente la lista de las debilidades de algunos misioneros, porque nos parece que coinciden con la realidad. Lamentablemente, cada una de las palabras y cada expresión de esta lista encierra situaciones dolorosas para los individuos, para las comunidades donde viven y para todo el Instituto. La visita ha tratado de ser comprensiva, de ofrecer a cada uno el mejor apoyo posible e invitar a los hermanos interesados a aceptar una asistencia específica. No se puede mantener mucho tiempo una vida tan radicalmente alejada de nuestros ideales, por lo que es indispensable dejarse ayudar, abrirse a intervenciones específicas o cuestionarse en serio la propia opción de vida.

2.2. Santidad y oración

Hay entre vosotros hermanos realmente entregados a promover y desarrollar una vida santa, de intimidad con Jesús y acompasada con la oración. Los animamos a perseverar, convencidos de que sólo la tensión hacia la santidad puede infundir en el corazón alegría verdadera, apertura mental, bases sólidas para un apostolado provechoso y coherencia de vida iluminada por los consejos evangélicos. Hemos constatado que casi todas las comunidades han mejorado sus momentos de oración y han crecido en la vida espiritual. Por otra parte, hemos oído en nuestros coloquios que la mayor parte de vosotros se acomoda a una vida un tanto mediocre, de tejas abajo más que de tejas arriba. Hablando con algunos hermanos hemos percibido un vacío que, conscientemente o no, se quiere llenar con el activismo, la excesiva búsqueda de relaciones que no siempre son transparentes, la evasión de los propios deberes espirituales y de consagrados, la dependencia de programas televisivos, frecuentes visitas, viajes injustificados... Ante esta situación queremos indicar a las comunidades las siguientes orientaciones:

es necesario un esfuerzo que nos lleve a tener al menos dos encuentros comunitarios y significativos de oración diariamente, como exigen las Constituciones;
hay que prever semanalmente un tiempo de adoración comunitaria ante Jesús Eucaristía;
recítese el rosario por lo menos el sábado y las fiestas marianas;
organícense momentos penitenciales en los tiempos fuertes del año litúrgico, especialmente en las comunidades más numerosas y en los grupos zonales, previendo también la confesión sacramental;
cada uno debe tomarse en serio la llamada a la santidad y la vida de unión con Dios en Cristo, porque esta es nuestra llamada y no seguirla significa traicionar lo que hemos prometido con nuestra profesión religiosa:
el retiro espiritual debe hacerse mensualmente en las comunidades locales o en las zonas;
la Dirección regional debe insistir de todos las formas posibles (visitas del Superior Regional o de su Vicesuperior, cartas circulares, etc.) para que los misioneros mantengan vivo el anhelo de la santidad, de la oración comunitaria y personal.

2.3. Comunidad

También en este campo nuestra visita ha constatado alguna mejora y nos sentimos felices de poder decirlo. Los casos de misioneros solos se han reducido a tres. En cuatro parroquias hay un misionero solo, pero vive con otros misioneros, religiosos/as o laicos, con los que -se nos ha asegurado- hace vida comunitaria y de oración. Hemos hablado con todos estos hermanos y casi la totalidad se han manifestado dispuestos a vivir con otros misioneros de la Consolata. Por su parte, el Superior Regional y su Consejo se han manifestado dispuestos a una revisión de las obras con tal de dar a todos la posibilidad de vivir en comunidad.
Vuestra vida comunitaria parece reflejar diversas riquezas, pero manifiesta también sus límites: falta a menudo un proyecto comunitario de vida, reuniones incisivas, intercambio de bienes, momentos de convivencia...; son carencias que pueden hacer impracticable o estéril la vida fraterna. También las comunidades zonales han perdido parte de su mordiente inicial y no parecen poseer aquel ascendiente que en su tiempo hizo albergar buenas esperanzas. La visita canónica se siente en el deber de recordar y proponer de nuevo los siguientes puntos:

Los superiores locales y los coordinadores zonales deben asumir seriamente su cometido de liderazgo y deben hacerlo con caridad, fe, eficacia y seriedad. Que sean una ayuda para el Regional y su Consejo a la hora de ponerles al día sobre los problemas locales o zonales, ofreciendo también una colaboración válida en la solución de estos problemas. En este contexto, queremos recordar cuál es la posición jurídica actual de las dos figuras mencionadas. La del superior local de comunidad está descrita en las Constituciones (Const. 147). El coordinador zonal es en cambio un figura moral y no tiene ninguna autoridad jurídica, sino solamente de coordinación y de animación de la vida espiritual de los misioneros, de su formación permanente y de la organización de una zona determinada.
Cada comunidad debe formular su propio proyecto comunitario de vida (PCV) y lo verificará a mitad y al final del mismo; en su elaboración participará posiblemente un miembro del Consejo Regional o el coordinador zonal. El PCV ha sido muy recomendado por el X Capítulo General y propuesto con insistencia por la Dirección General, pasada y presente, justamente porque sin él la comunidad se mueve en el vacío, no se tienen orientaciones precisas para su crecimiento integral y para un apostolado de conjunto.
Cada comunidad debe tener encuentros frecuentes. Si la oración es el oxígeno de la vida fraterna, también los encuentros comunitarios ayudan a crecer, a entenderse y a formarse si se viven como momentos especiales de espiritualidad, de estudio de las documentos IMC y otros, y de planificación pastoral. En el momento actual muchas comunidades tienen una reunión periódica, que consiste principalmente en la planificación pastoral o en la organización práctica de la misión. Os recordamos que todos los elementos mencionados anteriormente deberían estar presentes para hacer de la reunión un verdadero momento de oración, de reflexión y formación permanente, así como de planificación. La formación permanente debe ser siempre propuesta y programada en la comunidad local, en la zonal y en la regional. Como sugiere el XCG, esa formación "no se limita a una actualización, sino que debe motivar nuevamente a las personas mediante la profundización y la asimilación del carisma, del espíritu del Fundador, de los ideales de la consagración, de la comunión y de la misión". Todo encuentro y toda celebración deben prever espacios para una formación permanente que permite al misionero llevar a cabo una sólida actualización de todo lo que es necesario para vivir el carisma común, para realizar una pastoral con métodos actualizados, para estar al corriente de los progresos especialmente en el campo teológico-pastoral.
La Dirección Regional y los coordinadores de Zona organizan programas de formación permanente y la posibilidad de participar en momentos de revisión de la vida regional. La Dirección General, por su parte, además de ofrecer cursos de renovación personal, envía cuestionarios y temas de reflexión para suscitar la profundización y el intercambio. Sabemos que tenéis muchas reuniones, que no os falta trabajo y que las distancias son enormes; no obstante, nos parece que la respuesta a tantas solicitudes y propuestas en vuestra Región es escasa. No se responde a los cuestionarios, se llega con retraso a las reuniones y algunos se ausentan con mucha facilidad de ellas para hacer sus intereses, con ocasión de la visita canónica no se han redactado algunas relaciones... A veces la excusa de los compromisos pastorales y los programas personales provocan la deserción y el desafecto en relación con los encuentros programados y anunciados con anticipación. Recordamos a todos, y con cierta energía, la necesidad de anteponer estas citas a lo demás y la de participar en ellas desde el principio hasta el final por el bien de cada uno y por el progreso de la Región.
Prudencia en las relaciones interpersonales. De ella hemos hablado con palabras claras y detalladamente en la asamblea final de nuestra visita. Sentimos el deber de recordaros por escrito que en la sociedad actual, y en cuanto consagrados y sacerdotes, estamos llamados a la máxima transparencia en el ejercicio de nuestro ministerio, que está siempre al servicio de la vida y del verdadero bien de las personas que el Señor y la Iglesia nos han confiado.
Prudencia en la relación con los miembros de grupos armados. El conflicto armado en Colombia es cada vez más cruento. El ejército, la guerrilla y los paramilitares son cada vez más agresivos y menos tolerantes. Mientras que en el pasado la Iglesia y sus representantes podían gozar de cierta ascendencia moral en estos grupos y tenían la posibilidad de mediar en los conflictos, ahora es necesaria la máxima prudencia porque fácilmente se considera a todos partidistas de unos o de otros. Obispos, sacerdotes y religiosos son tratados por las fuerzas en conflicto según como perciben e interpretan su modo de comportarse y de hablar. Muchas misiones nuestras se encuentran en zonas de guerra declarada entre los tres grupos. Toda palabra y toda acción es observada, del mismo modo que se observan los pasos del misionero cuando se mueve fuera del territorio de la parroquia. Comportaos de tal modo que vuestro trabajo sea de evangelización y de ayuda para todos los que lo necesitan; no os dejéis instrumentalizar por nadie; no actuéis solos; no aceptéis a nadie en casa, especialmente de noche; no os brindéis a llevar cartas, paquetes, documentos a terceros, etc. En situaciones nuevas o dudosas, aconsejaos siempre con los hermanos y ateneos a las disposiciones de los obispos y del superior religioso.
Las elecciones para el Consejo regional. Nuestras Constituciones dan la posibilidad de elegir el Consejo regional de tres modos. La votación directa ha sido el adoptado por la Región Colombia para señalar a los hermanos que se consideran más aptos para este servicio. La elección se hace mediante el voto escrito de los miembros activos de la Región. Usar subterfugios para conseguir una mayoría, presionar para que sea elegido un candidato propio o influir de alguna manera en la votación significa traicionar la finalidad de las elecciones y correr el riesgo de formar una Dirección regional incapaz de actuar eficazmente. Confiamos en que las próximas elecciones evidencien una sincera búsqueda de la voluntad de Dios por el bien de la Región en la elección libre y personal de los candidatos, no influyendo indebidamente o usando mezquinas tácticas electorales.
La Casa Regional tiene un función importante en la vida de la Región porque hospeda a los misioneros de paso por Bogotá y ayuda a los familiares y los amigos que visitan las misiones y porque es una procuraduría para la comunidad... Es cometido de esta casa ofrecer a los misioneros un hospedaje fraterno y una ayuda tempestiva, así como prever algunas comodidades para una permanencia serena y de descanso. Actualmente se están haciendo algunas modificaciones internas para hacer más confortable la permanencia de los misioneros, una decisión por la que damos las gracias al superior y los hermanos de esta comunidad. Se han señalado tensiones e incomprensiones causadas a veces por las exigencias exageradas de algunos y por el poco respeto al buen orden de la Casa. Pedimos a todos buen sentido y verdadero empeño en tratar de crear un ambiente sereno y de comprensión mutua, haciendo presentes a los responsables de la comunidad los posibles inconvenientes que encuentren y aceptando la configuración de la Casa Regional conforme a lo que fue establecido. Si se considera necesario, la Dirección regional elegirá una persona (misionero o seglar) con funciones de procurador, de ayuda a los enfermos y factotum de la Casa.

2.4. Apostolado

Es especialmente en este campo en donde la Región Colombia se ha distinguido brillantemente por su creatividad, intensidad, coraje e incluso por las realizaciones en el campo estructural y espiritual. Toda la circunscripción, incluida la formación de base, se ha caracterizado siempre por este deseo de apostolado, de trabajo misionero, de expansión, de trabajo fronterizo, sin tener en cuenta las múltiples y crecientes dificultades. En el Instituto sois reconocidos y admirados por vuestra presencia perseverante y amplia en las zonas de guerrilla, poniendo en riesgo vuestra incolumidad. A pesar de todo, seguís firmes en vuestro sitio, estáis tranquilos y ni siquiera se os ocurre pensar en iros de donde estáis, sino todo lo contrario, con el crecer de las dificultades y el incremento de la precariedad os afianzáis más en vuestro deseo de permanecer como luz y voz de la esperanza de la gente. Los últimos compromisos de vuestra entrega apostólica son las iniciativas en marcha para perfeccionar la pastoral indígena, consolidar la de los afro americanos e iniciar otras presencias urbanas. Las aspiraciones de la gente han encontrado en vosotros una respuesta inmediata en vuestra pastoral: la necesidad de perdón y reconciliación en la iniciativa llamada ESPERE (Escuela de Perdón y Reconciliación); la situación de los niños abandonados ha sido asumida en el proyecto Niños de la Guerra, Hombres de la Paz; la necesidad de encontrar una alternativa a la espiral de violencia y a la guerrilla encuentra respuestas y propuestas en vuestra formación para la paz, promovidas con la catequesis y la mediación entre las diversas partes armadas, a fin de conseguir el respeto de los derechos humanos, especialmente en las misiones del Caquetá y del Putumayo. También en la pastoral ordinaria muchos de nuestros misioneros tienen la posibilidad de aprovechar algunos proyectos en favor de una evangelización integral como el SINE (Sistema Integral de Nueva Evangelización) o el Proyecto Parroquial de Renovación y Evangelización.
Otra novedad nueva y llena de esperanza está representada en algunas de nuestras comunidades apostólicas configuradas según las orientaciones de nuestro último Capítulo. Además de la ya conocida del Cauca, las hemos encontrado en la parroquia de Jardín, en Cartagena del Chairá, en Tagua y en Guayaquil. Comunidades y grupos de trabajo que no planifican las actividades pastorales pero sí prevén momentos de oración cotidiana, de reflexión y de formación permanente. Ojalá que esta forma de configuración se pueda extender a todas vuestras comunidades.
La cooperación primera e indispensable que estamos llamados a realizar es la que tiene que ver con las Misioneras de la Consolata. Vuestras relaciones con ellas son muy positivas, el trabajo de AMV hecho conjuntamente consolida los lazos de amistad y de unidad, el clima es en general bueno y de mucho de respeto y amor. Las misiones o los proyectos en los que trabajáis conjuntamente no son muchos, pero el espíritu que los anima es el mismo. Se espera que en el campo de los Laicos Misioneros de la Consolata se pueda compartir cada vez más el mismo camino, con el fin de ofrecer a los que quieren vivir nuestra espiritualidad y nuestra misión un mismo espíritu y un mismo carisma.
Aunque es evidente la riqueza de todas estas hermosas realidades, en el campo pastoral siguen presentes algunas nubes que es preciso disipar:

Excesivo protagonismo e individualismo en la pastoral. Muchos misioneros se sienten realizados en la medida que se diga: "Esta es la iglesia de...", "la escuela de...", "el colegio de.... Otros se obstinan en no querer aceptar a los misioneros más jóvenes en el trabajo, no tienen ningún deseo de compartir con otros su experiencia, se obstinan en no querer revelar la situación real de la economía... Son actitudes indignas de misioneros de vanguardia, pero existen todavía hermanos cerrados en lo "mío", incapaces de dar un paso hacia lo "nuestro". En este sentido, queremos aludir a una dificultad que se siente a menudo cuando se cambia al personal responsable en las comunidades, parroquias o instituciones. Muchas veces el proceso gradual de la entrega de consignas entre superiores o encargados no se hace e incluso hay quien sencillamente se niega a hacerlo. Es una falta de seriedad y sobre todo de respeto con los demás. El Superior Regional debe ser exigente y decidido en este sentido, llamando al orden severamente a los que se nieguen a hacerlo.
Tratad de hacerlo todo con la gente, conforme a nuestra tradición más genuina, sin excluir a nadie en la participación. Tratad de ser los hermanos que motivan, preparan y acompañan a los demás. Vuestro trabajo pastoral tendrá éxito duradero solo si la gente se implica en todo lo que se hace y se programa en las parroquias.
Celebráis muchas Misas en los días feriales. Nos habéis explicado la gran importancia que tienen para los católicos colombianos, que se trata de una exigencia de la mentalidad y la cultura católicas, especialmente con ocasión de aniversarios, conmemoraciones de difuntos, etc. Si por una parte se puede aceptar la premisa, por otra conviene poner en discusión su uso. Desde el punto de vista litúrgico y teológico, celebrar muchas Eucaristías, también los días feriales y únicamente para responder a viejas tradiciones -tal vez en ocasiones a motivos económicos- no tiene sentido. Para el sacerdote, esta práctica se convierte en una rutina que poco a poco diluye el significado de las celebraciones. El tiempo exigido por todas estas misas podría, en cambio, estar mejor distribuido para dedicarlo a la catequesis, a la visita de las familias y las comunidades más lejanas o para la preparación de las homilías. Os invitamos a ofrecer a los católicos una formación eucarística más sólida y profunda, con el fin de dar una mayor amplitud al ministerio sacerdotal y abrir espacios a los ministerios no ordinarios de los laicos.
Formar laicos, ministros de la comunidad. Razones teológicas y prácticas exigen este cambio en la configuración de las comunidades cristianas de Colombia. Aunque es verdad que algunas diócesis tienen sacerdotes en abundancia y que incluso han enviado, dentro y fuera de las fronteras nacionales, diversos Fidei Donum, en Colombia persiste la necesidad de ministros ordenados para cubrir todas las necesidades. Todas las diócesis, de alguna manera, se ven obligas a abrir nuevas parroquias, especialmente en las zonas urbanas, para hacer frente a la gran afluencia de católicos. ¿Qué sucederá si aumenta el número de las parroquias y sus necesidades y no crece proporcionalmente el presbiterio diocesano? La alternativa es: o las parroquias se habrán de cerrar o serán confiadas al ministerio de los laicos debidamente preparados y formados. Quien quiera trabajar por el futuro de la Iglesia en Colombia debe comprometerse en la formación de laicos conforme a la altura de las necesidades pastorales. Algunos de vosotros tienen dificultades para percibir este signo de los tiempos y se limitan a mantener un grupo de catequistas en estrecha dependencia del sacerdote, sin preocuparse de prepararles adecuadamente para que sepan hacer frente a las expectativas de las comunidades cristianas independientemente de la presencia del sacerdote. Abrid las puertas a los laicos, preparadlos a ser animadores y presencias de fe, de caridad y de unidad en las comunidades cristianas.
Evangelización, elemento decisivo e insustituible de la misión. La mayor parte de las personas a las que servís es pobre y vosotros sois significativos en la promoción humana y social, parte integrante de la evangelización. Pero también es verdad que la gente tiene hambre de Dios. El mensaje evangélico debe ser anunciado, acogido y vivido en sus valores, como son los del perdón y la reconciliación, también a los pobres, para orientar su vida. Los excluidos son los elegidos del Señor y de la nueva evangelización. Os recomendamos que valoréis y utilicéis abundantemente la Palabra de Dios en las asambleas y en los encuentros para profundizar con los diversos grupos el mensaje de Jesús y busquéis juntos las respuestas que dan vida al espíritu y al cuerpo del Pueblo de Dios a vosotros confiado.
El cuidado espiritual de los cristianos. La visita canónica ha tomado nota con alegría de que en algunas de nuestras misiones los misioneros dedican espacio y tiempo a la dirección espiritual de los que desean emprender un camino ascético. Es un salto cualitativo digno de figurar en vuestro ministerio pastoral. Después de tantos años de ministerio genérico, ha llegado el momento de acompañar a los cristianos que desean profundizar su vida espiritual hacia de una santidad de vida auténtica y laical. Ofreced sin reservas una catequesis adecuada sobre este medio de santificación para promover el crecimiento espiritual de las personas y de los grupos parroquiales.
Los misioneros de la Consolata son siempre ad gentes, ad extra, ad vitam. La misión es nuestra vocación y la vivimos en la disponibilidad, sin querer establecernos definitivamente en un sitio determinado, sino estando siempre dispuestos a la itinerancia cultural y geográfica. No se trata de una breve experiencia que apenas creemos hecha dejamos que definitivamente se apague retirándonos a nuestro país de origen. Aunque en nuestra patria existan situaciones de gran necesidad, y mayores que en otros sitios, nunca podremos encerrarnos y dejar de pensar más en el ad extra de nuestra condición de misioneros. Dice al respecto el último Capítulo General: "Para algunos la Misión se ha convertido en una experiencia temporal, en lugar de elemento estable y fundamental de nuestra vocación. También el estudio y las especializaciones parecen a veces responder a situaciones o preferencias personales, más que a las necesidades de la Misión y del Instituto" (XCG, p. 26). La petición que nos han dirigido algunos de vosotros de transformar nuestras actuales Regiones en Provincias trasluce también esta idea reductiva de la misión ad intra. Preguntémonos: ¿Está de acuerdo con el espíritu del Fundador esta mentalidad? ¿Seremos los testimonios de la Iglesia católica que no conoce más horizontes que los infinitos del Espíritu de Jesús y de la universalidad de su salvación? ¿Por qué tantos misioneros colombianos no desean ya el ad extra de la misión y se encierran en su país para el resto de su vida? De este modo, ¿no se mortifica el espíritu de esta Región? ¿Seguiremos siendo artífices y testimonios vivientes de la universalidad e interculturalidad hacia la que camina la humanidad?
Los ámbitos específicos de la pastoral IMC. El X Capítulo General describió muy bien las características específicas de nuestra pastoral (XCG, pp. 36, 49-51) que señalamos en varios puntos de esta carta. Ahora queremos detenernos especialmente en el tema de la Justicia y la Paz (id., p. 46, 50-51), de la que se habla mucho, pero que corre el riesgo de concretar poco. Durante la visita hemos comprobado dos tipos de respuestas. Por una parte, afirmáis que vivís el compromiso de Justicia y Paz (J&P) con y por la gente, haciéndoos defensores de la dignidad y de los derechos de las personas, siendo mediadores entre los grupos armados con el fin de que respeten a las poblaciones y no abusen de los pobres. Sin duda es una afirmación verdadera que refleja el compromiso de muchos. La segunda respuesta evidencia que en Colombia es necesario ser muy prudentes, especialmente en las zonas de conflicto, porque una palabra, una actitud o un gesto pueden ser mal interpretados y despertar sospechas y amenazas. Y también esto es verdad. ¿Qué hacer? ¿Permanecer inactivos? ¿Limitarnos a un testimonio silencioso? ¿Insistir solo con los medios espirituales para eliminar las injusticias? Esto no es posible. Mientras os recomendamos que tratéis de ser agentes de J&P en todas vuestras intervenciones, que tratéis de ser justos con los salarios y los derechos de vuestros dependientes y colaboradores, os exhortamos a reactivar vuestra comisión regional de J&P; que uséis el Manual de J&P que vosotros mismos habéis adaptado a las situaciones de la nación con el fin de que se tome conciencia entre la población de sus derechos y de las injusticias cometidas contra ellos; que unáis vuestras fuerzas con las de los demás institutos religiosos, con las agencias internacionales que trabajan en este ámbito y especialmente con los obispos. Esto os permitirá intervenir más eficazmente en los casos de injusticia y conseguir también cambios en la sociedad, todo lo cual os ahorrará problemas con las autoridades y el peligro de ser expulsados.

2.5. Animación Misionera Vocacional (AMV)

Es el aspecto que más habéis promovido en el último sexenio. La Región cuenta con cinco centros de AMV. En tres de ellos trabajan dos misioneros a tiempo pleno y en los demás hay un responsable que puede contar con la colaboración de un hermano comprometido en otras actividades. Cabe notar el hecho de que tres de estos centros tienen su sede en uno de nuestros seminarios y que otro está situado no lejos de otra comunidad formativa. Esto hace más eficaz el servicio de los animadores porque pueden aprovechar la implicación y la colaboración de los jóvenes en formación en las iniciativas de animación. Casi todos los animadores se dedican a este servicio con entusiasmo y generosidad, proponiendo una imagen de la misión que atrae a los jóvenes hacia nuestro Instituto. Nos congratulamos con vuestra Región porque en la distribución del personal ha sabido tomar decisiones claras y apoyar este aspecto de nuestra misión. La esperanza es que la AMV siga siendo una prioridad compartida y sostenida por todos.
De acuerdo con este deseo, ofrecemos algunas sugerencias para mejorar este sector de la vida regional:

Acompañamiento vocacional. Que se promueva un trabajo cada vez más serio y sistemático de acompañamiento, discernimiento y formación de los jóvenes candidatos antes de su ingreso en nuestros seminarios, dedicando una atención especial a sus motivaciones. La misma atención debe extenderse a todos los que desean ser Laicos Misioneros de la Consolata. Desde hace varios años vuestra Región acoge y forma laicos y laicas e incluso grupos que en el pasado fueron enviados a la misión. Todavía hoy se presentan en nuestras comunidades jóvenes que desean hacer un camino de discernimiento de su vocación misionera laical, decididos a dedicar su vida a la misión en las zonas interiores del país o en el extranjero. La Dirección Regional ha delegado en uno de sus consejeros la tarea de seguir de cerca a estos jóvenes, invitando a todos los animadores a acompañar a los más cercanos a sus comunidades de pertenencia. Con confianza y juntamente con los laicos interesados, tratad de promover el estudio del Estatuto de los Laicos Misioneros de la Consolata aprobado por la Consulta en preparación a la reunión internacional que tendrá lugar en Italia (agosto del 2004).
La revista "Dimensión Misionera" es uno de los medios más eficaces para animar la misión, para darnos a conocer y para suscitar vocaciones. Valoradla, difundidla y usadla en las iniciativas de AMV, dadla a conocer entre los jóvenes, proponedla a personas y familias para que se suscriban. Recordad que el Instituto hace todo lo posible, también desde el punto de vista económico, para mantener y desarrollar las revistas; recordad también el trabajo y los sacrificios de los que están dedicados a ellas.
AMV y pastoral IMC. Los animadores no son los agentes de AMV. Todos los misioneros que trabajan en la pastoral parroquial, en los colegios o en otras actividades deben sentirse implicados y protagonistas en este sector tan vital para nosotros. Nuestra pastoral será siempre deficiente si no incluye este aspecto característico de la AMV. Invitamos calurosamente a todos los misioneros y a nuestros seminaristas a sentirse parte integrante de este servicio misionero que prestamos a las iglesias locales donde trabajamos y especialmente a los jóvenes con los que contactamos en nuestra pastoral.

2.6. Formación

Vuestra Región cuenta con la bendición de la presencia de tres seminarios y, en estos últimos años, con un discreto número de jóvenes en el propedéutico de Bucaramanga y en el filosofado de Medellín. Todos los años llegan al noviciado de Buenos Aires un buen número de colombianos.
Conscientes de que la historia de nuestra formación de base en Colombia vivió en el pasado tiempos borrascosos, hemos tratado durante la visita canónica de analizar la situación actual de nuestras tres comunidades formativas.
A la luz de un estudio atento y documentado, podemos decir que la situación actual de nuestros seminarios es estimulante. Hemos encontrado seriedad en los formadores y en los estudiantes, así como el esfuerzo de aplicar los criterios y los contenidos de nuestra Ratio formationis, evitando individualismo. Los misioneros presentes en los seminarios con otras responsabilidades son un ejemplo y una ayuda para la formación y no interfieren en el cometido específico de los formadores. La disciplina, el sentido de responsabilidad de los estudiantes, el acompañamiento de los formadores y la aplicación de la Ratio formationis son las bases de la formación. El estudio es asumido concienzudamente, tanto porque las instituciones frecuentadas por nuestros estudiantes son serias, como porque esta dimensión es vivida según nuestro espíritu. El compromiso en la pastoral está presente en el propedéutico y en el filosofado de manera equilibrada, sin obstaculizar los demás deberes de los estudiantes. El trabajo manual es normalmente realizado, aunque esté reducido al mínimo, y se espera que pueda contar con más espacio en los tres seminarios, especialmente en el propedéutico, donde las oportunidades y el tiempo son mayores. La oración comunitaria es óptima tanto en el propedéutico como en el filosofado, entre otras cosas porque normalmente los jóvenes están en el seminario todas las tardes. En la comunidad de los teólogos, en cambio, la oración comunitaria no cuenta con suficiente espacio, dada la dificultad de encontrarse todos juntos debido a que los horarios son diferentes en los cursos universitarios y los compromisos pastorales asumidos. Aunque ha habido cierta mejora en los últimos dos años, se espera que se puedan muy pronto reorganizar los tiempos de la vida y de los compromisos comunes para dar así un espacio conveniente a la oración común. Si durante la visita nos hemos limitado a dejar solamente algunas orientaciones a las comunidades de Bucaramanga y Medellín, en el teológico hemos dejado una relación escrita, invitando a los formadores y a los estudiantes a reflexionar sobre algunas situaciones que deberían ser revisadas y potenciadas, seguros de que con sinceridad de corazón y apertura mental podrán mejorarlas en tiempo oportuno.
No podemos terminar esta breve alusión a la formación sin mencionar un problema que pesa todavía sobre los estudiantes y, así lo creemos, también sobre los misioneros más ancianos: las relaciones entre el seminario teológico y los demás miembros de la Región. En el pasado ha habido incomprensiones y discusiones sobre el método formativo. Actualmente, aunque no existen tensiones especiales, se percibe cierta frialdad y falta de ese espíritu de familia y esa madurez que deben caracterizarnos. Sea cuales sean las razones de esa frialdad, invitamos a todos a tomar en seria consideración esta situación en alguna de vuestras próximas reuniones y hacer algo para que cambie. Hermanos, id al seminario cuando estáis en Bogotá, aceptad la invitación para celebrar la Eucaristía con los teólogos, para reunirse, para participar en las profesiones perpetuas y en la ordenaciones, aunque tengáis que cancelar otros compromisos. Tratad de estar presentes en los momentos gozosos y dolorosos de la comunidad de nuestros estudiantes de teología, acogedlos con satisfacción en vuestras casas y misiones para experiencias pastorales y períodos de descanso. Y vosotros, teólogos, invitad siempre a los misioneros de la Región a vuestras celebraciones, insistid incluso a través del Superior de la Casa Regional para que participen en los actos solemnes de vuestra vida de consagrados y de ministros ordenados; hacedles sentir su propia casa en el seminario, no os marchéis del refectorio apenas terminan las comidas, sino permaneced con ellos mucho tiempo.

2.7. Revisión

Es un tema que siempre genera reacciones cuando se le afronta, y es porque se sabe que podría llevar a decisiones que afectan a vuestras personas y comunidades. Sin embargo, hemos notado durante la visita la necesidad de tratarlo con honradez y franqueza. La última visita canónica (Boletín Oficial, n. 6, p. 44) os exhortaba con energía a emprender este camino, señalando tres criterios claros que debían seguirse y los tiempos que debían durar. Nuestro parecer es que desde entonces se ha hecho poco por llevar a cabo una revisión seria y que permanecen las dificultades para una alternancia interna del personal. Incluso se han añadido en los últimos años programas y nuevas aperturas que han hecho aún más precarias las condiciones del personal, quitando a algunos hasta la posibilidad de participar en los cursos de renovación promovidos por el XCG.
Al final de la visita sentimos el deber de recordar la necesidad de una revisión y de un programa más detallado para realizarlo, tras haber hablado de ello con los obispos interesados y vuestra Dirección.

El Consejo regional ha aprobado ya la entrega de la parroquia de Tres Esquinas a monseñor Francisco Múnera, del Vicariato de San Vicente del Caguán antes de que termine este año.
Se ha acordado con el obispo y los Misioneros de San Vicente del Caguán que la casa rectoral de la parroquia del Espíritu Santo (Barrio El Jardín) será, antes de que termine el año, la única residencia de los misioneros de paso y de los que trabajan en la Curia, en las parroquias de El Jardín y San Juan de Lozada, así como en la procuraduría IMC.
Es necesario hacer un estudio sobre la posibilidad de continuar o de cerrar la parroquia y el trabajo de coordinación de la pastoral afro de Cali. Si esta presencia nuestra, abierta en su día y acordada según precisos criterios con la archidiócesis, no pudiera ya ejercitar el ministerio que motivó su apertura, debe considerarse seriamente la posibilidad de cerrarla.
Aconsejamos que se comience a dialogar con el obispo de Riobamba con el fin de entregarle las parroquias de Punín y de Licto apenas venzan las convenciones, mientras que durante algunos años se garantizará y reforzará la presencia en Guayaquil, eventualmente hasta que acabe el tercer mandato.
Considérese la cesión de la parroquia de Caldono u otra al obispo de Popayán al final del presente contrato para permitir a la iglesia local formar parte del equipo misionero de Toribio, Tacueyó y Jambaló.
Aconsejamos estudiar la posibilidad de cambiar el Propedéutico de Manizales y valorar el terreno y los edificios de Bucaramanga.

Esta revisión podrá ofrecer la posibilidad de ayudar a las demás comunidades o programas necesitados de personal y una mayor tranquilidad en la planificación de las obras existentes.

2.8. Administración

Por primera vez en los últimos años, y con la ayuda de la Dirección General, la Región ha cerrado sus balances en activo. Diversas comunidades han aceptado, aunque de forma todavía embrionaria, la caja común y quienes la practican están satisfechos con ella, hasta el punto de preguntarse por qué no la han adoptado antes. Parece haber disminuido en la Región la fiebre de las construcciones. Nosotros esperamos que en el futuro se realicen solamente las que se consideren necesarias y siempre con la participación, aunque sea mínima, de la gente. Han aumentado los misioneros que someten sus proyectos a la aprobación de los superiores de la Región y de los respectivos obispos, especialmente del Vicariato. Muchos misioneros depositan en la Administración regional todas las ayudas que reciben, lo que constituye signo positivo que crea una mayor corresponsabilidad en el uso del dinero.
Estas son los signos positivos en el campo administrativo, pero subsisten actitudes y modos de obrar, lamentablemente muchos todavía, que es indispensable que todos juntos remediéis.
La primera urgencia consiste en que todos fomentéis una mentalidad administrativa más responsable, más acorde con el voto de pobreza y con el espíritu de familia de nuestro Instituto, acabando con el protagonismo y el individualismo que dan lugar a divisiones estridentes entre los misioneros: los que no tienen muchos recursos y los que pueden disponer de dinero a sus anchas.
Es necesario asimismo corregir radicalmente el modo de comportarse de algunos que todavía mantienen cuentas bancarias personales con una sola firma; que se guardan las donaciones de amigos y bienhechores aun sabiendo que pertenecen al Instituto; que cargan sobre los demás su mayor disponibilidad de dinero; que no someten sus proyectos a las autoridades competentes para su aprobación. La lista de infracciones voluntarias contra la pobreza podría alargarse todavía más, pero terminamos aquí dirigiendo una pregunta: ¿Cuándo se convertirán los misioneros de esta Región a una misión basada en estructuras sencillas, usando los bienes comunitariamente y promoviendo la participación, aunque sea modesta, de la población local en la realización de proyectos de desarrollo? El misionero que guarda apretado en sus manos el dinero recibido de los bienhechores para usarlo según sus criterios o caprichos, mortifica a la misión, crea divisiones y pone en peligro el futuro mismo de la población a la que está llamado a servir.
Nos permitimos ofreceros algunas orientaciones en el campo administrativo. Solamente una visión de fe y de amor puede ayudarnos a comprender la pobreza como virtud y la capacidad de compartir como una fuente de alegría. Sin esta actitud es una ilusión pensar que pobreza y capacidad de compartir se conviertan en parte de nuestra vida de misioneros y que se traduzcan en solidaridad concreta entre nosotros. El egoísmo, el protagonismo y el aburguesamiento seguirán reinando y dividiéndonos.

Buena parte de dinero que consideramos personal es en realidad del Instituto y no se puede usar a discreción. Con el voto de pobreza solamente podemos considerar nuestro los que nos dan familiares hasta el cuarto grado. Todo lo demás es del Instituto. No podemos recurrir a rodeos para atribuirnos entradas que no nos pertenecen personalmente y para evitar ponerlas a disposición de todos y de la misión. El principio de la caja común es igual para todos y su administración es objeto de discernimiento comunitario.
Recomendamos al Ecónomo regional que visite periódicamente las comunidades para verificar su marcha financiera, para hacer sugerencias técnicas en la conservación de las estructuras y para comprobar el estado de las cuentas y de los inventarios, distinguiendo claramente entre lo que pertenece al Instituto y lo que es de la iglesia local.
Las convenciones con las diócesis están bien estudiadas por la Dirección Regional y propuestas con claridad a los Ordinarios. Prosígase así e insístase para que todos los obispos las firmen.
Los colegios merecen una mención especial porque en el contexto de la Región representan un buen medio de entradas. Queremos agradecer esto a los misioneros implicados y les invitamos a seguir con generosidad en su trabajo, garantizando a la vida de la Región esta valiosa ayuda, dentro siempre del respeto de las leyes y de la justicia debida a todo el personal externo empleado en esta actividad. No olvidamos que en estos colegios la Región tiene la posibilidad de cultivar un terreno fértil para la AMV, que gracias a la cooperación entre los responsables y los animadores misioneros podría generar ayudas y vocaciones para la misión.
Finalmente, queremos aludir al tema de las ayudas a los familiares de los misioneros. Muchos de vosotros tienen experiencia de la sensibilidad del Instituto ante las necesidades esenciales de las familias en dificultad. Pero conviene ser conscientes de que, si bien el Instituto está siempre dispuesto a cooperar en los casos de necesidades urgentes, compartiendo con la Región todo tipo de intervención, no se puede pretender que se haga cargo de gastos enormes que van más allá de las emergencias, como la construcción de casas. Todos los misioneros deben tener claro nuestro modo de proceder en este asunto y explicárselo a sus familiares.


Conclusión

El P. Aquiléo y yo nos sentimos muy agradecidos al Señor por su asistencia, por la luz con la que nos ha acompañado y por la salud con la que nos ha bendecido durante toda la visita. Nuestro agradecimiento se extiende a todos los misioneros de la Región, quienes con tanta amabilidad nos han acogido en sus comunidades y nos han abierto su corazón de manera fraterna y sincera en los coloquios personales. De manera especial queremos manifestar nuestra gratitud al Superior Regional, P. Sandro Carminati, quien nos acompañó durante toda la visita, siempre dispuesto a ayudarnos y no interfiriendo nunca en nuestro trabajo. Estamos seguros de que su presencia y su guía seguirán siendo una ayuda valiosa para el crecimiento de la Región. Cooperad cordialmente con él y su Consejo para renovaros en vuestra aspiración de ser santos y practicar un apostolado creativo y fecundo.
La asamblea de clausura de la visita canónica fue celebrada a la luz del testimonio de dos santos: san Francisco de Asís y santa Teresa de Lisieux. Dos grandes santos y dos celosos misioneros caracterizados con el signo de la pobreza y del sacrificio. El sacrificio os hará fecundos y la pobreza practicada de forma radical os hará libres en el ejercicio de vuestro ministerio. Aspirad a la santidad de vida que hará de vosotros testimonios auténticos y transparentes.
Que también vosotros podáis sentir un gran gozo porque el Padre os ha revelado el misterio de su Reino. Que también vosotros podáis gloriaros solamente en la cruz del Señor, por la que estáis crucificados para el mundo. Que también vosotros podáis alegraros de que, gracias a vuestra obra, la mano del Señor se manifestará al pueblo colombiano y ecuatoriano.
Este es nuestro augurio y nuestra oración por todos vosotros, quienes, a pesar de las dificultades y las pruebas, estáis llamados a ser misioneros que marcan la diferencia y perseverar así.

P. Antonio Bellagamba, IMC
(Vicesuperior General)

P. Aquiléo Fiorentini, IMC
(Consejero Continental para América)

Ultima modificación ( 11.03.2006 )