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En la semana de la vocación resaltaremos la llamada que Dios hace a todos los cristianos para que su evangelio sea conocido en todas partes del mundo y del universo. Tomaremos para ello, el texto de su santidad Juan Pablo II sobre las vocaciones del 2002. Sugerencias:
- Se pueden hacer jornadas de reflexión sobre el texto aplicándolo a la reflexión misionera de la Iglesia.
- La vocación específica ad gentes para toda la vida, mostrarla como un don de Dios que reciben algunos de entre la comunidad para el servicio de toda la humanidad. Si cada vocación en la Iglesia está al servicio de la santidad, algunas, sobre todo, como la vocación al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada lo son de modo especialísimo. Es a estas vocaciones a las que invito a mirar hoy con particular atención, intensificando su oración por ellas.
- La vocación al ministerio sacerdotal "es esencialmente una llamada a la santidad, en la forma que brota del sacramento del Orden. La santidad es intimidad con Dios, es imitación de Cristo pobre, casto, y humilde; es amor sin reserva a las almas y donación al verdadero bien; es amor a la Iglesia que es santa y nos quiere santos, porque tal es la misión que Cristo le ha confiado" (Pastores Dabo Vobis, 33). Jesús llama a los Apóstoles " para que estén con Él".(Mc 3,14) en una intimidad privilegiada (cfr Lc 8, 1- 2; 22, 28).
- Consagrados y consagradas, que viven "en el mismo corazón de la Iglesia como elemento decisivo para su misión" (Vita Consecrata, 3), muestren que su existencia está sólidamente radicada en Cristo, que la vida religiosa es "casa y escuela de comunión" (Novo Millennio Ineunte, 43), que en su humilde y fiel servicio al hombre aliente aquella "fantasía de la caridad" (ibid.,50) que el Espíritu Santo mantiene siempre viva en la Iglesia.
Las familias están llamadas a jugar un papel decisivo para el futuro de las vocaciones en la Iglesia. La santidad del amor esponsal, la armonía de la vida familiar, el espíritu de fe con el que se afrontan los problemas diarios de la vida, la apertura a los otros, sobre todo a los más pobres, la participación en la vida de la comunidad cristiana constituyen el ambiente adecuado para la escucha de la llamada divina y para una generosa respuesta de parte de los hijos.
- Los Obispos y presbíteros sean, primeramente los testigos de la santidad del ministerio recibido como don. Con la vida y la enseñanza muestren el gozo de seguir a Jesús, Buen Pastor y la eficacia renovadora del misterio de su Pascua de redención. Hagan visible con su ejemplo, de modo particular a las jóvenes generaciones, la entusiastamente aventura reservada a quien, sobre las huellas del Divino Maestro, elige pertenecer completamente a Dios y se ofrece a sí mismo para que cada hombre pueda tener vida en abundancia. (Cfr. Jn 10, 10).
"Rueguen pues, al dueño de la mies para que envíe operarios a su mies" ( Mt. 9,38; Lc 10, 2) En obediencia al mandato de Cristo, cada Jornada Mundial se caracteriza como momento de oración intensa, que compromete a la Comunidad cristiana entera en una incesante y fervorosa invocación a Dios por las vocaciones. ¡Qué importante es que las comunidades cristianas lleguen a ser verdaderas escuelas de oración (Cfr. Novo Millennio Ineunte, 33), capaces de educar en el diálogo con Dios y formar a los fieles en abrirse siempre más al amor con que el Padre "ha amado tanto al mundo hasta mandar a su Hijo unigénito" (Jn 3, 16)!
- El Dueño de la mies haga que no falten en su Iglesia numerosas y santas vocaciones. Padre Santo: mira nuestra humanidad. Su vida sigue marcada fuertemente todavía por el odio, la violencia, la opresión, pero el hambre de justicia, de verdad y de gracia, encuentra espacio en el corazón de tantos, que esperan la salvación, llevada a cabo por Ti, por medio de tu Hijo Jesús. Necesitamos mensajeros animosos del Evangelio, siervos generosos de la humanidad sufriente. Envía a tu Iglesia, te rogamos, MISIONEROS santos, que santifiquen a tu pueblo con los instrumentos de tu gracia. Envía numerosos MISIONEROS que muestren tu santidad en medio del mundo. Envía a tu viña, santos operarios que trabajen con el ardor de la caridad y, movidos por tu Espíritu Santo, lleven la salvación de Cristo hasta los últimos confines de la tierra.
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