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| Adviento 2008 |
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| Escrito por P. Luis Jiménez, imc | |
| 01.12.2008 | |
“Se acerca el adviento: tiempo de preparación a la Navidad y a la vez, tiempo en que, a través de ese recuerdo, el espíritu nos guía hacia la espera de la segunda venida de Cristo al final de los tiempos. Por eso, el Adviento es para nosotros un tiempo de ardiente y alegre espera”* Tres grandes figuras de adviento: Isaías: nos habla del Dios de la justicia que está con los marginados, del Dios de la libertad que está con los esclavos, del Dios que acompaña a los exiliados en su retorno. El profeta Isaías grita: No tardes, Señor, en Ti confiamos porque “Tú eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero”. Juan Bautista: nos invita a la conversión en la espera. Su misión es dar testimonio de la luz a un mundo en tinieblas. Juan señala quién es el Mesías. Denuncia, con la fuerza del espíritu, las injusticias, las hipocresías, los abusos de poder. Y por ser testigo veraz de la justicia de Dios fue decapitado. María. Culmina la expectación del pueblo, Fue llena del Espíritu y vivió intensamente la preparación de la primera navidad. En ella se revela quién es Dios y quién es el ser humano ante Dios. Como figura del adviento nos enseña a escuchar la palabra de Dios, a ser fecundados por el Espíritu y a vivir con esperanza. Los misioneros y todas las personas de buena voluntad estamos también gritando y rogando que venga el Señor para que nos salve de tantas limitaciones, de tantas faltas y debilidades que pesan sobre nosotros y nos angustian. “El Dios del adviento es el Dios de la historia, el Dios que vino en plenitud para salvar al hombre en Jesús de Nazaret, en quien se revela el rostro del Padre” ¡Ven, Señor, aquí y ahora! No tardes más, Señor; te estamos esperando. A nosotros, los misioneros, se nos pregunta hoy: “¿Dónde está tu Dios? Mostradnos a vuestro Dios”. No caigamos en el desánimo ni en la tristeza. Con la fuerza del Espíritu demos testimonio de Dios en nuestro mundo: la familia, nuestras comunidades, las instituciones humanas, la cultura, la vida; estemos siempre a favor de la vida y de la paz, de la concordia y del compartir, del respeto sagrado a las personas y de la solicitud y atención a los más pobres. Seamos testigos de esperanza y transmitamos esperanza a tantas personas que la han perdido. Hay muchos seres humanos cuya vida está atravesada por el dolor y el sufrimiento. Son los nuevos crucificados de la historia: los excluidos y marginados, los refugiados, los inmigrantes, los perseguidos, los hambrientos y los enfermos, los solos y abandonados a su suerte. Mostrémosles el rostro de Dios y seamos para ellos “una Iglesia misionera y samaritana”. Que María, la humilde Virgen de Nazaret haga fructuosa nuestra espera orante y vigilante del Señor. Feliz adviento |
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| Ultima modificación ( 01.12.2008 ) |
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