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| III Conferencia de la Región Norteamérica |
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| Escrito por P. Aquiléo Fiorentini, IMC - P. José Luis Ponce de León, IMC | |
| 17.05.2007 | |
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III CONFERENCIA DE LA REGIÓN NORTEAMÉRICA
Aprobación de las Actas Prot. 252/06 “Llevamos este tesoro
en vasijas de barro, para que aparezca claro que esta pujanza extraordinaria viene de Dios y no de nosotros” (2Cor 4,7) Queridos Misioneros: Vuestra Región vive un momento difícil. Vuestra historia está marcada por acontecimientos que han atormentado la presencia del Instituto en Estados Unidos y Canadá debido a los cambios sociales que se han producido: los nuevos retos que la realidad nos presenta y sentirse impotentes y desarmados ante tantos cambios. Os encontráis ante momentos difíciles y de gran desorientación. Somos también conscientes del sufrimiento causado por la larga enfermedad y la muerte del llorado P. Crespi. Habéis celebrado la Conferencia en un clima de gran fraternidad y con el deseo de reflexionar y dejaros interpelar por la realidad interna y externa, aunque diversos motivos contingentes hayan impedido el logro de un documento completo. Con esta carta queremos recordar algunos criterios y valores básicos a los que debéis referiros en vuestro camino para no perder el horizonte, para seguir esperando, para reaccionar con gozo y fidelidad y para conseguir que lo escrito en el documento, unido a las Actas de la II Conferencia del año 2000, pueda realizarse como misión nuestra. 1. Fidelidad al Carisma: Nuestro servicio a la Iglesia local se ha dirigido siempre a las gentes, y así debe proseguir, pues es un signo y un instrumento de vida misionera. Un servicio para toda la vida, expresión de continuidad en el tiempo y de totalidad de la entrega. Este modo nuestro de ser misioneros se expresa con la presencia en estos dos países. No estamos aquí como entre paréntesis o a la expectativa, sino porque somos “enviados” para contribuir a hacer misionera en toda la Iglesia. Nuestro horizonte, nuestra prioridad se dirige a la AMV y a que nos hagamos voz de los pueblos y de las necesidades de la humanidad. El mandato misionero nos pide un gran esfuerzo de encarnación e inculturación para no ser extraños a la sociedad y a la Iglesia. Desde esta convicción debe abrirse paso una nueva exigencia: no basta “narrar la misión”, es preciso anunciarla con nuestra vida. No basta ser maestros, debemos ser testimonios de vida misionera. 2. Modalidades de presencia. Estamos llamados a elegir y proponer un estilo cualificado y coherente, es decir, a vivir: a. la misión en la debilidad, fundada en el descubrimiento de la centralidad de la Palabra, en la apertura a la frontera, del mismo modo que Jesús, que hizo del camino de la cruz su vida. Una debilidad que, si se acepta y vive al lado de la gente testimoniando la justicia y la paz, conduce al verdadero anuncio del Señor. b. La misión en la pobreza mediante la opción resuelta por los pobres y la concreta proximidad a ellos, revisando nuestras obras y nuestras estructuras. c. La misión en el martirio, por la seriedad y coherencia en nuestro ser y obrar, por una caridad que lleva a compartir y donar la propia vida. 3. Unidad de intenciones: Nuestro servicio misionero debe situarse “dentro” del camino de la Iglesia, para ofrecer nuestra aportación específica de anuncio misionero según los modos de nuestra tradición de Instituto. El primero de todos consiste en vivir y trabajar en comunión, lo que comporta obrar en “unidad de intenciones”, dando testimonio de ella; empeñarse para que todas nuestras comunidades, nuestros misioneros y las parroquias se abran efectivamente a la misión “ad gentes”; colaborar fraternalmente con todas las fuerzas, evitando asumir servicios a título personal. Deseamos que avancéis todos felizmente por este camino de la misión en ambientes desafiantes y cargados de un futuro como el vuestro. Que esta “provocación” os ayude a retomar nuestra presencia, que sea “gracia” para vuestra misión y celebración de todo lo que se ha hecho y apoyado en la Conferencia que os propusisteis realizar. Roma, 30 de noviembre de 2006
P. Aquiléo Fiorentini, IMC – Superior General P. José Luis Ponce de León, IMC – Secretario General |
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| Ultima modificación ( 16.05.2007 ) |
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