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Brasil: Hemos crecido en fraternidad PDF Imprimir E-mail
Escrito por Misioneros de la Consolata - São Paulo   
02.11.2007
Queridos hermanos y hermanas,
al final de estos tres meses de formación permanente, en los que vivimos un tiempo de gracia que nos regaló nuestra familia para hacer un alto en el camino, podemos decir con alegría que crecimos en la fraternidad. Llegamos de lugares distintos y distantes para compartir la misión, la fe y nuestro propio caminar. Algunos ya nos conocíamos de tal manera que hicimos memoria de una fraternidad vivida en tiempos pasados, otros era la primera vez que nos encontrábamos pero pasamos juntos momentos inolvidables.

En estos años la misión dejó una marca en nuestra vida: alegrías y esperanzas en ocasiones, heridas y cansancios en otras. Sin embargo la oración, la reflexión y el compartir nos ayudó a leer y celebrar el camino andado en estos primeros años de consagración a la misión de Jesús y de la Iglesia y al servicio del Reino. Intentamos hacerlo con los ojos de Dios, como amigos, como hermanos y como miembros de la familia misionera de la Consolata.

No hicimos este caminar solos: nos acompañaron hermanos mayores que nos ayudaron a pensar la misión en otro modo: como búsqueda esperanzada del Reinado de Dios que desde la pobreza se impone a nuestra historia, en el diálogo interreligioso y en los nuevos areópagos y modelos de misión. Nos acompañaron también numerosas comunidades cristianas, comunidades nuevas dispuestas a caminar, comunidades alegres y acogedoras, comunidades fértiles, personas que están buscando el evangelio de una manera más radical y nueva. En nuestro día a día encontramos algunos que nos regalaron luces y despertaron interrogantes que tocaron el corazón de nuestro corazón: "la misión de Jesucristo hoy". En todos esos aportes, que sinceramente agradecemos, hallamos, como en un inmenso rompecabezas, las piezas que nos ayudarán a construir un nuevo paradigma de la misión.

Hoy estamos a punto de volver a nuestros países de trabajo, pero lo hacemos sabiendo que en el horizonte está una misión que se nos encara con un rostro nuevo y desafiante: la soñamos más evangelizadora, a la búsqueda de alternativas que nos ayuden a construir una humanidad nueva y un mundo nuevo, más articulada con las diferentes fuerzas eclesiales y civiles, más coordinada en sectores de interés específico, iluminada por una espiritualidad encarnada y dispuesta a asumir el conflicto, fiel a la promesa y a la alianza que Dios hizo y hace en el aquí y ahora de nuestra historia.

Sabemos que el nuevo rostro de la misión, al que miramos con confianza, desafía a la iglesia, a nuestra comunidad misionera pero primero a nuestro propio proyecto de vida. Por eso, renovados en la esperanza, queremos ser más abiertos a la acción del Espíritu Santo que todos los días pone en discusión nuestra identidad y certezas y nos invita a dar un significado nuevo al seguimiento de Jesús. Seducidos por Jesús pobre, sacramento de la debilidad de Dios, escuchamos el grito de los pobres y en él reconocemos el acontecer del Reino de Dios en las situaciones humanas que acompañamos. Con la ayuda de Dios y de los hermanos esperamos seguir viviendo con pasión cada nuevo amanecer misionero.

São Paulo, 30 de octubre de 2007
Ultima modificación ( 02.11.2007 )