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| P. Giovanni Morando (1920-2006) |
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| Escrito por P. Pietro Trabucco, IMC | |
| 17.05.2007 | |
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P. Giovanni Morando, imc
1920-2006 El P. Giovanni Morando nació el 17 de febrero de 1920 en Mango, diócesis de Alba, provincia de Cúneo. Terminados los estudios escolares, el 22 de octubre de 1932 ingresaba en la casa apostólica de Favria, con una carta de acompañamiento escrita por su párroco, muy positiva, que terminaba con el deseo siguiente: “Giovanni Morando es un buen muchacho y confío y espero que lo siga siendo en el futuro en el Instituto Misionero y por el Reino de Jesucristo”. No disponemos de otra documentación que especifique las motivaciones de su decisión. El iter formativo del joven Morando recorre con normalidad las etapas habituales en las diversas casas del Instituto del norte de Italia, sin dificultades especiales, exceptuados, evidentemente, los momentos difíciles y los sinsabores relacionados con los acontecimientos bélicos y prebélicos de la Segunda Guerra Mundial. Pasa de una fase a otra de su formación regularmente, contando siempre con la estima de sus formadores, que no dejan de subrayar algunos detalles peculiares de su carácter: índole de artista; persona rica de energías y recursos, aunque lento en la realización de sus tareas y amante del aislamiento; es de piedad sólida y le caracteriza un gran entusiasmo hacia la misión. Finalizados los estudios secundarios en Favria, pasa a Varallo para comenzar estudios superiores que terminará en Certosa. El noviciato trasncurre entre Uviglie y Montevecchia. Comienza la teología en Turín, la continúa en Certosa y en Varallo como asistente y finalmente la termina en Uviglie, donde el 18 de junio de 1944 recibe la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Giuseppe Angrisani, obispo de Casale. Una vida dedicada a la formación de misioneros Su primer destino como sacerdote fue el campo de la enseñanza en Varallo Sesia entre los jóvenes del Liceo. De Varallo pasa a Portugal en 1947, donde despliega sus capacidades de sacerdote en las primeras casas apostólicas de aquella naciente circunscripción. Escribe al Superior General y le expresa repetidamente que se siente contento y feliz al poder trabajar en la formación, especialmente de los Hermanos coadjutores. Afirma que con ellos se encuentra bien y en profunda sintonía. No obstante, en su abundante correspondencia con los superiores no faltan alusiones periódicas a la misión en las que se expresa así: “¡No podría ser este año el de la partida hacia tierras de misión? Ténganme presente para cualquier destino, en cualquier puesto, donde sea, sin temor, para con la gracia de Dios poder realizar algún trabajo” (16 de marzo de 1956). Cuatro años después repite nuevamente al Superior General su plena disposición para ir a algún lugar de misión: “Creo que podría adaptarme a cualquier obra del Instituto, en cualquier campo y para cualquiera actividad del ministerio misionero o de la enseñanza en África, en Europa o en América”. Algunos meses después, en lugar de África, llega a la Certosa di Chiusa Pesio como asistente del maestro de los novicios. ¿Qué significaron para el P. Morando los trece años de permanencia en Portugal? Lo podemos saber por la correspondencia que mantuvo. En primer lugar, fue para él una buena “escuela de misión”: la vida dura de los comienzos, los pocos medios materiales a disposición para llevar adelante los seminarios y las casas apostólicas, la entrada en una nueva cultura y la necesidad de aprender una nueva lengua. En segundo lugar, Portugal le permitió descubrir la figura de Santa Teresa del Niño Jesús cuando hacía un servicio de pastoral a las Religiosas Carmelitas. Considerará siempre el encuentro con la santa protectora de las misiones uno de los dones más hermosos que el Señor le concedió. De asistente de los novicios en Certosa pasa a ser maestro en Rosignano durante un año y durante otros seis en la nueva residencia de Bedizzole. Leemos en un escrito suyo de agosto de 1962: “Cuando me llegó el nombramiento de maestro del noviciado, no manifesté ninguna duda, fuera por ignorancia o falta de responsabilidad. Los superiores podrían quitarme cuando comprobaran mi incompetencia o incapacidad, o apenas encontraran a alguien más capaz que yo (lo que no considero difícil)”. La disponibilidad misionera, una constante de toda su vida, emerge especialmente en el periodo bastante convulso de después de 1968. En 1969 el P. Morando es destinado, en efecto, a Portugal durante un año, para ser a continuación llamado a Turín como director del Seminario Teológico. Luego es nombrado vicesuperior regional y superior de la Casa Regional de Italia. En 1974 lo encontramos en Brasil, nuevamente como maestro de novicios, y al mismo tiempo atiende pastoralmente a la pequeña comunidad cristiana de la Aparecida de S. Manuel. La experiencia formativa brasileña le resulta bastante dura por diversos motivos. Él alude entre otros al de no sentirse joven, lo que le impide conseguir un adecuado conocimiento de la cultura brasileña y sentirse capaz de sintonizar debidamente con el mundo juvenil. Se siente además sin aptitud para desenvolverse en medio de los experimentos que en aquellos años se multiplicaban por todas partes. Y no logrando compartir con los jóvenes la experiencia formativa que encontraba su fuerza en una fuerte espiritualidad, en la obediencia a la doctrina del Magisterio y en la fidelidad a la doctrina del Fundador, solicita dedicarse a la pastoral habitual de las parroquias. En 1975, destinado a Cascavel como colaborador del párroco, P. Luigi Luise, puede finalmente realizar su sueño pastoral. Pero al año siguiente es elegido vicesuperior regional del P. Corinno Sani y luego del P. Walmir Valle. Nuevamente, en 1980, el trabajo formativo llama a sus puertas cuando es destinado a la Aparecida de S. Manuel como maestro de novicios y seguidamente a Bucaramanga, Colombia. De la abundante correspondencia con el Superior Regional de Brasil, el P. Morando deja traslucir su preocupación por el trabajo formativo que se le confía y se augura la llegada de un maestro más joven y más apto para la formación de los jóvenes latinoamericanos. En 1984 llega la hora de África. Enviado a Mozambique, trabaja como párroco de la gran parroquia de Machava, en la periferia de Maputo. Pasados algunos años y un periodo sabático en Israel, esperado y vivido con gozo, le encontramos en Kenya en 1988, tras haber sido llamado para un servicio con las Misioneras de la Consolata de la diócesis de Meru, primeramente en Gitoro y luego como capellán del Centro Irene para muchachas ciegas de Munithu. Se encuentra sereno y contento. Su trabajo no se limita al Irene Centre, pues está también a disposición de las necesidades pastorales de la población católica circundante y se ofrece gustosamente para los servicios religiosos y en ayuda de las necesidades de la gente que le rodea. Baste recordar su generosa aportación al Allamano village. Llamado para un servicio en el noviciado de Sagana, durante el normal periodo de vacaciones en Italia, se le descubre un serio problema en la cuerda vocal izquierda que requerirá una intervención quirúrgica. Este problema físico marcará de manera decisiva la última etapa de su vida. Primero le causará una ronquera y posteriormente una afonía, hasta el punto de perder completamente la voz. Será el via crucis que él aceptará como voluntad manifiesta de Dos para vivir su misión de manera diversa. Dos características de su misión Tras retirarse a la casa B. Allamano de Alpignano a comienzos del 2000, no deja de acentuarse en él dos aspectos que siempre estuvieron presentes en su vida y que ahora puede vivir con mayor dedicación: la oración intensa por las vocaciones, por el Instituto y la misión, y la difusión de la devoción a Santa Teresa del Niño Jesús, Patrona de las misiones. Es significativa la respuesta que envía al Superior General, quien con ocasión de la Beatificación del Padre Fundador había pedido a los misioneros que respondieran a tres preguntas (¿Cuáles son tus sentimientos en la inminencia de la Beatificación de Allamano? ¿Qué piensas del Instituto visto en ti mismo, en los misioneros que conoces y en la circunscripción a la que perteneces? ¿Qué piensas que nos diría el Fundador hoy?). El P. Morando tiene de este modo la posibilidad de poner por escrito el credo “espiritual” que siempre le acompañó. Dice entre otras cosas: - «Tengo sentimientos de verdadera alegría al ver reconocido oficialmente a Allamano como sacerdote santo y formador de sacerdotes, y para nosotros, discípulos suyos, como profeta de la “Misión” en la Iglesia universal… »; - «Considero que el Instituto, como lo quiso y fundó Allamano, es una gracia que Dios ha concedido a la Iglesia para estimularla a vivir y obrar como “sacramento universal de salvación”. - «Creo que el Fundador seguiría diciéndonos hoy e insistiría en nuestra finalidad específica, esencial: la “santificación de los infieles”… Nuestra opción debe ser siempre para los no cristianos, y entre ellos los pobres. - Así pues, el Fundador nos diría: “Sed primero santos y luego misioneros”, para indicar que se debe tener una profunda formación espiritual, ascética, mística, basada en una fe viva. Por consiguiente nos diría hoy, como en la Circular 52: “leed más”, “reflexionad más”, “orad más”. El P. G. Morando escribió mucho sobre Santa Teresita, pero especialmente supo transmitir su doctrina y el “pequeño camino” hacia la santidad. Reproducimos algunas expresiones de escritos suyos: - «No nos sorprendamos de que San Francisco Javier sea el patrono de los misioneros y de todas las misiones, pues recorrió Asia porque quería llevar el nombre de Cristo al mundo entero. Con el mismo celo apostólico, Santa Teresita eligió la clausura para abrazar al mundo. Hermosa coincidencia de vida: nuestros dos patronos vivieron diez años en su misión. Él en Asia y ella en el Carmelo: acción y contemplación con el mismo amor para proclamar que Jesús es el Salvador». - «San Pío X, experto en santidad, conversando con un obispo misionero, la definió como “la santa más grande de los tiempos modernos”, y Pío XI, con ocasión de la beatificación (1923), exhortaba así a los fieles: “Escuchemos lo que quiere decirnos la pequeña Teresa que se hizo palabra de Dios”». - «Tengamos en cuenta que también Teresita quería hacerse misionera itinerante, pero se orientó hacia la vida contemplativa porque consideraba que no le bastaba una misión, sino estar en todas. Esta decisión exige un enorme acto de fe sobre la eficacia de la oración, en la economía de la salvación, proyecto del amor de Dios que quiere salvar al mundo. El amor paterno de Dios es el verdadero punto de apoyo de Arquímedes para elevar, es decir, salvar al mundo». El P. Giovanni Morando falleció en la casa B. Allamano de Alpignano el 10 de octubre de 2006 y descansa en el cementerio de Alpignano. Confiamos en que desde el cielo, como santa Teresita, seguirá haciendo llover sobre el Instituto sus oraciones y su intercesión. P. Pietro Trabucco, IMC
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| Ultima modificación ( 16.05.2007 ) |
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