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Novicio John Kamande Wairiuko PDF Imprimir E-mail
Escrito por Michael Miano   
19.02.2006

(1979-2003)

Nació el 29-08-1979 en Nyandarua (Kenya) del matrimonio formado por Joseph y Teresia Wanjiru. Ingresó en el Instituto en 1998, en el Consolata Seminary de Nairobi, donde hizo los estudios de filosofía y el año de postulantado. El 29 de diciembre del 2002 partió rumbo a Maputo (Mozambique), donde comenzó el noviciado.

El 25 de septiembre del 2003, fiesta nacional, fue con sus compañeros y otros jóvenes religiosos a la playa de Macaneta para pasar un día de vacaciones en el mar. Mientras nadaba, se encontró en dificultades debido a las grandes olas, que le arrastraron mar adentro. De nada valieron los esfuerzos desesperados de sus compañeros y de otras personas que intentaban rescatarle. Su cuerpo fue descubierto dos días después por unos pescadores y llevado a la orilla. Tenía 24 años y se encontraba en el noveno mes de noviciado.

Su cuerpo fue llevado a Kenya y el funeral se celebró el 7 de octubre en Ol Kalou, junto a su casa paterna.

El P. Luigi Brambilla, superior regional, escribe: “El funeral con­stituyó la conclusión bella y serena de una vicisitud trágica y dolorosa. La mañana del 7 de octubre de 2003 nos encontramos en la ‘Lee Funeral Home’ para recuperar su cadáver. Estábamos varios padres, un grupo de estudiantes de filosofía y de teología, la madre de Kamande y otro grupito de familiares y amigos. Pudimos verle muerto, en un ambiente de emoción contenida. Luego lo llevamos a Ol Kalou (a unos 150 km. de Nairobi).

Hacia las 11.00 horas, a la entrada en el territorio de dicha parroquia, el párroco nos esperaba con un grupo de fieles. Junto a la capillita oramos brevemente y dimos las gracias por el ‘retorno’ de Kamande. A continuación nos dirigimos hacia su casa paterna, algunos kilómetros adelante, en pleno campo. Todo estaba organizado alrededor de su sepultura. Entre el centenar de personas que allí había se encontraba un grupito de sacerdotes diocesanos y nuestros novicios, a quienes acompañaba su maestro, el P. Gihtinji.

Poco después llegó el obispo de Nyahururu, monseñor Luigi Paiaro, a quien habían informado del suceso y que se ofreció a presidir la liturgia fúnebre.

Hubo discursos de ocasión, dignos todos ellos, llenos de fe y especialmente de gratitud por lo que los Misioneros de la Consolata habían hecho a favor de Kamande. Se repitió el tema de su primera llamada vocacional y de aquella segunda llamada, su ofrecimiento y el de sus padres... Fue una manifestación conmovedora de fe profunda.

El obispo habló del plan de Dios y de nuestra disponibilidad a él. Seguidamente me invitó a mí a dirigir algunas palabras. Se leyó también una preciosa carta escrita por la comunidad de Maputo, que fue un motivo de emoción para todos.

Los restos mortales de John Kamande fueron depositados en un campo próximo a la casa paterna. Durante todo este tiempo, sus padres mantuvieron una actitud serena y fuerte que llamó la atención. Todos les dirigieron palabras de consuelo, además de garantizarles sus oraciones. Varias veces oímos expresiones como: “Kamandu ha vuelto a estar entre nosotros, sigue presente aquí, y no sólo con el cuerpo”.

Después de la celebración, la asociación católica de las mujeres de la parroquia ofreció a los presentes una comida en el amplio prado que circundaba la casa”.

P. Luigi Brambilla

Siguió al Señor

El obispo agradeció en su homilía a los padres de Kamande el haberle permitido seguir su vocación. Su muerte, aunque dolorosa, constituía la respuesta definitiva a la voluntad de Dios. El obispo exhortó a los seminaristas a seguir su ejemplo y a completar la obra que John había dejado en suspenso. Dirigiéndose a los niños y a los jóvenes presentes, les exhortó a seguir el camino recto y a trabajar afanosamente, porque Dios sigue necesitando personas disponibles como lo había sido John.

Por su parte, el P. Brambilla leyó una carta conmovedora de pésame proveniente de Mozambique. Luego comparó a los padres de John con la Virgen María, quien a los pies de la cruz recibió sobre sus rodillas el cuerpo de su Hijo muerto. Reiteró que la voluntad de Dios es insondable y que sólo Él sabe lo que es mejor para nosotros.

Después del entierro, los Misioneros de la Consolata presentes se unieron en apretado grupo junto a la tumba de Kamande y cantaron el “Oh Consolata” como último saludo al amigo y hermano. John será recordado especialmente por su transparencia y su humorismo. Su carácter social le facilitaba el encuentro con las personas en las más diversas situaciones, convirtiéndose así en un signo de consolación para todos. Hemos amado a John y oramos por su descanso eterno.

Michael Miano 

Ultima modificación ( 11.03.2006 )