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1º Semana: Oración PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pontifice Opere Missionarie   
29.09.2006
1.- Aproximación a la experiencia de oración:

La oración es un diálogo entre amigos, entre Dios y tú, o Dios y nosotros, ya que puede ser personal y comunitaria. Los caminos de ese diálogo pueden ser distintos: la meditación (utiliza la memoria, el entendimiento y la voluntad, dirigidas hacia el amor de Dios), la contemplación (la mirada del alma puede hacer pausa, detenerse y encontrar placer), por repetición (la oración de Jesús, donde se busca que el corazón se haga más central en la manera de responder, pues el contenido no cambia; el rosario), y otras. No termines bruscamente esta conversación con Dios, agradece esta experiencia de encuentro.

2.- El diálogo como experiencia de oración:
A.- Preparación:

Aquí es muy importante la actitud inicial, ¿cómo me dispongo internamente para el diálogo? Es importante pedir al Espíritu Santo su asistencia (es Él quien ora en nosotros). Preparar es también saber qué se va a orar (personal – comúnmente); es decir, escoger de antemano algún texto de la Biblia, si voy a orar en un sitio específico, en fin, no perder tiempo en estas cosas externas para estar centrado en la experiencia de oración y estar atentos a la voz del Espíritu Santo.

B.- La oración misma (experiencia del diálogo)

Ocurren dos cosas en la oración, lo que yo – nosotros / hago – hacemos y lo que se me ofrece puedo hacer en el diálogo, tal como: salmos, lecturas, cantos, puedo meditar, contemplar, entre otras cosas..., más el segundo aspecto que es lo que me ocurre ó nos ocurre, la gracia que Dios nos da en este momento. Sin embargo es importante discernir las nociones de gracia por las que somos arrastrados a Dios, de las nociones de los sentidos (el diálogo va más allá de los sentimientos, los sentidos pueden engañarnos, somos un simple punto de partida) o del mal espíritu por lo que somos apartados de Dios. El diálogo enriquece, si es verdadero.

3.- La oración de Jesús:

El mismo afianzamiento de confidencia de Jesús, se encuentra en el momento de comunión intensa con el Padre, expresado por Jesús en la oración. Jesús de hecho, es un hombre de oración. En el momento del bautismo Jesús recibe el Espíritu mientras ora (Cfr. Lc 3,21); después de una intensa jornada de predicación llena de dedicación para con los enfermos, en la mañana, antes de emprender su nueva actividad, Jesús se retira a orar (Mc 1,35).
El pasa una noche en oración, antes de la escogencia de los Doce (Lc 6,12); Ora antes de efectuar algún milagro (Jn 11,41s); se introduce en la oración en cualquier momento significante y decisivo para sí y para su misión: la Transfiguración (Lc 9,28), cuando enseña el Padre Nuestro (Lc 11,1), la negación de Pedro (Lc 22, 31-39).

Sobre todo, antes de la Pasión, cuando junto al momento supremo de su donación redentora, Él ora más intensamente encontrando en la oración el sentido de fe y de abandono, llevándolo a cumplir con la voluntad del Padre (Mc 14, 35s).

La oración ilumina el ritmo de la vida de Jesús y de su jornada, como un tiempo de paz y de preocupación interior (Mc 6,46), dando así, una mayor y personal intimidad con el Padre de quien se deriva el sentido del amor y la verdad. El aplica nuevo vigor a la misma oración y nueva claridad para continuar fielmente el desarrollo de la misión confiada por el Padre.


En la semana de oración por las misiones, estaremos unidos espiritualmente con todos los que están proclamando el evangelio, muchas veces dando sus propias vidas. La oración debe ser el vínculo primordial de la vida del cristiano, así como la eucaristía es el centro de la vida cristiana, la oración, es quien motoriza toda la acción. Con nuestra oración, podemos ayudar a nuestro hermanos y hermanas que están en dificultades, en soledad, sufriendo enfermedades, incomprensiones, y hasta frustraciones.

La oración de los enfermos misioneros unida a la de Cristo crucificado es también redentora. Es la que nos mantiene firme, en comunicación y sobre todo en comunión. A ejemplo de María Reina de las Misiones, que junto con los Apóstoles oran sin cesar.
Esta semana sugerimos lo siguiente para que nuestra oración tenga el sentido universal y misionero:

1.- Proponer jornadas de oración con los grupos de pastoral.
2.– Rosarios misioneros.
3.– Colocar la intención misional del Papa en un lugar visible, para que la comunidad ore.
4.– Horas santas por las misiones.
5.– Cadenas de oración simultáneas con las comunidades.
6.– Recurrir a los monasterio y conventos de clausura para que oren por las misiones especialmente durante el mes.
Ultima modificación ( 04.10.2006 )