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| La caridad alma de la misión |
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| Escrito por P. Salvador Medina, imc | |
| 19.10.2006 | |
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Jornada misionera
“Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?
Jesús respondió: ¡Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma y con toda tu mente! Después viene otro semejante a éste: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,36-38) 1. El ser humano necesitado y capacitado para amar Toda comprensión y práctica de misión está, necesariamente, sustentada por una visión antropológica. Para nuestra reflexión proponemos una visión del ser humano como “alguien que se hace (= llega a ser) en la relacionalidad”.
Estamos plenamente identificados con la afirmación bíblica “no es bueno que el ser humano esté solo” y existencialmente convencidos de la necesidad de “compañía adecuada” (Gen 2,18).
El ser humano es, entonces, alguien necesidad de compañía – relacionalidad – amor y capacitado para acompañar – relacionarse – amar. Tanto para satisfacer su necesidad como para ofrecer su capacidad, el ser humano, tiene que salir de sí y abrirse para acoger e ir al encuentro del otro (diferente) para dar. Es ésta interacción la que construye permanentemente la humanidad, tejiendo relaciones saludables, al servicio de la vida con calidad y en plenitud. “Si existe un denominador común entre todas las religiones, éste es la afirmación de Dios como amor, sinónimo de relación: utopía de la interdependencia entre los seres humanos”[1]. En el caso del Cristianismo ese amor tiene un nombre: “Padre”. Así nos lo reveló Jesucristo. Claro que con ese nombre Jesús no pretendía nombrar una persona, ni simplemente darle un nombre, sino revelar unas relaciones de paternidad y filiación y, entonces, también de fraternidad. Jesús, Hijo enviado (misionero) del Padre por amor [2], que se encarnó e inculturó, haciéndose “compañía adecuada” (Emmanuel = Dios con nosotros) [3], nos revela la filiación como don (gracia) y nos deja la fraternidad como misión (tarea) [4]. Es precisamente aquí en donde entra a jugar un papel importante la Iglesia, lugar donde El se esconde, se manifiesta y se comunica. Es Iglesia misterio (Jesús presente), Iglesia comunión (Jesús en medio de los hermanos) es Iglesia misión (comunidad enviada y portadora de Jesús)[5] Fueron precisamente esas relaciones las que Jesús cultivó, enseñó, vivió y dejó como memorial en el banquete del pan y el vino repartidos como sacramento de la vida entregada: “porque no hay amor más grande que éste: dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13)[6] . Esto no lo entendieron así las autoridades de su tiempo y por eso, precisamente, lo persiguieron, acusaron, condenaron a muerte y lo mataron. “La misión, si no está orientada por la caridad, es decir, si no brota de un profundo acto de amor divino, corre el riego de reducirse a mera actividad filantrópica y social” [7] Pero, claro está, la caridad tiene sus dimensiones o niveles de vivencia y aplicación: una es la asistencial, otra la promocional y otra la socio-transformadora.[8] Al mismo tiempo se mueve permanentemente entre lo personal-individual y lo social-ciudadano. El amor, en su operatividad, se articula como en dos grandes polos: “la caridad y la justicia. La caridad como “servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales de los hombres” (Cfr. Benedicto XVI Encíclica “Dios es amor” Diciembre 2005 n. 19). Caridad organizada “como presupuesto para un servicio comunitario ordenado” (Benedicto XVI o.c. n. 20). “La iglesia no puede renunciar al servicio de la caridad, como no puede omitir los sacramentos y la palabra” (n. 22). El servicio de caridad (diakonía) “pertenece a la misma naturaleza de la Iglesia y es manifestación irrenunciable de su propia esencia (n.25) ¿Hacia donde apunta el servicio de caridad? El papa lo especifica “en la comunidad de creyentes no debe haber una forma de pobreza en la que se niegue a alguien los bienes necesarios para una vida decorosa” (n. 20). “Que nadie sufra por falta de lo necesario” (n. 25). Aquí se empiezan a complicar las cosas. ¿Que será lo necesario para un Colombiano o Colombiana del 2006? Si hablamos de necesidades básicas insatisfechas ¿Cuántos colombianos están por debajo de ese índice? ¿Cuántos pertenecen a nuestra comunidad cristiana? Necesariamente aquí pasamos al ámbito de la justicia y mientras más organicemos nuestro servicio nacional, diocesano o parroquial de caridad, más vamos a tocar el ámbito de la justicia entendida como orden justo de la sociedad y del Estado y por lo tanto, como tarea principal de la política. Estamos en una línea fronteriza que debemos saber limitar muy bien. La justicia dice Benedicto XVI “es el objeto, y por tanto también la medida intrínseca de toda política. La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, es ésta su naturaleza ética” (n. 28 resaltado es propio) [9]. La misión de los discípulos de Jesucristo está impregnada, a lo largo de la historia y la geografía, de acciones e iniciativas altamente significativas y hasta heroicas de ésta asistencia humanitaria que toca la persona en sus necesidades básicas. 3.2. Caridad en su nivel de promoción humana - cultural y ambiental Los misioneros y misioneras del Señor Jesús siempre pensaron que la caridad asistencial, aunque necesaria, no era suficiente y por eso dedicaron ingentes esfuerzos y recursos humanos y materiales a la educación de las personas y las comunidades, a la promoción humana relacionada con la organización de grupos, la formación de la conciencia social, la preparación política, económica, cultural, etc. La evangelización de lo social.
3.3. La caridad en su nivel socio-transformador o liberador Este tercer nivel de la caridad es el “nivel de liberación que toca la transformación de las estructuras de acuerdo con los principios evangélicos y las exigencias cristianas de la justicia”.Algunos teólogos, pastoralistas y misionólogos, en otras latitudes, les ha dado por llamarla también "caridad política" [10].
No se trata de intentar cambiar el mundo o un país, todos estamos dentro de este circulo vicioso de violencia y solo podemos salir de él cambiando todas nuestras actitudes de indiferencia, resignación, pasividad y confrontación, por lo cual debemos iniciar el proceso de transformación ahí en nuestro lugar más próximo para ser como pequeñas células que van transformando poco a poco un órgano; y los órganos transformados, irán transformando a su vez el organismo completo hasta lograr que el Cuerpo quede completamente sano” [12].
3.4. La Globalización del amor: más allá de las fronteras En este tiempo de globalización y movilidad humana aparecen mil motivos y hasta oportunidades para salir e ir al mundo del otro diferente de mi y de nosotros o, sin necesidad de salir e ir, de comunicarnos, solidarizarnos y hacernos prójimos de nuestros hermanos en esta “aldea global”. Es aquí en donde aparece la oportunidad, para no decir la exigencia, de la vocación misionera ad gentes y más allá de las fronteras de cada persona y comunidad cristiana, de cada Iglesia Particular y de toda la Iglesia Católica, de de cada familia cristiana y de toda institución de Vida Consagrada. Todos estamos convocados a participar en la misión universal de la Familia Nueva de Jesús (Mc 3, 31-35), globalizando el amor. Cada uno con sus recursos, vocación y ministerio al servicio de la gran “familia humana”, cuidando con cariño y responsabilidad de la “casa común”, el planeta con todos sus ecosistemas, y de los hermanos más pobres y afligidos, para que la vida no muera sino que se multiplique y plenifique. 4. El misionero del amor: "No hay mayor amor que el de dar la vida" En nombre del mártir Jesús de Nazaret y en comunión con todos los hombres y mujeres, cristianos y no cristianos, que han ofrecido su vida al servicio de la vida, reconozcamos el valor eucarístico de la sangre derramada por amor y rindamos un sentido y agradecido homenaje a quienes hicieron del “amor el alma de la misión”. Como Misionero de la Consolata quiero compartir con Ustedes el testimonio de la Hermana Leonella Sgorbati, Misionera de la Consolata, asesinada en Mogadiscio, capital de Somalia - África, el pasado 17 de Septiembre. Ella fue alguien que hizo del “amor el alma de la misión”, tal como lo reconoce y proclama el Papa Benedicto XVI cuando dice que su sacrificio fue un buen ejemplo del testimonio cristiano. "Esta monja, que sirvió a los pobres y a los niños en Somalia durante muchos años, murió con la palabra "perdón" en sus labios", dijo Benedicto a peregrinos y turistas durante su homilía dominical en su casa de descanso al sur de Roma. "Es lo más auténtico del testimonio cristiano, un signo pacífico de contradicción que demuestra la victoria del amor sobre el odio y el demonio'.[13] [1] VILLEGAS Juan, El Dios no conocido: una visión más allá de las religiones, Norma, Bogotá, 2003, p. X |
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