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A la Región Congo PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Piero Trabucco, IMC   
15.02.2006

VISITA A LA REGIÓN CONGO-ISIRO
28 sept. – 14 oct. 2004



15 de noviembre de 2004


15 de noviembre de 2004


Queridos Misioneros:
Al enviaros esta carta, casi un mes después de la conclusión de mi visita a la Región Congo-Isiro, deseo expresar una vez más mi agradecimiento al Señor por haberme permitido pasar tres semanas entre vosotros. Hasta ese momento, la visita tuvo que suspenderse hasta dos veces por diversos motivos. Por fin hemos podido llevarla a cabo serenamente, incluyendo en ella la visita a todas las comunidades y contando con la participación de todos los misioneros.
Quiero expresar también mi agradecimiento a la Dirección Regional por la preparación que hizo preceder a la visita y por su actitud comunicativa conmigo, tanto al comienzo como al final de la misma. Agradezco especialmente al P. Rinaldo Do, Superior Regional, el esfuerzo que hizo para facilitar mi encuentro con los hermanos de todas las comunidades y con los diversos representantes de las tres diócesis donde trabajamos.
Esta visita ha tenido una peculiaridad: la de haber sido realizada solamente en la zona norte (Isiro), cuando ya la Región estaba nuevamente reunificada. Por tanto, más que una verdadera visita canónica a la Región, definiría las tres semanas pasadas entre vosotros como un encuentro fraterno que ha permitido:
- A la Dirección General tener una visión más pormenorizada y de primera mano de la vida y de las actividades de la Región;
- A la Región, enfocar su atención en una serie de temas que sin duda deberán ser nuevamente tratados en futuros momentos programáticos;
- a todos los misioneros, tanto del norte como de la Capital, preguntarse sobre las implicaciones y las consecuencias de la reunificación que acaba de hacerse.
Aunque las circunstancias en las que la visita se ha producido no han sido quizá las mejores para hacer opciones duraderas, no ha dejado de proyectar caminos que podrán ser utilizados más tarde, con ocasión de la próxima Conferencia Regional.
Esta carta, que queremos breve, recoge algunas consideraciones expresadas en la asamblea regional de Isiro y las maduradas durante los encuentros con las comunidades locales. Se la envío, además de a vosotros, a los misioneros de Kinshasa, porque varios temas pueden tener interés para ellos también, ahora que forman parte de la única Región Congo. Como introducción al resto, hago una breve descripción de la situación del país que puede ser interesante a los misioneros de las demás Regiones.

1. La República Democrática del Congo hoy

Al llegar a Isiro el 28 de septiembre, además de saludar a los religiosos presentes, pude acercarme al Director del aeropuerto, que me decía al darme la bienvenida: “En Congo, después de años transcurridos en la noche y la oscuridad, se anuncia un alba prometedora. Incluso está ya presente entre nosotros”. Y pude comprobar la verdad de esta afirmación durante mi permanencia en el país. He encontrado un Congo en paz y deseoso de quemar etapas para llegar a una situación de normalidad que signifique seguridad en la ciudad y las calles, una comunicaciones en el interior del país, una apertura de las antiguas escuelas y la construcción de otras nuevas, la promoción del comercio y de las pequeñas industrias artesanales que surgen por todas partes, insistencia por parte de los responsables en los temas de la reconciliación y de la reunificación de todo el país.
El Gobierno nacional de transición está preparando, en medio de las inevitables incertidumbres, las elecciones generales, que tendrán lugar el año próximo, que significarán la legitimidad de los gobernantes y colmarán definitivamente los vacíos que todavía persisten en numerosos sectores de la vida del país.
Hace algunos meses el Comité Permanente de los Obispos congoleños dirigió una carta a todos los fieles del país y a todos los hombres de buena voluntad en la que, además de alabar los esfuerzos hechos para introducir al país en el camino de la pacificación y poner de relieve los aspectos que abren a la esperanza, quisieron también denunciar lo que ellos llaman “zonas de sombra”. Esa carta ofrece una panorámica amplia y objetiva sobre la situación actual del país, aunque se detiene en los aspectos que todavía son un problema y que deben ser afrontados y resueltos por el Gobierno y por todos los ciudadanos:
- Las esperanzas que el pueblo había puesto en el Gobierno de transición eran muchas. El Gobierno está dando pasos adelante todavía con demasiados titubeos e incertidumbre, mientras que los políticos no siempre consiguen esconder sus juegos de poder. El pueblo espera más de quienes detentan la autoridad.
- Los desequilibrios sociales, peligrosos y dramáticos, dejan espacio a los arrivismos de algunos que lo único que intentan es acaparar la poca riqueza existente, dejando a la mayoría de la población en una situación de pobreza extrema. Las reformas anunciadas con tanto énfasis por el Gobierno de transición apenas se ven, mientras que la corrupción se extiende todavía sobre numerosos sectores de la vida nacional.
- Los largos años de la guerra han privado al país de gobernantes competentes. Los obispos lamentan el “dilettantismo” en la gestión del poder, lo que no presagia nada bueno. Además lamentan que muchos políticos parecen desear la prolongación a ultranza de este periodo de transición, lo que afecta muy negativamente al bien del pueblo.
- La negligencia y la ligereza de los administradores y de los responsables de los servicios sociales están en la base de numerosos incidentes que ponen en peligro la vida de personas inocentes. Parece –afirman los obispos– que el valor y la sacralidad de la vida humana han dejado de ser considerados y respetados debidamente y que deberían prevalecer en una sociedad civil.
- Responsabilidad, compromiso y conciencia moral deberían mover a los líderes del país. Parece, por el contrario, que perdura en ellos el instinto beligerante, que contribuye a encender los ánimos de un pueblo contra otro.
En esta situación delicada y frágil, aunque también cargada de esperanza, la Iglesia confirma su misión de servir al pueblo juntamente con todas las personas de buena voluntad, a través de una obra capilar de formación cívica. Afirman los obispos que la obra educadora de la Iglesia forma parte de su misión evangelizadora que se expresa no solamente en el ámbito restringido de la religión, sino también el social. Repetidamente insisten en conceptos como democracia, reconciliación, respeto de los derechos humanos, respeto de la vida, diálogo, bien común. Merece la pena transcribir la conclusión de su mensaje del 14 de febrero de 2004:
«Hermanos y hermanas: el destino del Congo no está condenado a seguir siendo una tragedia. En este sentido, la transición debe suscitar esperanza. Necesitamos una auténtica voluntad política para acelerar el proceso. Nosotros, vuestros pastores, os exhortamos una vez más a tomar las riendas de nuestro destino para llevar al Congo a la democracia. No nos bajemos de brazos, sino permanezcamos siempre vigilantes (cf. 1Pe 5,8-9). Apresuremos la llegada del Reino de la paz y de la justicia, de la verdad y del amor en nuestro país. Nada es imposible con el Señor (cf. Lc 1,37)».

2. La reunificación de la Región

Mientras en 1999 la situación política del Congo había aconsejado la separación de las comunidades regionales en dos grupos (Región Congo-Isiro y Delegación Congo-Kinshasa), en este momento, la evidente mejora social ha sugerido a la Dirección General a llevar a cabo la reunificación. Ésta tuvo lugar el primero de octubre de 2004, haciendo de las dos circunscripciones una sola Región, guiada por una Dirección Regional transitoria. La plena “normalidad” se verificará después del Capítulo General, cuando una nueva Dirección Regional sea elegida por los misioneros, según los modos por ellos queridos.
En los últimos cinco años, las dos circunscripciones han recorrido caminos autónomos en todos los campos. Los intercambios entre la Región del Norte y la Delegación del Sur, en cuanto al personal, los proyectos misioneros o las iniciativas de formación permanente, no han podido realizarse. Cabe notar que dicha autonomía no ha afectado al compromiso misionero de los dos grupos. Al contrario, después de cinco años, la Región se encuentra con una mayor riqueza de personal y con un número mayor de comunidades y obras.
Repaso ahora las tareas que, a mi modo de ver, tenéis ante vosotros y que de modo diverso deberéis afrontar en los próximos meses con el fin de completar eficazmente el proceso de reunificación:
- Poner en marcha un proceso de armonización entre los dos grupos, tratando de sintonizar nuevamente vuestros programas y haciendo que emerjan unas líneas comunes que os guíen en vuestro trabajo misionero. A la Conferencia Regional debéis tratar de llegar no con dos “almas” diferentes, sino como una familia unida que, en la complementariedad de los dos grupos, persigue el único intento del bien de todos y la realización del proyecto misionero regional.
- En los próximos meses deberéis también hacer una reflexión sobre la sede de la Región. Aunque la elección compete al Superior Regional con su consejo, no se pueden ignorar las implicaciones que la misma puede tener, por lo que es oportuno que haya un discernimiento de toda la Región. Es también conveniente recordar que ya en el pasado sexenio se dieron pasos concretos para establecer la sede en Kinshasa, porque se consideraba un lugar más apropiado, teniendo en cuenta especialmente nuestros centros formativos.
- La próxima Conferencia Regional tendrá que afrontar seriamente el tema de la planificación regional, después de un periodo de cinco años en que los dos grupos han caminado autónomamente. Es oportuno que desde ahora se ponga en marcha un discernimiento atento, realista y previsor sobre este tema. Es de gran importancia para el futuro y la serenidad de la Región.

3. Incidencia del Proyecto Comunitario de Vida (PCV)

Fue confortante para mí constatar que todas las comunidades tienen un Proyecto Comunitario de Vida, que anualmente se revisa y actualiza. Todos estamos convencidos de que dicho proyecto, aunque es solamente un medio, si se le cuida atentamente y se le utiliza bien, puede tener un efecto considerable sobre la forma de vida de la comunidad y sobre el trabajo apostólico.
No obstante, confesábais que muchas veces el PCV tiene simplemente la función de programación comunitaria o apostólica. No consigue todavía incidir profundamente para corregir los puntos débiles de la comunidad y para sostener las actividades y los programas apostólicos. Aunque cada comunidad lo redacta anualmente y con frecuencia en presencia del Superior Regional, posteriormente no se toma en consideración a lo largo de las revisiones periódicas de vida y de trabajo.
Os exhorto, por tanto, a cuidar más vuestro PCV, dedicando todo el tiempo necesario a su formulación y utilizando los subsidios que la Dirección General facilitó en su día (cf. Consagración y misión, pp. 725-741). Referíos a él frecuentemente, especialmente en vuestros encuentros comunitarios semanales, actualizadlo en el caso de que lo considerarais necesario. Se trata de un instrumento maleable y eficaz cuando se le utiliza frecuentemente.
Que el PCV apoye también vuestra oración comunitaria. Las comunidades locales no pueden normalmente tener más de dos encuentros semanales de oración. Cuidadlos bien, por tanto, y vividlos con calma para conseguir que vuestra oración sea significativa. Reanudad con empeño la práctica del retiro mensual, realizándolo con otros misioneros donde y cuando sea posible.
Finalmente, el PCV debe contemplar el encuentro comunitario semanal (cf. Const 25.1) y programarlo con esmero, teniendo en cuenta las diversas dimensiones de nuestra vida que necesitan confrontación y diálogo. El superior local debe sentirse responsable en convocarlo y prepararlo. Será fructífero si se saben alternar los momentos de revisión de vida con la programación pastoral, la profundización de temas pastorales con la atención a la formación permanente del personal misionero. El PCV puede convertirse en un medio incomparable para favorecer el diálogo comunitario y armonizar todos los aspectos de nuestra vida, como el cuidado de la salud y del descanso, la profundización de los temas del Instituto, la capacidad para compartir el proyecto pastoral, la actualización constante y la comunicación intensa entre todos los miembros de la comunidad.
Aludo a un último aspecto sobre el que nos detuvimos durante la visita. Para que el PCV pueda tener la debida eficacia, es necesario que la comunidad local tenga un número suficiente de personal. Que el esfuerzo por conseguir tres misioneros en cada comunidad no quede frustrado por el deseo de nuevas aperturas o por una mayor eficacia en el trabajo. Recordemos que es justamente el testimonio de nuestra vida la mejor aportación que podemos hacer ala gente y a la Iglesia. Y este testimonio puede ser ofrecido solamente por comunidades consistentes y serenas.

4. Las vocaciones

La reunificación de la Región deberá dar un nuevo impulso a la acción vocacional de todos los misioneros. La Región, en efecto, dispone en este momento del Seminario teológico, del Seminario filosófico, del Propedéutico y de los grupos de aspirantes en discernimiento en diversas misiones. El número de candidatos que piden entrar en el Instituto continúa siendo constante e incluso crece. Ante este escenario, permitidme que recuerde algunos aspectos que han ido emergiendo a lo largo de la visita.
Son numerosos los jóvenes que piden entrar en la vida religiosa o miran al sacerdocio. Pero necesitan guías cautos y consejeros capaces de acompañarles en el discernimiento de los motivos reales de su opción. Esto debe ser así no solamente cuando los jóvenes se encuentran en nuestras casas de formación, sino desde su primer contacto con nosotros. Se trata de un servicio de gran importancia non solamente para el candidato, sino también para evitar llenar nuestras casas de jóvenes que no tienen una verdadera vocación a la vida misionera y sacerdotal. Al mismo tiempo es necesario ayudar a los jóvenes a emprender un profundo camino de fe como premisa indispensable para descubrir la voluntad de Dios en su vida y responder a su llamada.
Cada uno de nosotros debe sentirse interpelado por la realidad de las vocaciones que realizará con el interés por la pastoral juvenil, con la proximidad a nuestras comunidades formativas o estando disponibles para ofrecer a los jóvenes la dirección espiritual o la formación a la vida de la fe.
En el curso de la visita han surgido otras preguntas cuyas respuestas necesitan necesariamente todavía mucho discernimiento por parte de todos los componentes de la Región. Me permito recordar algunas:
- Todos nuestros jóvenes candidatos del Norte van a Kinshasa para su formación. ¿No sería oportuno pensar en un propedéutico también en Isiro?
- Algunos candidatos provienen de diócesis donde el Instituto no está presente. ¿No necesitaremos al respecto de un atento discernimiento sobre la oportunidad de continuar con ese modelo?
- ¿Podría la “Maison Oscar”, recientemente abierta en Isiro, convertirse en un centro de animación misionera y vocacional? ¿No se podría pensar seriamente en destinar a un religioso a tiempo completo a este trabajo?

5. La evangelización, la promoción humana, la justicia y la paz

Después de largos años de emergencia, debidos a la precaria situación política y social del país, parece que el tiempo sea ahora oportuno para emprender una evangelización en profundidad. Se consideran opciones pastorales prioritarias las siguientes: la formación de los líderes, el acompañamiento de los catequistas y de los catecúmenos, el seguimiento de los numerosos grupos y movimientos, la atención a los jóvenes y a la educación.
He podido observar que cada parroquia tiene peculiaridades y características propias derivadas de las situaciones humanas y sociales en las que se encuentran, de las exigencias de las propias iglesias locales o fruto de la creatividad pastoral de los misioneros. La posibilidad de desarrollar, en este momento, una decidida actividad pastoral debe favorecer la vuelta de estas obras o actividades pastorales dentro del contexto de la propia parroquia. Las obras caritativas, como las sanitarias, la pastoral de particulares grupos étnicos, las iniciativas educativas y escolares deberán sentirse como algo que debe interesar a toda la comunidad parroquial. Lo que quiere decir que ésta debe poco a poco asumir la responsabilidad de su dirección para garantizar su continuidad y futuro.
El interés IMC por la pastoral de los Pigmeos estuvo en el origen de la parroquia de Bayenga. Son relativamente numerosos y están caminando decididos hacia una mayor integración con las poblaciones Bantu. Los padres están ahora más dispuestos a enviar a sus hijos a la escuela. En el “Projet pastoral IMC pour les Pygmées”, redactado por la parroquia de Bayenga, se optó por un intenso programa de actividades entre esta población. Permitid que os recuerde dos exigencias indispensables para una pastoral significativa de los grupos étnicos: el estudio de la lengua y una presencia prolongada en medio de ellos.
Las obras sociales que contribuyen al desarrollo de la gente han recuperado ritmo e intensidad. Puede aparecer a veces la tentación de querer quemar etapas y no dedicar todo el tiempo necesario en buscar pacientemente la colaboración activa de la gente. Olvidar esta exigencia puede frustrar muchas veces los numerosos esfuerzos, además de no hacer un uso correcto de las ofertas de los bienhechores. Todos los proyectos –y tenéis muchos entre las manos– deben ser estudiados y aprobados por la iglesias local y por la Dirección Regional. Aunque su realización se confíe con frecuencia a un misionero individual, se la debe estudiar siempre dentro de la comunidad local. Así se evitarán muchos inconvenientes y la posibilidad, harto frecuente, de que un proyecto se paralice porque se cambia a un misionero de comunidad.
La reflexión y la formación en torno a los temas de la justicia y la paz se convierten en una exigencia urgente si se tienen en cuenta la situación en que se encuentra el país. Nuestras comunidades misioneras deben atenerse escrupulosamente a las orientaciones que son ofrecidas por los obispos o por la Iglesia congoleña. En la realización de iniciativas destinadas a la denuncia de abusos e injusticias hay que implicar al máximo posible los laicos. Su palabra es más libre y su acción resultará más eficaz que la nuestra.
En este contexto debemos mencionar el servicio estupendo que el Hospital de la Consolata de Neisu está ofreciendo a los enfermos de una zona muy extensa. Conocemos todos los apuros por los que ha pasado esta obra a partir de la muerte del P. Oscar Goapper. Os agradezco, en nombre de la Dirección General, la resolución con la que habéis afrontado este difícil momento y de que no hayáis retrocedido en vuestro afán de atender a los enfermos. Continuad apoyando y sosteniendo esta obra, que no deja de ser un maravilloso servicio de consolación de la Región Congo.

Conclusión

Termino esta carta el día en que el Instituto recuerda a los Misioneros difuntos. Confío a la intercesión del P. Oscar Goapper y del P. Ivano Magnani, todavía muy vivos en vuestro recuerdo y en el de muchas otras personas, a todos vosotros, vuestro trabajo misionero y el futuro camino de la Región unificada. Que desde el cielo pidan para vosotros celo apostólico y entrega a la causa misionera que tan profundamente caracterizaron sus vidas.
Que los beatos Isidore Bakanja y Anuarite Nengapeta sean los protectores de vuestra Región. Imitad su deseo de santidad y su celo misionero hasta el don de la vida. Os confío como consigna su testimonio de vida, que podemos resumir en las siguientes palabras del Padre Fundador: “La obra de la misión exige gran santidad. No basta una santidad mediocre. Os quiero santos y, como misioneros, santos en modo superlativo”.
Oro por cada uno de vosotros y os confío a la protección de nuestra Madre Consolata.
En nombre del Consejo General, os saludo fraternamente.

P. Piero Trabucco, IMC
(Padre General)

Ultima modificación ( 10.03.2006 )