| Inicio |
| Links |
| Buscar |
| Contáctenos |
| Mapa del sitio |
| Créditos |
| "No privaticemos el Evangelio que hemos recibido" |
|
|
| Escrito por Card. Jorge Bergoglio | |
| 21.09.2007 | |
|
En esta Palabra de Dios que nos acaba de ser anunciada podemos imaginar tres fotos, tres imágenes. La primera imagen de Jeremías; la segunda imagen de este Pueblo de Dios, esa nube de testigos; la tercera imagen de Jesús diciéndonos estas palabras tan duras. En la Segunda Lectura, en esa segunda imagen escuchamos: “…ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos…”. No estamos solos, y gracias a Dios no estamos solos; porque pobre de aquél que se dice cristiano, o se cree cristiano, y tiene su conciencia aislada de la Iglesia, no está en el Pueblo de Dios, en la Iglesia. El Padre Virginio recién nos decía ese tercer aspecto: “pertenece a la Iglesia”. Estamos en Iglesia ¡y que lindo como el autor del texto bíblico que, inspirado por el Espíritu Santo, describe lo que es la Iglesia: una nube de testigos, de hombres y mujeres que vinieron antes que nosotros, de hombres y mujeres que están caminando con nosotros!... No estamos solos, no te cortes solo, caminá en Iglesia, sino tu siembra no sirve para nada; caminá en Iglesia pero en esta Iglesia que es testigo, que es testimonial, esta Iglesia que no se puede callar porque ser testigo precisamente es eso. Juan lo dice tan lindo: “lo que hemos visto y oído no lo podemos callar”. Acá lo transmito: yo les cuento lo que ví y oí. El cristiano, cuando se le endereza la lengua o cuando se amordaza, deja de ser cristiano, porque un cristiano no puede callar lo que escuchó, lo que vió. No puede callar a su Señor, y estando en Iglesia estos testigos son los que nos anunciaron a nosotros, y si nosotros hoy creemos, y si nosotros estamos bautizados, es porque antes que nosotros hubo una nube de hombres y mujeres que anunciaron, que contaron, que no se permitieron callar lo que habían visto y oído: al Señor Jesús. Somos peregrinos de esa columna tan grande, así nos tenemos que sentir. Ser testigo es algo muy público, ser testigo es algo que nos lleva a no poder vivir escondidos. Por favor no privaticemos el Evangelio que hemos recibido, no es para vos sólo, para que lo guardes; en cuanto lo guardaste para vos solo, para tu vida, para tus gustos, para tu armonía interior, para lo que vos quieras, pero para vos, lo adulteraste y dejó de ser Evangelio. Porque el Evangelio es para ser recibido y ser anunciado. Entonces el cristiano está como en ese doble movimiento: un movimiento centrífugo que es recibir la Palabra y meterla en el corazón para que eche raíces, y un movimiento centrípeto que es lanzar esa Palabra hacia fuera. En esta nube de testigos, nos dice el autor: “entonces, despojémonos de todo aquello que nos estorba” y lo que nos estorba es ese estar metido “para mi solo” ¿no es cierto?, esa psicología de: -permítanme la palabra- “yo, me, mi, conmigo, para mi” y un cristiano no puede vivir así (yo, me, mi, conmigo y para mi). Un cristiano tiene que vivir para su Señor y para el pueblo al cual debe anunciarlo: eso es ser testigo. Esa nube de testigos nos rodea. Esa nube de testigos nos lleva adelante. Esa nube de testigos es la que nos está enseñando como se camina en cristiano. Nadie, ninguno de nosotros, por mas pintado que sea, ninguno de nosotros puede presentar una alternativa a esta nube de testigos. Padres, madres, abuelos, abuelas, nos han precedido y nos han anunciado. Entonces despojémonos de lo que nos estorba: de ese egoísmo, de ese “yo, me, mi, conmigo, para mi”, de ese querer usar el cristianismo como elemento de maquillaje de la vida y no como una fibra que me da consistencia y hace que yo se la de a otro. Metámonos en ese choque de fuerzas, centrífuga y centrípeta, no privaticemos el evangelio, es para ser anunciado. Entonces lo vemos a Jeremías, la otra foto. Pobre Jeremías, dijo la verdad de lo que iba a pasar: “por los pecados de este pueblo le iba a pasar esto, esto y esto”. ¿Y qué le paso? Lo agarraron con una soga y lo tiraron a un pozo, a un aljibe. Este testimonio es fundamentalmente martirial. El Padre Virginio decía sobre todo cuando se comienzan las comunidades cristianas son regadas por sangre. Si yo me tengo que despojar de todo y toda, fundamentalmente me tengo que despojar de la comunidad y saber que si yo anuncio el Evangelio voy a tener problemas. Esto que le pasó a Jeremías es lo que después Jesús nos va a decir en el Evangelio: “miren, yo no vine a traer la paz sino la guerra”. ¿Qué quiere decir?, ¿que vino a sembrar odio?. No. Que su Palabra va a poner las cosas claras, como son. Lo va a decir en otro momento: “el que no está conmigo esta contra mi”. Cuando anunciamos vamos a tener problemas. Quizás a ninguno de nosotros nos corten la cabeza, quizás. Pero que se van a burlar de nosotros, por supuesto ¿cuántas veces en lugares de trabajo, de estudio, en el barrio a alguno de ustedes no le dicen: “que vieja chupa cirio, que tipo chupa cirio”? ¿o no? Y se burlan, se burlan: “esta se va a quedar para vestir santos”. Es decir, lo primero que tenemos que sufrir es la burla. Si damos testimonio sepan que se van a burlar. Y nos van a difamar, y nos van a calumniar. Es parte del anuncio del Evangelio. Pero no tengamos miedo, tampoco lo busquemos, si viene eso el Señor nos dará la fuerza para eso. Pero sepamos que si un cristiano nunca tiene problemas por anunciar el Evangelio, una de dos: o no es cristiano o anuncia una cosa que no es precisamente el Evangelio. Algún problema siempre hay que tener, porque el Señor lo dice, porque estamos llamados a un trabajo arduo. Por eso en la Segunda Lectura nos dice el autor, inspirado por el Espíritu Santo: “corramos resueltamente al combate que se nos presenta”, ese “combate” es llevar hacia delante. Y Jesús dice: “tengo que recibir un bautismo”, y ahí se refiere al bautismo de la cruz, el bautismo de la contradicción. Recuerden, ustedes, aquella escena tan linda, linda por lo familiar que es, pero a la vez llena de tensión: cuando estaban todos los discípulos y se acercó la mamá de Santiago y Juan. Y muy resueltamente la señora se le acercó a Jesús y le hizo una reverencia especial, que era la que se usaba cuando alguien quería pedirle algo al jefe o a la autoridad, ¿no es cierto?. Entonces Jesús la miró y dice: “¿qué querés?”. Y ella muy suelta de cuerpo le dice: “mirá, yo quiero que éstos, mis dos hijos, cuando vos tomes posesión del Reino, y… cortes la pizza, los dos pedazos de la pizza mas importantes que hay, uno que lo pongas a la derecha y uno a tu izquierda, y que la mejor porción se la lleven ellos”. Jesús les dice: “no saben lo que piden”; y le hace una pregunta: “¿ustedes están dispuestos a beber el cáliz que yo voy a beber?”; y ellos como eran buenos le dijeron: “si”. Y después les dice: “pese a que van a beber ese cáliz no les puedo dar eso”. La misma pregunta hoy Jesús nos la hace a nosotros: “¿Estás dispuesto a beber el cáliz que yo voy a beber, este bautismo con el cual yo tengo que bautizarte -supone esfuerzo, horas de oración, trabajo, presentar fidelidad al Evangelio, desgastarte continuamente para que los hermanos vivan en la Iglesia, en esta nube de testigos-? ¿Estás dispuesto?”. Y cada uno hoy contéstese, que uno le diga: “Sí Señor, estoy dispuesto porque, por ay, hoy estás con una gran fuerza del Espíritu Santo y se siente consolado”. Quizás alguno le dirá: “mirá Señor, todavía no estoy dispuesto, tengo mucho miedo, ayudame”. Otro le dirá: “Señor estoy dispuesto pero sabés que soy débil”. No se, cada uno dé la respuesta. “¿Estás dispuesto a seguir este camino de la nube de testigos, este camino que trae problemas, este camino: “Mi bautismo, este cáliz que yo voy a beber”? ¿Estás dispuesto?” Y quizás, en esta misa, cuando presentemos las ofrendas sería lindo que cada uno le presentara, al Señor, la respuesta como ofrenda. “Señor tengo ganas de estar dispuesto, estoy dispuesto, no estoy dispuesto, soy un atorrante, no se”… su verdad. Pero sepan que no la dicen solos, la dicen acá, en una nube de testigos. Porque nosotros configuramos una nube de testigos, que viene caminando desde lejos y va a seguir caminando. Que la ofrenda de hoy, entonces se haga frente a Jesús que nos pregunta a nuestro corazón: “¿estás dispuesto?”. Y cada cual póngale en verdad. Y corramos al combate, a este combate lindo del Señor que nos quiere, y corramos sin miedo… “Te contesto para siempre”. Cuando tenemos que entrar en momentos difíciles de vida, o momentos oscuros, o en momentos de compasión como va a ser este en el ofertorio, de dar respuesta, bien agarraditos de la mamá de Jesús, bien agarraditos de María, como un chico cuando tiene miedo que se agarra de su madre. Y de la mano de Ella seguro que no nos vamos a perder. |
|
| Ultima modificación ( 20.09.2007 ) |
| Quiénes somos... |
| El beato G. Allamano |
| Castelnuovo Don Bosco |
| La Consolata |
| Novena Beato Allamano |
| Santidad |
| Boletín |
| Documentación |
| Nuestras revistas |