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VISITA CANÓNICA A LA REGIÓN KENYA (5 de enero – 27 de febrero)
Roma, 25 de marzo de 2004
Roma, 25 de marzo de 2004
Queridos Misioneros:
La visita a la Región Kenya, que tuvo lugar en los meses enero y febrero de 2004, se hizo de forma inédita. Dada la extensión de la Región y la multiplicidad de sus obras, por primera vez el Superior General y el Vicesuperior General visitaron al mismo tiempo comunidades diversas, mientras que el P. Norberto Louro, Consejero General, acompañó alternativamente a uno u otro en las diversas zonas. Este método, permitido por el último Capítulo General (XCG), nos permitió ser más rápidos en la visita y poder observar la realidad regional partiendo de puntos de vista y de sensibilidades diversas. Con el Consejo Regional tuvimos un encuentro preliminar que nos facilitó entrar en seguida y con profundidad en la realidad de la Región. Acordamos un plan de trabajo que permitiera tener una visión de toda la Región a través de los diálogos personales y la visita a cada una de las comunidades y obras del Instituto, pero que permitiera también escuchar la opinión de los miembros de la Región sobre el camino presente y futuro de nuestra misión en Kenya. Esto se consiguió en los cinco encuentros zonales. El P. Luigi Brambilla, superior regional, nos acompañó en la visita a las comunidades más lejanas, mientras que el vicesuperior regional, P. Matthew Ouma, nos facilitó los encuentros en las comunidades más cercanas a Nairobi. A ambos queremos darles las gracias, porque de este modo pudimos comprobar que la visita no solamente era nuestra, sino en buena medida también suya, por el tiempo que nos concedieron, por su participación activa en los encuentros de comunidad y zonales y por tantas clarificaciones como nos ofrecieron. Queremos asimismo manifestar nuestro agradecimiento a todos los misioneros de la Región: a los ancianos, que con su sabiduría nos recordaron a menudo las cosas fundamentales que nunca deben ser olvidadas y quienes con su perseverancia son testimonios de estas realidades perennes de nuestro ser y nuestra acción, y a los misioneros más jóvenes, quienes con su entusiasmo y sus sueños nos ha permitido mirar al frente, hacia el futuro de la Región, con confianza y esperanza. Recogemos nuestras observaciones en torno a los diez temas que de manera especial han sido tratados a lo largo de un diálogo que duró dos meses y contó con voces diversas. Somos conscientes de que no podemos decir en este momento todo los que tenemos en la mente y en el corazón. En algunos casos, apenas aludiremos a realidades importantes y complejas que merecerían una mayor profundización. Y dejaremos al Consejo Regional otro material que tiene que ver con las comunidades locales y los encuentros zonales, para poder ser utilizado en su servicio de animación regional. Aunque nuestra atención se centró especialmente sobre Kenya, no hemos dejado de dirigir frecuentemente nuestra mirada hacia Uganda, donde desarrollan su misión tres comunidades nuestras y donde hemos podido pasar una semana. Lamentablemente, por exigencias de espacio, no podemos dar aquí el debido relieve a la realidad de este país que desde hace varios decenios se siente zarandeado por guerras y luchas internas y que todavía necesita la solidaridad de muchos. Nuestros hermanos, mediante el trabajo de evangelización en dos parroquias y las actividades del centro de animación misionera y vocacional, ofrecen su aportación con generosidad y entusiasmo.
1. Kenya, "tierra nuestra"
Este país y esta tierra que los misioneros de Kenya, independientemente de su origen, sienten más que nunca como suya, está viviendo un momento delicado y crucial. Hace ahora dos años superó con gran madurez y de manera pacífica la coyuntura de las elecciones políticas que ponían fin a una veintena de años caracterizada por numerosas mediaciones pero también por muchos problemas: desde una incontenible corrupción política y administrativa hasta una paralización económica y social generalizada. De ahí que la campaña cuaresmal del 2003 hable de "New beginning for Kenya" e invite a todos los católicos a trabajar unidos con todas las fuerzas vivas de la nación para superar una pobreza persistente y la falta de un buen gobierno, así como para poder llegar finalmente a redactar una Constitución que garantice al país el sentido de la ley y una paz duradera en la justicia y el respeto mutuo. Ese mismo documento y el de la Cuaresma del 2004, preparados por la Comisión Justicia y Paz, recuerdan los objetivos principales en los que todos deberían colaborar con su esfuerzo que garantice un futuro mejor para el pueblo keniano: Lucha contra la pobreza absoluta. Es una de las causas principales del aumento de la criminalidad y de la inseguridad e impide el progreso de la nación con sus 30 millones de habitantes, de los que el 44% tienen menos de 15 años. Esa pobreza llega al 56% de la población, según lo que afirma "The Institute of Economic Affairs", y crea situaciones infrahumanas especialmente en los “slums” de las grandes ciudades. Lucha contra la desigualdad social en constante crecimiento y que afecta a todos los aspectos de la vida, en especial a la salud y la educación. Kenya aparece citada entre las diez naciones pobres del mundo que tienen una mayor tasa de desigualdad social, y por eso el crecimiento económico sigue dejando a los pobres en una pobreza constante y quizá mayor. Lucha contra las divisiones y las facciones, suscitadas o favorecidas en los últimos años por intereses políticos. En este campo, la Iglesia puede desempeñar un papel importante en favor de la reconciliación de todos los habitantes del país. Moralización de la economía, que siempre debe ser regida por principios honestos y sólidos. Todos los ciudadanos, en efecto, deben poder crecer económicamente, tener un trabajo garantizado y un salario que asegure una vida digna y condiciones de trabajo decentes. Compromiso para formar una clase política que busque el verdadero bien de la nación, que defienda la causa de los más pobres, de las familias y de la infancia, que promueva la unidad y la armonía en todo el país sin buscar el beneficio de algunos en detrimento de los demás. Lucha contra la plaga del SIDA y contra todas las demás enfermedades que causan innumerables víctimas, como la malaria. El cristiano es una persona que vigila constantemente para que la vida humana sea favorecida y defendida a toda costa. Compromiso de todos para que la nueva Constitución, que el país está rescribiendo, traiga un nuevo orden social, respetuoso con los derechos de todos y capaz de infundir en los ciudadanos el sentido del deber en favor del bien común. En este compromiso, la Iglesia Católica ha desempeñado, y sigue haciéndolo, un papel de importancia decisiva en despertar sensibilidad y atención.
Hoy en día palabras como bien común, solidaridad, subsidiaridad, transparencia y honradez están abriéndose camino en todos los ámbitos de la sociedad keniana, quien con su rica herencia cultural, su multiplicidad étnica y una educación amplia, ofrece mejores garantías para construir un futuro más halagüeño. La esperanza está renaciendo y suscita en todas partes nuevas energías. Las fechorías y las cacicadas son ahora castigadas, la corrupción es combatida abiertamente y se hace un gran esfuerzo en el campo de la educación. También los inversores extranjeros demuestran que tienen nuevamente confianza en las posibilidades de este país. La Iglesia católica en Kenia, con su gran riqueza de personal y de instituciones educativas, caritativas y asistenciales, está ofreciendo una aportación profética en la denuncia de los males y en la formación del pueblo para trabajar en favor del bien común. La Comisión Nacional de Justicia y Paz hace ya algunos años que está realizando un trabajo capilar para concienciar a las comunidades cristianas en los valores de la justicia, la paz y la reconciliación. Este servicio ha encontrado una de sus expresiones más eficaces con la celebración de la cuaresma de fraternidad, en la que estos valores se resaltan de manera especial. También la Comisión Regional IMC/MC de Justicia y Paz trata de aportar su colaboración en la creación de una conciencia eclesial cada vez más atenta a los problemas que más preocupan al país. Como Misioneros de la Consolata, no podemos eximirnos de responder a la invitación cada vez más insistente de los obispos para que las comunidades eclesiales se conviertan en verdadero fermento de una sociedad más unida, fraterna y solidaria con todo sufrimiento. Por este motivo, y a invitación del XCG, no deberíamos dejar pasar un año sin volver a leer atenta y participativamente la situación del país y de la Iglesia, con la ayuda, si se considera necesario, de expertos, para no dejar de estar atentos a los problemas del país y a los dramas que nuestra gente está viviendo.
2. El Instituto: casa y familia
Nos llama la atención y llena nuestro corazón de alegría el énfasis que algunos misioneros, ancianos y jóvenes, ponen en el valor de la identidad y de la pertenencia. La larga experiencia de comunidad de los primeros confirma que es posible sentirse identificados con el Instituto hasta considerarlo verdadera familia, mientras que la breve experiencia de los otros está ya sugiriéndoles que, sin un íntimo lazo de unión con todos los hermanos, no se puede crecer de forma sana como Misioneros de la Consolata ni tampoco expresar plenamente el carisma de la misión ni dar una aportación válida a la Iglesia en Kenya. El árbol del Instituto en Kenya, querido por el Beato Allamano y plantado con tanto entusiasmo por nuestros primeros misioneros hace ahora cien años, ha crecido como planta sólida y con muchas ramas que están dando frutos copiosos. Las celebraciones del Centenario de la llegada de los primeros misioneros, vividas por el Instituto y por la iglesia local con profunda alegría y con sentimientos de agradecimiento al Señor por lo que se ha podido hacer en favor de este país y por el nacimiento de nuevas diócesis, nos lo han recordado. Un siglo de vida es sin duda una etapa importante para un Instituto religioso, pero no deja de ser un etapa. Se abre ante nosotros un camino nuevo, tal vez entre senderos inéditos y cargados de desafíos. No debemos ni podemos desilusionar las expectativas de la gente y de las iglesias locales que todavía esperan mucho de nosotros, especialmente en el frente de la evangelización ad gentes aún presente en Kenya, pero también en muchos otros campos de trabajo que están en sintonía con nuestro carisma específico. Un pensamiento muy especial debe tener como destinatarios a los hermanos kenianos que trabajan en la Región. Son muchos, y son jóvenes, trabajan en diversos campos pastorales y tienen un papel insustituible en la animación misionera-vocacional y en la formación. Queremos decir lo que sin duda les diría nuevamente el Beato Allamano en este momento con mucho énfasis, con convicción y energía:
Sentios orgullosos de pertenecer al Instituto, que es vuestra familia, que es vuestra casa. Habéis recibido el carisma del Instituto de hermanos que por su cultura, lengua y formación eran diferentes a vosotros. Los acogisteis igualmente, porque intuisteis que eso provenía del Espíritu. Ahora os toca a vosotros vivirlo con empeño y fidelidad, de tal modo que podáis pasárselo a los jóvenes estudiantes revestido con vuestra cultura, mediado por un lenguaje accesible y hecho creíble por vuestro testimonio de vida. Esta inculturación del carisma debe ser asumida con muchas seriedad, evitando siempre el peligro de traicionar la integridad y la intensidad del espíritu del Beato Allamano, pero sintiéndola como paso obligado en la transmisión del mismo. Leed con interés todo lo que el Instituto publica sobre el carisma, sobre su historia, sobre el Fundador y sobre su espíritu, sobre la vida de vuestra Familia. Sabemos que algunos no tienen un conocimiento suficiente de la lengua para acceder a todos los documentos que se publican. Aunque la Dirección General trata de traducir lo más posible en diversas lenguas el material que concierne al carisma, queremos invitar al empeño en el estudio de la lengua italiana a quien la desconoce totalmente. Al mismo tiempo, pedimos a los misioneros más ancianos apertura a los más jóvenes, disponibilidad al trabajo en equipo y en darles confianza, pensando que ellos tienen todavía para corregirse muchos años de vida. Este empeño de integración entre jóvenes y ancianos garantizará sin duda un futuro seguro y sereno a la Región. El último Capítulo General ha pedido que se mantenga una relación especial de colaboración con las Misioneras de la Consolata, puesto que tenemos el mismo carisma, el mismo origen y el mismo Fundador. Hemos notado una leve mejora no solamente en las relaciones mutuas, sino también en la realización, en las pocas misiones en las que colaboramos conjuntamente, de un trabajo misionero de acordado conjuntamente, respetuosos con la dignidad de la vocación femenina, de la participación de dos entidades jurídicas distintas y de la planificación de los respectivos Capítulos Generales. Es vivo deseo nuestro que esta relación y esta colaboración crezcan más y se conviertan en testimonio de nuestra única Familia misionera.
3. Esbozando el futuro
La anterior visita canónica percibió, aunque fuera todavía de manera incierta, la posibilidad de rescribir nuestra presencia IMC en Kenya, de forma más acorde con las nuevas situaciones de la Iglesia y de la Región y en sintonía con las orientaciones de los últimos Capítulos Generales (cf. BU 79, 42-44). Un año después, el XCG, profundizando en los ámbitos de nuestra misión, ofreció indicaciones claras que permitieran a las Circunscripciones trazar los nuevos caminos de la misión. La Conferencia Regional del 2000, que se distinguió por lo concreto de las orientaciones, decidió la constitución de centros zonales, marcados por la animación misionera y por presencias misioneras significativas. Esta opción fue posteriormente confirmada en el 2002 con la petición específica de la archidiócesis de Nyeri de constituir un centro de irradiación misionera en el territorio del Mathari. Nos congratulamos con la Región por haber emprendido, con valentía y clarividencia, un camino de reestructuración que, con el paso de los años, no dejará de producir notables beneficios tanto a la iglesia local como al Instituto, ya que tal camino prevé la constitución de cinco polos o zonas caracterizados por una presencia nuestra de animación misionera de la iglesia local y por algunas presencias de servicio pastoral que, aunque reducidas en número, deberán ser significativas por su cualidad. A estas cinco zonas se añaden otras dos que se distinguen por su tradicional y marcado carácter ad gentes (diócesis de Maralal y periferia de las grandes ciudades). En la Región, mientras que el personal extranjero se está reduciendo cada vez más, van aumentando las comunidades con personal exclusivamente keniano o africano. Este escenario, aunque no expresamente planificado, se va no obstante imponiendo como un dato irrebatible. Creemos, sin embargo, que un cambio como éste debe ser acompañado con adecuadas medidas que faciliten su realización, sin saltos traumáticos que podrían ser nocivos para la comunidad IMC como a las confiadas a nuestros servicios pastorales. Recordamos, por ejemplo, la autosuficiencia económica de nuestras obras, que siempre deberá basarse en ayudas locales más que confiarse casi exclusivamente en las que vienen del extranjero. La cantidad de personal, en cambio, ha permanecido aproximadamente invariable en los últimos seis años. La visita canónica anterior contaba un obispo, 109 sacerdote, 14 hermanos laicos y 28 estudiantes profesos presentes en la Región. Hoy la misma Región cuenta con 4 obispos, 104 sacerdotes, 12 hermanos laicos y 23 estudiantes, de los que 3 son hermanos laicos. La edad media ha bajado de 59 a 53 años. Es oportuno, de todos modos, no olvidar en este sentido lo que escribía el XCG: "Cada Circunscripción debe concienciarse de que actualmente es ya imposible a la Dirección General hacer una distribución del personal según el criterio de la ’sustitución’ en lo relativo al número y la cualidad del personal. La Dirección General proveerá a asignar el personal disponible, en orden de prioridades: a las nuevas aperturas ad gentes programadas por el Capítulo; a la formación de base; a la animación misionera y vocacional; a cualificarlo teniendo en cuenta las exigencias de estos sectores" (pp. 85-86). Sobre la base de esas indicaciones, la "Programación de la Dirección General 1999-2005" pedía específicamente a la Región Kenya, como a otras Regiones mayores, una seria disminución de nuestras presencias. No se puede pensar, en efecto, en conseguir el objetivo capitular de tener tres misioneros por comunidad y eliminar algunas situaciones de misioneros solos sin proceder a esa reducción de las obras. La revisión no es para desaparecer, sino para una mejor calidad de vida de nuestras comunidades y para una mayor incisividad de nuestro trabajo misionero. Una planificación regional realista y previsora debe ser acompañada por otra de orden cualitativo. El misionero, dondequiera que sea llamado a desplegar su ministerio, deberá equiparse con un conocimiento nada común de las realidades de una sociedad que parece a veces anclada en valores ancestrales y otras abierta a una constante y rápida evolución, acompasada con la moderna cultura planetaria. La repetitividad y el achatamiento que a menudo mortifican todavía a muchas de nuestras prestaciones deberá ser sustituida por una creatividad que nos ayude a leer la realidad del país, gracias a un programa apropiado de formación permanente, a la continua actualización y también a la colaboración con personas cualificadas, especialmente en el ámbito del laicado. Nuestro servicio misionero en Kenya exige respuestas pastorales cada vez más diferenciadas que sólo la buena voluntad o la iniciativa individual no conseguirán nunca dar de forma adecuada. El misionero que desee actuar con eficacia en la evangelización de Kenya hoy y mañana deberá además ser abierto para trabajar en team y colaborar con las demás fuerzas locales y con otros grupos misioneros. Basta con pensar en los grandes desafíos que plantea la epidemia del AIDS/HIV, que como un auténtico flagelo está diezmando núcleos familiares y dejando infinidad de huérfanos. Una respuesta cristiana y pastoral a esta calamidades no será posible con iniciativas individuales, sino únicamente mediante proyectos pastorales que encuentren unidos y de acuerdo a agentes laicos y religiosos.
4. En la iglesia local como Misioneros de la Consolata
La insistencia del Fundador sobre el amor a la Iglesia debe expresarse hoy con un atención concreta la iglesia local y con una constante colaboración con los obispos, los sacerdotes, los religiosos y todas las fuerzas vivas. La iglesia de Kenya ha hecho y sigue haciendo un gran camino de maduración en muchos ámbitos. En algunos aspectos podemos decir que es autosuficiente y está dispuesta para ofrecer a manos llenas su aportación misionera a otras iglesias más pobres. Algunos datos son significativos: la iglesia keniana cuenta hoy en día con más de siete millones de católicos, treinta obispos, setecientos sacerdotes y seis seminarios mayores. Las comunidades religiosas femeninas son más de ciento treinta y las masculinas sesenta. Cuenta además con la presencia activa de los mayores movimientos laicales. La prensa católica es promovida y divulgada en inglés y kisuahilí. Existen un semanario católico nacional y dos revistas mensuales. Son innumerables los centros pastorales y los de espiritualidad para la formación permanente de diversas categorías de personas. Durante la visita a la Región, el contacto y el diálogo con los obispos de las trece diócesis en las que trabajamos con han permitido comprobar, además del agradecimiento común y sincero por lo que el Instituto ha hecho en cien años de trabajo misionero en el país, algunos deseos suyos que también nosotros quisiéramos que se convirtieran poco a poco en líneas operativas para la Región. Los exponemos brevemente:
El clero secular es bendecido por Dios con numerosas vocaciones. Los sacerdotes deben encontrar en nosotros verdaderos hermanos mayores, siempre dispuestos a la colaboración en los ámbitos diocesano y vicarial, y disponibles, cuando se nos pida, a acoger a los recién ordenados en nuestras comunidades para permitirles hacer experiencias pastorales y de vida que sean significativas y formativas para su vida. En nuestras diócesis abundan las comunidades religiosas. Algunas han nacido del celo apostólico de nuestros misioneros y están ya actuando ampliamente. Herederos del carisma del Beato Allamano, formador de sacerdotes y director espiritual de tantos religiosos, debemos estar próximos a ellas ofreciéndoles cordialmente asesoramiento y apoyo material y espiritual. Compartamos de buen grado con ellas nuestro carisma misionero, porque puede ser una gran ayuda en su vida de consagración y de apostolado. Los jóvenes que se acercan a nosotros en busca de consejo o apoyo en su discernimiento vocacional deben percibir nuestra atención hacia ellos. Favorezcamos en todas nuestras parroquias la formación de grupos vocacionales y la difusión de iniciativas que ofrezcan formación y respuestas a los jóvenes que se preguntan sobre la voluntad de Dios en su vida. Muchas diócesis están empeñadas en la elaboración de planes diocesanos de pastoral y piden nuestra plena colaboración. Algunas están celebrando su Sínodo, que es un momento especialmente significativo en el que nuestra participación no puede ser marginal, aunque nos exija mucho tiempo y esfuerzo. Esa misma participación debe estar presente en el ámbito de la colaboración vicarial (deanaries) y en las comisiones diocesanas. Las comunidades cristianas esperan nuestro apoyo y nuestra animación para poder llegar en un tiempo no lejano a la autosuficiencia económica. También nos lo piden insistentemente los obispos y lo esperan los sacerdotes diocesanos que nos sustituyen en muchas parroquias. Por nuestra parte, nunca debemos ceder a la tentación del paternalismo o a la fácil salida de lanzar proyectos confiando solamente en la ayuda extranjera. La evangelización, cuyo primer centenario han celebrado últimamente varias diócesis, prosigue su camino, llegando incluso a los grupos humanos más remotos. Las comunidades cristianas están creciendo en todas partes, cuantitativa y cualitativamente. Como misioneros, debemos ser solícitos en apoyar las nuevas formas de colaboración entre las varias iglesias; por ejemplo, con los Sacerdotes Fidei donum. Kenya ha estado siempre abierta a acoger la presencia de los laicos extranjeros y a insertarlos en el servicio misionero. Pensamos que los tiempos están maduros para poner en marcha en la Región iniciativas específicas de formación misionera en favor de los laicos locales y suscitar así en ellos una mejor conciencia misionera. Además, todos los laicos deben encontrar en nosotros los misioneros una acogida fraterna y un punto de referencia seguro en su búsqueda de una más profunda formación cristiana y de un mayor compromiso en la Iglesia. Nuestra acción apostólica debe saber cortar las ramas de ese innato clericalismo que mortifica a los diversos ministerios laicales e impide a los laicos el desempeño de su papel específico en muchos ámbitos de la vida de la Iglesia (por ejemplo, la familia, la acción social, la escuela, la sanidad).
Hemos constatado con alegría y emoción que muchas obras misioneras llevan ahora el nombre del Beato Allamano. Su imagen está presente en muchas de nuestras iglesias y locales de culto, aunque todavía no en todos. Pero no basta con esto. Ofrezcamos a nuestra gente especialmente el espíritu del Beato Allamano, demos a conocer su santidad de vida, exhortemos a que lo invoquen y a que pidan su intercesión. Hay diversos impresos a disposición y es necesario difundirlos con traducciones a las lenguas principales del país. Ofrezcamos, especialmente a los jóvenes de las escuelas, libros y biografías de nuestro Beato para que el conocimiento de un santo misionero despierte en ellos el interrogante vocacional o el deseo de un compromiso mayor en la vida cristiana.
5. Lo característico de nuestra vida
Los días finales de la visita canónica coincidieron con la fiesta litúrgica del Beato Allamano. La celebramos en varios momentos, aprovechando especialmente los encuentros zonales. La proximidad filial al Fundador nos permitió a todos sentir una vez más la paterna y apremiante exhortación: "¡Os quiero santos! ¡Estáis aquí para ser santos!". Junto al empeño perseverante y tenaz de tantos misioneros, la visita ha podido constatar también en qué medida sigue al acecho el peligro de caer en la mediocridad de la vida espiritual, en la mentalidad consumista que lo invade todo o en un burguesismo que afecta negativamente a los valores más hermosos de nuestra consagración. Todos pueden comprobar cómo, bajo apariencia de celo, puede esconderse la atracción del activismo y el eficientismo. Incluso la sutil atracción hacia el protagonismo puede llevar muchas veces a dar la precedencia a los proyectos personales, en detrimento de la verdadera naturaleza de la fraternidad y de nuestro tradicional espíritu de familia. Vivimos en una sociedad en la que los valores evangélicos de la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la vida humana parecen sentir el desafío de muchas otras realidades de signo contrario: la violencia, la marginación de los más débiles, el afán de enriquecimiento fácil, el desprecio del valor de la vida, la corrupción. Junto a estos escenarios negativos y desafiantes que el mundo de hoy día nos presenta, contamos con la lección del Beato Allamano, el cual, profundamente convencido de que solamente el hombre de Dios que posea un alto grado de perfección puede ser un verdadero misionero, nunca dejaba de hacer hincapié en una doble e intensa llamada.
1. Alta estima de la vida consagrada Este don carismático que el beato Allamano quiso injertar en el árbol de nuestra vocación misionera que pudiera dar frutos más abundantes, debe ser muy estimado por todos nosotros. A partir del Capítulo General de 1993, el Instituto ha ido haciendo una reflexión profunda sobre el significado de nuestra consagración religiosa dentro de nuestra específica vocación misionera. Debemos tener la valentía de preguntarnos, de vez en cuando y sin medias tintas, qué significado tienen los votos religiosos en nuestra vida y cómo los vivimos, qué comporta estar en seguimiento de Cristo y qué medios utilizamos para serle fieles, qué estímulo nos ofrece la enseñanza constante del Fundador, quien quería que fuéramos "santos", y cómo tratamos de ponerlos en práctica. La vida consagrada debía ser para nuestro Fundador un estímulo interior que lleva al misionero a dedicar toda su vida a Dios y a los hermanos, la que le da fuerza y le infunde celo para anunciar el Evangelio, prefiriendo a los más lejanos y a los que no conocen a Cristo, la que le ayuda a fomentar una relación íntima y amorosa con Dios, logrando así amplios espacios para la oración, la Palabra y la Eucaristía. Es justamente la consagración religiosa la que fija en nosotros, de manera permanente, la convicción de que "sólo Dios" es el valor de nuestra vida. Como religiosos, debemos tender nada menos que a la santidad, estar convencidos de que "hacer la voluntad de Dios" es nuestro apremio cotidiano. No queremos alargarnos en poner de relieve los valores de nuestra consagración religiosa, que ya el XCG recordó con insistencia y los documentos de la Iglesia siguen proponiéndonos con fuerza. Sí deseamos recordar algunos medios para mantener encendidos los ideales de nuestra vida consagrada, fundamento para vivir eficazmente nuestra vocación misionera.
Los superiores locales y regionales tienen una misión insustituible en la vida de la comunidad, que consiste en recordar las exigencias fundamentales de nuestra consagración y en animar a cada misionero a una vida coherente con los compromisos asumidos. Efectivamente, una comunidad misionera encuentra su unidad en estos valores auténticos, por todos compartidos y acogidos. El valor de los votos religiosos debe ser recordado periódicamente en nuestros retiros y en los encuentros comunitarios. Hay que tener el coraje necesario de hablar de ellos en la vida comunitaria. Un misionero que, seguramente de forma un tanto provocativa, me preguntaba: "¿Qué sentido tienen todavía hoy nuestros votos?", quería recordarme lo importante que es hablar más a menudo de ellos y someterlos a una revisión de vida. Pedimos a todos, pero de manera especial a los misioneros más jóvenes, que hagan todos los años, especialmente con ocasión de los ejercicios espirituales, el proyecto personal de vida (cf. XCG, 33). Pedimos también el uso regular de la dirección espiritual, tan promovida por nuestro Padre Fundador.
2. Volvamos a rezar más y mejor Nuestra vida consagrada necesita un ritmo sostenido de oración, de permanecer a la escucha del Maestro, oír su Palabra, mantener un coloquio con él. Caminar desde Cristo debe ser el empeño constante de nuestra vida, tal como lo hicieron los Apóstoles. Y es que sólo caminando desde Cristo nuestro anuncio y nuestras iniciativas caritativas y de consolación podrán ser eficaces y construir el Reino de Dios en el corazón del mundo. Volvamos especialmente a la Palabra de Dios, fuente primera de toda espiritualidad. Volvamos a ella en nuestra meditación cotidiana, en la lectio divina que muchos misioneros han aprendido a practicar. ¡Qué hermoso sería que, por lo menos una vez a la semana, la comunidad misionera se reuniera, juntamente con sus más estrechos colaboradores, para ponerse a la escucha meditada de la Palabra de Dios que luego debe ser anunciada a las comunidades cristianas! Nuestra fe se alimenta justamente a través del encuentro con la Palabra y nuestra mirada aprende a mirar y juzgar los acontecimientos y las personas con la mirada misma de Dios. No olvidemos nunca las palabras de nuestras Constituciones cuando, reflejando la enseñanza de nuestro Fundador, nos exhortan al uso de la Palabra de Dios: "La Palabra del Señor está en el centro de nuestra vida, porque a nosotros se nos ha anunciado el don de llegar a sus siervos y ministros. Nos ponemos en actitud de escucha personal y comunitaria de la Palabra, para adquirir los mismos sentimientos del Hijo de Dios y hacerla fundamento de nuestra oración. La Sagrada Escritura ’es nuestro libro’, a cuyo estudio debemos dedicarnos cada día" (Const. 62). Nos atrevemos también a pedir a todos una gran atención para que la celebración de la Eucaristía cotidiana esté siempre acompañada por el espíritu de fe y devoción que el Fundador quería ver en todos los misioneros de la Consolata. No olvidemos nunca la afirmación del concilio Vaticano II según la cual la Eucaristía es la fuente y la cima de toda la evangelización y el verdadero centro de la comunidad cristiana. A su vez, el sacramento de la penitencia será debida y frecuentemente utilizado como medio irrenunciable de un camino espiritual serio y fuerte. También durante la formación de base debe darse la importancia debida a la profundización en estos valores. Además de los momentos indispensables de la oración personal, fomentemos debidamente los actos de oración comunitaria. Junto a los numerosos ejemplos de fidelidad a la oración comunitaria, expresada por numerosas comunidades locales al menos una vez al día, debemos confesar también nuestra dolorosa sorpresa al constatar que hay comunidades que no tienen ningún momento común de oración. Toda forma de oración en ellas se deja a la iniciativa individual o a los momentos de servicio pastoral. Queremos recordar a estas comunidades que deben reanudar decididamente la praxis del Instituto, tanto en lo que concierne a los actos diarios de oración como a los periódicos, como son el retiro espiritual mensual, la adoración eucarística, las prácticas especiales de devoción mariana y los ejercicios espirituales anuales.
6. Comunión y fraternidad
Leemos en Novo Millennio ineunte: "Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: este es el gran desafío que tenemos delante en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo" (43). Y los primeros que deben responder a este desafío somos nosotros. Efectivamente, "se pide a las personas consagradas que sean verdaderamente expertas en comunión y que vivan la respectiva espiritualidad, como testigos y artífices del proyecto de comunión que constituye la cima de la historia del hombre según Dios" (VC 46). Llamados por vocación a acompañar los primeros pasos de las iglesias nacientes, no podemos ofrecer servicio mejor que mostrarles un fuerte testimonio de amor, comunión y fraternidad, haciéndoles ver que es posible también hoy, como en los tiempos de la Iglesia primitiva, que los creyentes en Cristo sean "un solo corazón y una sola alma" (He 4,32). La espiritualidad de la comunión y la práctica de la fraternidad no se improvisan ni se sostienen sólo con buena voluntad. Se aprenden especialmente dentro de nuestras comunidades, cuando cada uno sabe compartir gozos y tristezas, hacerse cargo de las necesidades de los demás, ofrecer una sincera amistad. Forma parte de esta espiritualidad la capacidad de ver lo positivo en el otro, valorando a cada uno como don de Dios y abriéndole sitio en nuestra vida. Leamos sobre esto en la Instrucción Caminar desde Cristo: "La espiritualidad de la comunión se presenta como clima espiritual de la Iglesia al comienzo del tercer milenio, tarea activa y ejemplar de la vida consagrada a todos los niveles. Es el camino maestro de un futuro de vida y de testimonio. La santidad y la misión pasan por la comunidad, porque Cristo se hace presente en ella a través de ella" (29). La visita a todas las comunidades de la Región nos ha permitido observar que serenidad y colaboración mutua existen en todas las comunidades. Al hablar luego con cada uno de los misioneros y hacer la verificación de la cualidad de la vida, hemos notado que la comunión y la fraternidad necesitan ser estudiadas y vividas más profunda e intensamente. Nos permitimos, por consiguiente, aludir a algunos aspectos que necesitan atención y cuidado especiales:
Hace ya dos decenios que se habla en el Instituto del Proyecto Comunitario de Vida (PVC). Esto quiere decir estudio de nuestra realidad y programación global de todos los aspectos de la vida comunitaria. La verdad es que son pocas las comunidades que lo redactan cada año y que dediquen a su estudio toda la atención y el tiempo necesarios. En general las comunidades se contentan con el establecimiento del horario de los momentos principales de la vida comunitaria y del trabajo apostólico. Eso es tan poco que no tendrá ninguna efectividad profunda en la cualidad de la vida de la comunidad. Exhortamos vivamente a cada una de las comunidades a redactar su PVC pidiendo, si es necesario, la ayuda de los Superiores regionales. Se lamenta todavía en la Región la pervivencia de algunas situaciones de misioneros solos, a pesar del esfuerzo que la Dirección Regional hace para buscar soluciones y permitir a todos vivir en contextos comunitarios. La persistencia de estas situaciones tiene consecuencias nocivas en el misionero que vive solo y en la comunidad cristiana a la que atiende. Los encuentros comunitarios son un medio indispensable para crecer en la fraternidad y en la comunión. Deben ser suficientemente frecuentes y conducidos de forma adecuada si queremos que den fruto. No deben limitarse a la programación del trabajo, sino que deben tratar temas de nuestra vida consagrada y misionera, ser momentos de verificación comunitaria y no descuidar una comunicación indispensable y amplia. Causan un grave daño a la comunión de la comunidad regional y local la falta de sinceridad fraterna en las relaciones mutuas y de maduración humana y el vicio del cotilleo. Exhortamos a todos a evitar decididamente estas formas de comportamiento que hieren gravemente la fraternidad y suelen causar un grave daño a nuestro trabajo misionero. El individualismo y el protagonismo parecen encontrar terreno abonado en algunas realidades misioneras debido al aislamiento del misionero, a la complejidad de su trabajo o a la necesidad que siente de obrar sin que nadie le moleste en su papel de primer actor. En estos casos, la comunidad divide simplemente el trabajo que luego tendrá que realizar cada uno de manera aislada e independiente. Cuando el PCV se practica de manera correcta, se convierte en un antídoto muy eficaz contra este individualismo y este protagonismo, mientras que favorecer la corresponsabilidad, la capacidad para compartir la vida y el trabajo y la corrección fraterna.
7. Celo apostólico
Durante nuestra visita a las parroquias y a las comunidades cristianas, habéis insistido en la exigencia de que los misioneros debemos ser más creativos y activos en la organización de nuestra pastoral. A menudo habéis afirmado que lo genérico, la falta de creatividad y un cierto estancamiento caracterizan lamentablemente nuestra pastoral. Aunque el Consejo de Pastoral Parroquial existe en todas partes, algunas parroquias lo usan poco. Muchas parroquias no disponen de un verdadero plan pastoral y se contentan con un simple programa de servicios sacramentales. En otras los laicos están poco presentes como fuerza evangelizadora y es escasa su formación. Con ocasión del Centenario de nuestra presencia en Kenya, todo el Instituto ha analizado repetidamente la significativa experiencia de las Conferencias de Murang’a, que constituyeron el comienzo de nuestro estilo de hacer misión y de trabajo pastoral. Queremos animaros a no abandonar este ejemplo y a que volváis con frecuencia a hablar de pastoral entre vosotros en los ámbitos zonal y regional, confrontando unos con otros los programas de trabajo, animándoos mutuamente a emprender nuevos caminos que puedan producir frutos más copiosos. En sus visitas a las comunidades parroquiales, los Superiores invitarán efusivamente a los misioneros a favorecer y animar en su diócesis una pastoral orgánica, activa y participativa. Es el don más hermoso que podemos dejar al clero diocesano que poco a poco va sustituyéndonos en muchas parroquias. Y ahora deseamos recordar algunos elementos que pueden ser útiles para mantener vivo y conseguir que sea eficaz el trabajo apostólico que ya hemos comentado con vosotros a lo largo de la visita a las comunidades parroquiales.
El plan pastoral es un medio de importancia decisiva que, bien estudiado y realizado, puede dar un fuerte impulso a la cualificación de nuestras parroquias. Que se impliquen más los religiosos y los colaboradores laicos en el estudio y en la redacción de este plan, por medio del cual podemos hacer comprender también nuestro método y estilo de misión, como riqueza carismática que debemos difundir en todas partes. La formación de los líderes, de los catequistas y de los laicos es sin duda una de las prioridades en todo proyecto pastoral. Hemos comprobado con satisfacción que varias parroquias se han dotado de un centro pastoral que se usa especialmente para la cualificación y la formación de los líderes de la parroquia. El Beato Allamano no nos reprenderá nunca por haber sido pródigos en energías y medios destinados a la formación del pueblo cristiano. El empuje ad gentes, que caracteriza nuestro ministerio misionero, nunca debe perder su fuerza. Todas las zonas visitadas nos han permitido constatar que aún hay muchas personas que no han tenido un verdadero contacto con el Evangelio o que han abandonado toda práctica religiosa. Hay que dedicarles una atención especial y evitar la tentación de cerrarnos en el interior de los muros de nuestros centros de culto. Todas las parroquias se enriquecen poco a poco con movimientos y grupos eclesiales. Debemos verlos con interés y acompañarles en su formación y sus actividades apostólicas. Estúdiese a nivel diocesano y parroquial la posibilidad de poner en marcha nuevos ministerios eclesiales que apoyen e integren la obra tradicional y válida de los catequistas. La amplitud y la complejidad de muchas de nuestras parroquias lo piden, como también reclaman un trabajo más capilar a todos los niveles de la pastoral. La animación misionera de las comunidades cristianas fue vista por el XCG como una de las actividades más importantes de nuestro ad gentes, por lo que ha de ser tomada en consideración de manera muy especial por todos los misioneros. Hemos notado con satisfacción que la Región está haciendo opciones valientes en este campo, previendo una cadena de centros misioneros que se extiendan por todo el país. Todos los misioneros deben saberse identificar con la exigencia de ser animadores misioneros: si el fuego de la misión arde en ellos, no podrán evitar que se contagien las propias comunidades cristianas. Conscientes de nuestro compromiso de proceder siempre en sintonía con la Iglesia, nunca podemos olvidar la importancia del diálogo ecuménico e interreligioso como elementos indispensables de toda acción misionera iluminada, incluso cuando su concretización encontrara obstáculos e incomprensiones. Los medios de comunicación social pueden tener una función importantísima en la evangelización y en la animación misionera del pueblo de Dios. Nos lo recuerdan las Constituciones: "En la animación misionera y vocacional, el Instituto valora los medios de comunicación social de forma adecuada, digna y de acuerdo con la realidad" (Const. 85). Se exhorta a todos los misioneros a usar todos los medios a su disposición para desplegar su ministerio. Utilícese y propáguese de manera especial la revista "The Seed", conocida y apreciada en todo el país.
8. Con los jóvenes
Hemos evitado expresamente hasta ahora hablar de "opciones prioritarias" para ahuyentar la idea de que, cada vez que se pide especial atención para algún aspecto o realidad, se quiere ignorar o descuidar otros aspectos o realidades igualmente significativas. Pues bien, tratándose ahora de los jóvenes, no podemos dejar de hacer hincapié en la importancia del tema, pues se encuentra aquí el fundamento del futuro del Instituto y de la Iglesia. La complejidad del tema nos obliga a establecer algunos límites exigidos por el contexto de una visita canónica.
1. La pastoral juvenil Una mirada rápida y superficial a la realidad Kenya basta para darnos cuenta de la importancia que tienen los jóvenes en la vida social, eclesial y nacional. El censo de 1999 llegó a contar 16.297.000 jóvenes entre 0 y 19 años sobre una población total de 28.607.000 habitantes. La visita ha percibido que en nuestro trabajo misionero hay todavía muchos titubeos, incertidumbres y dificultades al tratar de emprender una seria y eficaz pastoral juvenil. La edad adulta de los misioneros parece ser a veces el motivo que desanima toda seria acción pastoral entre los jóvenes. La enseñanza secundaria y superior alejan a menudo a muchos jóvenes de la vida parroquial. El propio mundo globalizado parece distanciar a la juventud de las comunidades cristianas y llevarla hacia intereses y valores extraños a nosotros. La visita, no obstante, ha percibido la existencia de premisas para un cambio de ruta. Son relativamente numerosos los misioneros jóvenes que trabajan en el ámbito parroquial y que tienen un interés especial por la juventud. Los grupos y las asociaciones juveniles están multiplicándose y constituyen un medio providencial para acercarse a los jóvenes y formarles. Las escuelas primarias y secundarias que dependen de nosotros son numerosas y nos ofrecen un campo abierto para una eficaz pastoral juvenil. Las llamadas "Sunday schools", nacidas últimamente en muchas de nuestras comunidades parroquiales, permiten acercarse a los sectores de los más jóvenes y ofrecerles una formación humana y religiosa. Queremos llamar la atención justamente sobre estas últimas dos realidades. Nuestro trabajo en las escuelas, especialmente en las dependientes directamente de la Iglesia católica, no debe limitarse a los aspectos estructurales y organizativos. Debe convertirse especialmente en presencia constante, tanto nuestra como de nuestros colaboradores, y en ocasión para la formación cristiana. Una atención especial debe concederse a los profesores, a los que conviene reunir periódicamente para cursos formativos y atenderles en sus dificultades. Hay que tratar de que "Sunday school" forme parte de todas nuestras parroquias. Puede atraer a los más jóvenes y ofrecer una formación adecuada a los varios grupos de edad, con una atención especial a su crecimiento global y armonioso. Aplaudimos las tentativas hechas en iniciativas culturales, recreativas y formativas que permitan acercarse a los adolescentes y a los jóvenes y hacerles sentirse en casa en nuestras parroquias o en otros centros de culto.
2. Pastoral vocacional Ésta nace y encuentra su ambiente natural dentro de la pastoral juvenil parroquial y en el ámbito de las escuelas secundarias. En virtud de nuestra vocación de consagrados y misioneros, esta pastoral debe ser tenida muy en cuenta por todos y ser fomentada con cariño y atención especiales. Sin embargo, no puede ser dejada solamente en manos de los misioneros jóvenes; es verdad que una sintonía de edad con el mundo juvenil puede ayudar, pero no es indispensable. Además, no todas las presencias pastorales gozan de la presencia de misioneros jóvenes. Uno de los primeros empeños de la pastoral vocacional es siempre la oración: oremos y pidamos que se ore en nuestras comunidades cristianas. Recordemos en todo momento estas palabras de Jesús: "La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rogad pues al Dueño de la mies para que envíe buenos operarios a su mies" (Mt 9,37-38). Que la comunidad cristiana eleve a menudo su oración pidiendo de manera especial vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Otro camino decisivo sigue siendo el que comenzó Jesús mismo cuando dijo a Juan y Andrés: "Venid y ved" (Jn 1,39). Este episodio evangélico nos sugiere que las vocaciones nacen con el contacto personal, exigen nuestro testimonio de una gozosa y auténtica vida consagrada y que ofrezcamos a los jóvenes una acogida cordial con capacidad para escucharles. Los grupos vocacionales, que deben estar presentes en todas nuestras parroquias, son el desenlace natural de toda pastoral juvenil. Deben ser acompañados con esmero por personas expresamente preparadas y encargadas; se estudiará para ellos un programa formativo donde todas las vocaciones sean explicadas; se aprovecharán los momentos libres de la escuela para actividades formativas más prolongadas y de discernimiento vocacional. El Departamento Regional de animación vocacional, a través de los centros zonales que la Región está poniendo en marcha actualmente, puede facilitar impresos útiles y colaboración para iniciativas particulares. Dicho Departamento debe ayudar asimismo a discernir las causas de que tan pocas vocaciones nazcan para el Instituto en el contexto de nuestras parroquias.
3. Formación de base La atenta y prolongada visita del Vicesuperior General a las comunidades formativas de la Región ha podido constatar la existencia de una atmósfera formativa serena en todos los seminarios, de un espíritu de compromiso y de colaboración dentro de todos los equipos de los formadores, de una obra eficaz de coordinación y estímulo del Vicesuperior Regional. Sin entrar en los numerosos detalles tomados en consideración durante la visita, nos limitamos a enumerar las sugerencias principales que han sido ofrecidas y las mayores exigencias que han emergido.
La Región está más cercana a las comunidades formativas. Los misioneros con actividad pastoral son ahora más abiertos a recibir a los estudiantes durante sus experiencias pastorales, visitan los seminarios más a menudo y siguen más de cerca a sus seminaristas. Queda, no obstante, mucho camino por recorrer hasta que la Región se identifique plenamente con la realidad de nuestros seminarios, como también para que los seminarios se sumerjan plenamente en las realidades regionales. Un momento significativo de comunión es el período de permanencia que los jóvenes pasan en nuestras parroquias durante las vacaciones o a lo largo de los stages formativos. La acogida fraterna por parte de los misioneros y su testimonio de vida deben ser el don más benéfico que podemos hacer a los jóvenes. Todas las comunidades formativas deben incrementar y mejorar los medios que ayuden a elevar la calidad de la espiritualidad. Sabemos que es esto lo que constituye el corazón de toda formación a la vida consagrada y a la misión. A lo largo del iter de su formación, nuestros jóvenes deben ser animados hacia los ideales del seguimiento de Cristo y la santidad de vida, a identificarse cada vez más con nuestro carisma misionero y a dar solidez a sus motivaciones. Todos nuestros seminarios deben ser una verdadera escuela de santidad y celo, como quería el Beato Allamano, y cuidar de manera especial la oración. La formación de base de los candidatos a hermanos laicos tuvo en el último Capítulo General directrices claras (cf. p. 85). Para poderlas concretar eficazmente en el contexto de la Región y con el fin de asegurar a los jóvenes la necesaria formación antes del noviciado, la visita sugiere que, tras el año propedéutico y la preparación técnica, los jóvenes tengan un año de postulantado libres de empeños escolares, que se organizará según las exigencias de nuestra formación. Exhortamos a los formadores a estar siempre presentes entre los jóvenes, compartiendo la vida, las preocupaciones y los problemas relacionados con su itinerario formativo. Cuiden especialmente el diálogo formativo, que sea frecuente y llegue a descubrir la verdad sobre la vida de los jóvenes y a discernir mejor sus motivaciones vocacionales. Todas las dimensiones de la formación deben ser tenidas en cuenta durante la fase formativa, evitando así que algunos aspectos fundamentales se queden en la sombra. Los estudiantes deben implicarse activamente en la marcha de la casa y responsabilizarse en su sustento económico. Los jóvenes deben valorar al máximo el ambiente de interculturalidad que distingue especialmente a la etapa de la teología. Acostúmbrense al diálogo mutuo, a acoger los valores y las riquezas de los demás. Eviten que el estancamiento o el cansancio prevalezcan durante los años de su formación. Su preocupación por las actividades académicas nunca debe dañar las demás dimensiones formativas. Los profesores deben ser siempre conscientes de que su tarea tiene mucha importancia en la formación de los jóvenes candidatos al sacerdocio y a la misión. Además de mejorar cada día su enseñanza, tengan el mayor interés por la formación global de los jóvenes y ofrézcanles un ejemplo de vida coherente con nuestra vocación. En el campo académico ocupa un lugar destacado el Consolata Philosophicum, dada la responsabilidad que tiene el Instituto en su dirección. La visita reconoce el intenso trabajo hecho hasta ahora para cualificar más este centro de estudios, tendiendo más hacia la calidad formativa que al aumento de las estructuras. Queremos terminar recordando lo que dice la instrucción Caminar desde Cristo acerca de las personas a las que debe confiarse la formación de nuestros jóvenes candidatos: "Se desea que se destinen a la formación las mejores energías, aunque esto comporte notables sacrificios. Destinar personal cualificado y su adecuada preparación es tarea prioritaria. Debemos ser sumamente generosos en dedicar tiempo y las mejores energías a la formación" (18).
4. Los Misioneros jóvenes Los misioneros con menos de diez años de ordenación sacerdotal o de profesión perpetua en el caso de los hermanos laicos son veinte en la Región. El número es considerablemente elevado y de esto debemos estar agradecidos al Señor. Son ellos una esperanza y una fuerza muy estimable para la Región. Para estos hermanos nuestros que se encuentran generalmente en su primera experiencia misionera, el Capítulo General pide una atención especial y momentos específicos de formación permanente. El Superior Regional o su Vicesuperior deben seguir estos momentos formativos, que ya fueron experimentados en el pasado con resultados positivos.
9. El uso de los bienes
La carta circular Pobreza, Economía y Misión, que la Dirección General envió al Instituto el año pasado y que en la Región ha sido ampliamente profundizada y comentada, ha abordado con decisión suficiente la importancia que un uso correcto de los bienes debe tener en nuestra misión. No queremos alargarnos sobre los principios, pero sí deseamos detenernos en algunos aspectos problemáticos o en algunos interrogantes que a lo largo de la visita hemos podido observar.
No todos los misioneros presentan el balance financiero de su parroquia al obispo, con copia para la Dirección Regional. Parece que algunos obispos no lo exigen. Nuestro voto de pobreza exige que todos los actos administrativos deben ser transparentes y acordados con la autoridad. Si las diócesis no son taxativas en la exigencia de los balances, no por eso dejará el misionero de responder atentamente a este deber de manera puntual y de enviar copia a la Dirección Regional. Los proyectos de desarrollo son numerosos y suponen un incremento no desdeñable en el compromiso de dotar a las misiones de estructuras necesarias y de ir al encuentro de las necesidades más urgentes de la gente. Debemos recordar, no obstante, que tales proyectos, antes de ser puestos en marcha, deben ser atentamente examinados por la comunidad local y por el consejo de pastoral parroquial, contar con la aprobación previa de la autoridad diocesana y del consejo regional, juntamente con la necesaria cobertura financiera. Prevéase siempre la participación activa de la gente en su realización. El principio de la caja común en la comunidad local se concretiza tomando el dinero suficiente para las propias necesidades y entregando lo recibido de los bienhechores o por servicios que se han hecho. El responsable de la administración local debe estar siempre disponible para informar a la comunidad de la marcha económica de la misma, consiguiendo así la corresponsabilidad de su programación. El encuentro de los administradores de circunscripción de noviembre de 2033 en Roma hizo hincapié en la importancia de que todos los misioneros sean ayudados a ser buenos administradores y se sientan interesados en procurar todo lo que la comunidad necesita. Además, debe instruirse a cada uno en una correcta contabilidad, de acuerdo con la praxis del Instituto y las leyes del país. Con tal fin, sugerimos que la Dirección Regional, con la ayuda del Administrador, organice cursos apropiados para los misioneros jóvenes y para todos los que quieran conocer mejor los deberes administrativos y una correcta contabilidad. También deben preverse estos cursos para nuestros estudiantes profesos. Las Conferencias Regionales anteriores decidieron que todo misionero debía entregar el 10% de las ofertas que recibe de los bienhechores a la caja común regional. En virtud del voto de pobreza y del principio que exige a cada uno conseguir "una efectiva comunión de bienes, de trabajo e iniciativas, tendiendo al ideal de ’tenerlo todo en común’" (Const. 45), ningún misionero puede tomarse este deber a la ligera o eludirlo. Recordemos siempre que es el correcto ejercicio del voto de pobreza el que demuestra siempre si realmente nos sentimos y somos miembros auténticos de nuestra Familia según el espíritu del Beato Allamano. Consideramos que es útil recordar algunas orientaciones del Directorio General sobre las que hemos sido interpelados a lo largo de la visita: "No está permitido a los misioneros individualmente poseer vehículos para uso personal. Su uso es común y está regulado según las exigencias de los departamentos y los servicios de la comunidad" (45,1). "Los bienes que recibe el misionero por una obra determinada de apostolado deben ser empleados según las intenciones de los donantes, siempre de acuerdo con la autoridad de la Iglesia local y del Instituto" (45,2). "Evite el misionero con la mayor diligencia caer en toda forma de negocio y usar los medios y sistemas en contraste con la leyes locales. Está prohibido adquirir bienes inmuebles y toda inversión de dinero propio o de terceras personas en los lugares de misión y, en general, fuera del propio país" (46,1). "Cada uno debe comprometerse en la práctica del ahorro y en el buen uso de los bienes de la comunidad, con sentido de la sobriedad en la comida, el vestido, los viajes y en todas las circunstancias y expresiones de la vida" (44,1). Leemos en las Constituciones: "El misionero conserva la propiedad únicamente de los bienes patrimoniales que posee en el momento de la profesión [...] Antes de la profesión debe ceder su administración y decidir sobre su uso y usufructo. Después de la profesión, para realizar actos de propiedad o cambiar las disposiciones sobre los bienes patrimoniales, es necesario el permiso del Superior General o de Circunscripción" (Const. 48).
Obediente a estas normas, el misionero no puede adquirir ni gestionar bienes inmuebles, como habitaciones o terrenos, después de la profesión religiosa. Los misioneros que visitan a sus familias para pasar con ellas períodos de vacaciones, pueden encontrar acogida en las comunidades IMC y especialmente en los centros de animación misionera que la Región está organizando en diversas zonas del país. Si estas residencias no están dispuestas para dicho fin, el Superior Regional proveerá de otra manera, teniendo siempre en cuenta las normas constitucionales.
10. "El Espíritu Santo y nosotros" (He 15,28)
Las palabras del apóstol Pedro a la comunidad cristiana al final del Consejo de Jerusalén, revelan el modo de ser y de actuar de los primeros cristianos: lo hacían todo en comunión recíproca y con el Espíritu de Cristo. La conjunción "y" permite pensar que une al Espíritu Santo con ellos, y parece elevar a la persona, aun con su fragilidad, a la dignidad de corresponsable y de solidaria con la obra salvífica de Dios. Se trata de un referencia que viene como anillo al dedo en el momento de presentaros las conclusiones de la visita canónica. Nuestros límites y nuestras debilidades no deben desanimarnos, la misión que tenemos delante es sin duda exigente, problemas y desafíos nunca faltan, pero con nosotros está el Espíritu del Resucitado que nos abre el camino, ilumina las situaciones difíciles, nos levanta de nuestras caídas, es inspiración e intuición ante lo desconocido. Esta implicación nuestra con el Espíritu Santo exige la plena aportación de cada uno con la capacidad de la inteligencia, la intuición del amor, el intercambio de experiencias, la búsqueda y las propias preguntas que revelan el esfuerzo de los caminos de fe y de caridad. Confiamos ahora a la intercesión celestial del Beato Allamano cada uno de vosotros, y de manera especial a los jóvenes y los enfermos. Que siga desde el cielo a "su" Kenya, a la población que tanto quería, a las comunidades cristianas numerosas y fervorosas, y que pida también para el Instituto numerosas vocaciones, ricas de su espíritu. Pensando que es ésta la última carta que os escribimos, queremos volver a proponeros, haciéndolos nuestros, algunos pasos de la primera carta circular del Padre Fundador a los Misioneros de Kenya, escrita el 27 de noviembre de 1903 (cf. Quasi una vita..., III, pp. 685-690). Después de dar las gracias al Señor por el bien que los misioneros pudieron realizar en pocos meses, el P. Allamano añadía: "Agradezco a la amada Consolata las consolaciones con las que me animaba cuando cada noche, abriendo ante ella mi corazón tembloroso por vosotros y por el Instituto, parecía hacerme sentir que vosotros y el Instituto estaban bajo su protección especial y que nada malo sucedería bajo el manto de tan buena Madre". Prosigue a continuación exhortando a los misioneros a practicar: "Espíritu de fe: No habéis ido a África por motivos humanos, sino solamente para haceros santos y salvar muchas almas, y de este modo merecer el paraíso revelado a los apóstoles". "Espíritu de caridad: El último recuerdo que os di antes de partir y que renové a los segundos y a los terceros fue éste: que os amarais como verdaderos hermanos en N.S.J.C.". "Espíritu de sacrificio, que constituye lo sustancial de la vida del misionero. Quien dice misionero dice un hombre totalmente sacrificado, y así lo considerasteis vosotros en nuestros anhelos por las misiones". "Espíritu de humildad: Esta virtud, necesaria a todos, es aún más necesaria a vosotros para ser instrumentos idóneos en las manos de Dios para la conversión de los infieles". Y concluye: "Nuestra dulcísima Patrona, la Consolata, os bendiga como yo ruego de todo corazón, por la mañana y por la noche, para que en vosotros y en mí se cumpla la voluntad de Dios. In Domino, C. J. Allamano Superior".
Con esos mismos sentimientos de espíritu os saludamos también nosotros fraternalmente en la Consolata.
P. Piero Trabucco, IMC (Superior General)
P. Antonio Bellagamba (Vicesuperior General)
P. Norberto Louro R., IMC (Consejero General para África)
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