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Introducción
Deseamos comenzar esta relación recordando un pensamiento del mensaje del Santo Padre con motivo del Centenario del Instituto: «¿Cómo no dar gracias al Señor por el bien realizado por vuestro Instituto durante este primer siglo de su existencia? Se ha mantenido fiel al carisma misionero que el Fundador había recibido del Espíritu y que transmitió diligentemente a sus hijos. Al expresaros la viva satisfacción por vuestra fidelidad, os animo calurosamente a continuar por este camino, conservando inalterado el entusiasmo espiritual y apostólico de los orígenes». Las palabras de felicitación del Papa nos sugieren tres actitudes que hacemos nuestras y queremos proponer a esta Asamblea al comienzo del Capítulo General: alabanza y agradecimiento a Dios por el bien que el Instituto ha podido realizar, búsqueda renovada de fidelidad a nuestros orígenes y al espíritu carismático que nos transmitió el Beato Allamano, y compromiso de mantener inalterado el entusiasmo misionero hacia el futuro que nos aguarda. Estas palabras del Papa, además de constituir un programa de vida para todo el Instituto, pueden ofrecernos las coordenadas del trabajo capitular que estamos a punto de comenzar. La finalidad de nuestra Relación al Capítulo General consiste en presentar un balance de las actividades realizadas por la Dirección General en el sexenio pasado y, al mismo tiempo, ofrecer su punto de vista, aunque sea sumariamente, sobre la realidad actual del Instituto (cf. Const. 114). La presente relación comienza resumiendo los elementos principales de de cada uno de los Departamentos Generales, y trata de ofrecer una visión de conjunto, completa y sintética al mismo tiempo, de las actividades realizadas o coordinadas por la Dirección General. Las relaciones de los Departamentos Generales, que están a disposición de los miembros del Capítulo General, permiten a los que lo deseen profundizar ulteriormente en cada uno de los campos de actividad. En la última parte de la relación hemos querido recoger algunas valoraciones sobre los aspectos que más han caracterizado nuestro servicio de animación a lo largo del sexenio. Nuestras reflexiones sobre las perspectivas futuras, aunque se aluda a ellas en diversos momentos de la relación, han sido recogidas en el Instrumentum laboris. Punto de partida obligado de este trabajo son las Actas del décimo Capítulo General (XCG) , juntamente con la “Programación 1999-2005” que la Dirección General formuló al comienzo de su mandato. Nos hemos referido a las Actas del XCG con frecuencia a lo largo de los pasados años como inspiración para nuestro trabajo y para el camino del Instituto, mientras que la “Programación 1999-2005” nos ha permitido buscar y elegir los objetivos operativos para concretar la inspiración capitular, además de constituir una brújula en nuestro camino. Es oportuno también recordar que la presente relación y la de los Departamentos Generales completan el Instrumentum laboris, con el deseo de ofrecer una lectura realista del Instituto, visto, naturalmente, desde el observatorio de la Dirección General. Muchos otros elementos serán posteriormente facilitados por las relaciones de las Direcciones de circunscripción, que completarán el cuadro de la manera más objetiva posible. Que el Beato Allamano valore nuestra labor de examinar la compleja realidad del Instituto y de la misión hoy, y que apoye nuestro esfuerzo para saber percibir los gérmenes de vida nueva y entrever los nuevos caminos de la misión que el Espíritu de Pentecostés continúa incesantemente trazando en la Iglesia y en el mundo.
1. EL SEXENIO 1999-2005
Consideramos el sexenio apenas transcurrido como un tiempo significativo para nuestro Instituto, intenso en compromisos y rico en acontecimientos. No solamente porque, fieles al credo bíblico, consideramos todo tiempo de la historia humana como un campo privilegiado en el que Dios siembra sin cesar gérmenes de salvación, sino también porque una mirada atenta a los seis años pasados nos revela una acción especial del Espíritu en favor de nuestro Instituto. Nos detendremos brevemente en tres momentos que han marcado de manera especial el último sexenio para tratar de percibir en ellos los gérmenes de vida que, a nuestro parecer, deben cultivarse porque pueden seguir produciendo frutos en los años venideros.
1. Sexenio iluminado por las orientaciones del décimo Capítulo General (XCG) El XCG fue valiente al tratar de trazar nuevos caminos y eficaz en propuestas operativas. Su impacto en la vida de los Misioneros y en el camino de las circunscripciones nos ha parecido fuerte y significativo cuando éstas han abordado sus programaciones y especialmente con ocasión de la celebración de las Conferencias Regionales. A nosotros nos parece que todas las circunscripciones han dado la precedencia y concedido amplio espacio a cuatro áreas: - Atención a la lectura de la realidad, en línea con cuanto el Capítulo había elaborado en los “Contextos que desafían a la misión”. Ninguna Región ha dejado de ver la necesidad de mantener viva la atención a la realidad circundante en continuo cambio. Esta, mientras interpela nuestra vida y nuestro estilo de hacer misión, se convierte en “signo de los tiempos” y revela caminos nuevos. - La expresión ad gentes, fulcro y convergencia de toda la reflexión del XCG, se nos ha hecho muy familiar en nuestras circunscripciones y especialmente apta para expresar el retorno al corazón de nuestro carisma de Misioneros de la Consolata y al núcleo central de la inspiración del Beato Allamano. La reflexión sobre el ad gentes ha emprendido, en cada una de las circunscripciones, un discernimiento serio sobre nuestras obras actuales y sobre la necesidad de revisar todas nuestras presencias. Aunque no haya causado grandes revoluciones, sí ha despertado un interés mayor en busca de una clarificación sobre el mantenimiento de las obras y particularmente en el momento de iniciar nuevas aperturas. - La espiritualidad del Misionero de la Consolata ha sido nuevamente tomada y propuesta con insistencia por el último Capítulo General para poner de relieve los valores tradicionales relacionados con el carisma y otros que tienen que ver con la actualidad eclesial y misionera. Como resultado de ello, todas las circunscripciones han retomado sus elementos principales y los han hecho objeto de reflexión especialmente con ocasión de las asambleas regionales o de los ejercicios espirituales anuales. En las relaciones regionales que escucharemos en esta asamblea podremos verificar en qué medida los temas propuestos: “Dispensadores de los misterios de la Salvación”, “Pobreza, economía y misión”, “Consolación”, han incidido en la vida y en las actividades de los misioneros. - El XCG ofreció también elementos interesantes y muy válidos para la vida personal del misionero y para las comunidades. Recordarles todos sería muy largo. Nos parece que muchos han entrado en los proyectos de vida personal y comunitaria, proponiendo nuevamente la exigencia de cambios, la necesidad de un serio empeño en la formación permanente, una opción más resuelta de los nuevos ámbitos de la misión, una mayor y más fraterna colaboración con las Misioneras de la Consolata, la acogida de los laicos y una mayor colaboración con ellos en la misión. - No podemos tampoco olvidar el énfasis puesto en la renovación de vida del misionero que, como un leitmotiv, aparece a lo largo de las Actas del XCG. El esfuerzo de los responsables en el ámbito general y de circunscripción debía tender a “motivar de nuevo a las personas mediante la profundización y la asimilación del carisma, del espíritu del Fundador, de los ideales de la consagración, de la comunión y de la misión”. Dicho objetivo, que ha marcado todos los momentos formativos realizados a distintos niveles, ha reclamado siempre no solamente su puesta al día, sino también que seamos “personas nuevas”.
2. Sexenio alegrado por las celebraciones jubilares y centenarias El comienzo del sexenio coincidió prácticamente con la apertura del gran Jubileo de la Redención del año 2000. El XCG nos invitó a no descuidar las tres fechas jubilares, que en su momento podrían ofrecer al Instituto una oportunidad providencial de renovación interior y de animación misionera. Con ocasión del Gran Jubileo del 2000, invitamos al Instituto (cf. Boletín 88) a emprender, en comunión con toda la Iglesia, una “peregrinación ideal” con tres etapas significativas: - Llamados a estar con Jesús para ser luego enviados por él (cf XCG 24): un concepto fuertemente promovido por el Capítulo, pero anteriormente infundido por el Fundador como programa de vida en el “primero santos y luego misioneros”. Era el punto de partida jubilar que el Papa quiso indicar a la Iglesia y con el que los Misioneros de la Consolata no podíamos dejar de estar en plena sintonía. Comunión con Cristo y anuncio a los pueblos: los hemos sentido como las coordenadas de nuestro Jubileo. - Invitados a purificar la memoria: el contacto con Cristo hace que crezca siempre en nosotros la necesidad de purificación y de conversión. Con el Papa, también el Instituto sintió la necesidad de pedir perdón. Nuestra historia está llena de luces, pero lamentablemente también de muchas sombras que afectan a la eficacia de nuestro anuncio y dañan el proyecto de Familia misionera querido por el Padre Fundador. Los dos Consejos Generales han llevado a cabo una celebración conjunta de purificación de la memoria, lo mismo que han hecho varias Direcciones de circunscripción. - Exhortados a pasar por la Puerta Santa: este signo elocuente de la peregrinación jubilar indica la conclusión de un itinerario y la entrada del creyente en una vida nueva, renovada por Cristo y alimentada de evangelio. Mientras la Iglesia atravesaba el umbral de un nuevo milenio, el Instituto entraba en su segundo siglo de vida. La llamada era clara: debemos ser personas nuevas volviendo a ser los auténticos hijos de Allamano que persiguen un algo “más” de santidad de vida, de celo misionero, de coraje para hacer frente al hoy y al mañana de la misión, y así llenar el odre nuevo de nuestro segundo centenario con el vino nuevo que proviene de la autenticidad y pureza del carisma. “Cien años de consolación”, tal fue el lema que nos acompañó en la celebración de nuestro doble aniversario: el de fundación del Instituto (2001) y el de comienzo de nuestra misión en África (2002). Hemos querido volver a vivir estos dos aniversarios con una triple llamada (cf. Boletín 89): - A recordar, recuperando los valores característicos del ejercicio bíblico de la memoria. El recuerdo, en efecto, nos hace sabios y nos permite entrar mejor y más a fondo en las realidades que son parte integrante de nuestra vida y de nuestra vocación. La memoria se transforma luego en fuente de vida porque nos hace disponibles para la obra creadora de Dios en nosotros y en la realidad donde actuamos. Finalmente, nos da la fuerza para superar dificultades porque nos une estrechamente con Dios. - A celebrar las obras que Dios ha realizado en nuestro Instituto y en cada uno de nosotros. La celebración de los aniversarios era una práctica grata para el Beato Allamano, hasta querer que fuera una tradición habitual en el Instituto. Sirve para reconocer las obras de Dios, darle las gracias por todo lo que ha hecho y pedirle que renueve sus prodigios. Y nos abre a nosotros mismos al don, permitiéndonos revisar nuestra fidelidad a Él y proponiéndonos caminos de conversión. - A emprender caminos celebrativos que impliquen a nuestra Familia a favor del pueblo de Dios más cercano a nosotros. Los hemos descrito así: “Sentirnos hoy los herederos de un carisma y de una historia ricos de santidad y misión”; “Pasar de la nostalgia del pasado a la fecundidad de la memoria”; “Recuperar el espíritu de familia”; “Fieles al ad gentes”. Solamente citar las múltiples iniciativas que han constelado el bienio jubilar del Instituto sería ya difícil. No podemos dejar de mencionar algunas que han contado, de alguna manera, con el impulso de la Dirección General: la celebración con el Card. Sepe en el Santuario de la Consolata; el traslado de los restos mortales del Can. Camisassa al Santuario del Fundador en la Casa Madre; Youth meeting de los jóvenes; la inolvidable celebración en Tuthu (Kenya) en presencia de muchos obispos y miles de fieles; el encuentro del estudio sobre la misión de los seminaristas de Italia en la Casa Madre; el encuentro del estudio sobre el Instituto, el carisma y la misión; la realización del documental sobre el Fundador (“La Partenza”); el recorrido histórico del Instituto en la Casa Madre; la publicación fotográfica sobre “I Kikuyu; la pubblicazione della storia dell’Istituto (“La missione racconta”) y de la biografía del Fundador (“La mia vita per la missione”) escrita por el llorado P. Giovanni Tebaldi. Además de las múltiples iniciativas de carácter espiritual y formativo, se quiso proponer a todas las Regiones que contribuyeran a la realización de “dos signos conmemorativos”: un pequeño templo ecuménico, dedicado a la Consolata, en Guder (Etiopia) y otro en Tuthu (Kenya), en el lugar de la celebración de la primera Eucaristía por nuestros misioneros. El primero no ha podido realizarse a causa de unas dificultades no solamente burocráticas, mientras que el segundo sí ha llegado a buen puerto. Varias Regiones y misioneros individuales han contribuido con su aportación, que ha confluido posteriormente en favor del templo de Tuthu.
3. … marcado por profundos cambios sociales El 11 de septiembre de 2001 marcó nuestro tiempo y continúa siendo un evento-símbolo de la época en que vivimos al comienzo del nuevo milenio y de las grandes tensiones que la caracterizan. Indudablemente, se trata de un tiempo cargado de paradojas: por una parte la globalización nos une a lo que cada vez más frecuentemente se llama la “aldea global”, y por otra emergen de manera dramática situaciones de división y de conflicto. Uno sentiría deseos de decir que es justamente este mundo conjuntado íntimamente por la globalización el que provoca esas violencias. Se mantienen por otra parte inalteradas otras formas de insatisfacción social que, en lugar de atenuarse, parecen agudizarse en concomitancia con estos últimos acontecimientos. Nos permitimos ofrecer una lista de algunos fenómenos de este nuestro mundo contemporáneo, de manera más ejemplar que exhaustiva por el carácter de la presente relación, para poner de relieve de qué modo nuestra vida religiosa y misionera, así como nuestro Instituto y este momento capitular, están profundamente afectados por ellos. No podemos leer nuestra realidad y planificar para los años futuros sin tener presentes los elementos que caracterizan de manera especial la complejidad de nuestra “aldea global” y que influyen de manera tan contundente en nuestra vida consagrada y misionera. - Pérdida de la conciencia crítica ante la historia y las opciones éticas que el individuo o la sociedad hacen constantemente. - Miedo a las opciones permanentes, especialmente cuando la persona debe decidir sobre su vida de manera definitiva. - Vivimos en un contexto político y económico neoliberal, fuertemente influenciado por los medios de comunicación social. Son ellos los que dictan las leyes a nuestro mundo. - Las instituciones pierden a menudo su peso y su credibilidad. Entre ellas podemos incluir a la Iglesia. - El fenómeno del post-modernismo se manifiesta como contestación a los dogmas y valores absolutos propuestos por el modernismo y propone otros alternativos, como la concepción relativista y aproximativa de la verdad, y en el campo social enfatiza la fragmentación, la heterogeneidad, la variedad de formas de la institución familiar… - La vida consagrada, marcada por el post-modernismo, tiende con frecuencia a resaltar la exterioridad más que el ser, la apariencia más que los valores verdaderos. Vuelve a poner el acento en los símbolos, en las formas externas. No escatima esfuerzos para levantar barreras en defensa propia, cae fácilmente en formas de fanatismo o de maniqueísmo. Al mismo tiempo no deplora el consumismo, no estima el radicalismo, cae fácilmente en la rutina de prácticas espirituales, prefiere más las obras que un testimonio transparente. Son algunas pinceladas, de tinta obscura, estas que acabamos de mostrar. Está muy claro que no todo puede ser reducido a los fenómenos antes señalados, ya que los motivos de esperanza son también hoy numerosos, tanto en el ámbito de la sociedad como en el de la Iglesia. Pero la observación de estos elementos problemáticos debe hacernos más vigilantes y críticos con la realidad que nos rodea, más humildes y también más audaces en nuestras aspiraciones de cambio, y siempre más dialogantes con un ambiente tan multiforme como el que nos toca vivir.
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