Narrow screen resolution Wide screen resolution
Santa María de Iquique: Centenario de una matanza - I PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción de “Antena Misionera”   
16.08.2007
El escritor Nicolás Palacios, que fue testigo de la masacre, relata que luego de la muerte de los dirigentes del comité de huelga el fuego graneado: "fue tan vivo como el de una batalla, las ametralladoras producían un ruido de trueno ensordecedor y continuado (...) La fusilería, entre tanto, disparaba sobre el pueblo asilado en las carpas de la plaza y a los que huían desatentados del centro del combate (...) Callaron las ametralladoras y los fusiles para dar lugar a que la infantería penetrase por las puertas laterales de la escuela, descargando sus armas sobre los grupos de hombres y mujeres que huían en todas direcciones. Entre seis y siete mil huelguistas fueron llevados a la fuerza al Hipódromo, convertido en una especie de campo de concentración."

Acerca del número de muertos, varios investigadores estiman que llegó a una cifra aproximada de dos mil, incluyendo a casi todos los miembros del Comité de Huelga. La cantidad de 2.000 a 2.500 muertos aproximadamente aquel mes de diciembre. Muchos fueron “quinteados”, es decir, seleccionados cada cinco, y fusilados, método que 66 años más tarde el autor vio emplear en las cárceles de Pinochet.


En diciembre se cumplen cien años de masacre de Santa María de Iquique. Posiblemente hubiera pasado al olvido si no fuera por el disco “Cantata Popular de Sta. Mª de Iquique”, del grupo Quilapayú, publicado en 1970.

Chile había conseguido la independencia de España el 12 de febrero de 1818. Unos cincuenta años más tarde se anexiona una amplia zona del norte, especialmente Antofagasta, a costa de territorios bolivianos y peruanos.

¿El motivo? La riqueza que suponía el salitre (nitrato de sodio). Chile, como otros países latinoamericanos ya había pasado del colonialismo español al neo colonialismo británico.

El salitre dará lugar a la matanza de la escuela de Santa maría de Iquique, uno de los primeros movimientos populares contra siglos de dominación.

Ésta es la crónica de la lucha por una auténtica independencia.

Antecedentes

1907 se transformó en un año crítico. Gobernaba el país Pedro Montt. La moneda se depreció considerablemente, que llegó a valer apenas 8 peniques. Los artículos de primera necesidad y otras mercaderías alcanzaron subidos precios. Un gran malestar se produjo en los trabajadores. Se estimó necesario estabilizar el valor de la moneda.

La industria salitrera estaba sujeta a una nueva combinación, con la finalidad de establecer la limitación de la producción para obtener un mejor precio para el nitrato de sodio. La situación de la industria era floreciente. Se estaban construyendo nuevos establecimientos salitreros, en su mayor parte ubicados en la provincia de Antofagasta. El estado obtenía abundantísimos recursos generados por la renta del salitre.

En noviembre de ese año trabajaban en los distritos salitreros de Tarapacá y Antofagasta cerca de 40.000 operarios, de los cuales 13.000 eran extranjeros: bolivianos y peruanos. En Iquique vivían participando en la sociedad y desahogados económicamente. La depreciación monetaria produjo malestar en Iquique y las salitreras. Era inevitable que se produjeran movimientos huelguísticos, como único recurso para lograr mejoras económicas y así hacer frente a la carestía de la vida. El encargado de negocios de Gran Bretaña, que visitó los distritos salitreros poco antes de diciembre, dio a conocer en un despacho al Ministerio de Relaciones Exteriores de su Majestad, que probablemente esta situación daría origen a conflictos laborales en las salitreras.

Estalla la Huelga

A principios de diciembre los trabajadores de la empresa de los ferrocarriles salitreros se declararon en huelga, que finalizó al accederse a su demanda de pagarles sus salarios al cambio de 16 peniques. El 9 de diciembre las cuadrillas de las casas salitreras del puerto paralizaron sus labores reclamando también se les pagara 16 peniques por su trabajo. Su petición fue rechazada, pues los patrones sostuvieron que ya anteriormente habían obtenido aumentos en sus salarios.

Parecía que era solamente una huelga más decretada por esos trabajadores. Pero pronto recibió respaldo en la pampa, del cantón de Alto San Antonio. La huelga se hizo presente también en la Oficina San Lorenzo. El Cónsul Británico afirma que los obreros que allí trabajaban recibieron la visita de una comisión de los huelguistas iquiqueños. Una columna de pampinos de ese centro salitrero se dirigió a la vecina Oficina Santa Lucía, que paralizó sus faenas. El movimiento halló luego apoyo en otras Oficinas. Al día siguiente los trabajadores de unas 30 oficinas habían parado sus labores y gradualmente empezaban a congregarse en diferentes puntos sobre la red ferroviaria salitrera y comenzaban lentamente su movimiento en dirección a Iquique.

Los operarios ahora venían al puerto para que sus dirigentes trataran con las autoridades y salitreros sus demandas. Este nuevo procedimiento obedecía al deseo de que se escucharan debidamente sus aspiraciones, en vista del fracaso de sus peticiones anteriores ante las autoridades.

Los dirigentes de los pampinos se entrevistaron con la primera autoridad interina, a quien le informaron sus demandas. Guzmán García, Intendente de la Provincia, que les expresó que la autoridad tenía el deber de escuchar con atención y de poner lo que estuviera de su parte para satisfacer de una manera conveniente las presentes dificultades. Les hizo ver su satisfacción por el orden mostrado por los obreros a su arribo a la ciudad. El Comité Directivo le manifestó que el orden no sería alterado en ningún caso. El Intendente les manifestó que el clima pacífico favorecería el estudio de su petición, pero les advirtió que serían reprimidas con energía las manifestaciones contra el orden, las personas y la propiedad.

El mandatario provincial en una nueva conversación les propuso una tregua de 8 días para permitir que todos los salitreros se pudieran reunir y estudiar sus demandas, buscando una solución armónica, debiendo regresar a la pampa a reanudar sus faenas. Sólo quedaría en la ciudad una comisión para las negociaciones. De no llegarse a un acuerdo, quedarían en libertad de reiniciar el movimiento. Los pampinos contestaron que no regresarían a sus Oficinas hasta no recibir una contestación definitiva a sus peticiones.
Ultima modificación ( 14.08.2007 )