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| Colombia: "Iglesia no fue indiferente ante víctimas" |
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| Escrito por Episcopado Colombiano | |
| 02.07.2008 | |
Al concluir su período y hacer un balance de su gestión como Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, Monseñor Luis Augusto Castro Quiroga afirmó que la Iglesia Católica nunca fue indiferente a quienes sufrían por la violencia y reiteró la insistencia en una salida negociada al conflicto. “Decidimos estar bien metidos en la consecución de la paz. Que no se diga nunca que mientras todos sufrían por la violencia, la Iglesia fue indiferente”, aseguró Mons. Castro Quiroga en el discurso que dio comienzo formal a la LXXXV Asamblea Plenaria del Episcopado, en Bogotá. “Esta presencia estaba marcada por la insistencia en una salida dialogada más que en una salida puramente bélica y en un llamado continuo a la esperanza en Dios y en nuestras mejores posibilidades. Muchas decisiones pudieron ser por momentos incomprendidas, pero hacen parte de una visión de Iglesia como puente de paz, como lazo de reconciliación, que en algún momento pueda unir una sociedad cada vez más dividida por la confrontación. Apostar todo por un camino hoy, puede cerrar puertas valiosas para el mañana”, agregó el Presidente del Episcopado al hacer un balance de lo que fue su gestión en el trienio 2005-2008. “Buscamos apoyar a las víctimas del conflicto en las diversas maneras posibles. De manera especial trabajamos incesantemente en el acuerdo humanitario sin que hayamos obtenido aún los resultados deseados, por la dinámica propia de la confrontación, pero sin desistir en su búsqueda. Escuchamos y apoyamos muchísimas personas amenazadas y necesitadas de seguridad dentro o fuera del país. Debemos ser más explícitos en unir la opción por los pobres a la opción por las víctimas, para estar en el corazón del sufrimiento de Colombia”, afirmó. Los desafíos El también Arzobispo de Tunja se refirió a los desafíos que plantea el logro de la paz en Colombia. Señaló el afán de muchos por recurrir a los “atajos ilícitos” para alcanzar lo que desean “en términos de poder, de tener, de saber. Tantas personas intentaron seguir los malos atajos, llámense paramilitarismo, narcotráfico, soborno, secuestro, trampa y otras violencias, y terminaron ya en las cárceles, ya extraditados, ya desdichados, ya sepultados.” Aseguró que entre los retos figura el perdón, “si queremos que el pasado no se perpetúe en el futuro sino que este punto de ruptura con el pasado, llamado perdón, nos abra a un futuro de reconciliación y fraternidad.” Se refirió al “valor de la esperanza cristiana en los momentos difíciles” y relacionada con ésta, “el valor de la promesa. Sin promesas no hay posibilidad de construir el futuro...Hay que invitar a los dirigentes y a sus opositores a formular promesas serias de paz, de serio cumplimiento y que abran al futuro que todos deseamos.” Destacó el desafío humanitario que exige “hablar y actuar a favor de las víctimas, de los secuestrados, de los desaparecidos, de los desplazados, de los perseguidos injustamente, de los exiliados y de los reinsertados... Hay que seguir luchando a favor de acuerdos humanitarios y de la solución política del conflicto, los cuales deberían implicar el cese inmediato de los secuestros con fines de extorsión y los atentados contra la vida en todas sus formas. También el reto de generar más oportunidades de empleo digno y de educación para los más pobres, con el fin de colaborar en reducir la exclusión y la inequidad en Colombia. Así mismo, la necesidad de acompañar a los dirigentes y legisladores, de manera que sus proyectos y propuestas “estén en sintonía con esos no negociables como la vida, la familia y la libertad de educación.” Pese a la existencia de la llamada Ley de Justicia y Paz, un reto adicional es promover una ley “que genere las condiciones para una verdadera reconciliación que equilibre la tendencia a transformar las medidas de justicia en venganzas, amenazas y nuevas violencias y no en un serio avance hacia la paz de todos, incluidos los enemigos. De nuestra parte, el llamado a la reconciliación debe resonar continuamente en el país.” Entre los desafíos aparece la necesidad de prestar atención a la relación del hombre con la naturaleza para no causarle daños que terminen afectando a las generaciones futuras. También “aprender a contar la historia de nuestro esfuerzo por la paz...O narramos nuestra historia u otros la narrarán a su manera y, nada de raro, deformándola y tergiversándola.”, dijo. Al resumir los retos que se perciben, Mons. Castro Quiroga aseguró: “Urge en el futuro enfrentar los temas de la reconciliación en Colombia, de la comunicación de la Iglesia hacia fuera, de la ética en sus relaciones con la política, la sociedad y la religiosidad popular y el tema de la juventud ante la Iglesia hoy.” Sobre la relación de la Iglesia con el Estado, la calificó como “positiva”, aunque dejó en claro “que no teníamos obligación de plegarnos a todas sus exigencias, manifestando nuestra oposición a algunas decisiones ministeriales en salud y educación pero también dejando ver la disponibilidad a una buena colaboración.” |
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| Ultima modificación ( 01.07.2008 ) |
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