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Padre Guerrino Vittorio Menegon Imprimir E-mail
Escrito por Giovanni Tebaldi   
19.02.2006

(1919-2004)

Notas autobiográficas 

“Mientras me encuentro como paciente en el Instituto de Cancerígeno de Bogotá, septiembre de 2003, y oro y reflexiono, quiero esbozar un cuadro de mi vida humana, social y espiritual.

Nací el 21 de febrero de 1919. Actualmente tengo 82 años y medio. Ingresé en el seminario en 1932, hice la profesión perpetua el 2 de agosto de 1942, fui ordenado sacerdote el 3 de junio de 1943. Vine a Colombia el 7 de agosto de 1951.

Obras apostólicas misioneras en Italia 

Durante mis estudios básicos y de filosofía y teología dedicaba tres horas al día al trabajo en el huerto. En el tercer año de teología fui nombrado asistente en el seminario menor de Varallo Sesia. Aquí me encargué del trabajo del huerto y de los árboles frutales. Después de mi ordenación se me destinó a trabajar entre los novicios de Certosa di Pesio. Terminada la guerra, colaboré en la recuperación de los novicios que habían sido militarizados. En invierno había que quitar la nieve de los tejados. Un año fue tan abundante que tuvimos que hacer un túnel entre la casa y la iglesia.

La misión en Colombia desde 1951 

Mi primera etapa fue Jerusalén, Guataquí y Nariño. Aquí ayudé a los obreros pobres a cultivar fique, convenciendo a los señores de Girardot a ceder tierras de cultivo en lugar de destinarlas a pastos. Cabalgaba cerca del río Magdalena, pero, como no era experto, solía caerme frecuentemente al agua. Una vez que visitaba una finca de Nariño vi una viejecita a la puerta de su casa. Comencé a hablar con ella. Me ofreció un vaso de agua y me dijo que era una buena cristiana, aunque estaba escandalizada por el comportamiento del párroco, que bebía mucho después de decir la misa. En Guataquí reparé la iglesia y adquirí un terreno para construir una casa parroquial. En Jerusalén establecí mi residencia en la misión del Magdalena. Todas las semanas visitaba tres parroquias: Jerusalén, Guataquí y Nariño, Tocaima y la leprosería de Agua de Dios. Fui destinado a San Félix, a donde para llegar se necesitaban dos horas de marcha a caballo o cinco a pie.

Cuando vino el Superior General, P. Domenico Farina, se decidió construir en Colombia el primer seminario de los misioneros de la Consolata con sede en San Félix, en el municipio de Salamina, habitado solamente por 600 familias. Con el cultivo del maíz, el trigo y las patatas, la población alcanzó los 13.000 habitantes, pero cuando una ley estableció que para formar nuevos municipios se necesitaban 15.000 personas, se comprendió que esto no podía hacerse de la noche a la mañana. Sin embargo, con el trabajo de todos la población creció. Se construyeron escuelas, iglesia, cementerio, casa para las hermanas y varias casas para los pobres. Y el seminario, cuyos profesores y formadores fueron los padres Lino Cuniberti, Graziano Ventura, Aldo Bona y Bruno Kaltenhauser. Diez años después el seminario fue trasladado a Manizales.

Cuando fui de vacaciones a Italia compré tres campanas. Al obispo de Manizales le gustaron tanto que me pidió que se las diera a la diócesis. Le respondí que no podía hacerlo porque las había comprado para San Félix. Dios amaba su seminario y ningún joven enfermó aquel año.

El 2 de enero de 1972, acompañado por el superior, dejé Manizales y fui a Modelia. Aquí, con la ayuda de Dios, construí la iglesia. Lo primero que hice fue visitar a todas las familias con el fin de conocerlas. La primera casa visitada fue la de Dios. Celebraba en un garaje y venía poca gente. En 1976 comencé a decir misa en una casita. En 1980, después de la inauguración del santuario de la Virgen de Fátima en Manizales, se me llamó para que fuera en ayuda del P. Gerardo Bottaccin. Estuve en Fátima-Manizales de 1982 a 1992, atendiendo a las celebraciones, las confesiones y la dirección espiritual. Mensualmente visitaba los conventos de clausura y las obras sociales y daba conferencias. Venían a verme el obispo, los sacerdotes, los religiosos y religiosas para sus encuentros espirituales y para orar.

De 1992 a 2003 volví a trabajar en Vergel, en la casa donde había vivido cuando llegué por vez primera en 1951 a Colombia. Ayudé al párroco, Sandro Carminati, a restaurar la casa parroquial y al P. Gianfranco Testa a reestructurar la iglesia de la Consolata, y contribuí a la adquisición de varias cosas útiles para la casa y a otras obras con los medios que nos llegaban de Italia.

Como siempre he sido un hombre activo, nunca cambié los motivos de mi acción. Me he insertado en todos los campos humanos. He hecho de médico y de profesor y he construido cinco iglesias, dos escuelas para niños y niñas, 27 casas para los pobres, varias capillas, un acueducto, instalaciones eléctricas, etc. A estas obras materiales para el bien de la sociedad siguieron las obras espirituales, la catequesis y la pastoral, la administración de los sacramentos por medio de los cuales Dios ha podido manifestarse a la gente. La actividad que desempeñé tenía que ver con el campo de la educación y del servicio.

Reflexiones espirituales personales

Dios tiene sus planes. Las personas se casan para tener hijos, quienes a su debido tiempo cuidarán de sus ancianos. Yo vine al mundo en una familia pobre que trabajaba en los campos de los ricos de Venecia. Un año el tiempo acompañaba y al siguiente podía suceder lo contrario. Mi familia trabajaba de lo lindo. Mi padre no tenía vicios, era un hombre de fe. Dios premia a los padres, a los hijos y sus obras. Éramos cinco niños, tres de ellos se convirtieron en misioneros de la Consolata. Mi hermana, cuando murió nuestra madre, cuidó de todos nosotros. Yo nací enfermo y mi padre me llevó a un médico de Venecia. Este médico le dijo a mi madre: “Este niño está a punto de morirse”. Me llevaron al santuario de San Antonio de Padua. Me depositaron junto a su tumba, el sacerdote oró, me bendijo y me devolvió a mamá. Me curé, crecí, estudié y aquí estoy hecho un misionero de la Consolata. Nunca he juzgado a nadie. Si juzgara a alguien injustamente, pido previamente perdón a Dios. Para mí es importante vivir fraternamente en la comunidad como verdaderos hermanos. Porque esto hace que las personas sean felices: saber que Dios está en medio de nosotros. Que siempre se haga su voluntad. Estoy preparado”.

P. Vittorio Menegon

Los últimos días del P. Vittorio Menegon se caracterizaron por una relación muy particular con el superior regional, P. Sandro Carminati. El 15 de noviembre del 2003 se le diagnosticó un cáncer maligno en el colon. Llevado al hospital Cancerígeno de Bogotá, fue intervenido dos veces. El domingo 4 de enero de 2004 se apagó su vida. Se le llevó a la parroquia de la Consolata de Vergel, donde había ejercitado el ministerio en los últimos diez años. Aquí le visitó una procesión ininterrumpida de fieles, amigos y hermanos. Se le sepultó en el cementerio de Bogotá, desde donde será trasladado a la capilla de Modelia en la que yacen los restos mortales de sus hermanos misioneros difuntos.

Giovanni Tebald


Ultima modificación ( 11.03.2006 )