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p. Hermano Carlo Picco (1911-2005) Imprimir E-mail
Escrito por P. Villa Giuseppe   
17.05.2007
HERMANO
CARLO PICCO
1911 - 2005

Hijo de Giovanni y Virginia Musso, nace el 18.3.1911 en Priero di Cuneo. Entra en el Instituto en 1949, a sus 38 años, proveniente de la familia de agricultores del campo, lo que él era. «Yo no veo la hora de poder formar parte de su gran familia», escribía al P. Sandrone la víspera de dar el gran paso. Y pide consejos para prepararse espiritualmente a aquel momento tan deseado: «¿Convendrá repasar a fondo el catecismo? También tengo el deseo de conocer la historia del Instituto y de su Venerable Fundador. Si usted lo considera conveniente, señáleme un libro que hable de ellos y me apresuraré a pedirlo a la Casa Madre. En estas largas tardes de invierno tendré mucho tiempo libre que trataré de aprovechar del mejor modo posible».

Después de cinco meses en Camerletto como alumno coadjutor, pide al Superior General que le admita al noviciado con estas palabras: «En este tiempo he podido conocer la vida que aquí se lleva y las reglas que la acompañan. Cada día estimo más la vida religiosa misionera y doy vivamente gracias a Dios por haberme llamado». Su petición es aceptada y el 31 octubre de 1950 entra en el noviciado de la Certosa o Cartuja. Un año después, el 1° de noviembre de 1951, se consagra a Dios con la profesión religiosa.

Su primera residencia es la casa de los hermanos, en Alpignano, donde se dedica a la agricultura. El 13 de agosto de 1955 parte hacia Brasil, donde trabaja a lo largo de 43 años. En julio de 1998 se retira a Alpignano y el 30.11.2005 se nos va a la Casa del Padre serenamente.

Los funerales tienen lugar el 2 de diciembre; los preside el P. Tommaso Sottocorna, superior de la casa, quien pone de relieve su gran ejemplo en la fidelidad de las prácticas comunitarias y su espíritu de oración. El P. Silvano Sabatini pronuncia la homilía y en ella recuerda los primeros años de misión en Rio do Oeste (1957-1979): El H. Carlo Picco fue un misionero magnífico, siempre presente en todos los trabajos sin hacerse notar; hombre escondido, a quien llamaban “Carlito” por su aspecto físico, era proverbial por su gran humildad. Trasladado a São Paulo, permaneció allí hasta 1988 desempeñando la labor de portero y telefonista de la Casa Regional. Vuelto a Alpignano, prosiguió su trabajo de portero-telefonista de la casa.

Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Alpignano.

El 20.11 de 2001, con ocasión de los cincuenta años de profesión religiosa, respondiendo a las felicitaciones del Superior General, escribió: «Tampoco yo daré nunca gracias suficientes al Señor por haberme llamado, aunque un poco tarde, a ser un misionero suyo, por haber podido pasar tantos años en tierra de misión, y ahora, hacia el final de mi vida, encontrarme en una casa tan acogedora y con todas esas comodidades que nunca me hubiera esperado. Así tenemos tiempo de prepararnos para el último paso. Gracias al Señor y gracias al Instituto por haberme hecho tan grande regalo».

P. Villa Giuseppe

Testimonio

El Hermano Carlo Picco fue destinado a comienzos de 1956 al Patronato de São José, en Erechim, como asistente de los alumnos internos. Un año después fue trasladado a Rio do Oeste, donde se encargó de los trabajos de orden material en el seminario São Francisco Xavier, y aquí estuvo hasta 1978, ocupándose generosamente de los trabajos humildes de la casa (campos, frutales, huerto, animales...).

En febrero de 1979 dejó la comunidad de Rio do Oeste y fue a São Paulo, donde fue mucho tiempo portero y telefonista en la Casa Regional. Allí, a lo largo de los años, acogió siempre a muchos pobres y les ayudó en la medida que podía. Solo Dios sabe cuántos platos de sopa dio a los mendigos, sirviéndoles con sus propias manos ya temblorosas por el deterioro del paso de los años, pero demostrando siempre una caridad juvenil.

El Hermano Carlo Picco, o “Carlito”, como le llamábamos, dejó un precioso testimonio de vida religiosa y misionera, comenzando con su compromiso espiritual: fue fiel y perseverante en el cumplimiento de sus deberes de vida cristiana y religiosa. Daba mucha importancia al sacramento de la reconciliación; era fiel a la misa cotidiana y a las prácticas de piedad comunitarias. Todas las noches, después de la cena, permanecía largo tiempo en oración delante del sagrario.

En el trabajo era generoso y responsable: realizaba con facilidad todo tipo de actividades que los superiores le encomendaban. Era una persona que sabía también ponerse al día culturalmente, lo que quiere decir que el Hermano Carlo leía mucho, con afición y vivo interés, especialmente las publicaciones del Instituto, y daba gran importancia a las cartas del Superior General. Tenía buena memoria, por lo que recordaba los nombres y las fechas de nacimiento, de profesión religiosa y de ordenación sacerdotal de muchos misioneros, no solamente de Brasil sino también de otras Regiones. Parecía un “archivo ambulante” y era realmente sorprendente la rapidez con que citaba nombres y fechas de todo y todos.

La Región Brasil es deudora de este hermano y le conserva una profunda gratitud, especialmente por el precioso testimonio de vida religiosa y comunitaria que dejó.

P. Jordão Maria Pessatti


Ultima modificación ( 16.05.2007 )