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| XVI. La misión como un nuevo modelo |
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| Escrito por p. Francisco Lerma, imc | |
| 11.05.2007 | |
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1. De las misiones a la misión
Los territorios de misión
Como hemos visto en los temas precedentes, las misiones eran antiguamente una serie de acciones pastorales que se ejercían en áreas geográficas bien definidas lejos de lo que se consideraba el centro de la Iglesia. Había criterios claros para identificar la acción misionera, siendo el más importante el geográfico. Se seguía una línea unidireccional, es decir las iglesias de antigua fundación eran las protagonistas, las demás eran sólo receptoras de la acción misionera. Se daba gran importancia a los aspectos jurídicos, disciplinares y organizativos. Interrogantes
Ante el cambio actual del paradigma misionero, nos hacemos las siguientes preguntas: ¿Las actividades misioneras tienen que ver con la misión global de la Iglesia? ¿Existe alguna diferencia esencial o de otra clase entre ambas? ¿Son expresión de su esencia más profunda? 2. La misión Las misiones brotan de la naturaleza de la Iglesia que es misionera, como nos enseña el Concilio. Existe una sola misión de la Iglesia que se realiza de modos diversos. Lo que fue inicialmente territorio de misión hoy son iglesias locales de pleno derecho. Esta situación caracteriza ya el presente de la misión y su futuro. De una iglesia etnocéntrica se está pasando a una iglesia policéntrica; de una iglesia monocultural, se está pasando lentamente a una iglesia multicultural : “El balance de la actividad misionera en los tiempos modernos es ciertamente positivo: la Iglesia ha sido fundada en todos los continentes; es más, la mayoría de los fieles y de las iglesias particulares no se encuentra ya en la antigua Europa, sino en los continentes que los misioneros han abierto a la fe” (RM 40). 3. La importancia de la Iglesia local La misión encuentra a personas concretas en un determinado lugar. El Espíritu Santo convoca a una comunidad que celebra la Eucaristía, presidida por el obispo. De este modo surge la Iglesia particular. Así sucedió en Jerusalén, en Samaría, en Antioquía, en Roma... hasta nuestros días. Cada una de las iglesias particulares posee sus propias características, debido a su cultura, a su hábitat, a su historia, a su situación sociopolítica actual. En cada una de ellas existe y se realiza plenamente la misma y única Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica. No se trata pues de una confederación de iglesias. 4. La inculturación La realidad eclesial vive siempre en un espacio y en un tiempo muy concreto. La Iglesia debe enraizarse en el ambiente donde existe. Esto es lo que la hace verdaderamente local. Esto es lo que la Iglesia siempre ha hecho por medio de la actividad misionera. Por eso siempre se habla de Iglesia de Dios en Roma, Iglesia en Manila, Iglesia en Buenos Aires. Para que la actividad misionera fuera genuina al procurar ese objetivo se han dado siempre instrucciones a los misioneros para que lleven la fe y no su propia cultura. Tales orientaciones hoy tienen una actualidad asombrosa. El Sínodo de 1985 lo recordaba de esta manera: “la inculturación no es una simple adaptación, sino la íntima transformación de los auténticos valores culturales por su integración en la fe cristiana. La inculturación hará posible que el cristianismo deje de aparecer como extranjero. Sólo será Iglesia auténticamente local cuando se enraíce en el terreno de la cultura, de tal modo que se refleje en la liturgia, en la teología, en la catequesis, en las estructuras, en los ministerios”. 5. La comunión de las iglesias La Iglesia debe ser vista y entendida como comunión entre las iglesias, como miembros de un mismo y único cuerpo. La teología efectivamente afirma que la Iglesia es un misterio de comunión. Esto significa: que vive de la comunión trinitaria y del plan salvífico de Dios, que se realiza en la historia de los hombres; que es enviada a todos los pueblos para realizar la misión salvífica de Jesucristo; que existe en las iglesias particulares, porque no es una realidad invisible; que existe desde ellas, porque no es anulada por ninguna iglesia particular. Todo esto significa que es la misma y única Iglesia de Cristo que vive en todas las iglesias locales; y que éstas celebran la misma y única liturgia, siendo su fuente y su centro la Eucaristía. Por eso en ninguna Iglesia local el cristiano se siente extranjero, pues quien pertenece a una Iglesia particular pertenece igualmente a la única Iglesia santa de Dios. 6. El significado misionero Cada Iglesia particular debe reconocer que empezó a existir porque hubo misioneros que predicaron el Evangelio en aquel determinado lugar. En razón de esto la propia comunidad, a su vez, debe enviar misioneros para que anuncien la Buena Noticia en otros lugares y surjan nuevas iglesias. El misionero no va solo, ni en nombre propio; él sabe que está cumpliendo una tarea que es responsabilidad de todos. Es consciente de hacerlo en nombre de su Iglesia local. Ésta lo debe acompañar, comprometida plenamente con su acción. Cada Iglesia particular debe enriquecerse con los dones y bienes de las otras Iglesias y, a su vez, ofrecer los que ella posee, pues la misión va siempre en dos direcciones: dar y recibir. El misionero es servidor de la comunión eclesial. Es como un canal a través del cual se realiza la comunión de bienes materiales y espirituales, comunión de fe, de esperanza y de caridad. Por su papel particular él abre a la comunión a su Iglesia de origen y a la Iglesia que lo recibe. Cada Iglesia particular debe tener la solicitud por todas las Iglesias, como lo vivía Pablo en su tiempo. Para el trabajo personal y de grupo 1. Leer el Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1200 – 1206 (Liturgia y culturas); y la encíclica Redemptoris Missio, nn. 48-49 (Formación de las iglesias locales) y 52-54 (encarnar el Evangelio en las culturas). 2 Ver: enumera los servicios que tu Iglesia particular presta a otras Iglesias y lo que recibe de ellas. 3 Juzgar: ¿En qué medida se da o no se da en tu contexto eclesial la experiencia de la catolicidad de la Iglesia? ¿Cuáles podrían ser los motivos? 4. Actuar: ¿En qué te puedes comprometer prácticamente? Desde el testimonio Óscar Romero, arzobispo de San Salvador: “Yo, como Pastor, no ambiciono otra cosa que construir la Iglesia. La primera colaboración que la Iglesia está ofreciendo en esta hora de crisis es ser ella misma. Cuando yo llamo a mis queridos sacerdotes, comunidades religiosas y agentes de pastoral, al trabajo pastoral, es a construir nuestra Iglesia. Me pregunta alguno, ”y cuando mañana se arreglen las cosas, ¿qué va a hacer la Iglesia?”. Le digo: “seguirá siendo lo mismo”. La Iglesia no está abriéndose por oportunismo, sino que está queriendo ser actual, en cada momento, siendo siempre Iglesia. Dichosa será si mañana en un orden más justo ella no tiene que denunciar tantas injusticias. Pero siempre tendrá su trabajo de construirse sobre la base del Evangelio. Este trabajo lo tendremos, haya paz o haya persecución”. Desde la oración Gracias, Padre, porque nos haces comunidad de hermanos; gracias por cada hermano en particular, gracias por cada día de nuestro camino, por nuestra familia y por nuestra comunidad. Gracias Padre, porque tu presencia salvadora, poco a poco, la vamos descubriendo en la suave brisa de la fraternidad –con sus momentos buenos y menos buenos-, en la oración común, en los gestos sencillos que hacen construir cada día comunidad. Gracias Padre, porque nos enseñas que el Mundo Nuevo que todos queremos comienza en esa humilde fraternidad que queremos construir, donde el amor, el servicio y la cercanía a los más pobres son ya signos de tu amor. Gracias, porque eres nuestro Padre. Gracias, porque nos haces hermanos. |
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| Ultima modificación ( 24.04.2007 ) |
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