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| Visita canónica a las circunscripciones |
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| Escrito por Dirección General | |
| 08.11.2006 | |
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Roma, 1 de octubre de 2006
Queridos hermanos: Un año después de la celebración del XI Capítulo General, tras haberse reunido asimismo las Asambleas Continentales y las Conferencias Regionales, la Dirección General ha trabajado en la Programación del Sexenio y ha podido tener la oportunidad de contemplar con sus propios ojos la realidad y el sueño del Instituto en sus diversas expresiones. En este segundo año de nuestro servicio comenzaremos a realizar las visitas canónicas a las diversas circunscripciones, según los modos previstos en las Constituciones y las orientaciones del undécimo Capítulo General. 1. La visita canónica en nuestros documentos Las Constituciones establecen lo siguiente en relación con la visita canónica: 1. «Al menos una vez durante el sexenio, el Superior General, o el Vicesuperior General, realizará la visita canónica a todas las circunscripciones. Esta es ocasión de encuentro, revisión, examen de los problemas y momentos de reflexión y renovación. Las disposiciones de la visita son dadas, al término de la misma, por el Superior General mismo, después de haber dado cuenta a su Consejo, y tienen valor normativo para la circunscripción visitada» (Const. 121). 2. «El programa de la visita canónica sea acordado con la Dirección de la circunscripción que será visitada y anunciado a las comunidades. Dese también el debido relieve a los encuentros con la Dirección y los Departamentos de la circunscripción (Const.121.1). 3. «El Superior General también durante el sexenio visitará las circunscripciones que no fueron visitadas anteriormente por él para ofrecer a los hermanos la posibilidad de encontrarse personalmente con él» (Const. 117.3). 4. «Todo misionero tenga confianza con el Superior General y, según la tradición el Instituto, infórmele periódicamente de su situación y actividad, y de eventuales problemas particulares (Const. 117.4). El undécimo Capítulo General confirma en el n. 48: 1. «Realizada por el Superior o por el Vicesuperior general durante el sexenio, la visita canónica es ocasión de encuentro, revisión, examen de los problemas, momento de reflexión y renovación. Termina con orientaciones concretas, que tienen valor normativo para las circunscripciones visitadas (cf. XCG 79). 2. Las visitas canónicas siguen el método siguiente: preparación previa por parte de las comunidades locales, departamentos locales y consejo regional; diálogo individual con todos los misioneros y momentos de discernimiento comunitario; asamblea conclusiva» (XICG 48.1). La Programación del Sexenio de la Dirección General, entre otros servicios, dice del Vicesuperior general: «Realiza algunas visitas canónicas según las orientaciones de los últimos Capítulos generales» (Boletín, 113, p. 21). En este sexeno, el Superior General y su Vicesuperior se alternarán en las visitas a las circunscripciones. Estarán ayudados ordinariamente por el Consejero Continental. La Dirección General desea ofrecer otras indicaciones prácticas que deben tenerse en cuenta en los diversos aspectos de la programación y la realización de la visita canónica:
2. La visita canónica como momento de gracia para contar la Misión El encuentro de la Dirección General con las circunscripciones con ocasión de la visita canónica es un momento de gracia y el intercambio mutuo se convierte en fuente de riqueza para todos. Contar la propia experiencia de vida y misión es un elemento fundamental para valorar el camino recorrido y para buscar nuevas vías de acción a nivel personal y comunitario. a. La sequela Christi: experiencia y expresión de la vida con el Maestro (cf. Lc. 9-10). La “sequela” resume todo el camino del hombre y su incesante búsqueda de Dios. Meditar sobre la espiritualidad de la sequela Christi quiere decir valorar de nuevo las bases de nuestra consagración-misión en el seno de la Iglesia por el mundo. Quiere decir volver de nuevo a las raíces de nuestra llamada y actualizarla, para dar una respuesta renovada al Señor de la historia. La llamada exige una decisión basada en la confianza y el abandono. Deben romperse los vínculos susceptibles de comprometer el camino: la satisfacción en estructuras y seguridades sociales y humanas. Se nos exige la superación del miedo ante las persecuciones y la perseverancia ante las dificultades y contradicciones. Seguir a Cristo es una respuesta libre a una llamada gratuita. Un seguimiento que tiene dimensiones eclesiales. Él no llama a las personas a vivir aisladas, sino que las convoca, las invita como grupo para que también formen la comunidad de sus seguidores. En ella Cristo continúa estando presente. El seguimiento exige la comunión con Él y con los demás. Seguir a Jesús conduce a la implicación en el proyecto de Dios, que se compromete a hacer presente a Cristo en la historia de la humanidad. La llamada de Jesús a seguirle es al mismo tiempo una llamada a la misión de testimonio y anuncio de la Buena Nueva. Al verificar personal y comunitariamente nuestra vocación de consagrados por la misión, tengamos siempre como trasfondo y punto de referencia primordial que “norma última y regla suprema es seguir a Cristo como es enseñado en el Evangelio” (PC 2). b. El Fundador pide a sus misioneros que cuenten la misión En la Programación de la Dirección General hemos hablado de los valores, antiguos y siempre nuevos, de nuestra familia, de la llamada a una nueva creatividad, como persona y comunidad, y de ser valientes al revisar y calificar nuestro vivir y servir a la misión. La visita canónica es un momento propicio para ayudar a conseguir ese objetivo. Son preciosas algunas de las indicaciones que nos dio nuestro Beato Fundador, tomadas de la correspondencia con sus misioneros. En ellas se percibe su modo de ayudar a sus hijos e hijas, animándoles a lo mejor siempre. Se siente el padre, el fundador, el formador en todo y para todo, y por eso advierte intensamente sobre la necesidad de no dejar de intentar nada en la tarea de guiarlos en su preparación y crecimiento espiritual. Su amor e interés paterno hacia los misioneros se manifiesta en el deseo reiterado de que le contaran la misión, la vida, las realizaciones, los problemas y los sueños. En una de sus cartas dice: «Doy gracias al Señor por el gran éxito de vuestra reunión en Moranga. Espero mucho de las disposiciones tomadas y del modo como fueron dirigidas las discusiones, y alabo la sabiduría de las conclusiones (...). Apruebo todas las conclusiones sin excepción y deseo que se practiquen en todas sus partes» (ALLAMANO, Lettere ai Missionari e alle Missionarie della Consolata, n. 52). A través de las cartas de sus misioneros se sentía bien informado de la obra del Instituto en los diversos frentes. Su conocimiento no era genérico, sino que llegaba a todos los aspectos de la vida de los misioneros. Se interesaba y preocupaba de su vida espiritual y de su santidad, de su vocación y su salud, de los medios materiales y de la misión. La misión es sin duda el área sobre la que insiste más en su obra formativa. Sus hijos le ayudan desde su campo de trabajo. De ahí su constante insistencia a todos y todas para que le envíen noticias sobre su vida personal, comunitaria y religiosa describiendo las dificultades externas o internas. En sus cartas recordaba este “deber”, que él mismo introdujo en el directorio y quería que todos cumplieran, al menos cada tres meses. Deseaba que sus hijos le hablaran de la misión para poder alabar a Dios por el bien hecho por sus misioneros en el Instituto. Además, esto podía ser de edificación para cuantos llegaran a conocer aquella realidad y quisieran ayudar a la misión del Instituto. Finalmente, las informaciones podían servir para mejorar el método misionero del Instituto superando los puntos débiles y ofreciendo orientaciones más eficaces. Al P. Barlassina le pedía que «escribiera más a menudo, larga y detalladamente, sobre todo lo que hacía, sobre las ideas y propuestas: nosotros responderemos y aconsejaremos. Una solo es la finalidad común, hacer el bien, el mayor bien solo para gloria de Dios» (ibidem, n. 206). Conclusión Confiamos en que la visita canónica pueda ser un momento para compartir la vida, las actividades y los caminos de la misión, para alabar al Señor por el bien hecho con su gracia y la generosidad de los misioneros y para emprender nuevas iniciativas aptas para mejorar los aspectos más débiles. Contar la vida y la misión ayuda a preparar el momento de gracia que es la visita canónica. Esperamos que el paso de la Dirección General por la circunscripción ofrezca a todos los misioneros la oportunidad de detenerse para contarnos y reflexionar sobre el pasado, discernir el presente y programar el futuro bajo el signo de la comunión y de la misión. Os saludamos fraternamente en nombre de la Consolata y del Beato Allamano, P. Aquiléo Fiorentini, IMC P. Stefano Camerlengo, IMC P. Francisco López Vásquez, IMC P. António Fernandes, IMC P. Matthew Ouma Opiyo, IMC |
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| Ultima modificación ( 08.11.2006 ) |
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