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| Escrito por P. Aquiléo Fiorentini, IMC - P. Matthew Ouma Opiyo, IMC | |
| 17.05.2007 | |
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VISITA A LA REGIÓN ETIOPÍA
Enero 2007 Roma, 19 de marzo de 2007
San José Queridos Misioneros: El tiempo de Adviento y la celebración de Navidad traanscurridos con vosotros nos han ofrecido la oportunidad de vivir en la esperanza de un futuro mejor, convencidos de que el amor del Señor actualiza siempre la palabra dada realizando su promesa de ser Dios-con-nosotros, como se ha realizado en el misterio de la Encarnación del Verbo. El padre Matthew y yo agradecemos la acogida que nos han brindado a todos los que han sabido dedicar su tiempo a la preparación de la Visita, compartiendo después con nosotros sus alegrías, esperanzas, sufrimientos, proyectos y sueños. Nuestro especial agradecimiento al Consejo Regional por habernos ayudado a comprender la realidad de la Región y sugerirnos posibles líneas de acción en los diversos ámbitos que necesitan renovación, creatividad y posible despliegue. También estamos muy agradecidos al padre Antonio Vismara. Aprovechando los largos viajes y el tiempo transcurrido en compañía, hemos intercambiado pareceres sobre diversos temas y nos hemos confrontado sobre situaciones y proyectos, alimentando sueños misioneros sobre las huellas de nuestro Fundador. Por primera vez hemos podido realizar de forma continua la Visita Canónica juntamente con las Misioneras de la Consolata. Junto a ellas hemos valorado y proyectado, esforzándonos en la ayuda mutua, a fin de vivir en la práctica la comunión que brota del mismo carisma y colaborar mejor en la misión que el Señor nos confía en la Iglesia local de Etiopía. Deseamos ahora, con espíritu de familia, compartir con vosotros algunos temas fruto de nuestra reflexión sobre vuestro camino en Etiopía. A. Una mirada a la realidad Contexto socio-político Etiopía tiene casi 70 millones de habitantes. Es una república federal dividida en 10 regiones y la enriquecen muchas lenguas y culturas. La Iglesia Ortodoxa y la religión Islámica conviven pacíficamente con las religiones tradicionales. La Iglesia Católica continúa siendo una minoría en la nación, aun e medio del nuevo clima de libertad religiosa, proclamada por el Gobierno en el poder. El sistema marxista sigue influyendo en la estructura social, si bien no ha conseguido destruir el profundo sentido religioso etíope. Etiopía, con una historia que presume de raíces bíblicas y mezcla de fábula, ha sido siempre una nación fiel a sí misma y nunca ha agradecido el influjo de corrientes culturales y religiosas provenientes del extranjero. Los etíopes tienen cultura, lengua, historia y filosofía propias que los distinguen de África, motivo que les hace sentirse orgullosos. El país se ha abierto al resto del mundo con motivo de la revolución de 1974. Actualmente se ha lanzado decididamente a la modernización, conducida especialmente por las jóvenes generaciones, que constituyen más del 50% de la población total, tratando así se vencer la batalla contra la pobreza. Contexto religioso La Iglesia Ortodoxa ha tenido un influjo enorme en la historia y la cultura de Etiopía, por haber sido la religión de la clase en el poder (los Amhara) durante muchos siglos. También la tradición monacal, dentro de la Iglesia Ortodoxa, ha contribuido a crear una cultura religiosa que ni el influjo extranjero ha podido cambiar. Efectivamente, sigue siendo ortodoxo el 50% de la población. Los musulmanes, en creciente aumento, son el 30%, los católicos el 0,2%, los protestantes el 15%, también en rápido aumento, especialmente entre los jóvenes. La Iglesia católica, aun siendo una minoría, está muy bien considerada tanto por el Gobierno como por las demás religiones, dado el prestigio mundial con que cuenta y por las ayudas que aporta al desarrollo social del país y a la promoción humana. La Conferencia Episcopal, ahora más valiente y locuaz, intenta responder con mayor autoridad a los retos que planten los grupos de fieles de las áreas de la antigua cristiandad, que piden que se les acompañe, y de los jóvenes sedientos de espiritualidad que llaman a sus puertas. Estos signos de los tiempos interpelan y reclaman un mayor despliegue misionero. La Universidad Católica en construcción es una respuesta muy cualificada que da un sentido mayor a la misión. Realidad de la Iglesia y de nuestra misión en Etiopía El Gobierno, al declarar la libertad religiosa en este país, ha colocado a las Iglesias entre las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), con una legislación propia que las regula. La Iglesia católica, por consiguiente, es reconocida como una ONG basada en la fe (como lo son también los protestantes y las demás religiones presentes). Este es el motivo por el que los misioneros no entren en este país como tales, sino con un permiso de trabajo relacionado con una obra de promoción humana. Cada diócesis debe firmar un plan quinquenal de obras de desarrollo social con el Gobierno. No es fácil en este contexto encontrar el equilibrio entre dos aspectos de la pastoral directa y de la promoción humana. Personal y obras IMC en Etiopia y Djibouti Los misioneros pertenecientes a la Región son 34, incluidos los 3 de Djibouti (29 sacerdotes y 5 hermanos). El número oscila debido a la precariedad de la situación. Con nosotros trabajan 5 sacerdotes diocesanos del Vicariato de Meki. Los Centros activos son 10, incluida la Casa Regional. Todas las misiones, además del trabajo pastoral, deben llevar a cabo obras de desarrollo, algunas de ellas muy exigentes en lo relativo al personal y la financiación. El Proyecto Djibouti a duras penas consigue realizarse. Dadas las circunstancias, de momento se dialoga más con las obras que con otras iniciativas. La Visita canónica Han sido 17 días de viajes y encuentros que nos han permitido visitar vuestras comunidades y encontrarnos con cada uno de vosotros personalmente. El cuadro presenta situaciones –positivas o problemáticas– que merecen reflexión y que repasamos seguidamente: • Es destacable el celo misionero del cuadro del personal, pero también el cansancio debido a la falta de equilibrio entre el trabajo y la formación personal, incluso en detrimento de la salud. Sin olvidar que, en varias regiones, un considerable grupo de misioneros han abandonado, en estos últimos años, Etiopía y su ausencia sigue siendo un interrogante para todos nosotros.
• El texto de la V Conferencia Regional reafirma los motivos de nuestra presencia y reclaman la prioridad de la evangelización y la atención a la persona del misionero. Además, está en marcha un proceso de discernimiento para una revisión necesaria acompañada de algunas señales concretas que quieren cualificar nuestra presencia y que deben considerarse decididamente de cara al futuro: la apertura del CAM, la importancia de la formación de base, la reorganización económica. • El sentido de pertenencia a nuestro Instituto es débil en algunos misioneros. Dicho límite se manifiesta mediante una crítica sobre los hermanos y superiores y con el uso incorrecto y poco responsable de los bienes del Instituto. Es verdad que se recorre un adecuado camino comunitario participando en los encuentros bimensuales de FP en la Casa Regional, pero queda aún mucho camino para los encuentros de FP en las Zonas. Queda por dar un mayor impulso a las iniciativas que permitan fortalecer posteriormente la unidad regional y favorecer la disponibilidad de todos para ofrecer su aportación en cualquiera de las actividades y lugares de la Región. • Algunos misioneros viven solos como IMC, colaborando con los sacerdotes diocesanos del Vicariato de Meki; otros viven en comunidad y al mismo tiempo con un sacerdote diocesano. El Consejo Regional prosigue el camino, comenzado durante la anterior dirección regional, de constituir comunidades con los sacerdotes diocesanos con la intención de poder contar con personal suficiente para responder a los compromisos asumidos en el Vicariato. Los pareceres sobre esta iniciativa son contrastantes. Compro-bamos además la buena voluntad del Consejo Regional para dar cumplimiento a las orientaciones capitulares sobre las comunidades locales, pero comprueban también su dificultad para realizarlos debido a la desproporción entre los compromisos asumidos y el personal disponible. • Pocas comunidades realizan el proyecto comunitario de vida (PCV) a causa del aislamiento y de las comunidades “mixtas” con los diocesanos. También en la dimensión pastoral falta generalmente el Proyecto Pastoral hecho conjuntamente. Estas carencias no ayudan a la realización de un trabajo misionero en comunión y profundidad. • Es mínima la presencia de misioneros en la AMV en general y en el empeño de la animación vocacional en particular. • Desde el punto de vista económico, falta un plan válido en las comunidades locales para reducir los gatos, intentar ser suficientes y enviar los balances establecidos a la Administración Regional. La llamada de los obispos de nuestras iglesias y el nuestro en favor de un mayor esfuerzo de los pastores para hacer crecer la sensibilidad de los fieles en la contribución a la autosuficiencia econó-mica de las propias comunidades cristianas no se ha percibido todavía suficientemente por los Misioneros. La tentación consiste en confiar exce-sivamente en la ayuda de los bienhechores del primer mundo. B. Un modo de ser y de vivir en misión La misión en Etiopía es exigente debido a su complejidad y al gran volumen de trabajo asumido, especialmente en el campo de la promoción humana. Se pide de la persona del misionero mucha fuerza interior. Dado el cansancio que sienten muchos misioneros y la dificultad para vivir una vida comunitaria satisfactoria, deseamos reflexionar con vosotros y sugerir alguna pista de acción. Empeñándose sobre sí mismos El trabajo sobre uno mismo es siempre difícil y seguirá siéndolo; nadie puede hacerlo en lugar del otro. Cada cual puede y debe asumir la responsabilidad de la propia vida y orientarse hacia una autenticidad cada vez mayor. Es parte de la programación de la DG el cuidado de la persona del misionero. Nos lo pidió el Capítulo. Sabemos que sin materia prima no se puede conseguir nada. Para tener éxito en una labor de evangelización es necesario que el evangelizador se encuentre en excelente forma en todas las dimensiones. Muchas veces no sucede así, y es entonces cuando el misionero está llamado a aprender a reconocer y abordar sus sentimientos y emociones, es decir, a aprender a “dar un nombre” a todos los movimientos interiores que constituyen su rico patrimonio de energías, que pueden ayudar, si se las sabe integrar positivamente en la unidad de la persona, a vivir y trabajar bien. Si Dios es la razón de nuestra presencia en Etiopía, ¿cómo no hacer que sea Él el centro y la razón de la propia vida? Si queremos que se le conozca, ame y adore por todos, debemos ser nosotros los primeros en hacerlo. Los medios que ayudan a cuidarnos a nosotros mismos son varios: La vida de oración: sumergidos la mayor parte de las horas diurnas entre la gente con mil servicios, os invitamos a tener la capacidad de encontrar momentos solamente para vosotros, como personas individuales y como comunidad para estar con el Señor. Antes y después del baño de multitudes, conviene tener momentos de intimidad con Aquel que da significado a nuestro ser y a nuestra acción con los otros. La dirección espiritual: la confrontación habitual con un director espiritual nos ayuda a discernir si estamos centrados realmente en Cristo o nos mueven otras razones. Los retiros mensuales, las reuniones de Zona, las Asambleas regionales son momentos privilegiados de formación permanente que nos ayudan en nuestra vida y misión. Viviendo y trabajando en familia Algunos religiosos nos han confiado que desean volver y formar comunidad con Misioneros de la Consolata solamente para poder programar, orar y reflexionar juntos, según nuestro estilo. Así se sentirían más motivados también para orar y profundizar los temas de espiritualidad característicos nuestros. El encuentro con el otro, al que estamos invitados a evangelizar, no podrá ser verdadero si antes no se verifica el encuentro entre nosotros, en nuestras comunidades y fraternidades, en las que estamos llamados a vivir de forma primordial relaciones de auténtica fraternidad En este lugar primordial del encuentro que es la comunidad, nuestras vidas se interpelan mutuamente. Aprendemos a conocernos, a amarnos, a perdonarnos, a estimarnos y a asumir libremente nuestras heridas, nuestros límites y nuestros defectos. «Mejor es estar dos que uno solo, porque dos logran más rendimiento en su trabajo, nos dice el Eclesiastés. En caso de caída, el uno levanta al otro; en cambio, ¡ay del solo que cae y no tiene a nadie que le levante!» (Qo 4, 9-10). Atreviéndonos a vivir como hermanos Nuestras comunidades son generalmente internacionales o interculturales. El camino comunitario no siempre se realiza espontáneamente, porque la realidad es compleja. Un drama que afecta cada vez más negativamente al encuentro con el otro es el del tribalismo, el regionalismo, el etnocentrismo, el nacionalismo. Son actitudes que influyen mucho en nuestras relaciones, en nuestras opciones, en nuestras decisiones. Ignorar esta realidad es como esconder nuestros prejuicios y no reconocer que llevamos en nosotros la tendencia a juzgar, a ver el mundo y a los demás partiendo de nosotros mismos; significa también ser cómplices de un mundo que cada vez favorece más la discriminación, la explotación del otro y la exclusión. La internacionalidad vivida en nuestras comunidades, o su carencia, la interculturalidad, hiere y provoca preguntas. Este testimonio es aún mayor cuando se vive en países en guerra o con fuerte discriminación racial. Una forma concreta de participar en los esfuerzos de recuperar la paz y vivir la reconciliación entre estos pueblos consiste en tratar de vivir reconciliados con los propios hermanos, cotidianamente, en la propia comunidad, haciéndose cada uno una pregunta vital: ¿Está mi corazón abierto al cambio, al perdón, a construir puentes de paz y reconciliación, a dejar espacio a los hermanos con quienes se vive? Aunque existan heridas en nuestras relaciones, siempre podemos entrar en un proceso de perdón y de reconciliación. Vivir la reconciliación significa aprender a construirnos con nuestras contradicciones, asumiendo nuestros miedos y las defensas adecuadas y destruyendo nuestros prejuicios, que tanto mal causan. De este modo podemos avanzar con nuestras memorias heridas y selectivas hacia una reciprocidad basada en el perdón, el crecimiento y el respeto mutuo. Nuestro último Capítulo general insistió mucho en la vida de comunidad, tratando de que se construyan de ese modo comunidades con tres miembros al menos, no como una novedad, sino como una necesidad y una consecuencia inseparable de nuestra vocación de hombres consagrados, discípulos de Cristo y enviados como misioneros al mundo de hoy. En este campo es importante cuidar la preparación al envío, y no menos lo es la acogida y la integración en la vida fraterna de los que llegan a la misión. El testimonio de ser familia nos ayuda en nuestra misión. Las reuniones comunitarias, como plataforma de base, son de la máxima importancia para caminar en armonía. De este modo las informaciones circulan y ayudan en las relaciones interpersonales, en el trabajo apostólico y en la programación de los diversos campos de acción. Que entre unos y otros haya siempre confianza, comprensión, capacidad para el perdón, evitando dar la preferencia a los hermanos por razones de país o continente de proveniencia, de raza, cultura, edad o formación. Que prevalezca el hecho de tener la misma vocación y ser miembros de la misma familia, donde el amor fraterno nos hermana, siendo de este modo miembros orgullosos de pertenecer a la misma familia. En colaboración Como Misioneros de la Consolata estamos llamados a colaborar con las Misioneras de la Consolata, a trabajar en comunión y unión en los diversos campos: pastoral, salud, educación, AMV, formación... El mismo Padre común y el mismo carisma nos ayudan a estar en sintonía y a testimoniar ante la Iglesia y el mundo nuestra capacidad de trabajar en unidad de intenciones. Como Direcciones Generales, visitando las comunidades donde trabajamos juntos, nos hemos encontrado con todos, misioneros y misioneras, para proceder a una valoración y una posible mejora de nuestra colaboración en la evangelización. Han sido momentos de verdadera vida de familia, donde esperanzas, gozos, sueños, realizaciones y dificultades han sido compartidos con espíritu de verdad y fraternidad. En Shambu, tras algunos contratiempos y tensiones, el proyecto común continúa bajo el signo de la esperanza, en beneficio de toda aquella área, pensada y soñada por nuestro Fundador como tierra de misión para sus hijos e hijas. Vida consagrada y relación con los sacerdotes diocesanos La realidad es que estamos viviendo y trabajando en comunidades “mixtas” con sacerdotes diocesanos. Consideramos importante colaborar con la Iglesia local y trabajamos en armonía con el clero local. Pero consideramos conveniente que sean comunidades diferentes: comunidades de Misioneros de la Consolata y comunidades de sacerdotes diocesanos, aunque cercanas entre sí, que colaboran mutuamente, pero cada una viviendo su carisma. Así, las personas que han hecho una opción carismática específica, intentarán ser fieles a ella y harán sus propias programaciones en los diversos campos. Vemos conveniente que cada uno viva su opción de vida: unos como religiosos, otros como diocesanos. Cada uno tiene derecho a vivir su propio estilo de vida, de acuerdo con su vocación. Nosotros tenemos el derecho a vivir nuestra vida comunitaria como familia de la Consolata. Pedimos al Consejo regional que revise, de acuerdo con el obispo, esta praxis, para encargarnos solamente de las misiones que podemos atender como Misioneros de la Consolata. ¡Atentos al activismo! Nosotros somos también conscientes de que el activismo, la precedencia de los compromisos apostólicos sobre la vida fraterna, afectan gravemente a la calidad de nuestras relaciones, a los momentos de intercambio y de comunión fraterna. Debido al activismo, la vida comunitaria puede chocar contra una importante carga de individualismo, a menudo relacionada con una reivindicación de autonomía. Y de ese modo la comunidad puede convertirse en una agrupación de personas indiferentes al destino de las demás, sin sentirse comprometidas ni implicadas. La gran interconexión mundial (internet, canales de TV internacionales...) de los que todos nos beneficiamos hoy, permite relacionarnos fácil e inmediatamente con cualquier parte del mundo, pero nos aísla, paradójicamente, del hermano con el que vivimos; los juegos solitarios y los DVD hacen que pasemos horas y horas delante de la pantalla sin preocuparnos de otras cosas. Cuando las comunidades son pobres en relaciones o no existe la comunicación, la vida fraterna suele debilitarse y, sin apenas darnos cuenta, se debilita, hasta el punto de sentirnos extraños los unos de los otros. En ese caso, las relaciones interpersonales son superficiales y se sitúan más en el cumplimiento de un horario o en lo meramente funcionalidad del grupo que en la comunicación de vida. Las consecuencias pueden ser penosas. Uno termina así por vivir en una mentalidad individualista e indiferente al otro, a la comunidad. La oración, la verdadera vida fraterna, auténtica, evita la huida a lo privado. Haciéndonos santos El trabajo misionero en una situación tan compleja como la vuestra no puede contar solamente con las fuerzas humanas, sino que reclama de los misioneros una intensa interioridad. El bienio de reflexión y profundización sobre la santidad de vida que estamos viviendo en todo el Instituto nos recuerda con fuerza el compromiso de tratar de ser misioneros “santos”, que deben renovarse en la espiritualidad con decisión y entrega. Con el fin de valorar este camino hacia la santidad de vida, recordamos lo que propuso el último Capítulo general: crear, donde es posible, Centros de espiritualidad como “corazón” propulsor de renovación. Ante este camino invitamos a la comisión que estudia la organización del Centro de Modjo a clarificar su identidad y finalidad. Llenándose de celo misionero La vida misionera comporta dificultades también en nuestro tiempo. La misión en Etiopía necesita misioneros que estén dispuestos a sufrir privaciones, a vivir lejos de los centros urbanos, sin las comodidades de las que tal vez se disponían en otro tiempo y en otros lugares. Es decisivo que no falte este espíritu de disponibilidad de vivir junto a los pobres. La misión exige presenca constante, establidad y acompañamiento. Menos viajes podrían ayudarnos a los misioneros a buscar siempre caminos nuevos de acercamiento a la gente y mayor compromiso en la evangelización. C. Un estilo propio de evangelizar Nuestra misión, como decíamos ante-riormente, es una ayuda a la Iglesia local en medio de un pueblo de mayoría ortodoxa, con una considerable presencia islámica y protestante, donde no se pueden dejar de tener proyectos de ayuda al desarrollo del pueblo y de la nación. En el pasado existía un límite, que en algunos lugares se sigue notando aún hoy, en relación con el estilo de pastoral, que merece una reflexión y una nueva toma de posición: la de la beneficencia, mediante la que se distribuyen bienes sin una implicación de los beneficiarios de las ayudas. La gente ha sido poco responsabilizada a colaborar y poder llegar a prescindir de las ayudas externas. La autosuficiencia, pues, parece ser todavía un objetivo lejano. Lo positivo que hemos advertido en la Dirección regional y en muchos misioneros ha sido el deseo de buscar una nueva identidad de nuestro ser y nuestro obrar, siendo fieles a nuestra vocación de misioneros entregados a la salvación del hombre de modo integral, realizando bien nuestra misión. Compromisos y fuerzas reales A la luz de las llamadas hechas por el undécimo Capítulo general, vuestra quinta Conferencia regional ha tratado de responder armónicamente a ellas. La realidad con la que se debate la Región demuestra que el camino que debe hacerse se presiente arduo y muy cuesta arriba. El espíritu de decisión y de fortaleza que caracteriza nuestra condición de hijos de Allamano hace que nos pongamos manos a la obra para tratar de convertir en realidad esos objetivos. Somos conscientes de que no ofrecemos recetas milagrosas a vuestros problemas. Creemos, por el contrario, dentro del espíritu de una visita de hermanos a otros hermanos, en la conveniencia de poner de relieve urgencias y retos, resaltar convicciones, recuperar orientaciones, proyectar posibles caminos nuevos. La mayor parte de vuestra acción evangelizadora está estrechamente ligada a la promoción humana, que se concretiza específicamente en estos campos: la educación por medio de las escuelas dirigidas por las misiones; la sanidad por medio de la dirección del gran hospital de Gambo y de diversos dispensarios, para cuyo trabajo contáis con la colaboración de personal de las congregaciones femeninas; la visita a las familias y la catequesis; la puesta en práctica de un gran número de ayudas al desarrollo, bien mediante proyectos concretos en la agricultura, en la perforación de pozos en busca de aguda, bien con la ayuda en las oficinas para la gestión de esos mismos proyectos. Nuestra observación es que los proyectos y las responsabilidades en ellos ocupan la mayor parte de vuestro tiempo, de vuestras energías, de vuestra capacidad de creatividad y realizar proyectos. Sabemos que nuestra presencia en el país está relacionada con nuestra colaboración en el desarrollo y en la promoción de las personas. Consideramos exagerado, no obstante, el derroche de energías y medios en las obras sociales si lo comparamos con la obra de evangelización que es también encuentro, diálogo, acogida, espiritualidad, encarnación, celebración y santificación. Sabemos que es difícil ser misioneros y comportarnos como tales en esta realidad, donde tantas necesidades tiene la gente y se quisiera responder positivamente a todos. Se puede hacer una cosa y otra con equlibrio. Tener las obras suficientes por nuestra presencia en un lugar y realizar bien nuestra obra de evangelización. Para esto estamos en Etiopía. Hacer bien el bien, os pedía nuestro Beato Fundador. ¡Cuántas otras comunidades cristianas de podrían fundar alrededor de nuestras misiones si nos dedicáramos más a la atención de las necesidades espirituales de la gente! Nos sentimos orgullosos con la decisión que tomasteis en la última conferencia de no comenzar a lo largo del sexenio otros proyectos y solamente centraros en los ya comenzados. Contamos con vuestra capacidad para mantenernos fieles. Todos conocemos las orientaciones que ayudan a hacer el bien en este, es decir, que todos los proyectos cuenten con la aprobación y la firma de todos los miembros de la comunidad local donde el proyecto se realiza, del superior regional y del obispo local. Es deseable que la Dirección regional tome visión del proyecto sobre el lugar de su futura realización antes de aprobarlo. Debe considerarse seriamente el tema de la revisión de algunas de nuestras obras, especialmente cuando la escasez y la complejidad de las obras exigen más fuerzas. Habéis ya definido, teniendo en cuenta el calendario, los periodos de la entrega a la iglesia local de las obras en Asella y en Wonji, como parte de vuestro programa de revisión. Se podría pensar también en hacer el discernimiento sobre la misión de Shashemane u otra. El hospital de Gambo merece una atención especial. Respetando la intención de confiar esta obra estupenda a otro organismo, es importante tener presente algunos criterios orientadores: - preparar la cesión ordenando el hospital de manera que esté suficientemente estructurado; - preparar personal administrativo y médico-enfermerístico local que pueda continuar la obra en el próximo futuro continuando el servicio a los pobres sin intenciones lucrativas. Pastoral ministerial Una de las vías privilegiadas para evangelizar y llevar el primer anuncio a quienes no lo han recibido consiste en hacer que todas nuestras parroquias-misiones sean verdaderas “comuni-dades ministeriales”. Alguna indicación: • La presencia de catequistas ayuda a llegar allí donde nosotros no podemos. Su pertenencia a la cultura del lugar ayuda a que llegue más fácilmente el mensaje cristiano al corazón de las personas.
• Fórmese paulatinamente el consejo pastoral de las comunidades y valórese al máximo. Es un medio eficaz que favorece la implicación de los laicos, crea comunión y suscita energías nuevas en el campo de la evangelización. • El contexto actual favorece un camino de mayor proximidad a la Iglesia Ortodoxa. El camino del ecumenismo debe tenerse en cuenta en los Proyectos pastorales que hacéis. • En cuanto al empeño específico de la comunidad de Djibouti en el campo del diálogo interreligioso con el mundo musulmán, creemos en el valor del proyecto. Se sugiere que un externo, experto en el diálogo interreligioso, ayude a los misioneros a leer la realidad en los diversos campos en los que están comprometidos y les facilite consignas a seguir hasta el encuentro en el que se valora el camino, reflexionando al respecto, abriendo ventanas para otras consignas. • Debido a las características propias de la misión en Etiopía, los laicos misioneros pueden encontrar un lugar adecuado para prestar su servicio misionero y colaborar con nosotros en los diversos campos de la Región. Consolación y pobres «Desde el principio, los primeros Misioneros de la Consolata eligieron obras y medios que hoy llamamos “de consolación”. Los iluminó la que es para nosotros inspiradora de una Misión que sea expresión de un Dios que “consuela a su pueblo y se compadece de sus pobres” (Is 49, 13). Del corazón compasivo de Dios nace la Misión que trae el consuelo a la humanidad» (XCG 49). Recordamos, en este contexto, algunas opciones hechas por la última Conferencia Regional y otras que se han decantado durante la visita: • Los temas y las cuestiones relativas a la justicia y a la paz están abriéndose paso cada día más en el ámbito específico de nuestra vocación y de nuestra praxis pastoral. La pobreza, la corrupción, las nuevas enfermedades, las ofensas a la dignidad de los niños, de los golfillos y de las mujeres, son realidades que deben ser estudiadas y afrontadas con iniciativas adecuadas que lleven a formar e informar sobre ellas y sobre otras cuestiones más sentidas y debatidas.
• Sugerimos que paulatinamente se vaya formando en nuestros ambientes de misión, la comisión de Justicia y Paz para sensibilizar al pueblo sobre el tema de la pobreza, de la justicia y de la paz. • Las obras deben estar más en sintonía con el nivel de la gente local. Invitar a los fieles a participar en la construcción de sus iglesias y de las obras sociales, respetando sus tiempos, sus ritmos e implicaciones en lo que la concierne. Solamente así la iglesia, la escuela y el dispensario serán sentidos como propios, como “suyos”. D. Una economía de comunión En relación con este aspecto, importante para vivir bien la vida consagrada en la dimensión de la pobreza, queremos detenernos un poco. La situación económica de la Región no es buena y en los últimos años se han advertido bastantes dificultades al tratar de reunir fondos para los proyectos. Las causas podrían encontrarse en los aspectos siguientes: - los retrasos en la gestión administrativa, que han impedido cerrar las cuentas en los tiempos establecidos, para ayudar a las personas y comunidades a conocer cómo están realmente las cosas en relación con dichas cuentas;
- el alto número de vehículos y su escaso cuidado, motivo de numerosos accidentes. Son vehículos del Instituto, no a servicio de los misioneros sino de los proyectos externos, aunque se trate de alguna manera de proyectos relacionados con la misión; - el gran número de obras, a veces creadas como iniciativas personales, aunque luego, para su funcionamiento, se recurre a la caja común, que distribuye ayudas regularmente para pagar los gastos de las comunidades locales, incluso cuando las mismas tienen ayudas suficientes y sobrantes para sostenerse. ¡Caja común es también colaborar con ella preocupándose de añadir algo cuando es posible! - el elevado número de empleados, no siempre necesarios, muchas veces asumidos sin tener en cuenta su preparación, profesionalidad y eficiencia, pagados por la caja común. Comportarse seria y profesionalmente con ellos es un modo de promoverles en su dignidad de personas y de trabajadores. Al tratar de sugerir algunas pistas de solución, pedimos la colaboración de todos vosotros en el cumplimiento de las siguientes recomendaciones: - usar los fondos y la ayudas recibidas correctamente. Presentar las cuentas mensualmente, cumpliendo con las fechas establecidas;
- colaborar con el servicio que el Administrador General hace a la Región en sus visitas, y cumplir con escrupulosa atención sus directrices. Pedir su ayuda para la formación del nuevo personal a fin de que pueda ayudar en la Administración y en los proyectos regionales; - hacer un estudio sobre la posibilidad de entregar gradualmente al Estado ciertas obras y servicios (aun dentro de la misión que seguimos realizando), que son económicamente gravosas y que exigen a los misioneros un tiempo excesivo y ayudas materiales en su realización (revisión o redimensionamiento); - sostener los proyectos con los propios recursos, sin tener que usar el dinero de la caja común que ha sido donado al Instituto para otros fines, caritativos o de evangelización específica; se trata para nosotros de un deber de justicia; - revisar el método de evangelización de la Región. Menos proyectos, gestionándolos bien, con dignidad y eficiencia, realizando solamente aquellos que la misión puede iniciar y seguir apoyando; - realizar un budget en cada comunidad local; todas las comunidades están invitadas a realizar su budget, tal como lo pide la Dirección Regional, y mantenerse fieles a cuanto ha sido programado, incluida la Casa Regional; - uso de los vehículos: los coches son del Instituto. Que haya automóviles suficientes para que los misioneros puedan realizar bien su misión. Cuestionamos el uso de los coches del Instituto para el servicio de proyectos, que a veces no aportan nada, en manos de personal externo. Es conveniente emprender los caminos que lleven a una menor dependencia de las ayudas del Instituto, especialmente con vistas a la cesión de alguna obra gestionada por nosotros. E. Una mirada al futuro Seguid realizando el proyecto emprendido por la V Conferencia Regional, recuperando la dimensión carismática de la comunidad, formando comunidades con tres miembros IMC para ser testimonios y saber anunciar el amor a la misión. Una buena perspectiva para el futuro es la puesta en marcha del Centro de AMV y la reapertura del Seminario Menor de Modjo. Cada uno de los misioneros está llamado a crear las condiciones favorables a un compromiso de AMV serio y auténtico. Considerando la falta de textos sobre el carisma en lengua local, animamos a que traduzcáis algún texto para facilitar el trabajo en este sector. El camino continental es objeto de preocupación para vosotros porque notáis la gran diferencia en la cultura, la religión, etc., existentes entre Etiopía y la demás naciones de África. A pesar de todo, deseáis tomar este tema en consideración y estáis dispuestos a compartir los procesos y caminar juntos. La presencia de consolación en el país, aunque mínima, es como la levadura en la masa; estáis llamados a dar vida en abundancia a los pobres que os rodean, para enriquecerles con el mensaje evangélico y con vuestra humanidad, consolación y promoción. Nuestro sueño es que se haga realidad el de la Dirección Regional, que desea que los misioneros sean capaces en la Región de trabajar juntos como una comunidad internacional, estimando las propias diversidades como riquezas; caminando al frente en la misma dirección, como Región; cultivando el espíritu de familia que deseaba el Fundador; creando comunidades fraternas que comparten la oración y las cosas; donde la recalificación no es una cuestión del número de personas o de misiones que se realizan, sino más bien la cualidad de la vida religioso-misionera como testimonio de Cristo. Permitidnos, al terminar nuestra carta, detenernos sobre una pregunta que después de tantos años de presencia en esta tierra resulta cada vez más imperiosa y merece una respuesta: ¿Hasta cuándo podremos continuar con este tipo de misión y de evangelización? Tal vez haya llegado el tiempo de revisar nuestro carisma ad gentes, de abrirse a nuevos desafíos como los del diálogo interreligioso y el ecumenismo, y a fundar nuevas comunidades específicamente de primera evangelización. Conclusión Confiamos a María Virgen, Madre de Dios, “estrella de nuestra evangelización”, nuestra misión en Etiopía. Y pedimos al Beato José Allamano que multiplique, entre las personas de vuestras comunidades cristianas, el número de sus hijos como fieles herederos de sus ideales apostólicos. Que el Beato Charles de Foucauld, patrono especial del Instituto de este año, nos ayude a estar entre los pobres de manera sencilla, siendo fieles a nuestra vocación, dando testimonio con la oración y con nuestro amor a la Eucaristía y a Cristo encarnado en la gente a la que servimos en tierras etíopes. P. Aquiléo Fiorentini, IMC
Superior General P. Matthew Ouma Opiyo, IMC Consejero para África |
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