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| P. Ermenegildo Crespi (1936-2006) |
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| Escrito por Vs | |
| 08.11.2006 | |
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Fueron sus padres Giuseppe Crespi y Margherita Silvestre. Nació el 20.06.1936 en S. Zenone degli Ezzelini (TV). Tuvo 12 hermanos, de los que dos, él y Luigi, fueron Misioneros de la Consolata. Entró en el Instituto en 1948, en la casa de Vittorio Veneto; en 1958 se consagró a Dios con la profesión religiosa y en 1963 fue ordenado sacerdote. Tras un años de trabajo como vicerrector del liceo, en Varallo Sesia, en 1965 es destinado a Gambettola, donde trabaja como director del pequeño seminario. Vive intensamente la causa misionera y se la hace vivir a sus jóvenes, como se lo cuenta en un mensaje de solidaridad al P. Domenico Fiorina con ocasión del martirio del P. Michele Stallone en Kenya, en 1965: «El Señor quiso la vida del P. Michele Stallone. Su sangre, como lluvia fecunda, ha regado las áridas tierras del desierto del Marsabit... y el desierto florecerá [...] Padre, ¡qué lección para los jóvenes! Sufrimos con usted, con todos nuestros misioneros por la pérdida de un gran apóstol. Al mismo tiempo nos sentimos orgullosos de que a nuestro Instituto se le haya pedido esta vida, una señal clara de que al Señor las misiones le son gratas. Valga la vida del P. Michele para sembrar en el corazón de “sus amigos” la bondad evangélica». El trabajo de formador es exigente y estresante y lleva a la crisis cuando los resultados no son los esperados. Es la experiencia que vive el P. Ermenegildo, que no teme hacer autocrítica de sí mismo y de la comunidad. Al mismo tiempo, se afana en promover el diálogo y la colaboración con los hermanos para crear un clima positivo que favorezca mejores resultados en la labor formativa. Después de algunos años de trabajo en Italia, siete de ellos pasados en Gambettola, obligado a trabajar a ritmo extenuante, se siente exhausto. Volviendo los ojos atrás sobre su trabajo, se pregunta si habrá merecido la pena y su respuesta es indudablemente positiva: «Sí, lo digo con la mayor sinceridad; considero que he trabajado con empeño, con fe, con entusiasmo...», pero para la realización más plena de su sacerdocio y para su futuro de misionero cree que ha llegado el momento de ir a las misiones. En 1973 es destinado al Canadá y trabaja en la ciudad de Montreal durante 23 años seguidos. Realiza diversas tareas: vicario parroquial primero y luego párroco de la parroquia de la Consolata (1973-1992); pro-vicario episcopal (1975-1982); presidente de la conferencia agentes de pastoral de la comunidad ítalo-canadiense de Montreal (1975-1983); consejero de la Delegación (1976-1984); superior delegado de Canadá (1984-1990). Ama al Instituto y se congratula con el P. Mario Bianchi por su reelección como superior general en 1975: «Gracias, padre –le dice– por haber aceptado sufrir por nuestra familia religiosa». En diciembre del mismo año, al enviar las felicitaciones de Navidad al P. Bianchi, habla con entusiasmo de sus tareas: «Hemos trabajado mucho, con el riesgo de estresarnos por no poder estar en todo, pero mantenemos –gracias a Dios– buena armonía y entendimiento... Es evidente que la SS. Consolata está aquí y trabaja con sus misioneros». Un mérito grande del P. Ermenegildo fue llevar al Instituto a superar el aislamiento en relación con la diócesis; ese es el sentido de su nombramiento como presiente de los sacerdotes que trabajan por la comunidad italiana de Montreal y más tarde como vicario episcopal. Gracias a él el Instituto es conocido y querido por la gente: “Los sacerdotes y los obispos que se nos acercan nos estiman y nos felicitan por el buen trabajo que realizamos en Canadá”. Temperamento entusiasta y extrovertido, el P. Ermenegildo expresa su anhelo a la santidad mediante la espiritualidad de Renovación Carismática, de la que es animador y responsable en la diócesis de Montreal. El 8 de diciembre de 1976 escribe al P. Mario Bianchi una hermosa carta que expresa el fuego del Espíritu que arde en él: «Demos mil veces gracias a Dios por lo que realiza de maravilloso en nosotros los sacerdotes: mis hermanos y yo hemos entrado [...], me parece, en un periodo nuevo de nuestra vida espiritual. Hace varios meses que nació en nuestra parroquia un grupo de oración de Renovación Carismática... Tal vez sea este el camino que el Señor nos indica para tenernos completamente a su servicio y fecundar nuestro trabajo pastoral. Hemos descubierto la oración, la vida de comunidad, la serenidad, el gozo de sentirnos amados por Dios, la alegría de ser instrumentos del Espíritu Santo que obra en todos. No habría necesidad de decirlo, pero... no nos sentimos llevados de falsos entusiasmos». Posteriormente, hablando del trabajo pastoral en la parroquia, dice: «Iniciado el Adviento, hemos lanzado nuestro proyecto de trabajo pastoral. Lo hacemos todos los años, pero esta vez hemos rezado más sobre ello y, siguiendo las líneas de la Evangelii Nuntiandi y del proyecto pastoral diocesano, nos hemos lanzado con nuevo fervor al anuncio de la Palabra, justamente para que la comunidad confiada a nosotros se convierta en lugar privilegiado donde la Palabra de Dios sea escuchada, acogida, proclamada, interpretada, vivida. No le diré lo que está haciendo la SS. Consolata: constatamos conversiones, tomas de conciencia, un fervor nunca visto hasta ahora...». La conclusión es una invitación al Padre General a unirse a él para dar gracias al Señor por sus dones. Entre ellos el nuevo centro de animación misionera y promoción vocacional que sería inaugurado justamente el día de la Inmaculada: «Es un nuevo acto de confianza total en la validez de nuestro trabajo, en la fidelidad al espíritu del Fundador, en el nombre de la Consolata que realiza a través de nosotros “maravillas”». En 1994 el P. Ermenegildo es destinado a la Región Argentina, un cambio que, como él mismo dice algún año después, «en aquel momento me costó sangre: insertarme e “inculturarme”, mentalizarme aquí puso a prueba todo lo que yo era, pero ahora doy las gracias a la Providencia por el modo como me tomó de la mano» (carta al P. Trabucco, 15.10.2001). En Argentina pone en acción todo su entusiasmo misionero en la parroquia de N. S. de Pompeya, en Merlo, obteniendo abundantes frutos pastorales. Seis años después es destinado a la parroquia de Machagai, pero el cambio no deja de hacerle sufrir: la gente que le conocía y amaba no estaba dispuesta a dejarle irse y decide llamar en muchas puertas para solicitar a los superiores que se vuelvan a tras de su decisión. El amor al P. Ermenegildo queda patente en las palabras del consejo parroquial dirigidas al Superior Regional: «Deseamos que reflexione sobre la posibilidad de que el P. Ermenegildo se quede aquí, porque nuestra comunidad, tras haber estado durante seis años sin párroco, le ha acogido con mucha esperanza, que él ha sabido traducir en numerosas obras que han demostrado su insuperable vocación de servicio y su incondicional empeño en la realización de la misión de la Iglesia. Su presencia en la parroquia de N. S. de Pompeya es imprescindible porque, además de haber sido tan eficiente y creativo en su trabajo apostólico, ha sabido merecerse la más alta estima y el aprecio más sincero de los adultos y los niños. Nuestra comunidad le necesita para continuar su obra y porque le quiere». De Machagai, el 2 de abril de 2000, escribe al P. Trabucco, superior general, manifestándole sus sentimientos: «Me agrada, padre, decirle que he aceptado este nuevo reto con espíritu de fe, con muchas serenidad y pensando también en la necesidad de una continua conversión, de una “nueva fundación” de mi ser en el IMC. Doy gracias al Señor por esta disponibilidad mía, pues el hombre viejo tendría mil y una razones para poner objeciones. [...] Por ahora estoy ocupándome del “campo” y de las “colonias” de Machagai. En el programa pastoral dejamos sitio a los movimientos eclesiales, como los Cursillos de Cristiandad y la Renovación Carismática, que son modos eficaces de la nueva evangelización». La experiencia pastoral en esta parroquia dura poco: al final de 2001 le toca a él entregársela a la diócesis. Escribiendo al Da Casa Madre, dice: «Recojamos las tiendas, saludemos a la gente, volvamos a los remos y, contentos, pasemos a la otra orilla. Es una finca limpia, arada, sembrada, provista de las debidas estructuras, que con sincera satisfacción hemos entregado a la diócesis de Saenz-Peña. Hoy, las 25 colonias de Machagai, junto a la pequeña escuela rural y al servicio de urgencias, pueden contar con una capillita, la visita mensual del sacerdote, las fiestas patronales, la catequesis de la iniciación cristiana, la visita a las familias, a los enfermos, y con un gran número de pequeños proyectos y actividades de promoción humana». Después de recordar la inmensa obra realizada en esta tierra por tantos hermanos misioneros, el P. Ermenegildo concluye: «Cincuenta años después, el IMC entrega esta parroquia “con satisfacción”, pero también con algún lamento y nostalgia humanamente comprensibles. Sin embargo, sabiendo que se ha hecho un buen trabajo, con espíritu evangélico decimos: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hacer”. Que el Padre Allamano nos haga menos doloroso este desprendimiento y nos ayude a pasar a la otra orilla, donde el arado nos espera para roturar otros campos». El 15 de octubre de 2001 escribe una vez más al P. Trabucco para agradecerle la Visita Canónica. Es una ocasión para confirmar su «plena adhesión a nuestro espíritu IMC». En su trabajo se siente espiritualmente bien motivado y pastoralmente realizado. Usa siempre palabras de estima a los hermanos y se siente un “privilegiado” por las personas con que son destinadas a trabajar con él. Y concluye: «He descubierto que la oración y la preocupación por renovarme y motivarme me hacen dócil al Espíritu... “como un niño en brazos de su madre”. Siento intensamente la ternura de la Consolata y la pasión por el sacramento del perdón hace que me sienta ministro de consolación». En 2002 el P. Ermenegildo asume la cura pastoral de la parroquia de N. S. de la Consolata, en Buenos Aires. Un compromiso breve porque al final del año es destinado de nuevo a la Región de América del Norte. Trabaja en la pastoral y la animación misionera en Somerset hasta 2005, cuando es elegido superior regional. En febrero de 2003 tuvo un serio problema de salud que le obligó a estar inactivo durante dos meses. Así lo cuenta él mismo: «En este tiempo he sentido, en primer lugar, un fuerte sentido de frustración, ya que, de manera inesperada, me he visto como descabalgado e imposibilitado de seguir mis proyectos, paralizado en mi activismo, bloqueado en mis ganar de avanzar y correr a toda costa, descuidado de la salud, que pretendo sea siempre intacta e indestructible. Esta forzada inactividad me ha permitido, no obstante, conocer el mundo del enfermo. No encuentro palabras adecuadas para expresar la sorpresa y el embarazo de verme rodeado de las atenciones y el afecto de los hermanos y los familiares. En estos días he sentido con intensidad especial la proximidad de muchos amigos, conocidos…, personas con las que he compartido los gozos y las fatigas de mi apostolado en Canadá, en Argentina o en Italia. Recordando los diversos momentos de esta experiencia, desde el primer síntoma de la enfermedad hasta la completa curación, puedo decir que he experimentado la presencia de una Mamá dulce, atenta, gentil, discreta y suave, reconocible no solamente con el corazón, sino también con los sentidos: la querida Consolata. Tenía razón el Padre Allamano cuando se preguntaba: “...¿Qué no hará esta tan tierna Madre por nosotros que somos sus hijos?”». El 20 de junio de 2003 la parroquia de la Consolata de Montreal festeja los 50 años de fundación y, aunque hace ya algunos años que ha sido cedida a la Iglesia local, la Consolata continúa siendo amada y celebrada. Es un momento de gran emoción para el P. Ermenegildo, quien en esta parroquia ha dado lo mejor de sí mismo como sacerdote. «Este jubileo -escribe al Da Casa Madre- ha confirmado que el IMC ha realizado un buen trabajo pastoral y que la comunidad, tan aficionada a su Patrona, no olvida a sus misioneros. “Anunciarán mi gloria a todas las gentes”, recita nuestro lema. En Montreal esta “gloria” se remite como hermosa herencia en las parroquias de S. Juan Bosco, María Madre de los Cristianos y Notre Dame de la Consolata. Participando en las fiestas de los 50 años de la parroquia, llaman la atención algunas características nuestras que los feligreses han hecho suyas: festiva acogida y apertura, amor a la Eucaristía y a la Palabra de Dios, afecto filial y abandono a la Virgen Consolata, atención a los pequeños, a los más débiles, a los ancianos y enfermos, dimensión misionera hecha de oración, testimonio e interés por las misiones, preocupación por las vocaciones. En los labios de mucha gente se percibe espontánea la exclamación: “Benditos misioneros nuestros”». En 2004, escribiendo a la revista “Amico” un testimonio sobre su misión, dice entre otras cosas: «Sabido es que el misionero es el que lleva la Palabra, es decir, a Jesús. Pero yo me he sentido siempre llevado por esta Palabra. Ella es la que me empuja, como el viento las velas del barco, como la chispa que enciende el motor y... no te deja tranquilo, te atormenta por dentro, porque está viva y quiere dejar oírse por todas partes». En el último mensaje que envía al Da Casa Madre habla de la solidaridad del Instituto con las poblaciones víctimas de los huracanes en Estado Unidos en el verano de 2005. Estaban programadas cierto número de Jornadas Misioneras, por lo que «era lógico que, ante estos terribles acontecimientos, nos preguntáramos si era lícito echar una mano a aquellas comunidades tan duramente golpeadas. ¿Por qué no proponernos alternativas que expresen más el sentido de la solidaridad? Así fue y nuestros gestos humildes, pero auténticos, se ven hoy multiplicados infinitamente en este mundo “roto”, como el pan partido de la Eucaristía». Muy pronto el P. Ermenegildo debe hacer frente a problemas de salud. Se le declara la leucemia que hace que tenga que someterse a curas intensivas en Estados Unidos y en Canadá. Cuando le aplican la quimioterapia, su corazón soporta el primer ciclo del tratamiento, pero no resiste el segundo, y el 4 de mayo de 2006 se nos va para siempre. Su cuerpo queda expuesto en la iglesia de la Consolata, que fue su casa durante tantos años. Los funerales tienen lugar el 6 de mayo en la iglesia de la Consolata. Ahora el P. Ermenegildo descansa en la paz del cementerio de Cotes del Neiges en la tumba de los Misioneros de la Consolata. P. Sergio Frassetto
TESTIMONIOS
“Solo el amor permanece” (1 Cor 13,8) Quiero comenzar este testimonio sobre mi hermano, el P. Gildo, recordando el primer encuentro de familia donde elegimos justamente esta frase, ya que la fe y la esperanza terminarán un día, pero no el amor, porque es Dios mismo. Nuestra numerosa familia (12 hermanos) se caracterizó siempre por la unión y el afecto entre todos nosotros, incluidos cuñados y cuñadas, sobrinos y cuantos tuvieron la oportunidad de conocernos. El P. Gildo fue siempre el promotor incansable de esta comunión en el amor. Entre muchos otros aspectos positivos de la vida de mi hermano y que él trató de compartir con los demás, quiero poner de relieve su constante preocupación para que en su familia se viviera según el espíritu del Evangelio y estuviera unida por el sacramento del matrimonio. Fue un motivo de sufrimiento para él el hecho de que alguno de sus sobrinos u otros jóvenes no consagraran su vida matrimonial con el sacramento del matrimonio. La Palabra de Dios era su pan cotidiano, que compartía gustosamente para que todos aprendieran a leerla, meditarla y vivirla. La Eucaristía tenía para él momentos intensos de emoción a lo largo del día, especialmente, la celebración cotidiana de la misa y la adoración del misterio de la presencia de Jesús entre nosotros. La Virgen María fue para él el otro gran amor de su vida. La Virgen de la Salud, a la que dedicó el santuario de nuestro pueblo, era una de sus devociones más queridas. Trabajó hasta el último momento intensamente para difundir la verdadera devoción, sin cesión a fantasmas, una devoción que se expresó en coherencia de vida cristiana en la familia y el trabajo. Otro aspecto que le caracterizó fue su fe en el Espíritu: creía firmemente en la renovación de la vida gracias a la acción del Espíritu; puso su alma y su cuerpo, sus estudios, viajes y experiencias, de día y de noche, en el movimiento de la Renovación Carismática. Trabajó mucho en la formación de los grupos de Montreal y Toronto. Alguna vez le decía: «¿No te parece exagerar?». Me respondía: «Este movimiento del Espíritu está haciendo mucho bien a las personas, a las familias y a la comunidad parroquial». Y los resultados han sido maravillosos. El P. Gildo fue un sacerdote misionero dinámico, entusiasta y fervoroso. Su vocación le llevó también a Argentina, donde trabajó durante ocho años, dejando un grato recuerdo en todos. En cuanto a mí, puedo decir que apoyó siempre los proyectos de misión que le presentaba, y sensibilizaba a los fieles para que colaboraran, ya que “la misión es de todos”, según él decía. Es magnífico que la gente, los sacerdotes y los hermanos digan: «Fue un verdadero pastor; conoció a sus ovejas y ellas le conocieron a él». Era estimado y amado por todos, por más que alguna vez, ante la indiferencia o la lentitud en los cambios de vida de las personas, perdiera la paciencia. El testimonio de afecto que la comunidad de la Consolata y mucha gente le tributaron con su presencia, el día de la despedida, fue maravilloso. Gracias, querido hermano. Tu vida sacerdotal fue un verdadero testimonio cargado de ejemplos y de amor para todos tus hermanos y hermanas, así como para muchas otras personas que encontraron a Cristo a través de tu persona y tu estilo de vida. Tu marcha de este mundo no se ha hecho sin consignarnos la antorcha que tú encendiste, con la tarea de seguir iluminando a todos los que encontremos en nuestro camino. Adiós, P. Gildo, y gracias por todo. Bendice desde el cielo a tu familia y a todos los que te conocieron y te amaron. P. Luigi Crespi
Verdadero pastor de almas En 1973 el P. Ermenegildo Crespi era el pastor de la parroquia de la Consolata en Montreal, una gran parroquia étnica de unas seis mil familias, constituida especialmente por italianos. Con él trabajaba un equipo de cuatro sacerdotes. El P. Ermenegildo, juntamente con el P. Franco Cocco, se afanó en la fundación y el desarrollo de los movimientos carismáticos como la Renovación Carismática y los “Encuentros Matrimoniales”. Eran centenares las parejas que los fines de semana participaban en este último. En la misa carismática del lunes por la tarde participaban con frecuencia nada menos que unas 1000 personas. Un domingo al mes había retiro espiritual de un día entero y debía tener lugar en un campo de juego de un colegio porque la gente no cabía en el salón parroquial. El P. Ermenegildo dedicaba largas horas a la dirección espiritual de las numerosas personas que venían a buscarle a la parroquia. Muchos parroquianos pusieron alma y corazón en las numerosas actividades de la parroquia, como el grupo de San Vicente. La parroquia se hizo realmente misionera y recogía todos los años importantes ayudas pecuniarias en favor de los proyectos de tierras de misión. Docenas y docenas de jóvenes pasaban los fines de semana en retiro espiritual y encontraban el camino del contacto con Dios y con la Iglesia. En un cierto momento el movimiento de los Scouts contaba con más de 180 muchachos: el más numeroso estaba en el área de Montreal. Un par de jóvenes de la parroquia se hicieron sacerdotes y trabajaron en el extranjero como misioneros laicos. El amor al Padre Fundador condujo al P. Ermenegildo a preparar una pequeña habitación dedicada al Beato José Allamano a la entrada de la iglesia. Amaba intensamente la Eucaristía. No hace mucho me pidió que preparaba una placa con esta frase: “Sacerdote de Dios: celebra esta misa como si fuera tu primera misa, tu última misa, tu única misa”, y la colocó en la sacristía de nuestra capilla de Somerset. Además de la Eucaristía, el P. Ermenegildo amaba intensamente a la Madre de Dios y lo demostró guiando numerosas peregrinaciones a Fátima, Lourdes, Medjugorje y otros santuarios marianos. El P. Crespi tenía un carácter fuerte y la tendencia a tomar decisiones de manera personalista, pero era consciente de este defecto y trataba de escuchar las opiniones de los hermanos. Se le puede aplicar la expresión latina “fortiter et suaviter”, es decir, con mano fuerte pero con toda la bondad de que uno pueda ser capaz. En 1992 los Misioneros de la Consolata dejaron la parroquia de la Consolata de Montreal y el P. Ermenegildo fue destinado a Argentina. Cuando volvió a América del Norte, durante un par de años fue director de nuestro centro misionero de Somerset, y seguidamente, el 23 de junio de 2005, fue elegido superior de nuestra Región. Un mes más tarde, mientras predicaba una jornada misionera, se derrumbó. En el hospital le diagnosticaron leucemia en fase avanzada. Afrontando la gran destrucción que es la muerte, el P. Ermenegildo comenzó su dolorosa subida del Calvario. Ahora sentía lo difícil que era vivir aquello mismo que había predicado durante tantos años. Vacilaba la esperanza, pero la fe no. P. Aventino Oliveira |
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| Ultima modificación ( 08.11.2006 ) |
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