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| VII La misión como... diálogo interreligioso |
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| Escrito por P. Francisco Lerma Martínez, imc | |
| 11.10.2006 | |
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Hoy fácilmente nos encontramos y trabajamos con personas de diversas religiones. Se impone la exigencia de conocer, respetar y dialogar con quienes practican religiones distintas a la nuestra, en orden a la convivencia pacífica y constructiva de un mundo más justo y fraterno, sin ningún tipo de discriminación. Las religiones son expresiones vivientes del alma de los pueblos. Ningún cristiano ni comunidad eclesial puede creerse dispensado de la responsabilidad del diálogo interreligioso. 1. El diálogo es parte integrante de la misión El diálogo interreligioso es una parte integrante de la acción evangelizadora de la Iglesia. Veamos su relación con los demás componentes de la misión. La evangelización se compone de cinco elementos: El testimonio En muchas partes del mundo, sobre todo, en los países de mayoría islámica, y en muchas ocasiones de la vida, es el único modo de evangelizar. Así lo entendieron y lo vivieron, por ejemplo: Carlos de Foucauld, en medio de las poblaciones musulmanas del desierto; Teresa de Lisiuex durante su breve vida, pasada en el retiro y la contemplación; tantos cristianos en diversos países y en situaciones donde el testimonio de vida es la única acción misionera permitida. La promoción humana La Madre Teresa de Calcuta, asistiendo a los “pobres más pobres”; Mons. Oscar Romero, anunciando con la propia vida el mensaje de Jesús en favor de la liberación total del hombre y denunciando toda clase de injusticias. El diálogo interreligioso Con el diálogo se respetan las experiencias ajenas, se favorece la armonía en la sociedad, se superan los antagonismos y el fundamentalismo, sobre todo hoy que vivimos en una sociedad pluricultural y multirreligiosa. La inculturación La inserción de la fe en una determinada cultura, proceso que recibe el nombre de “inculturación”, es tema ligado sustancialmente a la evangelización: los misioneros del siglo XVI, que partían para Oriente recibían esta orientación: “¿Qué hay más absurdo que llevar a China lo que es propio de Francia, España... (vuestra cultura)? Llevad la fe y sólo la fe...”. El anuncio del Evangelio El anuncio de la Buena Nueva debe ser explícito y proclamado a todas las gentes. 2. La verdad y santidad en las religiones no cristianas Los primeros documentos de la Iglesia que hablan del diálogo interreligioso en nuestro tiempo son la encíclica Ecclesiam suam, de Pablo VI, la declaración Nostra Aetate, y el decreto Optatam Totius, del Concilio Vaticano II. Según la doctrina conciliar, es preciso reconocer lo que, por disposición de Dios, existe de bueno y de verdadero en las culturas y religiones no cristianas:
3. Fundamentos del diálogo El motivo para el diálogo se apoya en nuestra fe en el Dios trinitario que es esencialmente amor. En la base del diálogo interreligioso está este amor, que se comunica. Es un diálogo de salvación. El Espíritu Santo nos precede y nos prepara el terreno. El diálogo se funda en la esperanza y caridad y dará frutos en el Espíritu Santo; se funda en la conciencia de la igual dignidad de todos los hombres, sea cual sea la religión a la que pertenezcan, y al mismo tiempo el primado de Jesucristo y de su doctrina (Dominus Iesus, 22). El diálogo, además, es exigido por el profundo respeto hacia lo que en el hombre ha obrado el Espíritu Santo, que sopla donde quiere (RM 56). El Espíritu Santo suscita esta iniciativa de amor que lleva a la comunión. 4. Finalidad del diálogo: conocer y compart i r experiencias religiosas El diálogo interreligioso no tiene como finalidad la conversión del otro. En el diálogo no escondo mi fe ni la impongo. El diálogo es para conocernos mejor y en profundidad. El diálogo reconoce la diferencia pero intuye unidad futura, pues no termina en sí mismo, sino en la comunión final en Dios y en la primacía del amor. Hay que superar el distanciamiento y antagonismo entre las religiones, asumiendo actitudes nuevas que rompan con la autosuficiencia propia de todo grupo y nos permitan, al mismo tiempo, considerar seriamente las otras religiones y entrar profundamente en nuestras respectivas tradiciones. El diálogo abre nuevos caminos a la misión, nuevas formas de anunciar del Evangelio, siendo uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. La misión tiene nuevas oportunidades de mostrar el único misterio de Jesús e invitar a creer en Él, aun en medio del pluralismo religioso, pues el diálogo interreligioso sigue orientándose hacia el anuncio (NMI 56). Hay que evitar reducir el diálogo interreligioso a un planteamiento meramente intelectual, a una discusión dialéctica o incluso a la polémica. La Declaración Nostra Aetate habla de relaciones, de capacidad, de apertura, de respeto hacia los otros. Efectivamente, nuestra fe cristiana nos exige construir puentes entre los hombres de experiencias religiosas diferentes a la nuestra. 5. Niveles del diálogo interreligioso El diálogo interreligioso presenta grandes retos, sean personales sean comunitarios, que nos comprometen a varios niveles, según nuestra propia condición:
6. Formación para el diálogo Es necesaria para todos –los sacerdotes, las religiosas y religiosos, los laicos-, una adecuada formación sobre la existencia y naturaleza de las demás religiones para perfeccionar la propia identidad cristiana y realizar la propia responsabilidad misionera. Esta formación debe tener como primer objetivo vencer la ignorancia en materia religiosa, pues muchos no tienen una idea exacta ni de la religión con la cual emprenden un diálogo ni de su propia religión. Hay que superar también actitudes de mera curiosidad, de proselitismo, de relativismo y de abandono del anuncio; y, finalmente, llegar a la confesión serena de la identidad y respeto auténtico de la alteridad, buscando la comunión y la primacía del amor. Para reflexionar y compartir
Desde el testimonio Carlos de Foucauld. Lo que intentó realizar Carlos de Jesús en Tamanrasset (Argelia) fue el ideal cristiano de la fraternidad. Él vivió el diálogo de vida: conocimiento, respeto, cercanía, amor. Trató a los musulmanes concretos: “Con todas sus fuerzas quiso ser hermano suyo. Eso es lo que llevó su ideal de fraternidad a un punto difícilmente superable. Amar al prójimo significa para él ciertamente amar a los musulmanes sin la menor restricción o condición, y hacerse tuareg sin dejar de ser francés” (Hugues Didier, Vida de Carlos de Foucauld, p.172). Ibn’ Arabí (místico musulmán murciano, siglo XIII): “Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía. Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas religiosas: es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y kaaba de peregrinos. Tablas de la Ley y Pliegos del Corán, porque profeso la religión del Amor”. Desde la oración De Carlos de Foucauld: “Me abandono a Ti haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que Tu Voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas. Te doy mi alma con todo el amor de mi corazón, porque te amo y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida con infinita confianza porque eres mi Padre. De una tradición sagrada musulmana: “Quien me busca me encuentra. Quien me encuentra me conocerá. Quien me conozca sentirá afecto hacia Mí. Quien sienta afecto hacia Mí me amará. A quien me ame, Yo le amaré también. A quien Yo ame, muerte le daré. Para quien Yo dé muerte, Yo mismo seré el precio de su sangre”. |
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| Ultima modificación ( 14.12.2006 ) |
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