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X. La misión como formación para la paz PDF Imprimir E-mail
Escrito por p. Francisco Lerma, imc   
01.02.2007
Alabar a Dios y construir la paz en la tierra son dos realidades que van unidas. Los profetas anunciaron los tiempos mesiánicos como tiempos de paz. La paz, efectivamente, es un componente central del mensaje de Jesús de Nazaret. Jesús declara felices a quienes trabajan por la paz. Para las primeras comunidades cristianas, Jesús es el modelo de la paz

1. Preparando la guerra

Violencia estructural

En los últimos cien años han muerto más de 100 millones de personas víctimas de conflictos armados. Hoy asistimos, tranquilamente sentados delante de un televisor, a la transmisión en directo de escenas horribles de destrucción y de muerte.

Hay una violencia que se puede llamar estructural, que es más grave por ser cotidiana y penetrar en todas las capas sociales. Se trata de la violencia fruto de estructuras políticas y económicas injustas, responsables directamente de la situación escandalosa de miseria e inseguridad en que viven tres cuartas partes de la población mundial.

La carrera nuclear

Los gastos militares mundiales de los últimos 30 años superan en mucho el gasto público en todos los niveles de la educación y de los servicios sanitarios; sólo en España (año 1992) fue cuatro veces más que lo destinado a promoción de empleo y formación profesional. Con lo que cuestan 250 cohetes Trident II, se podría escolarizar a los niños de los países pobres durante diez años. La carrera nuclear es un gasto inconcebible y absurdo.

Algunos indicadores

Vivimos en una sociedad que se prepara para la guerra. He aquí algunos indicadores: presupuestos para la defensa, fabricación de armamento (en 1997, España pasó a ocupar el quinto lugar entre los países exportadores), programas televisivos violentos, juguetes bélicos, estímulos a la competitividad y al individualismo, predominio del más fuerte, violencia doméstica y laboral, y tráfico de personas, entre otros.

Violencia inconcebible

La violencia más sangrienta y cruel no es la guerra, sino la situación que permite la existencia de países así llamados del Tercer Mundo, viviendo en las condiciones más inhumanas que se puedan imaginar. Es el hambre la mayor violencia de nuestros días, el mayor asesinato de masas de todos los tiempos: todos los años matamos a 40 millones de personas, de las que un alto porcentaje son niños. La esperanza de vida en los países del hemisferio Norte alcanza los 80 años, mientras en el Sur apenas supera los 40 años.

Todos estamos implicados

No hay primero, segundo o tercer mundo. Todos vivimos en un solo mundo, desigual, injusto, violento y diverso en el que hay que hacer frente al agotamiento de los recursos naturales; a las relaciones de dependencia de países y de personas, que generan discriminaciones y exclusiones; y a la violación de los derechos de la persona y de las culturas. Es ahí donde comienzan los conflictos.

2. Paz y misión van unidas

Los profetas anunciaron la paz

La paz viene al encuentro de toda clase de violencia. Los profetas anunciaron los tiempos mesiánicos como tiempos de paz: “Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra” (Is 2,4; cfr. 11,1-10); el propio Jesús es anunciado como “príncipe de la paz” (Is 9,5-6), que viene a “guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1,79).

La predicación de Jesús es un mensaje de paz

La paz, efectivamente, es un componente central del mensaje de Jesús de Nazaret, que se funde en un mismo núcleo con el Evangelio. En su nacimiento, el evangelista Lucas resume la Buena Nueva que Jesús trae con esta consigna: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace” (Lc 2,14). Alabar a Dios y construir la paz en la tierra son dos realidades que van unidas. La paz se fundamenta en el gran amor de Dios a las personas.

Felices los trabajadores de la paz

Jesús declara felices a quienes trabajan por la paz, dando el motivo de esta felicidad (Mt 5,9); Él concreta aún más lo que significa trabajar por la paz: “Os han enseñado (...) no matarás. Pero yo os digo: todo el que trate con ira a su hermano será condenado” (Mt 5,21-23). No se trata, pues, de evitar la violencia corporal, sino también la del corazón (cfr 5,38-48).

Él mismo es la paz

Jesús no sólo enseña con palabras, sino también con la propia vida. En la cruz, torturado hasta el extremo, testimonia lo que había enseñado: “Amad a vuestros enemigos” (Lc 23, 34). Su actitud fue siempre un gesto de perdón y de paz. Ser hijos de Dios, su mensaje de paz, el envío, son realidades íntimamente unidas en Jesús.

3. Las primeras comunidades

Para las primeras comunidades cristianas, Jesús es el modelo de la paz. Después de resucitado, sus discípulos experimentan nuevamente la paz. Él se dirige a ellos con el saludo pascual, y los envía al mundo para continuar su misión, para que hagan lo mismo que Él hizo, es decir, anunciar y construir la paz, reconociendo siempre en el otro al hermano, porque es hijo del mismo Padre: “Jesús les dijo otra vez: ’La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío” (Jn 20,22). Cristo nos ha traído la paz, nos ha dejado la paz, pero no como la entiende el mundo: “Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo” (Jn 14,27). Y nos envía a anunciarla por todo el mundo: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16,15).

4. Educación para la paz

Ante la terrible realidad de violencia de nuestro mundo, que niega y destruye el valor fundamental de la vida (el anhelo más profundo de las personas es la vida, todos queremos vivir), nadie puede quedarse al margen, o creer que esto no va con él, que no tiene responsabilidades directas en este asunto. La educación es el camino privilegiado para la instauración de una paz perdurable y para todos. Pablo VI escribió que: “es necesario educar al mundo para que ame la paz, la construya y la defienda” (Mensaje 1ª Jornada Mundial de la Paz, 1968): afirmó también que: “es necesario hoy, inmediatamente, una educación ideológica nueva, la educación para la paz, y que es nuestra misión enseñar a los hombres a amarse, a reconciliarse, a educarse para la paz. Eduquémonos para esta escuela superior de la paz, en primer lugar a nosotros mismos” (Ídem 1970).

Se trata de aprender a pensar y actuar de una manera distinta a la que el mundo nos ha acostumbrado, ir más lejos de las recomendaciones genéricas de que no queremos la guerra. Se impone hacer un proceso por el que pasemos paulatinamente de las actitudes de desigualdad a las de igualdad, de la indiferencia al compromiso, de estructuras de dominación a estructuras igualitarias, de las palabras a la práctica.

5. Algunos aspectos importantes

En la formación para la paz hay que tener en cuenta algunos aspectos importantes: la persona como valor fundamental; la paz comienza en el interior de las personas; la paz se construye como experiencia personal y como compromiso; la paz no se identifica con ausencia de guerra, sino con la justicia, la igualdad, la solidaridad y la plena realización de la persona; la defensa de los derechos de la persona y de las culturas. Juan XXIII subtitula así su encíclica sobre la paz: “La paz entre los pueblos ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad” (Pacem in terris).

6. Paz negativa y paz positiva

¿De qué paz se trata? Depende de lo que pensemos sobre la paz, para optar por una u otra solución. Hay de hecho una idea negativa de paz, la paz entendida como ausencia de guerra o el silencio de las armas. Esta concepción de la paz exige una estructura militar y policial que garantice el orden y la seguridad ante el enemigo. Para este tipo de paz vale la consigna de “si quieres la paz, prepara la guerra”.

En cambio, se entiende por positiva la paz considerada, al mismo tiempo, como ausencia de violencia estructural y como armonía de las personas, en su triple dimensión, consigo mismas, con los demás y con la naturaleza. Esta es la paz integral de la persona y de los pueblos, que podemos llamar plenamente humana.

Es nuestra misión anunciar la paz con palabras y obras en medio de las personas y pueblos que luchan entre sí.

Para reflexionar y compartir

1 ¿Por qué la Iglesia se tiene que preocupar por la paz?
Compendio del CEC, n. 480

2 Cuando la Iglesia habla de paz, ¿de qué paz se trata? Compendio del CEC, n. 481; Cfr. Encíclica Pacem in terris y los Mensajes de los últimos Papas para la Jornada Mundial por la Paz (1º de Enero).

3 Indica algunos de los países en guerra que conoces en cada continente.

4 ¿Según tu opinión cuáles son las causas de la guerra?
Explícalas. Compendio del CEC, n. 486.

5 Indica y explica los fundamentos de la paz según los documentos de la Iglesia: Compendio del CEC, n. 482
Desde el testimonio

Luther Khing, pastor protestante, líder de la no-violencia activa, muere asesinado en 1968: “Me gustaría que alguien cantase, en el día de mi muerte, que Martin Khing trató de vivir en el servicio al prójimo. Ese día quiero que podáis decir que traté de ser justo y que quise caminar junto a los que actuaban en justicia, que puse mi empeño en dar de comer al hambriento, que siempre traté de vestir al desnudo. Quiero que digáis ese día que dediqué mi vida a visitar a los que sufrían en las cárceles. Y quiero que digáis que intenté amar y servir a los hombres”.

Desde la oración

¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Donde haya odio, que yo ponga amor.
Donde haya ofensa, que yo ponga perdón.
Donde haya discordia, que yo ponga unión.
Donde haya error, que yo ponga verdad.
Donde haya duda, que yo ponga fe.
Ultima modificación ( 24.04.2007 )