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| IX. La misión como promoción |
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| Escrito por P. Francisco Lerma, imc | |
| 25.01.2007 | |
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El compromiso en la promoción integral de la persona forma parte ineludible de la misión, pues se encuentra en el centro del mensaje de Jesús, que la Iglesia tiene que testimoniar y anunciar. Desde su origen la Iglesia ha unido el anuncio del Evangelio al testimonio de solidaridad con los pobres. Es la respuesta misionera a las nuevas situaciones de pobreza y marginación.
1. El mundo empobrecido, oprimido y excluido * El hecho de la pobreza y la marginación. Uno de los problemas más agudos de nuestro tiempo es la pobreza. Millones de hombres y mujeres, niños y ancianos forman la otra parte del mundo, el mundo de los empobrecidos, oprimidos y excluidos, del que la sociedad opulenta nada quiere saber. Estos hermanos y hermanas nuestros viven en condiciones infrahumanas de vivienda, se alimentan mal, no tienen recursos para un mínimo de asistencia médica, no tienen acceso a la escuela, están desempleados, mueren muy jóvenes. Se cuentan por millones los inmigrantes, refugiados, desplazados por causa de la guerra o de la situación política, social o económica de sus países. Una característica de la situación económica mundial es la persistencia y aumento cada vez mayor del abismo entre pobres y ricos (Sollicitudo Res Socialis 14). * Estructuras de pecado El análisis de los mecanismos sociales de nuestro mundo ha llegado a la conclusión de que las condiciones de miseria de hoy son resultado de estructuras injustas. No son accidentales, sino fruto de la perversidad y egoísmo humanos. Ayer fue el colonialismo, hoy son el neocolonialismo, el neoliberalismo y los procesos de globalización económica, que excluyen a la persona como factor central de todos los procesos. Surgen, al mismo tiempo, grandes barreras sociales, económicas, raciales e ideológicas que dividen de nuevo el mundo. Problemas como la miseria secular, la deuda externa, el desempleo, la inmigración, comunes a la mayor parte de los países pobres, sólo se pueden resolver con una solidaridad internacional que establezca un nuevo orden económico y social (Sollicitudo Rei Socialis 39). * Signos positivos Actualmente existe una nueva conciencia de la unidad y de la interdependencia de los pueblos. Nace paralelamente la exigencia de transformar los sistemas sociales, políticos y económicos de la comunidad internacional. Es viva la preocupación por una distribución justa y equitativa de los frutos del trabajo humano y por el desarrollo integral de la persona. El Concilio Vaticano II, hablando de las aspiraciones de la persona, ha indicado, entre otras, la liberación y la promoción humana como características de nuestro tiempo (Gaudium et Spes 6 y 9). 2. Misión y promoción El compromiso por la promoción integral de la persona forma parte ineludible de la misión, pues se encuentra en el centro del mensaje de Jesús, que la Iglesia tiene que testimoniar y anunciar. Jesús habla de la evangelización de los pobres: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19). Jesús ante la muchedumbre hambrienta dijo a sus discípulos: “Dadles vosotros de comer” (Mt 14,16). Pablo afirma que debemos tener presente a los pobres (Gal 2,10). Las primeras comunidades así lo entendieron, como leemos en los Hechos de los Apóstoles: “No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hech 4,34-35). En este sentido las primeras comunidades cristianas son ejemplo para todos los tiempos (Hech 2,42-47). Desde su origen la Iglesia ha unido el anuncio del Evangelio al testimonio de solidaridad con los pobres. 3. Un nuevo y justo orden social * Nueva conciencia social y misionera Actualmente la Iglesia tiene una nueva conciencia social y misionera. La opción por los pobres ha adquirido nuevas dimensiones de mayor solidaridad y denuncia profética de las injusticias. La opción por los pobres va más allá de las obras de misericordia (consideradas como asistenciales), y significa interrogarse, con una visión crítica de la realidad, sobre los sistemas que son causa de las injusticias. La interdependencia económica de las naciones ha llevado a la convicción de que la paz y el desarrollo sólo se pueden alcanzar a través de la solidaridad entre todos los pueblos (SRS 39). Es una voluntad generalizada que se planifique un nuevo y justo orden social internacional (SRS 43). Problemas como el subdesarrollo, la deuda externa de los países pobres, el desempleo, la migración, la defensa del medio ambiente, etc., comunes a la mayor parte de los países pobres, sólo se pueden resolver con la solidaridad internacional, que establezca un nuevo orden social y económico (SRS 39). * La solidaridad como camino Pablo veía en la solidaridad la garantía de la unidad, por lo que insiste en las colectas por los necesitados de las comunidades (1 Cor 16,1-3); consideró la ayuda en las necesidades materiales como un servicio sagrado (Rom 15, 25-27) y característico de la caridad (1 Cor 12,13). Juan, con una mirada más profunda, escribe que es imposible amar a Dios y cerrar el corazón a quien padece necesidad (1 Jn 3,17). Se trata de un mandato que viene del Antiguo Testamento y enseña la generosidad para con los pobres y necesitados del pueblo (Deut 15,7.11). Santiago fue aún más incisivo, presentado orientaciones concretas a la comunidad: en razón del Evangelio, se impone evitar el favoritismo y la acepción de personas por causa de la riqueza y el desprecio de los pobres (Stg 2,1-6); hay que dar lo necesario a quien no tiene con qué vestirse y alimentarse (Stg 2,14-16); y se debe condenar a los que acumulan riquezas defraudando a los operarios (Stg 5,1-6). 4. La misión de la Iglesia * Cada vez más conscientes “La Iglesia es más consciente de su misión de servicio a los pobres, a los oprimidos y excluidos” (Sínodo de 1985, Mensaje final II D 6). La Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer al grave problema del desarrollo, pero da su propia contribución cuando proclama la verdad sobre Cristo y sobre la persona humana. En este anuncio, la Iglesia prepara a las personas a realizarse como hijos e hijas de Dios, las libera de las injusticias y las promueve integralmente. * Educar las conciencias La misión de la Iglesia consiste esencialmente en educar las conciencias, revelando la grandeza de la persona creada a imagen de Dios y amada por Él; la igualdad de todos como hijos de Dios, hombres y mujeres, sin ninguna discriminación de sexo, lengua, cultura, religión o condición social; el dominio sobre la naturaleza creada y puesta al servicio del hombre; el deber y el derecho al trabajo para el desarrollo de la persona y de la sociedad. Así la Iglesia ofrece una fuerza liberadora y promotora de desarrollo. Por eso, entre el anuncio evangélico y la promoción humana hay una estrecha conexión: “entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación) existen efectivamente lazos muy fuertes: vínculos de orden antropológico, lazos de orden teológico y vínculos de orden eminentemente evangélico” (Evangelii Nuntiandi 31). 5. La fe, la esperanza y la caridad como dimensión social. La dimensión social de la fe conduce a la Iglesia a anunciar el proyecto divino y a denunciar todo lo que se le opone. Esta fe ayuda a la Iglesia a discernir la voz de Dios y a descubrir las situaciones causadas por el pecado social. La esperanza cristiana, como dimensión social, anticipa el Reino de Dios en la defensa de la dignidad y de la libertad del hombre, para crear una verdadera fraternidad en el mundo. La esperanza lleva a descubrir las semillas de vida y de resurrección en las realidades y situaciones de cada día. El aspecto social y comunitario de la vida cristiana nos lleva a comprender mejor la dimensión social del amor cristiano. La situación de pobreza y opresión nos lleva a comprender la necesidad de la promoción de la persona humana y de la transformación de la sociedad en conformidad con el Reino de Dios. El amor al prójimo tiene una dimensión histórica que se debe concretar en la acción. Exigencias como la erradicación del hambre, prevención de la salud, el trabajo honesto, la economía rentable, el mercado equitativo, etc. son considerados como el contenido del amor al prójimo No hay lugar para un Evangelio que sea indiferente a las necesidades de la persona y de toda la persona (materiales, morales y espirituales). Es necesario superar las antiguas dicotomías entre evangelización y acción social. En la vida y en el mensaje de Jesús el anuncio espiritual y el material eran un único Evangelio. Toda alternativa entre evangelización y humanización es impensable. El Papa Benedicto XVI, después de explicar que la caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación y que ha de ser independiente de partidos e ideologías, escribe: “Quien ejerce la caridad en nombre de la Iglesia nunca tratará de imponer a los demás la fe de la Iglesia. Es consciente de que el amor, en pureza y gratuidad es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor” (Deus caritas est, 31,c). * * * * *
Para reflexionar y compartir1. ¿Qué entendemos por Doctrina Social de la Iglesia? Compendio del CEC, nn. 508 – 520. 2. Indica los temas más importantes de algunos de los documentos más recientes de la Iglesia sobre la Doctrina Social; Juan Pablo II, Laborem exercens (1981); Sollicitudo rei socialis (1987), y Centesimus annus (1991); Benedicto XVI, Deus caritas est (2006). 3. ¿Por qué la Iglesia (los laicos, la jerarquía...) se tiene que preocupar por los problemas sociales? 4. ¿Qué se entiende cuando hablamos de “estructuras de pecado” y “pecado social”? Desde el testimonio Oscar Arnulfo Romero, profeta y mártir del pueblo salvadoreño, asesinado en 1980. “Las venas abiertas de América Latina han visto correr la sangre de tantos como Romero: cristianos, y no cristianos, indígenas y descendientes de los negros traídos como esclavos de África, mujeres y hombres latinoamericanos y extranjeros empeñados en diferentes formas en la educación, en la promoción o bien en la defensa de los derechos humanos..., líderes de comunidad y personas simples, pobres; tantos pobres asesinados por haber creído en la justicia, en la paz y en la dignidad” (Eduardo Galeano). Desde la oración “Abre nuestros ojos, Señor, para que podamos verte a Ti en nuestros hermanos y hermanas. Abre nuestros oídos, Señor, para que podamos oír las invocaciones de quien tiene hambre, frío, miedo, y de quien se siente oprimido. Abre nuestros corazones, Señor, para que aprendamos a amarnos los unos a los otros como Tú nos amas. Danos de nuevo tu Espíritu, Señor, para que nos volvamos un solo corazón y una sola alma en tu nombre. Amén” (Beata Madre Teresa de Calcuta) |
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| Ultima modificación ( 14.02.2007 ) |
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