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Padre Lorenzo Stimoli (1928-2006) PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Franco Gioda, imc   
08.11.2006
Sus padres fueron Carmelo Stimoli y Maria Biondi. Nació el 11.01.1928, en Biancavilla (Catania). En 1947, a sus 19 años, entra en el Instituto en Cereseto. En 1951 se consagra a Dios para la misión y en 1955 es ordenado sacerdote. Después de un año transcurrido en Fátima, Portugal, en 1957 parte hacia Mozambique. Comienza su trabajo en Lourenço Marques (Maputo), en las parroquias que estaban surgiendo en la periferia de la ciudad: Costanheira (1956-’57), al año siguiente en Matola y, del ’57 al ’59 en Machava. Luego, en 1960, es destinado a las misiones del Sul do Save (Inhambane), primeramente en Mapinhane y luego como superior y párroco en Maimelane. Y aquí despliega lo mejor de sí mismo realizando un trabajo de evangelización en una zona muy difícil. Construye las estructuras y especialmente la iglesia, una obra maestra. Son años de intensa actividad de apostolado y desarrollo de la zona.

En 1975, tras la llegada al poder de la Frelimo, vuelve a Italia y trabaja en el Santuario-Parroquia de Santa Maria a Mare (Porto S. Giorgio) hasta 1991. A continuación es enviado para la animación y el servicio pastoral a otras comunidades: Martina Franca, Gambettola, Bedizzole y, desde 2004, de nuevo en Santa Maria a Mare, donde la gente le conoce bien y el P. Lorenzo se siente en su casa. Después de Epifanía pide poder asistir durante algunas semanas a sus hermanas enfermas. El 18 de febrero la muerte le sorprende a él: un aneurisma inesperado le deja en las manos de Dios y se encuentra con el Rostro que siempre buscó y predicó.

Destacaba en él una profunda humanidad, sabía ser amigo, encontrarse con las personas, porque le agradaba el coloquio. Esto le llevaba a no ofenderse nunca, a ir a lo esencial de las cosas y de la vida y a tener un humorismo sano ante todos los acontecimientos. No era un intelectual, pero sí un gran trabajador; no un ideólogo, pero sí un espíritu práctico. No había nada para lo que no tuviera una solución, lo que le ayudó mucho no solamente en África, sino también en lo cotidiano de su vida de comunidad y apostolado.

Había pasado aproximadamente un año en Jerusalén por motivos de formación y de retiro espiritual, pudiendo así entrar en contacto con el mundo de la Biblia, lo que le dejó fascinado. Con mucha frecuencia, tanto en sus diálogos como en la predicación, se refería a esta experiencia que había marcado su vida. La llamada de Dios aconteció en lo cotidiano de su vida, de manera imprevista, como si se verificara con la punta de los pies. Por lo demás, el resto de su vida se desarrolló bajo el signo de la fe: «He servido humildemente al Señor, entre lágrimas y pruebas», dijo un día san Pablo a los ancianos de Mileto como conclusión de sus viajes apostólicos. Es algo que podría decirse de todos los apóstoles del Señor. Digámoslo pues también del P. Lorenzo: servir al Señor con humildad en la cotidianidad.

El funeral tuvo lugar en Adrano, el lunes 20, a las tres de la tarde. Lo presidió el P. Franco Gioda, superior regional. Concelebraron los sacerdotes de las parroquias cercanas. Ahora el P. Lorenzo descansa en el cementerio de su pueblo natal.

P. Franco Gioda