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Comenzamos con el personal porque, como recuerdan las Constituciones (30), constituye el bien más importante y valioso que Dios ha hecho y sigue haciendo al Instituto. Nuestra óptica es la unas personas que han tenido el don de acercarse a tantos misioneros de la Consolata a lo largo de las visitas a las circunscripciones, que han acompañado a muchos misioneros tanto en el ámbito de la formación de base como en diversas iniciativas de formación permanente, que han dedicado largas horas en el Consejo General a tratar el destino de los hermanos y a encontrar soluciones adecuadas a los casos de crisis y todo tipo de dificultades. Nuestro conocimiento se ha enriquecido también con la correspondencia epistolar, con la lectura de las actas de las circunscripciones y con los diálogos interpersonales, siempre muy enriquecedores. Es obvio que en esta relación nos detendremos preferiblemente en las situaciones problemáticas para enfocarlas bien, indicando posiblemente las causas de las mismas y sugiriendo también, cuando seamos capaces de ello, pistas de solución y remedios apropiados. El hecho de que dediquemos aquí tan poco espacio a los misioneros bien identificados y celosos en el trabajo no significa que nuestra atención hacia ellos haya sido escasa o que el Capítulo no tenga que interesarse de ellos y de sostenerlos en su misión.
1. Algunos datos en cifras (al 31 de enero)
Año 1975 1981 1987 1993 1999 2005 Misioneros 1.081 1.046 993 991 995 987 Edad media 44 47 49 52 52 53.7
Sacerdotes Año 1975 1981 1987 1993 1999 2005 África 6 3 21 40 77 152 América 54 61 72 94 107 135 Europa 792 780 688 620 560 470 Total 852 844 781 754 744 757
Hermanos Año 1975 1981 1987 1993 1991 2005 África 2 – 5 14 12 14 América 6 5 3 4 4 6 Europa 110 104 93 93 73 46 Total 118 109 101 111 89 66
Estudiantes profesos Año 1975 1981 1987 1993 1999 2005 África 4 12 23 48 87 75 América 7 18 32 31 30 30 Europa 73 31 29 32 15 6 Asia – – – 1 – 3 Total 84 61 84 121 132 114
Movimiento del personal 1999-2004:
Año Novicios Ord. Sac. Her. Pr. Per. Difuntos Aband.* 1999 26 26 – 20 21 2000 26 24 1 14 14 2001 30 30 2 17 21 2002 28 12 1 8 16 2003 43 12 1 20 17 2004 37 15 – 13 9 Total 190 119 5 92 98
* Abandonos: Misioneros con votos temporales o perpetuos que han abandonado definitivamente el Instituto.
Situación del personal por edad media en el año 2004:
Edad 21-30 31-40 41-50 51-60 61-70 71-80 81-90 91-100 119 194 116 136 213 137 51 8
Algunas consideraciones saltan a la vista tras la lectura de las estadísticas del personal y pueden ilustrar la situación actual del Instituto: - La situación numérica del personal, en los últimos decenios, revela una ligera, aunque constante, curva, aunque a partir de 1987 muestre una estabilidad sustancial. - La curva actual de los estudiantes profesos es debida en parte a que se ha añadido, por parte de la Región Kenya, el año propedéutico. De este modo se ha producido la falta de un año de noviciado en Sagana. Debido a esta causa estructural debe añadirse el penoso problema de los abandonos de los jóvenes profesos temporales, que alcanza una media de 11 unidades por año. - La edad media del Instituto se ha estabilizado en la última década en alrededor de 52-53 años. - El número anual de difuntos en el últimos sexenio es estable. - Preocupa todavía el número de misioneros que dejan el Instituto después de la ordenación sacerdotal y la profesión perpetua. Posteriormente trataremos este tema de manera más exhaustiva. - La franja de edad más numerosa está entre los 61-70 años. Sigue la comprendida entre los 31-40 años y a continuación la de los que superan los setenta. El envejecimiento inevitable tendrá un efecto importante en los compromisos del Instituto en los próximos años. A los datos puramente estadísticos queremos añadir otras observaciones que nos sugiere la experiencia: - Los misioneros que necesitan atenciones médicas debido a la edad siguen siendo numerosos. La casa Beato Giuseppe Allamano sigue ofreciendo un servicio valioso y muy importante de acogida, mientras que algunas Regiones más numerosas comienzan a preguntarse sobre el tipo de asistencia que podrán dar a sus misioneros ancianos. - Últimamente se han producido algunos casos de misioneros jóvenes que por motivos de enfermedad necesitan servicios médicos constantes. - No queremos tampoco olvidar que con las ordenaciones episcopales de cuatro misioneros de la Consolata, entre el 1999 y el 2001, el Instituto ha alcanzado la cota mayor de misioneros obispos. Son trece.
2. Distribución del personal y su alternancia
El XCG, aun siendo consciente de la delicadeza y la complejidad del tema, quiso dar orientaciones que ayudaran a la Dirección General en la distribución del personal. Recordó en primer lugar lo difícil que resulta a la Dirección General realizar la sustitución de cada uno de los misioneros que por motivos diversos dejan una circunscripción. Por este motivo se sugería a las Regiones que abordaran con más convicción cada día en la óptica de la revisión de las propias obras. Recomendó que se diera la precedencia las nuevas aperturas, que se reforzara la formación de base y la AMV y que se procediera a la preparación del personal para sectores especiales de trabajo misionero. En el sexenio pasado hemos conseguido realizar la nueva apertura en Mongolia y llevar a buen puerto el proyecto de Yibuti. Tanto en el primero como en el segundo caso hemos encontrado una gran disponibilidad por parte de los misioneros interesados. Se hizo un esfuerzo especial para consolidar los equipos formativos de nuestros seminarios. Por nuestra parte, no siempre fue posible favorecer la AMV, debido a que el personal destinado a una circunscripción es posteriormente distribuido por las Direcciones Regionales según criterios que pueden diferir de los de la Dirección General. En nuestras visitas canónicas nunca hemos dejado de recordar los criterios capitulares para la distribución del personal. A las circunscripciones de América Latina les manifestamos, con una carta ad hoc, nuestra preocupación sobre la escasa implicación del personal misionero en la animación misionera y vocacional. A lo largo de las visitas y en los encuentros anuales hemos recordado siempre a los Superiores Regionales la orientación querida por el Capítulo precedente de que todas las comunidades estuvieran formadas posiblemente por un mínimo de tres misioneros. Debemos reconocer que algunas circunscripciones se han tomado en serio esta sugerencia, hasta el punto de paralizar nuevas aperturas y acelerar la revisión. Otras, sin embargo, tras un buen comienzo, han aflojado en su empeño. La orientación predominante sigue siendo el crecimiento numérico de nuestras presencias más que el esfuerzo de la revisión que haga posible una mejor calidad de nuestras presencias y de nuestro trabajo. Perdura la precariedad de las comunidades locales, mientras que la inversión de tendencia, deseada por el XCG, todavía no se ha llevado a cabo. Efectivamente, a pesar de las insistencias capitulares y las nuestras, ¡el Instituto termina el último sexenio con más comunidades que las que tenía en 1999! Notemos, finalmente, que el cambio de personal por alternancia de una Región a otra ha proseguido, pero con alguna mayor lentitud. La mayor parte de los destinos que se llevan a cabo anualmente no responden, en efecto, a los criterios de una alternancia normal. Nos parece que los motivos principales que hacen que sea difícil la rotación del personal son los siguientes: - Casi todas las circunscripciones son, al mismo tiempo, lugar de animación misionera y vocacional y de actividades de pastoral misionera. En muchos casos, el misionero y la Dirección Regional prefieren que el cambio de una actividad pastoral a otra de animación misionera o de formación tenga lugar dentro de la misma Región. - Hemos notado resistencias por parte de algunos misioneros para abandonar su país. Por tal motivo hemos querido reafirmar en distintas ocasiones la importancia que tiene para nuestro Instituto el ad extra, de la partida hacia destinos exteriores. La consulta Intercapitular del 2002 dirigió una llamada explícita sobre esto y quiso poner de relieve su importancia. - La invitación del último Capítulo para que cada uno de los misioneros, después de nueve años de actividad en una determinada circunscripción, supiera manifestarse disponible para una alternancia, ha tenido resultados bastante limitados. Han sido pocos los misioneros que nos han hecho presente esta situación personal. Por nuestra parte quizá haya faltado alguna llamada concreta que pudiera hacer más incisiva esta orientación capitular. En este punto deseamos poner de relieve con la mayor claridad que en el DNA del Misionero de la Consolata debe figurar la disponibilidad al cambio, con la consiguiente aceptación de la partida y de la itinerancia. Creemos que en esta afirmación se refleja la intuición del Beato Fundador cuando indicaba el voto de obediencia como el primero y el más importante para un misionero. No podemos, sin embargo, dejar de aludir a algunos motivos de perplejidad en relación con la alternancia, cuando el mismo no permite una verdadera inserción en una circunscripción, cuando el tiempo de su actuación es prematuro o cuando se realiza solamente para “cambiar de sitio un problema”. Pensamos que todavía se impone una reflexión más sobre este tema para reformular nuevas orientaciones que respondan mejor a la situación actual de nuestro personal y para que se convierta en un valor para la persona, para las circunscripciones y para el Instituto, en un contexto de creciente internacionalidad.
3. Personal en situaciones especiales
Queremos referirnos ahora a una cuestión que ha contado con un intenso interés y empeño de la Dirección General, hasta el punto de exigirnos tiempo y energía y despertar nuestra preocupación. Se trata de los Misioneros que viven situaciones especiales de crisis o enfermedad, o que necesitan atenciones especiales, sobre todo en el campo psicológico. La labor de seguir a estos hermanos ha sido asumida alternativamente por todos los miembros de la Dirección General, aunque haya sido el Vicesuperior General su principal responsable.
a) Crisis vocacionales entre los profesos perpetuos Como ya hemos manifestado anteriormente, su número no es despreciable, especialmente si tenemos en cuenta el número limitado de miembros del Instituto. Estas crisis se manifiestan de varios modos: - Hay misioneros que ante cualquier dificultad en la vida comunitaria o ante una situación crítica, piensan que pueden encontrar la solución abandonando el Instituto y entrando a formar parte del clero diocesano. Los obispos están generalmente muy disponibles para aceptarles y se limitan a que les garantice el Instituto que el sacerdote que pide incardinarse en su diócesis no tiene pendientes acusaciones de delitos sexuales y sea suficientemente hábil para el ejercicio del ministerio sacerdotal. Esta situación es la más común. Por nuestra parte, siempre hemos tratado de hacer todo lo posible para ayudar a la persona a superar sus dificultades, ofreciendo también la oportunidad de disponer de períodos de reflexión prolongada, tanto dentro del Instituto como en centros apropiados. - Un pequeño número d estas personas en crisis está constituido por misioneros a los que, debido a dificultades en la vida comunitaria, su director espiritual les aconseja el ejercicio del sacerdocio diocesano, por considerarlo más adecuado a su índole y personalidad. - A dos misioneros les hemos pedido nosotros mismos, tras pedir consejo a la Congregación para la Vida Consagrada, que abandonaran la vida religiosa y el ministerio sacerdotal. Sus problemas eran de tal entidad que no podían encontrar una solución dentro de la opción vocacional religiosa o sacerdotal. El abandono constituía un mal menor. Haber logrado convencerles ha sido considerado por nosotros una “gracia”. El perpetuarse de estas situaciones de crisis vocacionales nos hace reflexionar mucho sobre las causas y las motivaciones que llevan a los religiosos a esas opciones. Nos hacen pensar también seriamente sobre la profundidad del discernimiento vocacional que hacemos cuando admitimos a los jóvenes a las diversas fases de su iter formativo. Ellos, por su parte, se interrogan sobre la calidad de nuestra formación de base, aunque haya que evitar convertirla en el chivo expiatorio de situaciones que, la mayor parte de las veces, van mucho más allá de toda posible intervención educativa. Nos parece digno de notarse que casi la totalidad de los que han abandonado nuestra Familia en estos años no lo ha hecho para buscar en otro sitio la posibilidad de realizar un compromiso mayor que no pudieran llevar a cabo en nuestro Instituto.
b) Envejecimiento y enfermedades Los misioneros por encima de los 60 años son actualmente el 40%, mientras que los de más de 70 son el 18,5%. Estas cifras deben hacernos reflexionar, como también preguntar, sobre qué somos capaces de ofrecer a estos hermanos para poder afrontar esta etapa de la vida de manera positiva y como don de Dios. Del aspecto formativo trataremos en otro lugar. Nos limitamos ahora a algunas consideraciones de orden organizativo. El cuidado de los misioneros ancianos o enfermos no es solamente una realidad que tenemos ante nosotros; es un deber al que debemos tratar de responder del mejor modo posible. Las atenciones a los ancianos y a los enfermos nos lleva a recodar el inestimable servicio que la Región Italia, a través de estructuras apropiadas, está ofreciendo a tantos hermanos nuestros. Pero no se trata solamente de esta Región. La mayor parte de las circunscripciones están ya afrontando de alguna forma este problema que se agudiza velozmente. Antes que a las estructuras de apoyo, tendremos que estar atentos especialmente a las personas de los ancianos y de los enfermos. Señalamos aquí algunos problemas que con frecuencia encontramos en este campo y que podrían suscitar posibles orientaciones de la asamblea capitular. - No pocos misioneros se resisten a la idea del envejecimiento y pretenden, con todas sus fuerzas, seguir ocupados en tareas que no son ya adecuadas para ellos. El solo pensamiento de tenerse que retirar del trabajo directo les aterroriza. - Otros misioneros se adaptan de mala gana a su situación de vejez, cediendo contra sus deseos a los hermanos más jóvenes tareas y responsabilidades. Se dan casos de misioneros que tratan con todas sus fuerzas de seguir en la brecha, creando así no pocas dificultades a la comunidad de la que forman parte o a la eficacia del trabajo misionero. - Otros, en fin, no se toman suficientemente en serio su salud y descuidan los controles médicos, que en la tercera edad deberían estar regulados. - Percibimos la necesidad de incentivar iniciativas formativas específicas para los hermanos de la tercera edad, cuando no solamente la dimensión espiritual o carismática debe afrontarse, sino también otras que a menudo son causa de conflictos y dificultades (convivencia, salud, aspectos psicológicos, inactividad).
c) Problemáticas psicológicas Sorprende el alto número de misioneros (22) que a lo largo del sexenio han sido invitados a acudir a centros especializados para una terapia de apoyo, especialmente en el campo psicológico, afectivo y sexual. Pocos han sido los casos de personas con problemas de alcoholismo que han necesitado una terapia de ayuda. A ninguno hemos obligado, aunque debamos admitir que, en ciertos casos, algunos han tenido necesidad de que se les animara una y otra vez. Al final de estas sesiones, las valoraciones han sido siempre positivas. En algunos casos el misionero ha pedido que se le permitiera prolongar la terapia, o bien poder volver para un control. Debemos reconocer que nuestra época produce en abundancia personas frágiles, vulnerables y por tanto necesitadas de un apoyo psicológico. Quizá deberíamos animar más a los jóvenes, ya durante su formación de base, a buscar y frecuentar estos centros, bastante accesibles en muchos países, para no tener que intervenir más tarde debido a crisis declaradas. No basta ya con la clásica y veloz visita al psicólogo antes de ingresar en el seminario, o unos breves cursos en grupo. Parece que entre las generaciones más jóvenes todas las personas necesitan un análisis profundo de la personalidad, prolongado en el tiempo, que les permita un conocimiento de sí mismas realmente profundo y completo, y para aprender a hacer un mejor uso de los mecanismos de ayuda a lo largo de toda la vida. La Dirección General ha querido siempre correr con los gastos de estos servicios, con el fin de evitar que las circunscripciones se sientan tentadas a rechazarlos, ya que en algunos casos son bastante elevados. El Vicesuperior General ha sido la persona de referencia, en nombre de la Dirección General, para estos casos.
d) Aceptación de responsabilidades En el curso de la consulta intercapitular del 2002, fueron presentados dos documentos a la asamblea. El primero consistía en un formulario de “Declaración de responsabilidades y disposiciones” que cada uno de los misioneros, a su voluntad, podía rellenar, firmar y remitir a la Secretaría General en Roma y conservarse en la carpeta personal de cada misionero. El texto fue distribuido por medio de los Superiores de circunscripción a los misioneros. Solamente algunos la firmaron y remitieron a Roma. Pensamos que sería conveniente que el Capítulo la tomara en consideración y, si la considera oportuna, que redactara normas más precisas sobre ella. El segundo documento, preparado por la Dirección General y relacionado también con la aceptación de responsabilidades, concernía a la praxis del Instituto ante eventuales casos de abusos sexuales. Eran normas para los Superiores de circunscripción sobre su cometido y responsabilidad ante eventuales casos de abuso. Los miembros de la Consulta discutieron el texto y aportaron algunas enmiendas. Pensamos que es oportuno que también este texto sea conocido y pueda contar con el aval del Capítulo General.
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