Narrow screen resolution Wide screen resolution
Padre Mauro Calderoni PDF Imprimir E-mail
Escrito por Luis Mechiço, Luis Paunde, Octávio Rafael   
19.02.2006

(1932-2003)

Hijo de Innocente y Rosa Elli, nació el 19 de agosto de 1932 en Lissone (Milán). Entró en el Instituto en 1961, proveniente del seminario diocesano de Milán donde había cursado sus estudios. En 1963 se consagraba a Dios con la profesión religiosa y en 1967 era ordenado sacerdote.

En 1969 fue destinado a Mozambique, donde trabajó durante ocho años, hasta 1977, en Massinga, como párroco y profesor. En 1976 vivió la experiencia de la nacionalización de las misiones por parte del régimen comunista en el poder. El P. Mauro se encontraba prácticamente prisionero en su propia casa, obligado a convivir con otras personas y sin poder realizar su ministerio.

El 2 de julio de 1976, el día después de la nacionalización, escribe al P. Mario Bianchi, superior general: “Rece un poco por mí, para que podamos ver en esta prueba la mano de Dios que nos quiere unidos a él, desprendidos de las cosas del mundo. Ciertamente, la prueba es dura porque nos parece inmerecida. Le saludo juntamente con toda la familia misionera y le aseguro que ‘a pesar de todo’ la moral es alta”.

Algunos días después, el 7 de julio, escribiendo al P. Manuel Tavares, vicesuperior general, afirma: “Formamos todos un único cuerpo y estamos decididos a seguir aquí... Se ha avisado a los cristianos de que los padres y las hermanas no se irán y si lo hacen no será por voluntad suya. La moral, después del este primer e imprevisible golpe, que más que hundirnos nos ha llenado de estupor y de compasión por sus autores, es alta y no ha sufrido las consecuencias. Esperamos solamente que nos acompañéis con la oración, pues sólo Dios es grande y sus designios no serán cambiados por ningún querer humano”. No obstante, fue expulsado el país.

Destinado a Portugal, trabajó como ecónomo en la casa de Cacém desde 1978 a 1982.

La expulsión de Mozambique marca profundamente su vida, y esto, unido a sus precarias condiciones de salud, le inducen a pedir un período de descanso entre sus familiares en Lissone. Este período se prolonga hasta 1988, cuando su situación personal se define jurídicamente, al ser destinado a Mozambique, aunque continuó viviendo en Italia.

Falleció improvisamente el 16 de noviembre de 2003, víctima de un infarto de miocardio. En su funeral participaron los religiosos de la casa de Bavera, el P. Ernestino Venturi y numerosos párrocos cercanos. Ahora el P. Mauro descansa en el cementerio de Lissone.

Servidor de la misión

Mis primeros contactos con el P. Mauro se remontan a los tiempos de la teología, cuando él era un muchachote de 29 años, algo mayor que nosotros, pero capaz de grandes amistades. Su exhuberancia hacía que fuera también enorme su generosidad. Le gustaba el deporte y se convirtió en líder.

Más tarde se nos invitó a los dos a trabajar en Mozambique, él en el sur y yo en el norte. Fueron años de fervor misionero para él, inagotable en su disponibilidad. Por diversos motivos, los dos nos encontramos tiempo después y los dos trabajando en el seminario. Su optimismo y su entusiasmo le llevaron a organizar y servir sin descanso ni reservas.

Terminado nuestro servicio, los dos volvimos a Mozambique, pero poco a poco su salud le obligó a volver a Italia, donde se entregó en un trabajo de proporciones gigantescas: animar misionalmente su ambiente, suscitando críticas y admiración. Se convirtió en nuestro servidor y todos nos dirigíamos a él. De sus manos y de su corazón salieron ‘containers’ de excelente mercancía que nos enviaba gratuitamente.

Le vi por última vez en Lissone hace algunos años cuando preparaba nueva mercancía que enviar. Me habló entusiasmado de Radio María, a la que era muy aficionado, feliz de que hubiera nacido en Mozambique. Era hombre, sacerdote y misionero, un personaje muy conocido por la gente que se dirigía a él y que en él confiaba. Como sacerdote nos dejó un signo imborrable. Gracias.

P. Forner Salvatore 

Tenía un gran espíritu misionero

Conocí al P. Mauro en Massinga en 1974-75, año de transición antes de la independencia de Mozambique. Trabajaba en la misión de Mangonha y tenía grandes deseos de promover a los jóvenes a través de la escuela. En la ciudad de Massinga construyó y puso en marcha una escuela y un colegio de secundaria. La obra era grande y exigente y él mismo se entregaba con pasión a la enseñanza, siendo profesor de matemáticas y de física. Seguía además a los obreros. No era fácil salir de la misión de Manghonga para dirigirse a la ciudad de Massinga, que distaba siete kilómetros.

Cuando le preguntaba: “¿Cómo te encuentras?”, respondía: “Como Dios manda”. Le caracterizaba un espíritu misionero fenomenal, con el que conseguía entusiasmar en Italia a todos los sacerdotes de su zona, quienes participaron en gran número en su funeral. Con su actividad en favor de las misiones de Mozambique, ayudó inmensamente a los misioneros que ahora lloran su desaparición de entre nosotros.

P. Ernestino Venturi

Era sociable y generoso

El P. Mauro trabajó mucho en la formación de los catequistas, a los que reunía en el centro catequístico de Mangonha (Massinga), donde organizaba frecuentemente cursos de formación. Era muy creativo y supo transmitirles una espiritualidad sólida alimentada con la oración.

En los tiempos de la revolución se afanó en conseguir que fuera sólida la fe de los cristianos yendo de aldea en aldea a explicar el primer documento de los obispos: “Vivir la fe en el Mozambique de hoy”. Conociendo el sistema marxista que estaba a punto de ser implantado, animó a los cristianos a mantenerse firmes en la fe. Decía: “La Iglesia sois vosotros... Si pensáis que la Iglesia es la barba del P. Mauro, cuando el P. Mauro sea expulsado, la Iglesia se irá con él. ¡No! La Iglesia continúa con vosotros, aunque no haya sacerdote”. Se interesaba de la promoción de los jóvenes de Mozambique y con este fin había construido la escuela de secundaria de Massinga, además de otras en diversas aldeas.

Era una persona sociable, generosa y muy compasiva con los pobres. Ayudaba siempre, en la medida de sus posibilidades, a las personas necesitadas que se dirigían a él. Podemos recordar, entre otros gestos, el de que llevó a un muchacho mutilado a Italia y le ayudó a estudiar y abrirse camino en la vida.

Durante la guerra quiso visitar la misión de Mangonha. A lo largo del camino los soldados quisieron asustarle con disparos de fusil y diciendo que se trataba de un ataque de la Renamo. El P. Mauro no les creyó y les echó en cara que fueran ellos los que no le querían dejar pasar, tras lo cual apretó el acelerador y se presentó en Mangonha.

Después de la expulsión de Mozambique, siguió llevando en su corazón la misión de Massinga donde había trabajado. Se recordaba de nosotros, de los sufrimientos y el hambre padecidos en los tiempos de la guerra, y por eso enviaba ‘containers’ cargados de vestidos y alimentos para nosotros.

Cuando recibimos la noticia de su muerte, toda la comunidad se sintió apenada y toda la gente oró por él. El P. Mauro ha muerto físicamente, pero continúa viviendo en el corazón de los cristianos que le conocieron.

Luis Mechiço, Luis Paunde, Octávio Rafael


Ultima modificación ( 11.03.2006 )