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Padre Roberto Viscardi PDF Imprimir E-mail
Escrito por Giovanni Tebaldi   
19.02.2006

(1936-2003)

Nació en Novale (Milán), el 1 de septiembre de 1936, del matrimonio formado por Mario y Rosa Cogliati. Como era habitual en aquellos tiempos, no había cumplido doce años cuando ingresaba en el Instituto. Hizo sus estudios en varias casas de formación y el noviciado en Certosa di Pesio (1957-1958), el bienio de filosofía en Turín y en Bavera (1958-1959) y los cursos de teología en Turín, hasta el momento de su ordenación el 21 de diciembre de 1963. Los años transcurridos en los diversos seminarios fueron para Roberto excelentes oportunidades para establecer lazos de amistad con los compañeros y mantener una serena convivencia con ellos.

Los juicios de los formadores sobre él son levemente controvertidos. Roberto ama la libertad y la respira a pleno pulmón. Para un formador es “óptimo, cordial, delicado, no retrocede ante el trabajo, condiciones físicas óptimas, buena aplicación, buenos resultados”; para otro “es un poco distraído, un poco cerrado, le falta empeño constante, pero siempre está contento y juguetón”. Para un tercero “sigue las vicisitudes del Instituto con pasión”. En suma, era un muchacho normal, de buen carácter y feliz de ser misionero, cualidades que demostró primeramente como asistente de los novicios en Bedizzole (1964) y luego como misionero en Kenya. No tuvo la suerte, como sus otros compañeros, de trabajar entre las poblaciones del interior y en sus aldeas, donde su expresividad le habrían granjeado la simpatía de todos y la alegría del encuentro con pequeños y mayores.

Misionero en Nairobi y Londres 

La primera experiencia misionera la vivió en un barrio de Nairobi donde se levantaba una pequeña iglesia conocida como “la iglesia de los italianos”, frecuentada por todas las comunidades residentes en la zona. Habían pasado pocos años desde la independencia del país y estaba ya en marcha la inmigración de las zonas de la periferia de la ciudad en busca de oportunidades de trabajo y de mejores condiciones de vida. El fenómeno de las grandes proporciones se produciría en los años sucesivos. En los días del P. Roberto la iglesia de los italianos comenzaba a asumir las connotaciones de una parroquia y a convertirse en un punto de referencia para los varios grupos étnicos y para los que acababan de llegar. Pero habrían de pasar algunos años antes de que en la diócesis de Nairobi se desarrollara una pastoral adecuada. Y él sentía una pena que le hacía sufrir. A esto se añadía el disgusto de tener que interesarse de la parte material de la parroquia en detrimento de la pastoral. Así se manifiesta al Superior General: “Dirigiendo la mirada hacia a atrás y considerando el presente, me doy cuenta de que aquí aprendo muy poco en la práctica del ministerio sacerdotal y aún menos en la de misionero”. La petición respondía a un deseo acariciado desde cuando era joven y se encontraba en el seminario, pero el Superior General consideró prudente destinarle a otro lugar después de tan corto tiempo.

Esta primera experiencia sacerdotal en la ciudad de Nairobi estaba destinada a prolongarse durante casi un decenio (1965-1974), hasta que se le pidió que asumiera la dirección de la comunidad IMC de Londres (1974-1975). Fue un cambio poco agradable para el P. Roberto, que desde la pequeña ciudad de Nairobi se veía catapultado con “urgencia” hacia las calles y callejuelas de una metrópoli anónima y brumosa que le aislaba de toda forma de contacto humano y pastoral y le encerraba en un barrio sepultado en el silencio del Cadem Town. La permanencia en Londres duraría pocos meses. “Hacía mucho -escribía- que deseaba alejarme de Narobi y resulta que terminé en un lugar peor”.

Reanuda la correspondencia con sus superiores y les dirige su deseo de pasar un período de reflexión en Italia. “Comprendo tu carta -le responde el superior- y lamento de veras que te encuentres en una situación psicológica difícil”. Sorprende un poco el hecho de que sea más fácil entender una carta que el estado de ánimo de un individuo.

El P. Roberto, en Estados Unidos 

Finalmente, el 14 de junio de 1975, el P. Roberto era destinado a los Estados Unidos, donde se entregó con entusiasmo y alegría a la pastoral parroquial en Buffalo (NY), Charlotte (NC) y Grand Rapids (MI) (1976-1978), para asumir a continuación una función de relaciones públicas (1978-1985) y la administración regional ( 1988-1994) con base en Sommerset (NJ).

Había llegado el tiempo de respirar a pleno pulmón y avanzar a velas desplegadas. Destacaban en él muchas cualidades que le hicieron ser querido por todos, hermanos y amigos. Veía con ojos gozosos la vida y la embellecía con chistes y con su peculiar humorismo. Y especialmente con el lenguaje del canto.

Escriben los padres Rino Aiardi y Louis Andoo, que fueron amigos suyos en la vida y el trabajo: “El P. Roberto era todo un caballero. En él eran proverbiales su cordialidad, su caridad y sus desvelos. Su amor a la música le llevaba con facilidad a prorrumpir en cantos, y era este sin duda uno de sus talentos. Su sonrisa fácil era contagiosa. El P. Roberto era un sacerdote feliz y un misionero de la Consolata desde la cabeza y la boca hasta el corazón”.

El P. Ermenegildo Crespi dice a su vez: “Compartí con el P. Roberto doce años en Varallo Sesia, Certosa di Pesio y Turín. Luego la obediencia nos separó, hasta volver a vernos en Estados Unidos en 1987. Fue muy fácil ser amigo del P. Roberto, a quien los compañeros llamábamos ‘Visca’, porque siempre estaba sonriente y optimista, dispuesto y generoso, humilde y modesto”.

Añade Aventino Oliveira: “A su lado la gente se sentía bien. En él la alegría era una característica humana, sacerdotal y misionera”. “Tenía la cualidad de disipar las nubes negras”, dice una persona amiga. El P. John Serafino exalta sus dotes de cocinero, cantante, narrador, sacerdote y amigo.

Todos los años se celebra en Roma un curso de actualización. En 1994 también Roberto se inscribió y visitó con los demás participantes Tierra Santa. Fue en Jerusalén donde le sorprendió la enfermedad. Se le trasladó urgentemente al Hospital Umberto I de Roma, donde fue operado y se le descubrió una forma de tumor progresiva. Siguieron las sesiones de quimioterapia que detuvieron durante algún tiempo la enfermedad y le permitieron volver a Estados Unidos en el 2000. Trabajó en la diócesis de San Bernardino como administrador de la parroquia de St. Francis de Sales, en Riverside, y a servicio de la parroquia de St. Adelaide en Highland. Pero sus condiciones iban empeorando y se vio obligado a someterse a sesiones de quimioterapia que le hicieron perder muchos kilos y le debilitaron ostensiblemente. Había llegado para él el momento de elevar el último canto a la vida, a los familiares y a los amigos. Eran las 3 de la tarde del 4 de octubre del 2003 cuando se nos fue.

Compañeros, amigos y parroquianos lloraron su muerte. Y de una manera muy especial la familia Tambornini, muy querida por el P. Roberto. En una carta a su hermana sor Rosalberta, misionera de la Consolata, Angela, la madre de aquella familia, le confiaba: “En un momento de mi vida en el que estaba perdiendo todas mis esperanzas en los demás, el P. Roberto me ayudó a recuperar la confianza en los que me rodeaban”.

Transcribimos un emocionante saludo dirigido al P. Roberto por su hermana sor Adalberta: “Me siento orgullosa de él. Éramos los más pequeños de nuestra familia, por lo que siempre estuvimos más unidos. Nos queríamos mucho y nos confiábamos nuestras cosas. Roberto tenía un carácter bueno y comprensivo y un corazón grande y extremadamente sensible a las necesidades de todos, sabía compadecer y perdonar. Rezaba mucho cuando nos encontrábamos los dos juntos de vacaciones o paseábamos. El breviario, la Biblia y el rosario estaban siempre a su lado. La muerte me ha arrancado a la persona que más quería; me consuela recordar que Roberto está en manos de Dios y también cerca de mí, como siempre lo estuvo en su vida en este mundo”.

Giovanni Tebaldi


Ultima modificación ( 11.03.2006 )