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Padre Ernestos Franco Cocco PDF Imprimir E-mail
Escrito por Giovanni Tebaldi   
16.02.2006

(1933-2004)

San Maurizio Canavese «gran población agrícola que limita con el territorio de Ciriè, Leinì y Caselle», y que desde el 6 de febrero de 1933 vio nacer al P. Cocco, aparace con bastante frecuencia en la correspondencia del Padre Allamano. En mayo de 1895, el capellán del pueblo, padre Pavesio Bartolomeo, escribía al «Muy Ilustre y Muy Reverendo Señor Canónigo» que, encontrándose «arrodillado junto al padre Cafasso», se sintió admirado al verle fijar inmóvil la mirada en el Santísimo Sacramento. El 18 de septiembre de 1923, monseñor Bernardo Marengo, de San Maurizio, prelado doméstico de Su Santidad, enviaba a Allamano, próximo a festejar sus bodas de oro, su devoto homenaje. La felicitación por las bodas de oro era enviada también por una ex-postulante misionera de la Consolata, originaria de Ceretta di San Maurizio que se firma «la más negligente, la más golosa y la menos virtuosa» (cfr. C. Bona, Lettere, passim). En estos breves detalles, la misión aparece condicionada por una opción diligente de candidatos. Cabe pensar que «la gran población agrícola» mantuviera buenas relaciones con el Instituto y sus misioneros activos en Italia y en África. Lo fue ciertamente el día que abrió de par en par las puertas del seminario de Varallo Sesia al joven Franco Ernesto Cocco, al final de los estudios elementales en la escuela Aristide Gabelli de Turín. En los años 1944–1949 frecuentó el gimnasio y el liceo en los seminarios de Varallo y Vittorio Veneto y el 7 de octubre de 1953 hacía la profesión que le consagraba a la vida religiosa como misionero de la Consolata; el resto de los cursos de filosofía y teología los hizo en el seminario mayor de Turín. El 14 de marzo de 1959 era ordenado sacerdote por monseñor Bottino, auxiliar de la diócesis de Turín.

Misionero en Kenya

Después de un curso de inglés en Londres, en 1964 fue destinado a la diócesis de Nyeri, en Kenya, donde intercaló la enseñanza con el servicio pastoral en las misiones próximas. Su primer contacto con la misión le situó en un mundo que estaba a punto de nacer y que afrontaba los momentos de transición hacia un sistema democrático. Acaba de ser declarada la independencia del país y también la iglesia local, tras sufrir el sacrificio de nuestros misioneros y misioneras, acompañaba con celebraciones y cantos el alba del nuevo día, mientras el P. Franco Cocco dirigía las ceremonias con la precisión que le caracterizaba. Con la llegada de las debidas alternancias del personal, el seminario fue confiado al clero local y el P. Franco reanudó su ministerio en las misiones de Kaheti, Karatina e Ichagaki, dedicándose de manera especial a la dirección de una escuela media y a la formación de los jóvenes alumnos.

Pastor en Canadá

En 1970 dejaba Kenya y llegaba a la parroquia de S. Juan Bosco en Canadá. De allí escribía a los superiores de Turín diciéndose contento de su nuevo destino. «Tengo buena voluntad para insertarme en la nueva realidad canadiense lo mejor que pueda, al menos para estos dos o tres años». Afirma el P. Ermenegildo Crespi: «Tras haber experimentado los valores y las oportunidades pastorales del movimiento eclesial “Encuentro matrimonial”, el P. Franco le dedicó todas sus energías, su entusiasmo, su inteligencia y las riquezas de su corazón de hombre, de amigo y de sacerdote. Se preocupó en dominar las técnicas y el espíritu de esta experiencia y las propuso con convicción a centenares de parejas… Su propio arrojo apostólico puso al P. Franco en la corriente de gracia que es la renovación carismática católica. Con él muchas personas fueron más allá del fervor superficial y con su guía prudente descubrieron el sentido de su vocación cristiana».
Tras un trienio trasnscurrido en las parroquias de S. Juan Bosco y de la Consolata en Montréal, se dedica a la animación misionera y al servico de la comunidad cristiana en las parroquias de Windsor y London en Ontario (1970-1984).
Sigue una breve experiencia en la iglesia italiana, tras la cual reanuda en Toronto y en Montreal la pastoral de animación misionera (1988-1996) y del encuentro matrimonial, para lo que el P. Franco está particularmente preparado. Con su sencillez y amistad sabe acercar a las personas y los grupos.
Escribe en otra ocasión el P. Crespi: «El P. Franco se presentaba a todos con su constante sonrisa amable, premurosa, atenta. Era escrupuloso en escuchar, práctico y sabio en sus respuestas y en sus consejos. Su comida eran la oración y la Palabra de Dios celebradas en la Eucaristía, saboreadas en el silencio de sus meditaciones, vividas con los niños de las escuelas y con las comunidades». Conociéndose a sí mismo y por timidez natural, evitaba la improvisación y el riesgo, especialmente en la catequesis y en la predicación. Esta inseguridad provenía de muy lejos, de cuando su papá Luigi, deportado a Alemania y de donde nunca volvió, había tenido que separarse de su madre Rosina Concas, dejándole a ella sola la responsabilidad de los hijos. Su permanencia en Canadá iba acercándose al final al tiempo que se agravaba su diabetes.
En 1996 se le ofreció la oportunidad de volver a Kenya para reanudar su trabajo misionero, pero las condiciones del país habían cambiado y el campo de trabajo presentaba dificultades imprevistas. «En Nairobi podrás encontrar un médico que te siga y te indique diversos especialistas en el caso de que lo necesites», le había escrito el superior. Pero al agravarse sus condiciones de salud, fue llamado a Italia, a la Casa Madre de Turín, donde pasó los últimos años de enfermedad en el servicio pastoral a la espera de un día que no tardaría en llegar. El 29 de enero de 2004 el P. Franco se nos iba para siempre.
Giovanni Tebaldi

Ultima modificación ( 10.03.2006 )