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| Padre Witold Malej (1922-2006) |
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| Escrito por P. Pietro Trabucco, IMC | |
| 17.05.2007 | |
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Padre Witold Malej, imc
1922 – 2006 El P. Witold Malej nació el 29 de julio de 1922 en Dzierkowszczyzna, en un territorio polaco que después de la última guerra fue anexionado a Bielorrusia. Hizo los estudios secundarios en Głębokie, su tierra natal. Terminó el liceo en Varsovia, donde, tras ingresar en el Seminario, prosiguió el iter formativo hacia el sacerdocio. Fue ordenado sacerdote de Varsovia el 12 de marzo de 1949 por el cardenal Wyszynski. De su ministerio en Varsovia solamente sabemos los siguientes cargos y actividades: - 1949-51: Vicario parroquial en Powsin; - 1951-53: Vicario de la iglesia universitaria de Santa Ana en Varsovia; - 1951-66: Director de la Biblioteca Diocesana, redactor de la revista mensual diocesana, archivista de la Archidiócesis de Varsovia; - 1967-73: Pároco en Raszyn. Durante sus primeros años de ministerio en Varsovia obtuvo el doctorado en Teología por la Facultad Teológica de Varsovia (1951). En 1953 consiguió el grado de “magister historiae” en la Universidad de Varsovia. Se especializó posteriormente en biblioteconomía para poder desempañar mejor el servicio de director de la Biblioteca diocesana de Varsovia. En estos años escribió varias biografías de eminentes personalidades de su diócesis y numerosos artículos en la revista diocesana. En su ficha anagráfica, el P. Malej no deja nunca de anotar que desde 1960 forma parte de la “Sociedad Mariológica Colombiana” de Bogotà. Por este motivo escribe numerosos artículos de mariología en polaco, al tiempo que colabora en la revista “Marianum” de Roma. Al final de la década de los ‘60 y al comienzo de los ’70, el P. Malej contactó con el P. Giovanni Garbolino cuando se encontraba realizando numerosos viajes a la Unión Soviética y a Polonia. Maduraba así el deseo de hacerse misionero de la Consolata y dedicar el resto de su vida al apostolado misionero. Al concluir el año 1973 obtiene el pasaporte para ir a Italia e ingresa en el Noviciato en la Certosa de Chiusa Pesio. Al año siguiente, el 21 de noviembre de 1974, emite la profesión religiosa. El maestro le presenta para dar ese paso con alguna perplejidad, dada su edad, un tanto avanzada, y debido también a algunos aspectos de su carácter, pero alaba especialmente su empeño a lo largo del noviciado, su nítida espiritualidad y espíritu de sacrificio y el esfuerzo demostrado para adaptarse al ambiente italiano y al ritmo del noviciado. El P. Malej transcurre en Roma sus primeros tres años de profeso, a lo largo de los cuales se le concede la posibilidad de visitar las misiones de Kenya, de Tanzania y de Etiopía. Es interesante leer la crónica que escribe a lo largo de estos viajes misioneros, en la que describe con precisión rigurosa a las personas con las que se encuentra y las actividades de las diversas misiones. No deja de detallar el número de las misas celebradas en kikuyu, wn swahili, wn kimeru. Anota el número de rosarios, medallas y estampas distribuidos (es una prodigalidad que le acompañará toda la vida). En sus cartas a la Dirección General expone sus impresiones positivas ante las realizaciones misioneras: «Conservo una fuerte y positiva impresión del trabajo misionero hecho en Kenya. He visto cómo nuestros misioneros, con gran serenidad y experiencia, hacen todo lo posible para extender el Reino de Dios. Hay algunos –como el P. Manfredi y el P. Comoglio– que han dedicado cincuenta años a Kenya. Otros, como el P. Giacosa, tras quince años de misión, disfruta solamente de dos años de vacaciones en Italia. Cuántos sacrificios (harambee, safari) se hacen para construir las iglesias, las casas, la escuela y los hospitales […]. Me siento con el deber de dar las gracias a la Providencia divina por tanta bondad, y a continuación a la Dirección General y Regional por todo lo que he podido recibir en Kenya. Me servirá para la animación misionera y vocacional en Polonia». El periodo que el P. Malej pasa en Roma antes de su profesión perpetua es utilizado especialmente para promover los contactos con Polonia. Eran tiempos en que la Dirección General comenzaba a abrir la puertas del Instituto a las no pocas llamadas de jóvenes que deseaban ser Misioneros de la Consolata. No resultaba fácil verificar los verdaderos motivos, si les movían auténticos deseos o más bien buscaban la manera de huir del régimen comunista y opresor de su país. El P. Malej, movido quizá por el deseo de que el Instituto pudiera establecerse sólidamente en Polonia, era bastante optimista sobre las buenas disposiciones de los jóvenes polacos. La experiencia, sin embargo, habría de resultar contraria a los deseos de la Dirección General y a los sueños del P. Malej. Todavía antes de la profesión perpetua (21 de noviembre de 1977), el P. Malej fue destinado no a Polonia sino a Brasil, donde la población de procedencia polaca era muy numerosa. Los superiores consideraban que Brasil podía ser un país adecuado dados sus orígenes. No resultaría, sin embargo, tan fácil. La lengua se convirtió en un hueso duro que roer para él y el ambiente con el que se encontró no era acorde con su preparación. Son los años turbulentos del posconcilio, tiempos de experimentaciones formativas y búsqueda de nuevas formas de misionar. La formación apostólica del P. Malej, que se resentía mucho del estilo sacramental y devocional de Polonia, no le permitía ver con buenos ojos los experimentos. Y en marcha, en busca de nuevos métodos pastorales. Al escribir al Vicesuperior General, después de tres años de presencia en Brasil, el P. Malej alude a las numerosas dificultades encontradas, a las situaciones -especialmente en el campo formativo- que chocan con su mentalidad, a la imposibilidad de acercarse a los jóvenes de origen polaco porque conocen la lengua más que sus padres. Concluye su carta, no obstante, poniendo de relieve su convicción de que, aun siendo tan dura su experiencia, puede constituir un aliado para sus futuros cometidos misioneros. Pocos meses después le llega una carta en la que se le destina a Italia. El P. Witold vuelve ilusionado a Roma para hacerse cargo de sus relaciones con Polonia a través de una intensa correspondencia epistolar. Ayuda a las parroquias y a los sacerdotes de su país con el envío de material litúrgico, recoge ofertas para la celebración de misas que son un auténtico maná para el clero polaco que no navega económicamente en buenas aguas. Tras ocho años de estancia en Roma, es trasladado a Cavi di Lavagna, donde tiene la posibilidad de intensificar sus servicios pastorales a favor de las parroquias, especialmente en las celebraciones de misas y en las confesiones. La caída del muro de Berlín da lugar a nuevos escenarios en el Este europeo y conseguir el visado para uno de esos países no es ya un sueño irrealizable. En abril de 1994, a sus 72 años de edad, el P. Witold pide a los Superiores de Roma y al arzobispo de Minsk que acepten su ofrecimiento de dedicar cinco años al servicio de su parroquia nativa de Dzierkowszczyzna (Bielorusia), que en aquel momento carece de sacerdote. Su petición es aceptada y en diciembre del mismo año se encuentra como responsable de algunas pequeñas parroquias rurales, entre ellas la que le había acogido para recibir el bautismo y en la que había vivido los primeros años de su vida. En las numerosas cartas que escribe a los Superiores habla complacido de sus actividades pastorales y de sus viajes por el inmenso territorio de la diócesis para ayudar en la pastoral a algunos sacerdotes que la necesitan en los momentos fuertes del año litúrgico. El cambio de un clima suave como el de Cavi di Lavagna a los 30 grados bajo cero de Bielorrusia no asusta gran qué a alguien que como él era capaz de lanzarse en lo más crudo del mes de enero a aguas de Golfo de Liguria. En Dzierkowszczyzna hace la tradicional visita a las familias y bendecir sus casas en tiempo de Navidad, cuando la temperatura es muchos gados bajo cero. En abril de 1999 recibe la visita del Superior General, que pasa con él una semana entera. A pesar de la temperatura, todavía rígida, le lleva a visitar varias parroquias con un viejo automóvil Lada ruso que un feligrés pone a su disposición. Visita también a algunas familias para poder constatar el modo de vivir en un país “comunista”. Aprovecha la presencia del Superior General para presentarle la petición de continuar su servicio pastoral en Bielorerusia un quinquenio más. Su vida es muy sobria, pobre incluso. No tiene ninguna persona de servicio, él solo se las arregla en la casa parroquial con la ayuda periódica de alguna buena señora de la parroquia. Al comienzo del 2000 se crea la diócesis de Vitebsk, que incluye la parte oriental de la archidiócesis de Minsk y de la que Dzierkowszczyzna forma parte. El P. Malej se acerca a los 80 años, pero repite al nuevo obispo su deseo de continuar su acción pastoral mientras la salud se lo permita. En junio del 2001, los dos Consejeros Generales, padres Giano Benedetti y Aquiléo Fiorentini, le visitan con la intención de estudiar la posibilidad de una eventual apertura del Instituto en aquel país, deseada por monseñor Stanislao Blin, obispo de Vitebsk. Aunque el P. Malej haya animado la presencia del Instituto en Polonia, teme ahora que nuestra presencia en Bielorrusia no tenga suficientes garantías de éxito. En el 2004 corresponde al Superior de la Región Italia, a la que el padre pertenece, visitarle y ofrecerle la posibilidad de un no lejano retorno a Italia, dada su edad. Su salud no va mal, aunque se manifiestan ya los primeros síntomas de desorientación. Su traslado a la Casa Beato Allamano de Alpignano no se realiza hasta febrero del 2006. Sus últimos meses de vida transcurren en el ambiente acogedor de Alpignano y en compañía de numerosos hermanos. El P. Witold Malej falleció el 7 de septiembre del 2006, en Alpignano, a la edad de 84 años, 31 de profesión religiosa y 57 de sacerdocio. Su cuerpo descansa en el cementerio de Alpignano. P. Pietro Trabucco, IMC
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| Ultima modificación ( 16.05.2007 ) |
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