| Inicio |
| Links |
| Buscar |
| Contáctenos |
| Mapa del sitio |
| Créditos |
| XLIII Asamblea Nacional Cirm: mensaje final |
|
|
| Escrito por Cirm | |
| 04.06.2008 | |
APOYÁNDONOS EN JESÚS Y EN LA PALABRA DE SU GRACIA(Hch 20,32) A lo largo de nuestra XLIII Asamblea General se ha reforzado la convicción de que la centralidad de Jesucristo en nuestra vida es el fundamento que da sentido a nuestra vocación y misión. Sólo el amor a Jesús y la escucha de su Palabra en la Escritura y en la vida nos pueden hacer capaces de ser discípulos/as y misioneros/as; de vivir la mística y ejercer la profecía para construir el Reino. Por este motivo, al término de nuestra Asamblea, queremos comunicarles, hermanas y hermanos, lo que ha sido nuestra experiencia y el resultado de nuestras reflexiones sobre el tema que nos propusimos estudiar en la búsqueda de los caminos de Dios en la historia actual: Vida consagrada: discípula-mística y misionera-profética en el México de hoy. Benedicto XVI en su discurso al Consejo Ejecutivo de las Uniones de Superioras y Superiores Mayores, en febrero de este año 2008, nos decía: “Los Institutos de vida consagrada, si quieren mantener o volver a encontrar su vitalidad y eficacia apostólica, tienen que volver a comenzar desde Cristo continuamente. Él es la roca firme sobre la que tienen que construir sus comunidades y cada uno de sus proyectos de renovación comunitaria y apostólica”. Asumimos esta orientación y haciéndonos eco de san Pablo les encomendamos al Señor y a la palabra de su gracia (cf. Hch 20,32). I. EL FUNDAMENTO DE NUESTRA VIDA ES CRISTO La convicción de la centralidad de Cristo en nuestra vida ha iluminado la reflexión y explica nuestras conclusiones y compromisos prioritarios. Sólo en Él y desde Él cobran sentido. El seguimiento resume todo el caminar humano y su búsqueda incesante de Dios. Ya en el Antiguo Testamento se habla de caminar detrás de Yahvé en la obediencia de la fe, como Abraham y Sara. El Pueblo de Dios, como comunidad de creyentes sigue al Señor, su Dios, en el esfuerzo por responder a sus exigencias en la historia. El Concilio Vaticano II, al hablar de la vida religiosa, insistió en el aspecto fundamental de su compromiso de seguir a Jesús. Meditar sobre la espiritualidad del seguimiento es repensar las bases mismas de nuestra consagración-misión en la Iglesia y actualizarla para dar una respuesta renovada al Señor de la historia. Hemos respondido a su llamada El primer encuentro de Jesús con las personas al iniciar la predicación de la Buena Noticia desemboca en una llamada al seguimiento (Mc 1,16-20. Éste es una respuesta libre a una llamada gratuita. Jesús es quien toma la iniciativa. Él sale al encuentro. Por ello hay que estar a la escucha de la Palabra para ponerla por obra (Lc. 8,21). Vivir la espiritualidad del seguimiento como experiencia de la gratuidad de Dios hace posible evitar la autosuficiencia y el desaliento. No hay lugar para la primera porque la elección es gratuita. El segundo puede ser superado al constatar que Dios está siempre con la persona llamada para ayudarla a asumir con humildad y responsabilidad la misión que le encomienda. El seguimiento va madurando gradualmente en los altibajos de 1a respuesta humana. En la fe y en el amor confiado que purifica, se reconocen y asumen las debilidades e infidelidades como parte de la propia historia. El seguimiento de Jesús conduce al compromiso profético con el proyecto de Dios para hacer presente a Cristo-camino en la historia de la humanidad (Jn 14,6). Del seguimiento a la creciente comunión Al llamar a su seguimiento, Jesús explicitó que elegía para una relación de amistad con El (Jn 15,14-16). El evangelio de Marcos señala, en la vocación de sus seguidores y seguidoras, que Cristo les eligió para que estuvieran con Él y para enviarles a predicar. Por el bautismo nos encontramos unidos a Cristo. El vive en nosotros/as. Los frutos de la redención, la libertad, los esfuerzos por vivir como hijos/as de Dios, las dificultades en el servicio del Reino, la esperanza, todo se hace presente en Cristo. Cristo aparece como la verdadera Sabiduría de Dios que hay que seguir de la misma manera como se pedía seguir a la Sabiduría en el Antiguo Testamento: prestando atención a sus caminos, saliendo tras ella, mirando por sus ventanas y poniendo su tienda junto a ella (cf Eclo 14,20-25). Seguir a Jesús tiene una dimensión eclesial. El no llama a las personas para que vivan aisladas. Las con-voca, las invita como grupo, para formar la comunidad de sus seguidores/as. Es en ella donde Cristo sigue presente (Mt 18,20). Aquí se inserta la importancia de la fraternidad-sororidad en nuestras comunidades para testimoniar la presencia del Resucitado. Seguimiento y escucha orante de la Palabra de Jesús La espiritualidad del seguimiento de Jesús nos coloca frente a Él, Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros, en una actitud de atención a sus enseñanzas en la Escritura y en la vida: «ustedes para ser de verdad mis discípulos/as, han de atender a mi mensaje, así conocerán la verdad y la verdad les hará libres» (Cfr. Jn 8,32). La intimidad con Jesucristo y la pasión por el Reino han ocupar el primer lugar en la espiritualidad de la vida consagrada, y para irlas logrando es necesario alimentarlas en el evangelio, en la oración encarnada en la historia, en la liturgia, especialmente en la eucaristía, así como en el encuentro con la gente empobrecida y excluida. Seguimiento de Jesús y compromiso profético-evangelizador La llamada de Jesús a seguirlo es, al mismo tiempo, una llamada a la misión de testimoniar y anunciar la Buena Noticia, y a interpelar, desde ella y sus exigencias, la vida personal y social. Jesús propone su seguimiento como un servicio de amor que lleve a la entrega de si hasta la muerte. Por eso pide disposición a abandonar todo: familia, bienes, prestigio, seguridades para estar disponible para el anuncio del Reino siguiéndolo hasta la cruz en comunión de vida con El. Cristo resucitado sigue presente en la historia. Quienes lo seguimos estamos llamados a testimoniar su vida y su resurrección (LG 38); a descubrir a los demás los signos de esperanza presentes en la vida de las personas y en los acontecimientos. En María, la Madre de Jesús, encontramos el modelo de discípula misionera. Ella vive abierta a Dios escuchando su Palabra en la Escritura y en la vida, cree en esa Palabra y pone en práctica sus exigencias. Al mismo tiempo, está cercana a las necesidades de los demás. En el acontecimiento guadalupano nos señala el camino para el anuncio profético evangelizador: comenzar desde los pobres, hablar su lenguaje, promover su colaboración activa. II. NUESTRAS REFLEXIONES Y COMPROMISOS Iluminados/as por el sentido y las consecuencias de nuestro seguimiento de Jesús, desde una realidad desafiante e incierta, confirmamos algunos aspectos de nuestro caminar, que se vuelven luces e iluminan nuevos desafíos que emergen. Al mismo tiempo, hemos percibido que nuestra búsqueda conjunta, hace arder nuestros corazones y nos confirma en la esperanza de discernir cómo ubicarnos frente al futuro y de contagiar animación y esperanza. Un camino de esperanza Por una parte, no dejamos de percibir todo lo positivo del caminar de la CIRM en el trienio que termina: búsqueda constante para responder a las interpelaciones de Dios en nuestra realidad; esfuerzos por dar a la vida consagrada de México un rostro renovado y plural a partir de la centralidad de Jesucristo; apertura a la intercongregacionalidad; preocupación por la formación inicial y permanente; información y presencia en las coyunturas sociales de nuestro país; esfuerzos de diálogo con la jerarquía; más cercanía y relación con la CLAR; participación activa en la preparación, celebración, estudio y difusión de Aparecida; opción por los pobres y excluidos. Una evaluación externa solicitada por la CIRM reveló las deficiencias estructurales y organizativas de la misma y ofreció una serie de recomendaciones y sugerencias para superarlas. Se constató la crisis de nuestros centros e iniciativas de formación. Sorprende que en un mundo de comunicación instantánea no se valore y no se transmita la información que genera la CIRM. Confesamos igualmente que persiste la distancia entre nuestro discurso y nuestra vida. Insertos en la realidad Confirmamos la importancia de colocar nuestra realidad de México hoy dentro del marco más amplio de la realidad latinoamericana y caribeña. También el haber puesto como clave de lectura la historia de gracia y los signos de los tiempos, y haber hecho consciente el para qué y por qué es indispensable conocer la realidad, en especial de la sociedad, de los sujetos prioritarios de la misión y de la misma vida religiosa. Hemos experimentado con gozo en estos días la sintonía de nuestra vida religiosa mexicana con la de todo el continente a través de la CLAR. La creciente complejidad y conflictividad en el país no nos paraliza, por el contrario, nos desafía a desarrollar una espiritualidad que nos ayude a sabernos ubicar en el conflicto y a asumirlo como camino de crecimiento en el ejercicio de nuestra responsabilidad histórica. Ésta nos urge a construir espacios que hagan posible el diálogo que pueda consensuar miradas, posturas, disposiciones e iniciativas de transformación. Como vida religiosa tenemos capacidad para dejarnos interpelar desde la fe por la realidad y para responder a los desafíos que nos cuestionan. De este modo hacemos posible una síntesis vital entre mística y profecía. Esto nos lleva a simplificar estructuras y a dar una formación encarnada en la realidad, en cercanía y diálogo con el pueblo. Crecemos así juntas/os en la esperanza y favorecemos espacios de madurez al interior de nuestras comunidades y promovemos la adultez en lugares de trabajo e interrelación con otras personas. Nuestra esperanza no quedará confundida (Rom 5, 5). Más allá de reconocernos fragmentados/as en el contexto de una sociedad fracturada asumimos nuestra propia fragilidad y liberamos nuestras potencialidades para abrirnos al futuro con la confianza que nos da el Espíritu. Apoyándonos en Él, afirmamos nuestra legítima autonomía reconocida por la Iglesia, así como los espacios que nos concede para enriquecer con nuestros carismas al Pueblo de Dios evitando la clericalización entendida como pérdida del valor esencial de la vida consagrada. Directrices para el trienio 2008-2011 Para la Vida Consagrada en México 1. La Mística Profética 2. La Formación 3. La Opción por los pobres Para la CIRM Nacional (y para la JDN) 1. El Dinamismo profético 2. La Intercongregacionalidad 3. La Formación CONCLUSIÓN Un saludo y un encuentro, que revelan una relación muy pascual nos iluminan: ¡No tengan miedo. La paz esté con ustedes! Es un saludo que recupera la confianza lastimada y fortalece la esperanza debilitada. ¡No tengan miedo. La paz esté con ustedes!. Yo les he dado un corazón nuevo y les he infundido un Espíritu nuevo (cf. Ez 36, 25-27). ¡No tengan miedo! Este saludo se gestó, se preñó, en la experiencia amorosa de una relación que entreteje el discipulado y la misión: ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Es necesario sentir y expresar nuestro dolor por la aparente ausencia del Amado y hay que dejarnos consolar para dar paso al gozo indescriptible de sabernos reconocidos/as en la escucha de una voz que llama por nombre: ¡María! ¡Rabunní! Esta experiencia relacional es la que dinamiza la misión, el ir más allá de nosotras/os mismos: “ve a mis hermanas y hermanos, y diles... he visto al Señor” (cf. Jn 20,16-18). |
|
| Ultima modificación ( 03.06.2008 ) |
| Quiénes somos... |
| El beato G. Allamano |
| Castelnuovo Don Bosco |
| La Consolata |
| Novena Beato Allamano |
| Santidad |
| Boletín |
| Documentación |
| Nuestras revistas |