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| Escrito por Dirección General | |
| 17.05.2007 | |
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COMPROMETIDOS AL SERVICIO DE LA MISIÓN
“Cuando llegaron, reunieron a la Iglesia y contaron todo lo que había hecho Dios por medio de ellos, y cómo había abierto a los paganos la puerta de la fe. Y allí permanecieron largo tiempo con los discípulos (He 14, 27-28). Roma, 29 de marzo de 2006
Queridos hermanos: Los caminos de la misión siguen itinerarios definidos por la Palabra de Dios, por la Iglesia y por los testigos. Dichos caminos no pueden ser decididos por anticipado y, aunque pueden ser previstos en lontananza, solamente pueden ser analizados cuando son recorridos, paso a paso, a lo largo de los días de la vida. Hay muchos caminos que conducen a la misma meta. Los nombres, las características y los métodos pueden variar, pero los aspectos fundamentales del paisaje son los mismos, ya que los horizontes de la misión en todas las latitudes reflejan la misma luz. Con esta carta no queremos señalar itinerarios privilegiados, sino solamente ofrecer interpretaciones de nuestra vivencia después de las experiencias de las Asambleas Continentales. Propuestas por el XI Capítulo General, han venido a ser una tentativa para poner en práctica el camino de la “continentalidad” que se puso de relieve en la celebración capitular de São Paulo. Las asambleas fueron la expresión de nuestra voluntad de ser una familia fundada en la unidad dentro de la diversidad, respetando las diversas experiencias pero buscando también un camino unitario que se transforme en un “signo” más claro y que pueda definir mejor nuestra misión. Las Asambleas Continentales han tratado de “leer el Instituto” desde la periferia para celebrar las maravillas de Dios en cada rincón del mundo donde estamos presentes, pero también para encontrar recorridos que nos ayuden a ser testimonios más creíbles y visibles. Muchas han sido las reflexiones hechas y las propuestas emergidas. Nos detenemos especialmente en dos: - La llamada a la autenticidad y a la calidad de nuestra vida, bien para encontrar y anunciar con credibilidad al Señor en este mundo, bien para vivir la solidaridad con los pobres y los marginados en nuestra misión. - La colaboración más estrecha con los demás, especialmente con los jóvenes. La invitación firme a abrir nuestras casas, a estar presentes con ellos donde se encuentren, a no tener miedo a colaborar con los jóvenes, quienes no son “ objetos”, simples voluntarios o colaboradores, sino protagonistas cada vez más activos de la misión. Estas son solamente algunas notas para el camino expuestas a muchos hermanos en la misión. 1. Comunidad misionera El “clima” de las Asambleas –y nos atrevemos a creer que es el reflejo de nuestra vida misionera– ha sido realmente fraterno y se ha caracterizado por un gran “espíritu de familia”; ha sido muy bonito compartir juntos experiencias comunes, dificultades, desafíos y esperanzas. En todos prevalecía la convicción de que la misión es fruto de la comunión, que es aquella “unidad de intenciones” tan querida por Allamano. En todos reinaba el deseo de construir y buscar caminos, de compartir esperanzas y de cualificar nuestro servicio misioneros en los respectivos Continentes y países. Si por una parte fue grande el deseo de comunión, por otra vimos una notable diversidad en la realización de las tres Asambleas, lo que sin duda constituye un signo positivo del esfuerzo por inculturar el mensaje en las diferentes realidades geográficas, étnicas, sociales y religiosas donde los misioneros están presentes operativamente. Europa: ha tratado de conocer y comprender los cambios del Continente en todos los ámbitos, captando los signos positivos y confrontando con ellos la situación de nuestro Instituto. La Europa que debemos amar, lugar de evangelización, sintiéndose parte de estos cambios en los que estamos llamados a discernir el presente de Dios que llama a la conversión. Los misioneros que trabajan en Europa han confirmado la opción prioritaria de la AMV privilegiando algunos ámbitos: - la nueva evangelización de los lejanos, - los emigrados, - la espiritualidad misionera, - la sensibilización ante las nuevas problemáticas de JPIC, - la formación de la conciencia misionera de los jóvenes, - la propuesta clara de acompañamiento vocacional. África: inspirados por el XI Capítulo General, que propuso «continuar y reforzar las iniciativas comenzadas en el sexenio último y promover otras nuevas, orientadas a promover una visión y una praxis continental» (XI CG, n. 100), los misioneros de África han reflexionado ampliamente sobre el tema de la “continentalidad”. África es plural en su diversidad cultural, pero ha desarrollado también una forma de capacidad de proyectar que hace que sea posible pensar en “dimensión continental” nuestro proyecto misionero en esta tierra tan rica y tan vapuleada. Entre los muchos aspectos que emergieron, hemos de referirnos especialmente a tres compromisos: la evangelización, la AMV y el diálogo interreligioso. - La evangelización: partiendo del modelo sinodal de la Iglesia como “Familia de Dios”, se desea hacer la opción prioritaria de los jóvenes, de la inculturación y de la formación creando comunidades apostólicas que sean testimonio de acogida y comunión.
- La AMV: dando vida en cada Circunscripción a un Centro de AMV que se transforme en fuerza propulsora de iniciativas y recorridos de animación misionera para la Iglesia local. - El diálogo interreligioso: como componente esencial de la evangelización, convirtiendo nuestra comunidad de Djibouti en centro que promueva caminos de diálogo América: partiendo de nuestra realidad de comunidades multiculturales ad gentes, ha reflexionado sobre el nuevo “rostro” del Continente y sobre la identidad y las actividades de los misioneros que allí trabajan. Los misioneros han afirmado unánimemente la necesidad de una intensa espiritualidad fundada en el seguimiento de Cristo, misionero del Padre. - Han propuesto la creación de una escuela de “discipulado” como formación para los jóvenes a la misión y a la entrega de la propia vida. - Se ha hecho también hincapié en la formación de base y la permanente, que deben tener en cuenta los cambios sociales y eclesiales para llegar a la elaboración de un proyecto formativo misionero IMC aceptando y confrontándose con los desafíos a la misión. - Decididamente nueva y “signo de los tiempos” fue la propuesta de los misioneros de compartir la reflexión sobre la misión insertados en la Iglesia local participando en los encuentros a nivel continental de: JPIC, EPA, COMLA, CLAI, teología India, Misionología, Forum Mundial... Asia: no podemos olvidar en este repaso al Asia, que para nosotros quiere decir Corea y Mongolia. Aunque no se haya tratado de una Asamblea específica, nuestros hermanos han estado muy cercanos a nosotros con su oración y su interés. - El gran desafío para llevar a cabo la misión cristiana en Asia es la diversidad y la pluralidad del ambiente asiático y de su pueblo con la miríada de religiones, culturas y filosofías. Nos preguntamos: De qué modo la Iglesia y especialmente los misioneros deberían reaccionar a la diversidad y pluralidad de religiones y culturas, donde es mínima la presencia de cristianos a pesar de dos milenios de actividad misionera. - Hoy se comienza a hablar de “misión inter gentes” como de un nuevo modelo de actividad misionera que considera a las demás religiones mundiales no como rivales o enemigas del cristianismo, sino como aliadas potenciales que colaboran y trabajan unidas contra los mismos enemigos reales, es decir, contra todas las fuerzas del mal, como son: el ansia de riquezas y de poder, el egoísmo, la explotación, así como la estructuras sociales y políticas injustas. 2. Fragilidades que interpelan al misionero Las oleadas de abandono y cansancio afectan también a nuestros misioneros. Algunos se sienten ya parte del mundo de los ancianos, otros sufren una forma de desorientación y casi de desilusión en relación con lo que se ha hecho y por lo que actualmente se está haciendo. La dificultad de relaciones auténticas entre generaciones diversas induce a algunos a sentarse y esperar, o bien a intentar itinerarios personales, individuales y no compartidos. La dificultad real de construir comunidades auténticas, testimonios de vida fraterna, favorece el pesimismo y la convicción de que no merece ya la pena volver a ponerlas en marcha. Tras años de sensibilización, sucede que el PCV no ha sido todavía asumido por todos y que a veces sigue siendo un puro ejercicios académico. Las exigencias económicas son cada vez más un problema que desorienta a algunos y que alguna vez crea incluso dificultades entre los que tienen y pueden emprender obras de misión y los que no tienen y deben mantenerse a la espera. En relación con esto es necesario ser conscientes de la importante disminución de la voz “ofertas para las misiones”, por lo que se impone la búsqueda de nuevos caminos, superando esquemas y bloqueos que pertenecen al pasado. Los tiempos cambian y también cambia la misión, pero muchos dudan en mantener el paso y, abatidos por el miedo a perder las certezas de siempre, se refugian en lo “ya visto” y lo “ya hecho”. El sentimiento de desencanto y resignación es característica de una larga lista de ejemplos que, uno antes y otro después, afectan a muchos y ralentizan a menudo el camino de la misión. 3. Hacia el “más aún” que quería el Beato Fundador A todos los misioneros de la Consolata queremos decirles: “¡Ánimo! ¡Adelante in Domino!”. Son las palabras que el Beato Allamano repetía siempre a nuestros primeros misioneros, especialmente con ocasión de las incorporaciones a las misiones. El Instituto está cambiando, no faltan dificultades ni debilidades, pero interiormente el fuego sigue vivo. Son múltiples los senderos de la esperanza que muchos están recorriendo en los diversos lugares del mundo. Son muchos los testimonios del Reino que, aunque con fatiga y con medios obsoletos, están surcando los mares de la historia. Conscientes de esto y animados por una fe profunda, no nos dejamos vencer por las dificultades y reaccionamos como hombres y como misioneros a los retos del presente para celebrar con espíritu gozoso lo “nuevo” que se proyecta el horizonte. El anuncio de Jesucristo es siempre nuevo, incluso donde ya es conocido; Él nos sigue invitando otra vez a salir a alta mar y echar las redes para la pesca apostólica de nuestro servicio misionero. Guiados por su Palabra y sostenidos por su Espíritu, que se hizo carisma en el Beato Allamano, perfeccionemos nuestra misión para ir al encuentro del hombre, misterio insondable, para llegar a todos los hombres y todas las culturas con amor. Hagamos nuestras las palabras que el Santo Padre, Benedicto XVI, ha escrito en su primera encíclica: «Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre una ayuda concreta al prójimo» (Deus caritas est, n. 28). Fraternamente: P. Aquiléo Fiorentini, IMC Superior General P. Stefano Camerlengo, IMC P. Francisco López Vázquez, IMC P. António Fernandes, IMC P. Matthew Ouma, IMC |
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| Ultima modificación ( 16.05.2007 ) |
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