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1937 - 2005 Hijo de Guido y Maria Zeni, nació en Prada di Brentonico (TN) el 5.3.1937. En 1956 ingresó en el Instituto y en 1957 se consagró a Dios con la profesión religiosa. En 1963 recibió la ordenación sacerdotal y seguidamente, durante tres años, estudió Business Administration en Pittsburgh, USA. En 1966 se le destinó a Kenya y aquí trabajó en la misión de Laisamis, de la diócesis de Marsabit. En 1971 fue destinado a Sudáfrica. El P. Berté tiene en este momento 34 años y, con el P. Giovanni Viscardi, abre un nuevo campo de misión en Kwa-Zulu Natal, ahora diócesis de Dundee. Aquí demuestra inmediatamente su gran celo misionero y sus capacidades organizativas le llevan rápidamente de vice-párroco de Piet Retief (’71-’72) a párroco de Ermelo (’79-’84), luego de Dundee (’85-’96). De 1996 a 1999 desempeña el cargo de superior delegado de nuestros Misioneros de Sudáfrica y sucesivamente retorna como párroco a Newcastle (2001-2004). Durante más de veinte años el P. Giovanni fue también vicario general y administrador de la Prefectura de Wolkrust primeramente, convertida luego en la diócesis de Dundee. Con este cargo visita continuamente las fuerzas pastorales para dar sugerencias y consejos y animar a todos. Especialmente inclinado a la construcción, favorece y ayuda en la construcción de iglesias, escuelas, asilos y obras de caridad en muchas parroquias, implicándose directamente en todas ellas. Una de sus primeras realizaciones fue el Centro Pastoral de Damesfontein, de los Misioneros de la Consolata y, preferencia suya, el Centro Pastoral Diocesano, donde se realizan los cursos de formación para los agentes pastorales de la diócesis. Los puntos más importantes de la misión del P. Berté fueron la visita a las familias y la creación de grupos de oración y pequeñas comunidades. Su carácter bondadoso, adornado del don de la acogida de las personas le convirtieron en amigo de todos. El P. Giovanni vivió para la misión y por la misión trabajó toda su vida sin descanso mientras que su salud se lo permitió. En el 2003 tuvo que volver a Italia. En septiembre del 2004, tras una larga estancia en la Casa Madre, se retiró definitivamente en Alpignano debido a un fuerte agotamiento, siempre atormentado con el pensamiento de su vuelta a Dundee. El P. Genta y todo el personal de la enfermería le cuidaron con esmero y paciencia. El 5 de enero de 2005, después del desayuno, tuvo un serio problema de respiración que le afectó al corazón y fallecía poco después de que el P. Genta le administrara el sacramento de los enfermos. A las 15.30 del viernes 7 de enero de 2005 se celebró la misa funeral, cuya concelebración presidió el P. Franco Gioda, superior regional, quien leyó un mensaje de despedida enviado por los misioneros de Sudáfrica. También los padres Giovannetti y Discepoli nos expresaron su testimonio. Al día siguiente sus restos mortales fueron llevados a Prada di Brentonico donde, después de la celebración de una misa y del rito de despedida, fueron inhumados en el cementerio del pueblo. La Redacción del Da Casa Madre
TESTIMONIOS El 16 de octubre de 1975 el P. Giuseppe Rinaudo y un servidor llegábamos al aeropuerto de Johannesburg (RSA) y allí nos recibía un padre de pequeña estatura, piel quemada por el sol y risueño: el P. Giovanni Berté. “Un hermano lleno de la misión”, nos dijimos. La primera impresión fue confirmada en los años siguientes. Porque él, en efecto, se “hacía hermano” de todos desde el primer momento. Era una cosa habitual para él introducir a los recién llegados en las comunidades y en las realidades donde deberían desplegar su ministerio. En esas circunstancias no faltaba el encuentro con el obispo y los demás sacerdotes y agentes de pastoral presentes en la diócesis de Dundee. Personalmente me sentí en seguida bien acogido por todos y en familia. El P. Giovanni demostraba sus atenciones fraternas y solícitas con visitas frecuentes, con un pequeño regalo, interesándose de la salud física y espiritual, del progreso en el estudio de las lenguas, de la inserción en la comunidad de los misioneros o en la pastoral. Durante el viaje de Johannesburg a Ermelo (sede del Superior Delegado que era él mismo) nos habló especialmente de los padres misioneros, del trabajo pastoral, de los proyectos de evangelización, de la necesidad de las lenguas y del conocimiento de las culturas. Una acogida realmente cautivadora. «La evangelización en Sudáfrica -nos repetía- se basa en tres puntos: la visita a las familias, a todas las familias; los encuentros de oración con horario fijo; la formación de líderes (animadores, guías)», quienes deberían convertirse en los animadores de las propias comunidades. «Debemos formar a los líderes entre otras cosas porque son ellos las personas más aptas para evangelizar a su gente», insistía con la mayor convicción. Su personalidad, animada por la misión, fue valorada por el Prefecto Apostólico de Wolkrust y luego por el obispo de Dundee cuando la Prefectura fue elevada a diócesis. Tanto el Prefecto Apostólico como el nuevo obispo pidieron a los Misioneros de la Consolata tener al P. Berté como Vicario General. Desempeñó este ministerio mientras se lo permitió la salud. Como Vicario General, una de las primeras realizaciones fue el Centro Pastoral de Damesfontein. Los primeros cursos de formación de los laicos, a los que fueron invitados a participar también los sacerdotes con el fin de garantizar unidad de criterios y de métodos entre las diversas fuerzas comprometidas en la pastoral, comenzaron en 1976. El P. Giovanni tenía una inclinación natural por la construcción. Creo que en estos últimos 30 años no hay iglesia, escuela, asilo o casa de Misioneros y Misioneras en la diócesis en la que él no haya estado implicado personalmente. Era también consciente de sus límites, y no tenía ningún empacho en afirmar que no tenía ningún don en el aprendizaje de las lenguas. Su ánimo misionero no se dejó desanimar por esto, sino que incluso encontró en ello el modo de valorar sus límites. Desarrollará el ministerio en misiones donde la lengua dominante era el inglés y, por mandato del obispo, estará continuamente visitando a todas las fuerzas pastorales para dar sugerencias y consejos y para infundir ánimos. Entre sus muchas iniciativas, recuerdo tres especialmente por los resultados abundantes que significaron: el Grupo de San Judas Tadeo para hombres solamente, con la intención de ayudarles a profundizar la fe y recuperar a los que se alejaban de la Iglesia. Era también una estrategia para entrar en las familias a las que difícilmente podría acercarse de otro modo. Este grupo, iniciado en 1974, sigue activo y muy útil para la evangelización. Desde el principio el P. Giovanni notó que en las locations había muchas mujeres madres, plaga favorecida por las leyes de la división racial. Para ir a su encuentro, el P. Giovanni se hizo promotor de la Fraternidad de las “Mujeres del Sagrado Corazón”. El entusiasmo inicial fue tal que hoy esta hermandad es una de las realidades más vivas de la diócesis. En la última misión de su ministerio, Newcastle, el P. Giovanni comenzó una Escuela de Biblia que él mismo dirigió durante dos años con encuentros muy frecuentados por los católicos y los protestantes. El corazón el P. Giovanni era muy sensible especialmente a las necesidades de los niños huérfanos y de los ancianos solos. Con su dirección surgieron el Orfanato y la Casa de los Ancianos. Y en los años ’90 se convirtió en su sueño ayudar a los misioneros y los laicos de formación permanente. Su convicción fue tal que el obispo acogió esta propuesta y surgió un Centro Pastoral Diocesano admirado y envidiado por las demás diócesis de Sudáfrica. El P. Giovanni vivió para la misión y por la misión trabajó toda su vida sin reservas hasta que su salud degeneró y tuvo que abandonar Sudáfrica. Volvió a Italia en el 2003 con la esperanza de recobrar la salud, pero la enfermedad era irreversible: el 5 de enero del 2005 se nos fue para siempre. P. Francesco Discepoli Homilía de mons. Michael Rowland, obispo de Dundee, en la misa de sufragio por el P. Giovanni Berté Nos hemos reunido aquí para celebrar la muerte de un hermano nuestro con el que estábamos unidos y al que queríamos. Cuando Giovanni dejó Sudáfrica para curarse en Italia, nunca pensamos que abandonaría tan pronto este valle de lágrimas y que no volveríamos a verle. Él admiraba la montaña y decía que se jubilaría para ir allá arriba, a su Prada del alma. Allí ha sido sepultado, en ese lugar que estamos seguros habrá sido de su agrado y que él habría elegido. Antes de venir a Sudáfrica había trabajado durante algunos años en el norte de Kenya entre los Samburu y otras poblaciones próximas. Vino a Sudáfrica, cumpliendo la obediencia, con el P. Jack Viscardi. Fueron la vanguardia de IMC, llegados a trabajar en la prefectura de Volskrust primeramente y luego diócesis de Dundee. Vivimos juntos durante algunos años en Ermelo. Nos encontrábamos bien uno junto al otro. Luego yo tuve que trasladarme a otros lugares y John se quedó en Ermelo muchos años más. Cuando me nombraron Vicario de la Prefectura, él comenzó a trabajar en el programa de construcción de las obras diocesanas. Se sentía sobre todo “Misionero”, por lo que lo primero que hizo fue impulsar la escuela que yo mismo había comenzado en Damesfontein. Luego se afanó en realizar el centro catequístico donde preparar a los líderes laicos. Efectivamente, defendía con energía que, como misioneros, debemos en primer lugar formar catequistas y líderes en todas las misiones y parroquias de la Prefectura. Más tarde, cuando se erigió la diócesis, conseguí que John se uniera a mí, en Dundee, como vicario general. Teníamos un proyecto común: construir un centro pastoral. Poco a poco se convirtió en una realidad. Era el sueño de John. Sobre todo quiso que esta capilla fuera un regalo de la Consolata al centro pastoral. Por eso es muy significativo y oportuno que estemos reunidos hoy en esta capilla. No hay parroquia o misión de nuestra diócesis en la que el P. Giovanni no pusiera su mano. Se interesó de la construcción de cada edificio construido en los últimos 21 años. De Pomeroy a Mhlumayo, a Besters, a Evander Secunda…, su mano estaba por todas partes. Estos edificios siguen siendo un monumento maravilloso para un sacerdote que trabajó intensamente, tal vez demasiado, para hacer crecer a la Iglesia y extender la fe en esta diócesis. Nosotros le agradecemos el trabajo que realizó tan generosamente. Apenas nombrado vicario general, vino a decirme: «Nosotros no tenemos nada en esta diócesis (las cajas estaban vacías). Usted debe ir a América a recoger fondos mientras yo me ocupo de los problemas aquí». Así fue, y lo hizo muy bien. Permitidme recordarlo por el gran trabajo que hizo, por su amor a los misioneros de la Consolata, por su continuo hablar del beato Allamano y por su amor sincero a esta diócesis. Con el fin de que el trabajo de evangelización produjera fruto, trató de promover los esfuerzos de todos en el ámbito pastoral de la diócesis en relación con la formación de todos los catequistas. Estoy seguro de que Dios le ha dado la bienvenida a su casa eterna de la cima de la montaña, la montaña de Dios, donde es servido alimentos y buen y donde John probablemente esté ayudando a reparar los goznes de las puertas del paraíso e informe a Dios y a san José sobre los edificios que necesitan ser reparados. Nosotros oramos por los Misioneros de la Consolata y por la familia de John en Italia, que siempre participó en su misión y contribuyó con sus proyectos para la diócesis. Queremos expresarles a ellos nuestros sentimientos y pedimos a Dios que los consuele. Palabras conclusivas del P. José Luis Ponce de León, superior delegado Deseo dar las gracias al señor obispo por habernos reunido aquí y por permitir que los Misioneros de la Consolata recuerden al P. John con la diócesis entera. John dejó Kenya y vino a Sudáfrica, a la que tanto amó. Pasó en este país 32 años, siempre aquí, en la prefectura de Volskrust, que es hoy la diócesis de Dundee. Y aunque le gustara ir a Italia y estar en sus montañas, durante las vacaciones no dejaba de pensar y de hablar de Sudáfrica. Desde hacía algunos años no se encontraba bien y, como estaba en Italia, nosotros y el obispo le exhortamos a prolongar sus vacaciones para poder recuperarse enteramente, pero no lo conseguimos. John tenía un billete de ida y vuelta y quería volver lo antes posible. Aunque estaba en Italia para descansar, continuaba pensando en lo que proyectaba hacer en Sudáfrica. Demostró su amor a Sudáfrica también de otra manera. Cada país es diferente de los demás y presenta situaciones peculiares. Pues bien, en las reuniones internacionales en las que John participó como superior nuestro, siempre defendió nuestra presencia en Sudáfrica, tratando de explicar nuestra situación peculiar. Así expresaba él su amor a este país y especialmente a la diócesis de Dundee. Hablaba con satisfacción del Fundador y a menudo insistía en las palabras de Allamano que dicen que “nosotros debemos ser un regalo para la iglesia local”. De alguna manera vivió él esta tensión entre ser Misionero de la Consolata y estar plenamente al servicio de la diócesis. Una tensión que experimentó también en relación con nosotros cuando no comprendíamos ciertas ideas suyas, cuando él se sentía comprometido en la realización de proyectos en favor del crecimiento y el desarrollo de esta diócesis. Era un verdadero pastor. Podíamos llamarle en cualquier momento para decirle que uno de nuestros parroquianos había sido hospitalizado en un centro sanitario de Newcastle para que él inmediatamente se apresurara y fuera a visitarle y hacerse cargo de la situación. Era su modo de compartir con los demás la consolación de Dios. Cuando llegó la noticia de su muerte me recordé de cuando John decía: “Decid un rosario a la Virgen por mí y yo lo diré por vosotros”. Es lo que hice. Recé por él como seguramente él suplicará ahora por nosotros.
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