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(1912-2004)
Nativo de Val di Non, Luigi nace en el seno de la familia forada por el matrimonio de Francesco y Luigia Bottocletti el 9 de septiembre de 1912 en Sanzeno (TN). Entra en el Instituto en 1925, en la casa de Madonna del Monte, en Rovereto,: “Era un taponcito de doce años… Aquí comencé a ser un águilucho”. Se consagra al Señor con la profesión religiosa en 1933 y es ordenado sacerdote en 1937, no sin alguna objeción a causa de su escasa estatura. Le llamaban “la pulguita” de la clase y parece que no querían admitirle al hábito religioso por este motivo. Durante un año fue profesor en el pequeño seminario de Gambettola y seguidamente, en 1939, parte rumbo a Mozambique. Durante el viaje estalla la Segunda Guerra Mundial y el barco alemán que le lleva es hundido al retorno por los ingleses en las proximidades de Francia. Llega a Massangulo, en el Niassa, donde trabajará durante 40 años, 30 de los cuales al lado del padre Pietro Calandri, el primer misionero católico llegado a aquellas tierras y fundador de la misión. Como atestigua el padre Mario Teodori, “en Massangulo el padre Wegher aterrizó en su mundo y ya nadie le moverá de allí. Un san Luis por virtud y un san Juan Bosco por la disciplina y la formación de incontables jóvenes. Aquí el padre Luigi tiene la oportunidad de manifestar toda su capacidad poética, de escritor, de dramaturgo, de tipógrafo, de dactilógrafo, de cartógrafo, etc. Y todo aquel montón de iniciativas fue una auténtica revelación”. Su campo de trabajo es la escuela de la misión, de la que es director y que en aquellos tiempos contaba con 500 alumnos provenientes de todas las partes de Mozambique y de Malawi. Efectivamente, aquella era la única misión que acogía a los africanos y los mulatos a los que nadie quería. Además, tenía a su cargo el orfanato, con sesenta niños. Generaciones de niños y jóvenes son modelados humana y cristianamente con su duro y constante trabajo. Además de profesor, en compañía del hermano Ugo Versino, director de la Escuela de Artes y Oficios, pone en marcha una pequeña tipografía, encuaderna libros y boletines oficiales del Gobierno, tiene un estudio fotográfico y enseña dactilografía, todo en favor de la formación y promoción humana de la juventud. Además es un apasionado del teatro, del cine y de los audiovisuales, medios que sabe usar estupendamente en la evangelización de los niños y los mayores. Aunque el trabajo es desbordante por todas partes, en 1954 el padre Wegher consigue organizar nada menos que una banda musical compuesta por 35 personas que, dirigida por el padre Ernesto Motta, toca con motivo de las fiestas y procesiones de la misión y cuando el presidente de Portugal y otras personalidades visitan Niassa. El trabajo es duro y exigiría el doble del personal que hay, lo cual “supone una carga enorme sobre nuestras espaldas, que supera desde hace mucho tiempo nuestras posibilidades y solamente el amor a nuestra vocación consigue soportarlos” (carta al padre Domenico Fiorina, superior general, el 18.04.1951). Gracias a aquella entrega, Massangulo, se convierte en un ejemplo para los misioneros de la Consolata, motivo de orgullo ante toda la nación. Así lo pone de relieve Luis Moreira de Almeida, inspector del Ministerio de Educación tras visitar la misión: “El 13 de noviembre de 1951 he visitado la Misión de Nuestra Señora de Massangulo, experimentando la más grandiosa, grata y consoladora de las impresiones. Sin exagerar y sin parcialidad alguna, tengo que reconocer que ni en las misiones nacionales ni en las extranjeras hay alguna que supere a ésta en organización, orden y celo misionero. Sin duda esta visita ha sido para mí una revelación imprevista, a pesar de que fueran prometedoras las referencias que nos habían llegado. Felicito a los Misioneros y las Misioneras por esta misión”. Dom Enrico Dias Nogueira, obispo de Lichinga, proclamó a Massangulo “madre y maestra de todas las misiones”. En 1971 el padre Wegher es nombrado superior de la misma. Son tiempos difíciles debido a la lucha armada por la independencia de Mozambique. En 1975 asiste a la nacionalización de todas las obras parroquiales. Numerosos emisarios de FRELIMO invaden la misión y con modales bruscos desposeen al padre de todas sus funciones y se adueñan de todo. El 23 de mayo asiste con amargura a la clausura del santuario de la Consolata. “Milagrosamente -cuenta el padre Wegher- pudimos salvar el Santísimo y la estatua de la Consolata. Yo mismo conseguí llevarla a Lichinga y dejarla en el palacio episcopal. Esa estatua recorrió el año pasado (2001) todas las misiones de Niassa… en peregrinación; ahora se encuentra nuevamente en Massangulo”. Los nuevos dueños buscan motivos para deshacerse de su presencia, por lo que se le convoca al palacio del gobierno y se le somete a un largo interrogatorio al que responde exhaustivamente. Incluso se atreve a pedir en esta ocasión la restitución de los cuadros del padre Calandri que adornaban la misión, cuadros de estimable valor artístico, y consigue que se le devuelvan. Hoy estos cuadros se encuentran expuestos en la Casa Generalicia de Roma. Fue también iniciativa suya poner a buen recaudo los diarios de la misión, y sugirió al padre Marchiol, superior regional, que los retirara de nuestras casas. Así se hizo y ahora esos preciosos testimonios del trabajo apostólico de los misioneros en Mozambique se guardan en el archivo general de Roma. Poco después, el 23 de mayo, recibe la orden categórica de abandonar Massangulo y dirigirse a Lichinga. Sus palabras reflejan toda la amargura de un padre que es separado de sus hijos: “Confieso sinceramente que después de cuarenta años de trabajo la recompensa es inaudita. Un hatillo de las cosas personales y nada más. Me despedí de todos y de todas las cosas. Nadie me vio marcharme, excepto las pocas religiosas que se quedaron y con un nudo en la garganta. Abandonar todo… Massangulo sin padre… Todas las escuelas en manos de profesores de tendencia marxista-leninista que, se quiera o no, inyectaban el ateísmo entre los jóvenes…” El padre Wegher habla de Massangulo, pero las nacionalizaciones fueron generalizadas y catastróficas. En pocos años se destruyó un trabajo de evangelización que había durado más de medio siglo, llevado a cabo por misioneros con un gran amor, con mucho sacrificio y hasta derramando su propia sangre. “La juventud de hoy (2002) no ha visto y no imagina cómo eran las misiones, el trabajo que se hacía en ellas y el esfuerzo de todos. ¿Cuándo terminará el analfabetismo? ¿Qué compromiso existe para recuperar el tejido social? ¿Y la nueva evangelización? Actualmente el Evangelio y la cultura representan un problema candente… Ánimo, no nos desanimemos a pesar de las dificultades. Hay trabajo para todos”, escribe el padre Wegher. Todavía hoy, dice el padre Teodori, “en Massangulo hablan de él las paredes en ruinas, la tipografía destrozada, el gabinete fotográfico destruido, la secretaría vacía, los dormitorios de los alumnos embadurnados con los letreros de todo tipo, los reflectores abandonados en algún rincón. Habla de él el palco, corroído por el viento y la lluvia, donde montaba sus teatros, proyectaba sus películas para alegría de grandes y pequeño y donde se exhibían los coros de los alumnos, acompañados por la banda comprada por él y dirigida con la batuta del magistral padre Ernesto Motta. Pero, más que las obras, hablan de él los que durante años fueron formados por sus desvelos y preparados para la vida, es decir, los alumnos que hoy están diseminados por todas partes en Mozambique. De Massangulo, además de muchos funcionarios del Gobierno y profesionales, salieron el doctor Brazâo Mazula, rector de la Universidad Estatal, y el padre Filipe Couto, rector de la Universidad Católica.” Acogido por el obispo de Lichinga, el padre Wegher trabaja como vicepárroco de la catedral. Aquellos días, escribiendo al padre Mario Biancchi, superior general, dice: “Me encuentro en esta diócesis. Usted sabe que he sufrido una fuerte contrariedad al verme encerrado en esta iglesia y aún peor tener que abandonar la misión en el mes en que cumplo cuarenta años de presencia en Massangulo. No obstante, tengo la satisfacción de haber trabajado hasta el final a pesar de todas las dificultades”. “El Evangelio resulta difícil. Poco podemos hacer en determinadas situaciones. Intensifiquemos la oración y ofrezcamos al Señor y a la Virgen María nuestra aparente inactividad apostólica. El sacrificio es redención. Deus providebit! Él puede obrar incluso sin nosotros, e incluso sin nosotros pueden ir las cosas mejor. La prueba nos purifica a nosotros y a nuestras comunidades. Por lo demás, la semilla sembrada no será frustrada. Tengamos fe en la obra del Señor. Él es el Salvador” (15.06.1979). En 1986, tras la muerte del padre Camillo Pontegghia, es nombrado vicario general de la diócesis, cargo que desempeñará hasta el momento de su muerte. Ofrece al mismo tiempo sus servicios como capellán dominical de las religiosas contemplativas Siervas de María, como confesor extraordinario de muchas congregaciones de religiosas, como predicador de ejercicios espirituales y como consejero y moderador de la Consolata del norte de Niassa. Como siempre, pues se trata de una característica de toda su vida, se le ve rodeado de niños desde por la mañana hasta por la noche, así como de muchachos y jóvenes, para los que nunca falta la película del domingo. La sala parroquial es muy pequeña para 500 muchachuelos que se amontonan para ver el espectáculo, pero verles felices le hace feliz a él. Y los pobres, los ciegos, los drogadictos y los mutilados por las minas, jóvenes y ancianos, no se marchan nunca con las manos vacías cuando llaman a su puerta. Desde Lichinga contempla los horrores de la guerra civil entre los grupos FRELIMO y RENAMO y sufre por ello: “Aquí nuestra Navidad ha sido ha sido maravillosa. Catedral e iglesia parroquial desbordantes de gente, preciosos cantos navideños y mucho fervor. A pesar de la maldita guerra, que persiste, seguimos trabajando… Niassa sigue estando atormentada… Salimos de visita a las comunidades, pero siempre con un el corazón en un puño. Dios y la Consolata, sin embargo, están a nuestro lado y nos guardan… Aquí en la ciudad hay bastante calma, pero fuera de ella prosigue la guerra y la gente huye a la selva por miedo a los ataques bélicos. Hay niños que sufren y mueren, hay refugiados a millares. En fin, tristeza y sufrimientos enormes. Yo me voy acercando a los ochenta años mondos y lirondos… 53 de ellos los he pasado en la misión de Niassa. Gracias a Dios puedo hacer todavía algunas cosas y el domingo divierto a cientos de niños con el cine… Fue siempre mi pasión, así como el teatro y la poesía (1992, carta a Madonna del Monte).
Escritor fecundo, supo expresar su genio artístico en numerosas publicaciones en las que describe usos y costumbres de Niassa y sus experiencias misioneras. Tampoco podemos olvidar sus obras de teatro, sus estudios y sus poesías. Su libro “Um olhar sobre o Niassa”, en dos volúmenes, nos habla de la historia y la geografía, de la realidad social y religiosa de Niassa. Fue publicado por Edizioni Paoline y tuvo un éxito considerable. Se hizo eco de él la televisión y fue comentado por mucha gente de la Iglesia y del mundo social. Otras obras suyas son un libro de poesías en italiano y otro en portugués, un opúsculo para profesores, “Luz no teu camino”, una novela no publicada, “Sidrek, il principe maledetto”, la biografía del padre Calandri, “L’uomo e la sua missione” y numerosas obras teatrales representadas en Massangulo y en otros lugares de Mozambique. En 1982 el Santo Padre le distinguió con la medalla “Pro Ecclesia et Pontifice”. Cuando celebró en 1999 sus 60 años de misión, dijo: “En el Mozambique de hoy solamente cabe arremangarse y no que se nos pongan medallas ni nos brinden otros honores”. Sesenta años de misión en Niassa le llevan a exclamar: “Magnificat anima mea Dominum…, mis gracias a la Consolata, al Beato Funador y al ángel de la guarda, amén, aleluya”. El 24 de julio de 2004 el Señor le llama a su lado. Tenía 92 años, 70 de profesión religiosa y 67 de sacerdocio. La misa funeral tuvo lugar en la catedral de Lichinga, desbordante de gente, fieles y amigos. La presidió monseñor Hilario Massinga, obispo de la diócesis, acompañado por todos los misioneros de Niassa. Estaban presentes también el gobernador y otras autoridades de la provincia, algunas de ellas formadas por el padre Wegher. El padre Artur Marques, superior regional, leyó su testamento espiritual, lo que creó un clima de gran emoción. Después de la misa, un imponente cortejo acompañó sus restos mortales hasta la misión de Massangulo, a 90 kilómetros de Lichinga, siendo acogidos por el párroco, el padre Mario Teodori, acompañado por la comunidad y muchos musulmanes. Fueron sepultados en el cementerio cristiano de la misión. El rito fúnebre, con la presencia del obispo y de casi la totalidad de los misioneros de la diócesis y del clero local, fue presidido por el padre Artur Marques. Fueron muchos y muy sentidos los discursos y los mensajes pronunciados o leídos por todas las categorías de las personas presentes. Ahora nuestro hermano descansa en paz en medio de su pueblo, al que tanto amó y que nunca le olvidará.
TESTIMONIOS
Para nosotros, como Instituto, perdemos con el padre Wegher el penúltimo contacto directo con el Fundador y sus tiempos. Fue recibido en nuestro pequeño seminario de Madonna del Monte en 1925, un año antes de la muerte de nuestro beato Fundador, José Allamano. De su curso queda solamente el padre Giuseppe Incicco, que trabaja en Cascavel, Brasil. Nuestra región Mozambique pierde con él a un ilustre decano. Era nuestro portaestandarte, el más antiguo testimonio de los primeros años de misión en Mozambique. Es verdad que encontró la misión ya organizada, pero la vivió intensamente y se dedicó a ella en cuerpo y alma, durante muchos años, al lado de pioneros de la primera hora. El amor y la veneración que siempre sintió y fomentó hacia ellos están bien documentados en los escritos y testimonios que nos dejó. El padre Wegher era una historia viviente para nosotros. Afortunadamente le gustaba escribir sus recuerdos, aunque poco se haya publicado de lo que escribió. Deja una vasta obra literaria inédita. La comunidad cristiana ha perdido con su muerte al último operario de las primeras horas de su evangelización. El padre Wegher, sin embargo, no perdió su tiempo y no vivió baldíamente, pues pasó toda su vida entre los niños y los jóvenes. Fue un gran educador. Supo modelar a los jóvenes y forjar en ellos auténticas personalidades. De su trabajo son un ejemplo admirable hombres ilustres que adornan hoy a la nación mozambiqueña por su seriedad y competencia en los servicios que prestan. Pero nosotros, todos sus hermanos más jóvenes, herederos tuyos y sucesores en la misión, perdemos a un padre, a un maestro, a un hermano, a un consejero, a un confesor, a un… amigo. ¡Sí, un gran amigo! Tú abriste un camino amplio y luminoso que abarca los últimos 65 años de la historia de Mozambique. Viaje glorioso y doloroso, pero sostenido por sólidas virtudes humanas, religiosas, sacerdotales y apostólicas. Quiera Dios que recibamos en herencia “una doble porción de tu espíritu”. Que Dios te recompense, padre Wegher, por lo que fuiste y por el ejemplo que nos dejaste. Que Dios te recompense por el amor y la entrega a esta Iglesia, a este pueblo y a esta misión. Ahora, desde el cielo donde te encuentras, sigue extendiendo, como prometiste, tu “mirada sobre Niassa” y sobre cada uno de nosotros. Ahora que estás libre de las debilidades y las limitaciones del cuerpo, haz que podamos sentir todos y siempre la fuerza de tu oración y de tu intercesión.
P. Artur Marques
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