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A la Región de América del Norte PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Piero Trabucco, IMC   
16.02.2006

VISITA CANÓNICA A LA REGIÓN

AMÉRICA DEL NORTE
(14 de abril – 9 de mayo 2004)


23 de junio de 2004
Memoria de san José Cafasso


Queridos Misioneros:
El comienzo de la visita canónica a vuestra Región coincidió con el jueves de Pascua. La liturgia de ese día expresaba un doble sentimiento de los primeros discípulos de Jesús: alegría y temor. Alegría por el encuentro con el Resucitado y por su presencia en medio de ellos. Temor por la percepción de una realidad nueva que estaba surgiendo y presentaba muchas incógnitas y desafíos. Comentando el texto evangélico en nuestra primera concelebración eucarística en la Casa Regional, nosotros expresábamos también los sentimientos de alegría y de temor al comienzo de la visita canónica. Es verdad que nuestra situación no era exactamente la situación de los primeros discípulos de Jesús, pero también provocaba en nosotros la alegría provocada por un encuentro con los hermanos, por la presencia siempre consoladora de encontrarnos con personas que se esfuerzan en vivir la misión y por la sorpresa ante las nuevas realidades misioneras de la Región. El temor tenía que ver no tanto con las incógnitas que toda visita canónica supone siempre, sino con el sentido de pequeñez y de desproporción que embarga a cualquiera frente a una tarea superior a las propias fuerzas. No obstante sentíamos como dirigidas a nosotros las palabras del Resucitado: “No temáis, ¡soy yo!”. Desde aquellos primeros momentos tuvimos la certeza de que su Espíritu estaría en medio de nosotros y con los hermanos misioneros a lo largo de la visita. A nosotros sólo nos quedaba la tarea de mantenernos en sintonía con Él y en actitud de constante discernimiento de la voluntad de Dios.
Nos acompañó a lo largo de la visita el Superior Regional, el P. Leonard De Pasquale, siempre muy amable y facilitándonos todas las indicaciones y clarificaciones que necesitábamos. Por este servicio fraterno y amable Queremos darle las gracias vivamente y expresarle nuestro agradecimiento por este servicio impagable.


Acontecimientos que han marcado el pasado sexenio

La última visita canónica a la Región de América del Norte tuvo lugar en los meses de septiembre y octubre de 1998. Se centró en algunas novedades relevantes que habían caracterizado las actividades regionales en el sexenio precedente y que abrían a la esperanza, en las nuevas opciones que debían ser todavía experimentadas plenamente, en las tentativas, tal vez inéditas, que debían llevara cabo nuestra misión en Estados Unidos y Canadá. Aquella visita quiso espolearos también a recorrer estos nuevos caminos y reafirmó algunas actitudes que los misioneros debían cultivar para ser fieles al carisma misionero de su vocación.
Ahora, seis años después de aquella visita, a la luz de las orientaciones capitulares y de la Conferencia regional del 2000, deseamos en primer lugar hacer hincapié en algunas realidades que han caracterizado el compromiso misionero de la Región en los últimos seis años y ofrecer nuestra valoración al respecto.

El desarrollo de Toronto

El Instituto está presente en esta metrópoli, que vive un vertiginoso crecimiento, desde hace casi 25 años. Al principio lo hizo con un pequeño centro de animación misionera y vocacional y un reducido número de misioneros. Siguió un fatigoso camino que terminó con la edificación de una casa nueva y más amplia. La invitación hecha por el Décimo Capítulo General (XCG) de intentar un compromiso ad gentes en Europa y en América del Norte, llevó a la Región a elegir la parroquia de Saint Andrew, en una zona popular, multiétnica y pluricultural, a poca distancia de nuestro Centro de animación misionera. La verdad es que la Dirección General hubiera preferido que esa apertura se hubiera hecho en otra zona de la Región, ya que en Toronto existía el nuevo Centro de AMV. A pesar de ello, acogió posteriormente las motivaciones dadas por la Región y aprobó esta apertura por un período de tres años. Al final de ese período, el contrato con la diócesis podrá ser renovado si la experiencia se considera positiva.
Nuestra presencia en la parroquia de Saint Andrew, que comenzó a mediados del año pasado, plantea importantes desafíos misioneros: primera evangelización dirigida a una población fundamentalmente no cristiana; familias de inmigración reciente y necesitadas de integración y de una convivencia serena, con unas cuarenta minorías étnicas presentes en la zona; gran concentración de escuelas, también católicas (4.000 estudiantes); pobreza no llamativa pero bastante extendida, como también criminalidad. La finalidad de nuestra presencia consiste en realizar un trabajo pastoral, unido a una primera evangelización, de claro carácter misionero, en sintonía con nuestro tradicional método de trabajo apostólico. La formación de los laicos y de los ministerios laicales es una de las opciones prioritarias.
La presencia en el equipo parroquial de un misionero dedicado específicamente a la AMV y la propia proximidad de la parroquia al Centro de Animación Misionera, facilitarán el comienzo de un trabajo de conjunto donde evangelización y animación misionera y vocacional se integren mutuamente. Diálogo fraterno, planificación común y revisión del trabajo deben ser medios indispensables de los dos equipos si realmente se quiere conseguir el objetivo que esta nueva apertura se propone.
El Centro de Toronto ha sido elegido como sede para la formación de base, donde actualmente un joven está haciendo su discernimiento vocacional, compartiendo la vida de los misioneros. La comunidad local debe crear el clima adecuado para la formación, mientras que corresponde al formador la tarea de formular el proyecto formativo y acompañar de forma sistemática a los jóvenes en su formación en sintonía con la Dirección Regional y según los criterios de nuestra Ratio Formationis.

La casa de Washington

La casa de estudios de Washington avanza hacia el cierre, ya que han dejado de existir las condiciones y el fin para el que fue creada. Fue elegida hace diez años, en efecto, conjuntamente por la Dirección Regional y la General, como centro de estudios superiores y para ofrecer un ambiente formativo a posibles candidatos IMC locales. La verdad es que funcionó exclusivamente como casa de estudios superiores, donde una quincena de hermanos pudo realizar sus especializaciones, principalmente en las ramas de la teología y la filosofía.
La experiencia hecha a lo largo de estos años, tanto en América del Norte como en otras Circunscripciones, llevó a la Dirección General a suspender el envío de hermanos para especializaciones al final de los cursos de teología básica. Estas especializaciones se realizan solamente después de que los misioneros han completado una adecuada y positiva experiencia de trabajo misionero.
La experiencia conseguida sugirió asimismo a la Dirección General a destinar a los misioneros que continúan sus especializaciones a nuestras comunidades próximas a las Universidades, y no a centros específicos. Estamos convencidos de que las comunidades de vida y de trabajo apostólico permiten a nuestros jóvenes misioneros integrar de manera más armoniosa sus estudios con el apostolado misionero, que nunca debe faltar en ninguna fase formativa.

La experiencia de California

Nuestra presencia en California, que comenzó en 1992 con la idea de unir trabajo pastoral y animación misionera y vocacional en un único proyecto, ha pasado por momentos diversos. El trabajo en el Departamento Misionero de la diócesis de San Bernardino y el parroquial han tenido continuidad y un desarrollo positivo. En cambio ha faltado, casi completamente, nuestra implicación específica en la animación misionera y vocacional IMC en San Bernardino y en las diócesis próximas. Se han alternado varias personas en este sector específico de trabajo, pero el resultado ha sido siempre escaso.
Consideramos que no se debe infravalorar la lejanía de estos hermanos misioneros de los centros regionales, porque no siempre les permite tal situación su presencia en todas las iniciativas regionales. La intención inicial de esta apertura era abrir una nueva frontera de presencia misionera que permitiera mejores perspectivas vocacionales. Lamentablemente no ha sido así. Pensamos pues que la próxima Conferencia Regional deberá expresarse sobre la conveniencia de proseguir con esa presencia en California, en el caso de que no fuera posible lograr un desarrollo nuevo y más nutrido. En nuestra tradición se justifica poco una presencia reducida y tan distante de otros centros IMC, pues contribuye al aislamiento de los misioneros e impide una participación más asidua en las varias iniciativas regionales, de fraternidad y de formación permanente.

En Québec con una presencia consolidada y escasez de personal

La presencia del Instituto en la provincia de Québec cuenta con una larga y rica tradición en varios campos de trabajo: pastoral, formación, animación misionera y vocacional. En nuestras actuales dos comunidades contamos aún con una buena estructura que facilita el trabajo y hace eficaz la sensibilización misionera. La dificultad de conseguir personal cualificado o de hacer que se vaya alternando el que hay ha creado serias dificultades al Consejo Regional, hasta el punto de inducirle a proponer el cierre de la casa de St. Foy. El discernimiento hecho durante la visita ha sido abundante y las indicaciones emergidas podrán ser útiles a la Dirección Regional y a la Región con vistas a una solución.
Hemos percibido que Québec plantea serios desafíos a nuestro trabajo misionero: el proceso de secularización en esa sociedad que hasta hace pocos decenios se caracterizaba por una intensa presencia de la Iglesia católica, parece incontenible; la escuela, que ha pasado de la Iglesia al Estado, tiende a excluir la enseñanza de la religión y, por tanto, también la posibilidad de hacer animación misionera; las parroquias tratan de formar unidades pastorales para hacer frente a la dramática escasez de clero; la presencia juvenil es escasa en todas partes.
Estos y otros aspectos deberán ser tomados en consideración para conseguir una orientación serena y constructiva en bien de la Región y de nuestro trabajo misionero en Québec. Proponemos que sea la próxima Conferencia Regional la que establezca las orientaciones útiles sobre el tipo de presencia en esta Provincia y sobre sus modalidades. Esto deberá hacerse en el contexto de una reestructuración audaz de la Región, en consonancia con la realidad actual del personal y los rápidos cambios que se están verificando en los dos países donde trabajamos.

Algunas consideraciones sobre el personal de la Región

La solicitud a la Dirección General para que envíe a la Región personal nuevo y válido, que pueda reforzar al ya existente y que está envejeciendo, se ha repetido a lo largo de la visita. Parecería ser esta la solución más fácil a tantos problemas. Sin embargo, debemos decir una vez más que un aumento del personal en la Región es actualmente impensable. No obstante, de acuerdo con las orientaciones capitulares (cf. Décimo Capítulo General, 85-86), la Dirección General hizo todo lo posible a lo largo del último sexenio para mantener intacto el número de misioneros y puso en marcha una rotación que pudiera dar nueva vitalidad a la Región. Estos son algunos datos que pueden ilustrar la situación del personal en la Región de América del Norte (no se toman en consideración los misioneros estudiantes que se han alternado en la casa de Washington para realizar estudios): de 1998 a 2004 entraron en la Región 17 misioneros, 19 la dejaron y, de éstos, tres se han jubilado, mientras que dos han fallecido. Vemos pues que la Región ha contado prácticamente con un crecimiento de tres misioneros hábiles para el trabajo. La cifra no es grande, pero demuestra la dificultad de personal con que se debate el instituto en este momento y el esfuerzo para hacer que se mantengan vivas las Circunscripciones dedicadas a la AMV.
No hay que olvidar, por otra parte, que varias personas dejan de ser hábiles para un trabajo activo y a tiempo completo, bien por edad o bien por enfermedad. Por una parte debemos reconocer su empeño para seguir siendo útiles de alguna manera a la Región; por otra, ellos no deben sentirse como un peso, sino corresponsables con su oración y con el ofrecimiento de su sufrimiento en el camino de la Región. El apoyo que se les ofrece y la proximidad en sus enfermedades es un hermoso gesto de fraternidad que no puede dejar de dar sus frutos.

Las estructuras y la situación de la Región

En el contexto de las dificultades administrativas que la Región estaba afrontando, la pasada visita canónica había dado la siguiente indicación: “Para lograr el objetivo del saneamiento económico, es preciso continuar con la reducción de los gastos de gestión de nuestras estructuras. En este momento, es justamente la casa de Somerset la que más pesa en el balance de la Región. Es conveniente que en el menor tiempo posible, en cualquier caso antes de la próxima Conferencia Regional, se encuentre una solución alternativa a las estructuras de Somerset. Además de la casa de Somerset, otras residencias han adoptado soluciones (de acuerdo con lo que se hizo en California) que podrían reducir sensiblemente los gastos de gestión. El consentimiento regional al respecto ha sido unánime” (BU 81, p. 59).
La Dirección Regional puso en marcha un estudio sobre la casa de Somerset, realizado por profesionales, que ha puesto de manifiesto los siguientes aspectos: la estructura sigue siendo costosa en la conservación; la venta constituiría actualmente una pérdida económica porque no es fácilmente utilizable para fines diversos para los que fue construida; el valor del terreno está aumentando. Ante el resultado del estudio, la Dirección Regional pensó que no era oportuno llevar a cabo lo que había manifestado la visita canónica, sino tratar de conseguir nuevas reducciones de gastos de gestión. La dilación de la solución podrá sugerir quizá soluciones mejores en el contexto de la reestructuración regional y lograr entradas más elevadas con una posible venta del terreno.
La visita se complace del constante esfuerzo de la Región para disminuir los gastos del mantenimiento de las estructuras. Solicita, no obstante, que cada comunidad consiga ser autosuficiente y pueda ofrecer a las misiones todas las ofertas recibidas en las jornadas misioneras.


Hacia una refundación de la Región

Parece que el término “refundación” fue usado por primera vez por los teólogos de la vida religiosa norteamericanos para expresar la exigencia, hoy fuertemente sentida, de revisar de manera radical nuestra condición de personas consagradas en la Iglesia y en la sociedad. Sin duda sentimos todos de manera intensa la exigencia de volver a los elementos fundamentales de la vida consagrada y del carisma, para construir luego algo válido, significativo y duradero, para nosotros y para la Iglesia. Simples retoques e intervenciones de puro mantenimiento no parece que basten ya. Lo hemos afrontado muchas veces, pero parece que nos encontramos siempre en el mismo punto de salida. Y de ahí que hayan surgido con cierta frecuencia durante la visita algunas preguntas fundamentales, como las siguientes:
- ¿Qué significa ser Misioneros de la Consolata en América del Norte y qué se espera de nosotros América del Norte?
- ¿De dónde partir para ser más significativos e incisivos en nuestro trabajo?
- ¿Qué exigencias postula nuestro ad gentes en este Continente?
- ¿Por qué la visita canónica no nos ayuda, más que a responder a nuestros habituales problemas, a intentar afrontar algunas cuestiones fundamentales de nuestro vivir y obrar?

Estimulados por las numerosas sugerencias recibidas en los diálogos personales y comunitarios, quisiéramos ahora retomar la imagen de la “refundación” para recordar algunos elementos útiles en favor del crecimiento de cada misionero y de las comunidades y capaces de provocar una aceleración a la acción misionera de toda la Región. Nos limitaremos en esa enumeración a subrayar los elementos decantados con mayor frecuencia en los diálogos y en las relaciones del Consejo Regional y de las comunidades, sin pretender ser exhaustivos.


Centrarse en el Señor

Para revitalizar la presencia del Instituto en esta Región, el primer paso necesario será orientarnos nosotros mismos y la propia estructura hacia una reforzada dimensión teologal. En otras palabras, debemos centrarnos sólidamente en el Señor y mantener alta la tensión a la santidad como quería nuestro Fundador. En efecto, solamente desde ahí puede renacer la radicalidad de vida de la que hablamos con frecuencia: la contemplación debe acompañar todas nuestras opciones comunitarias y regionales; la Eucaristía debe ser siempre el punto de partida necesario de nuestras jornadas y María Consolata convertirse en la inspiradora de nuestro servicio misionero. Desde esta concentración en el Señor seremos capaces de hacer opciones claras y decisivas que garanticen un futuro mejor a la Región.

Ad quid venisti?

“¿Para qué hemos entrado en el Instituto?”. Esta era la pregunta que con frecuencia el Beato Allamano dirigía a los primeros misioneros. No quería que perdieran nunca de vista el objetivo verdadero y fundamental de su entrada en el Instituto mientras se preparaban a ser Misioneros de la Consolata. También nosotros debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo en estos dos inmensos países de América del Norte? ¿Perseguimos el objetivo por el que hemos sido enviados a esta Región e intentamos canalizar todas nuestras fuerzas para conseguir las metas que las pasadas conferencias regionales trazaron con valentía y determinación?
Si queremos realmente dar una aportación eficaz al Instituto, debemos estar bien dispuestos para someternos a un constante proceso de discernimiento. Solamente éste nos permitirá darnos cuenta de si estamos o no atentos al soplo del Espíritu que se deja sentir en los signos de los tiempos, y si caminamos al compás del Instituto, que nos habla especialmente a través de las indicaciones de los Capítulos Generales. Discernimiento es especialmente escucha atenta de los demás y de la realidad que nos rodea. Se transforma luego en diálogo con los hermanos y en propuesta que mira al verdadero bien de la comunidad y de la Región. El discernimiento, si se conduce bien, desemboca en la realización del proyecto comunitario, ratificado por la Dirección Regional, y al que cada uno se adherirá como expresión de la voluntad de Dios para todo la comunidad. En algunos casos, el proyecto requerirá la valentía de aceptar decisiones o emprender proyectos que pueden ser contrarios a nuestro modo de sentir personal.
Hemos querido aludir a la importancia de este medio de vida comunitaria porque hemos notado que con cierta frecuencia la Región se ha encontrado en una situación de desafío ante decisiones que no agradaban en algunas ocasiones a un grupo y en otras a otro. El discernimiento tiene sus leyes, que deben ser seguidas con corrección para que no convertirse en un boomerang contra la comunidad. Contiene dos instancias que nadie puede tomar a la ligera o descuidar. La comunidad discute, debate, discierne y propone. A la autoridad compete posteriormente tomar la decisión, dentro del respeto de la legislación del Instituto. Cuando no se respetan estas dos competencias, o cuando dejamos de dar al voto de obediencia la importancia fundamental que tiene, toda forma de discernimiento queda vaciada de los elementos que hacen que sea una acción indispensable de vida comunitaria y de planificación apostólica.

Formación permanente

Nos permitimos simplemente recordar algunos elementos que tienen que ver con la formación permanente y que en el curso de la visita han emergido con cierta frecuencia.

- Debemos seguir atentamente el proyecto comunitario de vida desde el momento de su redacción por parte de la comunidad. Tal proyecto no persigue la simple organización del trabajo, sino que se propone definir la identidad y la misión de la comunidad, teniendo presentes todos los elementos que la componen: vida de oración, profundización del carisma y de la espiritualidad, revisiones periódicas de la vida comunitaria, profundización de los temas útiles para nuestro ministerio. Cuando nos centramos en la vida de la comunidad, no olvidamos las exigencias de sus componentes y se saben prever las iniciativas apropiadas para cada uno.
- Se nos ha informado de cierto abandono del retiro espiritual mensual. En el caso de que no se pudiera hacer como comunidad local, debe ser compromiso de cada uno hacerlo personalmente, bien con el presbiterio diocesano o bien con otras comunidades religiosas. El retiro mensual recuerda la necesidad que todos tenemos de un tiempo más abundante de silencio para encontrarnos con Dios. No debemos penalizar nuestra vida misionera privándonos de un alimento necesario.
- Además de las iniciativas de formación permanente realizadas oportunamente por la Región, es conveniente aprovechar las múltiples oportunidades, siempre abundantes, que ofrecen las diócesis de América del Norte o las organizadas por los Religiosos. La misión requiere de nosotros atención a las múltiples instancias que provienen de la compleja sociedad circundante. Que no nos encuentren distraídos o no preparados. No podemos pasar un año sin la lectura de algunos libros de teología o de otros temas de nuestra competencia.
- Solamente una fuerte espiritualidad puede dar un impulso eficaz a la renovación de nuestra vida consagrada y a la revitalización de nuestra misión. Conocemos bien sus elementos, que provienen de nuestro carisma y sobre los que nuestros últimos Capítulos Generales se han detenido con calma. Recordemos solamente que una espiritualidad que quiera estar a la altura de tantos desafíos actuales debe alimentarse cotidianamente de la Palabra, organizarse desde el sacrificio pascual que celebramos día tras días, insertarse en el camino no siempre fácil de la gente entre la que trabajamos, practicando un diálogo que sea capaz de acoger las esperanzas y las heridas de la humanidad de hoy.


Centrarse en lo esencial

Si queremos contar con la energía necesaria para realizar una verdadera refundación de nuestro proyecto misionero, debemos proceder a dar un paso más, es decir, a concentrar todas nuestras fuerzas en pocas cosas y sobre las verdaderamente importantes. Es necesario unir a las personas alrededor de un programa que es fruto del discernimiento comunitario, el cual a su vez será garantía de continuidad y de futuro. Pensar, por el contrario, en proyectos de individuos aislados significa, hoy más que nunca, sembrar un terreno que nunca podrá producir frutos.
Permítasenos ahora detenernos en algunos aspectos que preocupan a vuestra Región, pero que al mismo tiempo angustian a todo nuestro Instituto.

“¿Cuántos panes tenéis?”

Recordemos una vez más la escena de Jesús Resucitado a orillas del lago. La pregunta dirigida a los discípulos: “¿Cuántos panes tenéis?”, permite a Jesús poner de relieve que en la lógica pascual no son ya ni la masa, ni la cantidad, ni la eficiencia las que cuentan; la que cuenta es la fe en Él, resucitado y vivo, que puede realizar lo que humanamente parecería imposible.
Si hacemos cuentas con la cantidad de Misioneros de la Consolata presentes en América del Norte, los números son escasos. Somos pocos y más bien ancianos. Nuestro proyecto, que tiene como objetivo la animación misionera y vocacional en estos dos países, parecería destinado a sucumbir. También el incipiente plan de evangelización ad gentes resulta una tarea desmesurada para nuestras limitadas fuerzas.
Debemos pues renovar nuestro acto de fe en Aquel que puede garantizar el éxito a quien siembra y trabaja en su nombre. No se trata de palabras consoladoras sin fundamento. Se trata, por el contrario, de una fuerza íntima que nos permite reanudar cada día nuestro camino con confianza, conscientes de que todos nuestros esfuerzos son bendecidos por el Señor con el céntuplo. Él y su Espíritu harán el resto y nosotros podremos llegar a contar asombrados “153 grandes peces” en nuestros cestos.
Sobre la senda de esta consideración, queremos asimismo recordar el hecho de que en la economía pascual la pobreza es lo que nos hace ricos, que lo poco genera lo mucho. De este modo serán otros los criterios que nos guiarán en nuestro trabajo: lo que es genuino y transparente en todo; el bien hecho bien; todos los proyectos realizados en fraternidad y comprensión mutua; el reconocimiento de que lo “nuestro”, más que lo “mío”, construye el Reino.

Espíritu de familia

En diversas ocasiones nos habéis informado sobre lo muy difundido que se encuentra en la sociedad norteamericana el concepto del individualismo, de la libertad personal, de un protagonismo que lleva a cuestionar toda autoridad y el propio ideal de la vida común. Sabemos, no obstante, que entre nosotros no puede ser así, porque hemos profesado públicamente que creemos en el valor de la comunidad y de los votos, nos sentimos herederos del espíritu de nuestro Padre Fundador, que ponía en el espíritu de cuerpo y en la lealtad a la comunidad el dinamismo y la eficacia de nuestra obra misionera. En una sociedad que profesa habitualmente otros estilos de vida, nosotros debemos ser fermento de los ideales evangélicos que tienen en el mandamiento del amor mutuo y en la comunión que lleva a ser “un solo corazón y una sola alma” el núcleo de nuestro credo cristiano.
Nuestra constante preocupación, por tanto, deberá tratar de valorar al máximo los medios que pueden favorecer el “espíritu de familia”. Es necesario, por ejemplo, que toda comunidad se encuentre diariamente para hacer oración, por lo menos dos veces. La Lectio divina comunitaria es practicada diariamente por una de vuestras comunidades, ¿no podría ser un ejemplo para que la hicieran las demás? Los encuentros comunitarios no deben tener como único fin la programación del trabajo. Deben ser también un espacio de discusión y revisión de las realidades de la “familia”, de los temas del Instituto, de la profundización de los temas de espiritualidad. Es oportuno incrementar también la circulación de las informaciones regionales, utilizando algunos de tantos medios como tenemos actualmente a nuestra disposición.
El espíritu de familia recuerda otro aspecto importante como es el de la unidad de intenciones en ámbito regional. Debemos estar todos unidos por un mismo proyecto que nos espolee a todos a tender al bien común, a la colaboración entre una comunidad y otra, entre un sector y otro, coordinados y unidos por la Dirección Regional, signo y vínculo de comunión.

Reorganización, revisión de nuestros compromisos

Hablando de “concentración”, no podemos dejar de hacer hincapié una vez más en la necesidad de realizar una reorganización y una revisión de nuestras obras. Se trata de un tema que se debate en el Instituto desde hace bastante años y que nunca deja de causar sinsabores y reacciones opuestas. A pesar de ello, no se puede prescindir de él sin correr el riesgo de dañar nuestra vida y la misión. Concentrarse en las obras que son más importantes para la comunidad regional, poner en ellas todo nuestro interés y dirigir a ellas nuestro esfuerzo es el objetivo que quisiéramos que se asumiera por toda la comunidad regional con empeño y en busca únicamente del bien común.
La Región se compone actualmente de ocho comunidades, después de la nueva apertura ad gentes sin haber procedido antes a cerrar otra comunidad. De ahí que tres comunidades no tengan el número mínimo de tres misioneros propuesto por la Segunda Conferencia Regional. Vemos pues favorablemente que se ponga en marcha un proceso de revisión de manera decidida, aunque acompañado de mucho diálogo y discernimiento, hasta conseguir su plena realización.

La fusión de los sectores inglés y francés

La unificación de las circunscripciones de Estados Unidos y Canadá, que tuvo lugar en 1992, es un dato de hecho y una experiencia consolidada. Las dos circunscripciones se debatían aquellos años entre diversas dificultades. La fusión dio a la única Región de América del Norte una nueva vitalidad y una vivacidad como resultado de la verificación de experiencias de vida diversas y de métodos de trabajo diferentes.
En estos años no han faltado revisiones sobre el paso dado que han constatado luces y sombras, elementos a favor y aspectos problemáticos, siempre con el indeclinable propósito de seguir caminando juntos con empeño y buena voluntad. La visita ha comprobado que todavía existe cierta tensión entre el sector francés y el inglés más que entre las comunidades de Canadá y las de Estados Unidos.
La relación preparada por la Dirección Regional para la visita canónica ha querido abordar la cuestión con mucha claridad, haciendo preguntas directas sobre el acierto de la decisión tomada en el pasado y la oportunidad de continuarla, y pidiendo pareceres sobre el futuro de los dos sectores para poner fin a una situación que resulta negativa para la Región.
Después de escuchar a todos los Misioneros más directamente interesados en esto, queremos expresar ahora nuestra opinión, con la esperanza de que pueda contribuir positivamente al debate regional y a lograr un consenso que contribuya al bien de todos:

- Aunque con alguna dificultad inevitable, el camino hecho es positivo para todos y pensamos que no se puede ya pensar en dividir la Región en dos circunscripciones.
- El sector francés, dada su entidad numérica limitada, necesita vivir y obrar en un contexto más amplio que únicamente la Región unificada puede brindarle.
- El sector inglés puede aprender mucho del camino recorrido por el sector francés y su organización del trabajo.
- Es necesario que se acepten entre sí teniendo en cuenta la diversidad y la complementariedad de las dos experiencias. Al mismo tiempo es necesario dar mayor espacio al sentido de Región y de Instituto, que debe prevalecer siempre sobre la defensa a ultranza del propio sector.
- Consideramos que es necesario intensificar el intercambio de personal, superando con buena voluntad las dificultades lingüísticas.
- No se puede pensar en conceder a un sector una especial autonomía. En el campo de la vida religiosa no puede haber autonomía, sino solamente una autoridad que es delegada en beneficio de una comunidad o de un grupo, por razones específicas y por un tiempo limitado. Una Circunscripción puede, en efecto, tener un solo superior mayor. Toda autoridad delegada o vicaria actuará siempre bajo la responsabilidad última del Superior mayor o de su consejo y termina con el cese de este último.


Descentrarse hacia la misión

La creatividad necesaria para poner en marcha una eficaz y sana refundación de la Región se encuentra no en cerrarse sobre sí mismos, sino sólo saliendo valientemente hacia la misión. El proyecto misionero del que somos portadores tiene como objetivo el bien de la Iglesia y la evangelización de los pueblos. Por eso el Fundador dio vida a nuestro Instituto. En fidelidad a sus intuiciones carismáticas, nos corresponde ahora a nosotros buscar los ámbitos misioneros más aptos a nuestro mundo y a los retos que presenta. Solamente el coraje de salir de los lugares comunes y familiares hacia nuevas fronteras garantizará vida y futuro al Instituto y a la Región.
La Región ha aceptado el reto planteado por el último Capítulo General y ha buscado un nuevo ad gentes sin olvidar su tradicional apuesta por la animación misionera y vocacional. El nuevo proyecto deberá ser levadura para generar en todos los misioneros nueva ilusión y reforzar la óptica misionera que pueda abrir en el futuro nuevos caminos.
Nos referimos a continuación a algunos aspectos antiguos y nuevos de nuestro servicio misionero en América del Norte.

Ad gentes en América del Norte

Este tema ha sido objeto de atención especial en nuestra visita. Aunque la Dirección General no haya entrado en su proceso de discernimiento, pensamos, no obstante, que, conforme al espíritu del Capítulo General y reflexionando sobre lo que está sucediendo en la Región, podemos sugerir ahora algunas reflexiones al respecto:

-La elección de Saint Andrew no debe ser considerada especialmente como un compromiso parroquial, sino más bien como una decisión de nuestro Instituto de atender a la evangelización y a un específico trabajo misionero en esta Región. La atención de quien trabaja en este proyecto no deberá limitarse a responder a las múltiples exigencias de una parroquia de la ciudad, pluriétnica y multicultural, sino que ha de tratar de cualificar nuestro servicio de primera evangelización.
- El nuevo proyecto prevé una alternancia muy estricta en la animación misionera y vocacional de la Región. Un misionero del equipo parroquial tiene, en efecto, el compromiso específico de mantener viva y hacer eficaz la AMV tanto en la parroquia como en la diócesis. El trabajo en esta parroquia deberá demostrar la eficacia que puede tener su impacto de animación misionera en la diócesis y la eficacia de ese reclamo especialmente entre los jóvenes para una opción vocacional semejante a la nuestra.

La animación misionera y vocacional

La visita ha podido constatar que a las tradicionales formas de animación misionera en los dos sectores de la Región se está asociando nuevamente el interés por una más clara propuesta vocacional. Las dificultades para acercarse a los jóvenes persisten; la escasez de vocaciones en todas las iglesias de América del Norte es lamentablemente una dolorosa realidad; las consecuencias que los muy conocidos escándalos de pedofilia han tenido en la Iglesia católica de América del Norte desaniman a muchos jóvenes que reflexionan sobre su llamada al sacerdocio o a la vida consagrada. Debemos, no obstante, creer que el Buen Pastor sigue llamando obreros para apacentar su rebaño y anunciar a todos los pueblos el mensaje de la salvación.
Exhortamos a que no solamente los animadores vocacionales, sino todos los Misioneros, estén dispuestos a acercarse a los jóvenes y hacerles esta propuesta. Sabemos que los misioneros jóvenes pueden ser una ayuda que facilita el contacto, pero no es una prerrogativa indispensable. Conocemos hermanos no tan jóvenes que con su entusiasmo y su rica experiencia misionera son muy eficaces en el trabajo de animación vocacional. En la Región hay misioneros que tienen el cometido de coordinar el trabajo vocacional y de favorecer iniciativas a este respecto. Los animamos a desempeñar este servicio impagable con empeño, fieles a la expresión paulina de “insistir a tiempo y destiempo”.
La animación misionera, partiendo de nuestros centros, continúa creando en la Región iniciativas que van de la predicación de las jornadas misioneras a la visita a las escuelas, la publicación de dos revistas y otros materiales, así como las páginas web. Confiamos que todos los centros estudien atentamente un proyecto que contemple la participación activa de misioneros y de laicos, valorando lo mejor posible las estructuras existentes.
Finalmente, queremos expresar nuestra agradecimiento más cordial a todos los hermanos comprometidos en este campo y especialmente a los que, a pesar de la edad avanzada, siguen ofreciendo su tiempo y sus energías para animar a la iglesia local de América del Norte a mantenerse viva y atenta al deber misionero.

Solidarios con los pobres y a favor de la paz

Uno de los efectos de la animación misionera es sembrar en el mayor número posible de personas una inquietud por la situación de injusticia y de pobreza que afecta a pueblos enteros, especialmente aquellos donde trabajan nuestros misioneros. La Región cuenta con un responsable de Justicia y Paz que tiene el cometido de mantener vivo entre los hermanos este interés mediante la información y comunicación de iniciativas puestas en marcha por las iglesias y los organismos de solidaridad. Debe mantenerse también en contacto con los encargados en el ámbito del Continente y de todo el Instituto. Este contacto es de gran importancia para conocer y coordinar las situaciones que exigen respuestas urgentes.
Animamos a todos a ser solidarios con los pobres y los que sufren, acogiendo favorablemente toda invitación a la concienciación y a la acción. No podemos olvidar las graves tensiones que afectan al mundo de hoy y en las que América de Norte tiene un papel de primera magnitud. El interés por la paz y la justicia es pues un imperativo para todos nosotros. Nos parece que podemos afirmar que un misionero que no tiene pasión por los pobres, que no lucha por la causa de los oprimidos, que no se compromete por la paz, que no se esfuerza por adoptar un estilo de vida coherente con esta fe, no está en la línea con la figura del misionero que el Beato Allamano deseaba. Con otros conceptos y expresiones, nuestro Fundador repetía una y otra vez que el misionero de la Consolata debía estar cerca de todas las personas, especialmente de las que más sufren.
Una tradicional expresión de solidaridad con los pobres por parte de la Región es el compromiso en la recogida de fondos a favor de la misión. Es algo que tiene lugar especialmente en los meses de verano a través de los mission appeals. En este momento en que deseamos expresaros en nombre de todo el Instituto nuestro agradecimiento por este signo de fraterna solidaridad con nuestras iglesias misioneras, pedimos a la Región que verifique si este medio de animación misionera necesita alguna corrección para ser más eficaz en animar misionalmente a la iglesia americana y canadiense.
Otras formas de animar la solidaridad de la gente en favor de los pobres son utilizadas y dan buenos resultados. Queremos reclamar la atención sobre la necesidad de seguir con escrupulosa corrección la legislación del país en relación con las ONGs.

Laicos misioneros

En el curso de la visita hemos querido profundizar con todas las comunidades en la realidad de los laicos, especialmente de los que quieren comprometerse en la misión. Hemos constatado que la Región cuenta con una rica experiencia sobre esto y que tiene un gran potencial. Consideramos que es necesario que la Región reanude con renovado empeño un servicio claro y coordinado en favor de los laicos. Nos lo pide el XCG y son muchos los laicos que nos ofrecen de modo diverso su colaboración para ayudar a la misión. Deseamos haceros las siguientes sugerencias, resultado de nuestros diálogos:

- El proyecto de los Laicos Misioneros de la Consolata es un punto de llegada ideal que no excluye nuestro interés por otras formas de colaboración con los ellos. El estudio del nuevo Estatuto por parte de la comunidad y de la Región podría mantener despierta la atención de todos los laicos misioneros, aunque pocos de ellos puedan incorporarse a este proyecto.
- Es conveniente favorecer la colaboración de los laicos en nuestras obras misioneras regionales, ofreciéndoles no solamente la posibilidad de colaboración sino también una adecuada formación, especialmente en la espiritualidad del Instituto y en el conocimiento del carisma del Beato Allamano.
- Algunas experiencias misioneras, limitadas en el tiempo pero significativas, pueden crear en los jóvenes inquietudes vocacionales y en los adultos interés por las misiones.
- Las páginas web y nuestras revistas deben dar conocer las diversas posibilidades de colaboración en la misión que el Instituto puede ofrecerles.


Conclusión

Terminamos reafirmando nuestra gratitud por la convivencia de casi un mes con vosotros, por el don que cada uno nos ha hecho mediante los diálogos, por la ayuda recibida del Consejo Regional. Una vez más hemos podido experimentar, como en el episodio de los dos discípulos de Emaús, que el corazón de todos no cesa de arder, porque caminando con el Señor aumenta el celo por la causa misionera, a pesar de las dificultades y los desafíos.
Hemos visto que la comunidad regional no está atada a su pasado, sino abierta al futuro, “hacia el que nos proyecta el Espíritu Santo para seguir haciendo con nosotros cosas grandes” (Vita consecrata 110). Los gérmenes de este futuro están presentes en vuestro deseo de discernimiento, en el empeño de perfeccionar más y más vuestra vida, en la búsqueda de caminos nuevos y más eficaces de hacer misión en América del Norte.
No queremos dejar de aprovechar esta ocasión para dar también las gracias a la Región de América del Norte por su solidaridad con las necesidades de las misiones, por la acogida de los jóvenes misioneros para hacer estudios superiores y especialmente por la fraterna proximidad demostrada en relación con los misioneros que llegan por motivos médicos.
El último día de la visita fuimos a orar a la tumba de santa Catalina Drexel, que encarnó los ideales más hermosos del pueblo norteamericano y supo acercarse a los más pobres y marginados con su encendido amor misionero. Que ella interceda por la Región, especialmente este año en que el Instituto la ha elegido como protectora.

Os saludamos fraterna y cordialmente en nuestra Madre Consolata.

P. Piero Trabucco, IMC
(Superior General)

P. Aquiléo Fiorentini, IMC
(Consejero continental)


Ultima modificación ( 10.03.2006 )