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XIV. La misión como historia PDF Imprimir E-mail
Escrito por p. Francisco Lerma, imc   
27.04.2007
Desde el primer momento de la Encarnación hasta nuestros días, la misión se ha ido concretando en la historia. Hubo épocas en las que la comunidad eclesial fue más receptiva a su compromiso misionero; y hubo otras en las que, por influencias externas o por interpretación equivocada de la doctrina, tal receptividad decreció y hasta se estancó.

1. En el inicio

Superadas las fronteras de Israel, primero por el propio Pablo en sus viajes misioneros por toda la cuenca del Mediterráneo, y posteriormente por las comunidades post-apostólicas, los apóstoles descubrieron mundos y culturas diferentes: las culturas griega y romana, y el imperio romano. De este modo se abrió un inmenso horizonte misionero. La Iglesia se expandió en medio del sacrificio, de la persecución y de la clandestinidad. Inicialmente los cristianos fueron calumniados y perseguidos, aislados y martirizados. Son innumerables los mártires de los primeros cuatro siglos del cristianismo.

2. Periodo post-apostólico

La segunda fase de la expansión fue favorecida por el espíritu de tolerancia proclamada por el emperador Constantino con el Edicto de Milán el año 313. Más tarde, el año 318, su sucesor el emperador Teodosio adoptó el cristianismo como religión oficial del Imperio. Se había dado el cambio histórico que transformaría fundamentalmente la posición de la Iglesia en el mundo durante muchísimos siglos.
 

Entre los factores que favorecieron el éxito del cristianismo en esta fase hay que indicar, en primer lugar, el universalismo del Imperio, que había unificado muchísimos pueblos y abierto grandes vías de comunicación terrestres y marítimas. En segundo lugar, la decadencia cultural, moral y religiosa del Imperio. En tercer lugar, la juventud y el dinamismo con que se presenta el cristianismo, con la autoconciencia de su vivacidad, capaz de ofrecer un proyecto salvador y liberador que transforma la propia vida. Por eso el mundo, en un principio hostil, acabó aceptando la fe que venía de oriente. De este modo se fue consolidando la Iglesia formada por pueblos y culturas muy diferentes entre sí. Fue su gran paso para la unidad en la diversidad. Su característica universal estaba decidida.

3. Siglos IV – VIII

Monasterios y misión

La unidad del Imperio Romano favoreció la actividad misionera de la Iglesia que se extendió a los pueblos del Norte y del Este de Europa. Los verdaderos centros de irradiación misionera de esta época fueron los monasterios. La vida monástica era garantía de una profunda espiritualidad, la estabilidad y continuidad de la evangelización, y la libertad de movimiento. Recordamos a evangelizadores ejemplares como San Benito, San Martín de Tours, San Bonifacio, San Agustín de Canterbury y San Columbano.

Se abren nuevas fronteras

La conversión de los pueblos godos, francos, longobardos, etc., que no formaban parte del Imperio, creó una nueva situación cultural y política. La Iglesia, que había recogido la herencia cultural grecorromana, en esta ocasión también fue capaz de dar un nuevo salto hacia nuevas latitudes culturales y sembrar en ellas la semilla del Evangelio. Así nacieron nuevas comunidades e iglesias, reuniendo en una casa común a hijos de diferente origen cultural. El carácter de esos pueblos y la urgencia del trabajo hicieron cambiar el método apostólico, no privilegiando el anuncio directo y descubriendo la conveniencia y utilidad de dirigirse a los jefes. A la conversión de los jefes se siguió la conversión del pueblo en masa. De este modo la conversión y formación personales quedaban atrás. El bautismo precedía a la conversión.

Adaptación a nuevas culturas

Al mismo tiempo la Iglesia hizo un gran esfuerzo por adaptarse a las tradiciones populares y nacionales, incorporándolas a la mentalidad cristiana. Este proceso dio origen a una Iglesia más autónoma, enraizada en el pueblo, que la llevaría a sentirse identificada con la identidad nacional, como garantía de su unidad y defensora de su originalidad. Así las fiestas y demás ritos autóctonos se substituyen por los cristianos. Todo esto implica algunos peligros, entre los que se destacan sobretodo la dependencia nacionalista, la ausencia de garantías de conversión personal, el abandono del catecumenado, el recurso al poder e incluso la intolerancia.

4. En plena Edad Media (siglos IX – XV)

Ambiente socio-religioso

En la Edad Media la acción misionera de la Iglesia creó una sociedad unificada, que podemos llamar como universo cristiano o cristiandad. La Iglesia, madre de pueblos y de toda una civilización, lo envuelve todo. En ese tiempo parecía que sólo hubiera dos fronteras, la de los judíos y la de los musulmanes. La obra misionera tiene poca relevancia en la Iglesia medieval. El mundo no cristiano se consideraba muy pequeño, peligroso y una amenaza que había que afrontar por la vía militar, bajo la capa de guerra santa, guerra contra los infieles.

El mundo eslavo

En la evangelización de los pueblos eslavos, en el siglo IX, los hermanos San Cirilo y San Metodio ocupan un lugar destacado, y son modelos en el encuentro del Evangelio con las culturas de esos pueblos. Al esfuerzo de adaptación a la cultura practicado por Cirilo y Metodio se debe la fijación, por escrito, de la lengua morava (alfabeto cirílico), la traducción de la Biblia y de los textos litúrgicos y catequéticos, y la preparación adaptada del clero local.

Las órdenes mendicantes

Con la fundación de las órdenes mendicantes (franciscanos, dominicos, etc.), que conservan de un modo más genuino el sabor evangélico, se abren nuevas perspectivas. Recordamos como representativo de esta corriente al franciscano mallorquín Ramón Llull (n. 1315). Este fraile menor con su vida y su obra contribuyó al desarrollo de la teología de la misión, a la organización de la actividad misionera y a la preparación y formación de los misioneros. Llull entendía la misión como diálogo y enriquecimiento de la Iglesia, hizo hincapié en el tema de la adaptación y del encuentro en el campo de la cultura.

5. Nuevos encuentros (siglos XII- XIX)

Nuevos horizontes

A partir del siglo XVI comienza una nueva época en la Historia Universal. Se abren nuevos horizontes geográficos a través de los contactos comerciales y políticos entre los distintos continentes.

En la Iglesia nacen nuevos proyectos evangelizadores que llevaron la fe cristiana a América, Asia, África y Oceanía. Esta extraordinaria dilatación del Evangelio, fue llevada adelante principalmente por las grandes órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, carmelitas, agustinos, jesuitas), y, no obstante sus lagunas, dio frutos innegables. Hay que apreciar el valor enorme de tantos hombres de Iglesia, como Santo Toribio de Mogrovejo, Bartolomé de las Casas, San Pedro Claver, San Francisco Javier, San Juan de Brito, Gonçalo da Silveira, Mateo Ricci, Roberto Nobili y San Pedro Chanel, entre los innumerables y ejemplares misioneros de esta época

Un organismo central

A este tiempo se debe la fundación de Propaganda Fide (1622), un organismo al que el Papa Gregorio XV le encarga supervisar la predicación del Evangelio en todo el mundo y constituir los ministerios necesarios. Hubo una gran preocupación por la traducción del Catecismo a las lenguas locales y por la formación del clero autóctono. A esta época se debe la fundación de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París.

Despertar teológico

En el campo de la teología se elabora una nueva terminología: misión, misiones, voto de misiones, misiones extranjeras. La teología que fundamenta esta terminología es la de considerar al cristianismo como única religión verdadera; a la Iglesia como imprescindible para la salvación (“fuera de ella no hay salvación”). Las misiones eran una serie de acciones que se realizaban en áreas geográficas alejadas de la antigua cristiandad. El criterio para identificar la acción misionera era eminentemente geográfico. Al mismo tiempo se seguía una vía unidireccional: las iglesias antiguas eran las protagonistas, sin el reconocimiento de lo positivo de las iglesias emergentes. Se daba gran importancia a los aspectos jurídicos, disciplinares y organizativos.

Posteriormente, se da un renacimiento misionero cuyos signos son: el desarrollo del concepto de vocación misionera específica, el resurgir de la animación misionera permanente y la relación entre compromiso eclesial y el expansionismo colonial.

6. La fase actual (siglo XX...)

Despertar misionero en las iglesias de la Reforma

Durante los dos últimos siglos se da una profunda renovación en la Iglesia que afecta directamente en el modelo misionero. Esta renovación tiene lugar entre las iglesias de la Reforma, con el despertar del movimiento ecuménico. La Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo (1910) tuvo un papel muy importante en la comprensión de la renovación para la misión. En ella se condenan las iniciativas parciales y se reconocen nuevas luces: el compromiso en la misión debe ser en el ámbito de la reunificación de las iglesias. Por eso se dieron pasos muy importantes con la creación del Consejo Mundial de las Iglesias, el año 1948. La teología protestante avanzó sobre el concepto de misión de Dios que antecede a las acciones misioneras, las hace posible y la exige. No se da la misión para servir a la ampliación de la Iglesia. Es la Iglesia que existe para servir a la misión.

En el campo católico

En el campo católico se dio el renacimiento de la misionología y de la actividad misionera con la publicación de varias encíclicas misioneras: Maximum Illud, de Benedicto XV (1919); R e ru m Ecclesiae, de Pío XI (1926); Evangelii Praecones, (1951) y Fidei Donum (1957) de Pío XII; Princeps Pastorum, de Juan XXIII (1959). Se dio nuevo impulso a la acción misionera con una cierta uniformidad metodológica centrada en la proclamación del Evangelio, en la formación de catequistas, en las escuelas y en la promoción humana. Así surgieron numerosos institutos específicamente misioneros: religiosos y asociaciones de vida apostólica (Hnas. de San José de Cluny, Padres Blancos, Verbitas, Espiritanos, Combonianos, Javerianos, Misioneros de la Consolata); y los Institutos para sacerdotes diocesanos de Lyon (Francia), Burgos (España), Milán (Italia), Cucujães (Portugal), entre otros. En las Universidades Católicas surgieron Institutos y Facultades de Misionología. Y una religiosa de vida contemplativa y un misionero de vanguardia son proclamados patronos de las misiones: Santa Teresa de Lisieux y San Francisco Javier.

El Concilio Vaticano II (1962-1965) aglutina todo el proceso renovador de la Iglesia que se iba gestando por doquier en las últimas décadas. En decreto conciliar Ad Gentes es el punto de llegada y recapitulación de las varias corrientes teológicas del momento, integrando los varios aspectos de implantación de la Iglesia, la conversión, el cuerpo de Cristo. Pero es también un punto de arranque para nuevas comprensiones y tendencias que estaban naciendo como, por ejemplo, el fundamento trinitario (la misión tiene su origen en Dios), la teología del Espíritu Santo, el método deductivo (el plan de Dios) y una eclesiología renovada (la Iglesia, por su naturaleza misionera, es la responsable de la misión; el papel determinante de las iglesias locales, las exigencias de la catolicidad y la comunión entre las iglesias; la fuerza interna del Espíritu Santo; la obediencia al mandato de Cristo); la dimensión escatológica; el papel de la cultura; la relación con las religiones no cristianas; y una nueva espiritualidad misionera.

En el periodo de renovación conciliar se publicaron las siguientes encíclicas misioneras: Evangelii Nuntiandi, de Pablo VI (1975); Slavorum Apostoli, (1990) y Redemptoris Missio (1990) de Juan Pablo II. Posteriormente se dio nuevo impulso misionero en los Sínodos especiales para África (1994), América (1997), Asia (1998), Oceanía (1998) y Europa (1999) y con motivo del Jubileo del año 2000. Aparecen nuevas realidades socioculturales y políticas, y nuevos retos para la misión ad gentes.

Para la reflexión personal y el trabajo de grupo

1 Reflexionar: ¿Qué nos enseña la historia?

2 Observar: ¿Las actividades de la misión ad gentes se entienden realmente vinculadas al dinamismo de la misión general de la Iglesia en tu medio ambiente (comunidad, movimiento, parroquia, diócesis)? Sí/No. Indica las razones.

3 Analizar: ¿Hasta qué punto se ha superado la distinción entre Iglesia que envía e Iglesia que recibe?¿Todo lo que hacemos en la Iglesia es misión? ¿En qué casos se da la acción misionera ad gentes?

4 Programar la lectura y el estudio sistemático de los temas principales del decreto Ad Gentes en el grupo.

Desde el testimonio

Es difícil ser cristiano En este mundo de hoy Aunque difícil lo debe de haber sido siempre. Es difícil dar la cara por ti Cristo en este mundo de hoy Es difícil, pero no imposible Es difícil, pero quedarse ahí Es de cobardes.

Desde la oración
Señor, te pedimos:
Por los que quieren seguirte con todas las consecuencias;
Por los que son incapaces de arriesgar algo.
Te pido por los que se esfuerzan en dar razón de su esperanza;
Por los que hablan de Tí
Por los que anuncian tu Evangelio con su testimonio;
Por los que dejan familia, nación y amigos y parten para anunciar
tu Evangelio lejos, muy lejos.
Ultima modificación ( 23.04.2007 )