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| p. Michele Merlone (1928-2005) |
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| Escrito por La Redacción de Da Casa Madre | |
| 17.05.2007 | |
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PADRE
MICHELE MERLONE 1928 - 2005 Hijo de Francesco y Caterina Borlengo, nació el 30.07.1928, en Piobesi Torinese. En 1948 entró en el Instituto, proveniente del seminario de Turín, donde había estudiado segundo de teología. Era hijo único, por lo que no le resultaba fácil convencer a sus padres para que le dejaran ingresar en un instituto misionero, pero confiaba en «que el Señor, si les priva de mi consuelo, les concederá otros, incluida la fuerza de cargar con esa cruz y la posibilidad de ganar muchos méritos». El Rector del seminario metropolitano de Turín, por su parte, daba excelentes referencias del joven Michele cuando pidió ingresar en el Instituto de la Consolata: «Creo poder decir en conciencia que se trata de un joven excelente, animado de las mejores intenciones, dotado de apreciables capacidades intelectuales, fecundadas con una seria y fructífera aplicación. Ha demostrado interés especial por el problema misionero; creo, en suma, que se aplicará con mucho celo en este sector». Efectivamente, el joven Michele no frustró estas expectativas y se aplicó muy seriamente en el estudio y la vida religiosa, suscitando los juicios más favorables de todos sus formadores. En 1949 emitió la profesión religiosa y en 1952 fue ordenado sacerdote. Durante 15 años trabajó en Italia como asistente/profesor en Benevagienna y como ecónomo/propagandista en Rosignano. En 1967, la muerte de su padre (su madre había fallecido algunos años antes), le permitió solicitar que le enviaran a las misiones. El 25.05.1967 escribía así al Superior General: «Estoy agradecido a los Superiores Mayores por haberme concedido trabajar en Italia durante quince años y haber podido así asistir a mis padres ancianos. Con la misma sinceridad y emoción me atrevo ahora a pedirle a usted, reverendísimo Padre General, que me permita finalmente ir a las misiones, donde hay más trabajo y menos personas que en Italia. Tengo ya treinta y nueve años y tal vez no puedo a mi edad desear ir a África, pero espero al menos poder trabajar todavía mucho en América Latina. Si espero mucho más temo perder los barcos y los aviones que me lleven a la misión”. Y así fue como el P. Michele fue destinado a Colombia, donde inicialmente desempeñó el servicio de vicepárroco en Manizales y Bucaramanga. Era feliz pudiendo realizar su vocación misionera, a la que consideraba como medio de su santificación personal: «Doy gracias al Señor, a la Consolata y a usted, Padre General, por haberme enviado a Colombia. El viaje en barco y en avión fue magnífico. Renuevo mis compromisos de santificación personal y de trabajo apostólico de cara al futuro» (tarjeta al Padre General, 12.12.1967). En 1970 desempeñó el cargó de párroco en Manizales y al año siguiente en la Parroquia de la Consolata de Bogotá. En esta misma ciudad, en 1979, asumía el servicio pastoral de la Parroquia de Santa Teresita. A continuación, de 1985 a 1989, vuelve a servir como vicepárroco en la Parroquia de los Doce Apóstoles de Bogotá. En 1989 vuelve a Italia por motivos de salud y, después de pasar tres años en Turín, se retira a la Casa de Alpignano. El 22 de octubre, a las 12.00 horas, asistido por el P. Genta, retorna a la Casa del Padre. Tenía 77 años de edad, 56 de profesión religiosa y 53 de sacerdocio. La concelebración por su eterno descanso tuvo lugar el lunes 24 de octubre de 2005. La presidió mons. Aldo Mongiano, asistido por el P. Saverio Garello, vicesuperior regional, y por el P. Tullio Bosello, compañero de ordenación; estaba también presente mons. Franco Peradotto, compañero de seminario. En la homilía, el P. Tullio Bosello leyó el testimonio de mons. Franco Peradotto: «El Padre Michele era el más inteligente de la clase», así como el del cardinal arzobispo de Bogotá: «El Padre Michele era un auténtico Misionero de la Consolata y un magnífico ejemplo para los sacerdotes de la diócesis». Era párroco en una zona de la periferia de la ciudad. En Alpignano fue un ejemplo silencioso de fidelidad a sus pequeños compromisos y de asiduidad a las prácticas de la vida comunitaria. Preguntado sobre su salud, respondía síempre: «Bien». En el testamento ológrafo dejó escrito: «Ofrezco mi persona y mi vida a la Santísima Trinidad y a la Virgen María por la conversión de todo el mundo y por el aumento de las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicas al apostolado misionero». Sus restos mortales, acompañados por el P. Mondin y el P. Bosello, fueron llevados al cementerio de Piobesi. La Redacción de Da Casa Madre
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| Ultima modificación ( 16.05.2007 ) |
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