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| V. La misión como..."anuncio" |
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| Escrito por P. Francisco Lerma Martínez, imc | |
| 07.09.2006 | |
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Evangelizar es anunciar y realizar, desde la Iglesia y con nuestro compromiso por la liberación integral, la salvación de Jesucristo, que proclama y realiza el Reino de Dios, reino de reconciliación, de comunión de la vid con los sarmientos... Este anuncio es permanente y para todos, no tiene fronteras de lugar, tiempo o nación.
1. Jesús evangeliza Jesús, misionero del Padre, vino al mundo para evangelizar a los pobres (Lc 4,18), anunciándoles el Reino de Dios. En su anuncio usa un lenguaje familiar a los oyentes, para que descubran fácilmente el mensaje que les quiere transmitir. Él les habla de un sembrador que sale a sembrar buena semilla, de la cizaña que crece junto con el grano, de la levadura que fermenta toda la masa, de un tesoro, de una perla, de una red (Mt 13,1-52). El Reino de Dios que Jesús vino a anunciar no es un concepto, una doctrina o un programa, es Él mismo, imagen del Padre con el que está íntimamente unido: “Yo y el Padre somos una cosa sola” (Jn 10,30). Por eso el Reino tiene un rostro humano y un nombre concreto, Jesús de Nazaret. Jesús anuncia la salvación que implica la liberación de todo lo que oprime a las personas y les impide ser libres. Este mensaje tiene como fin la transformación de todo lo negativo que hay en la persona humana en sus distintas dimensiones: personal, física, moral y social. Por eso se habla de pecado personal y de estructuras sociales de pecado, que deben ser iluminadas por el Evangelio. 2. El Reino, esencia del anuncio La promoción humana, el desarrollo, la inculturación, el diálogo son dimensiones inherentes directamente a la evangelización. Pero, aunque tales tareas sean urgentes, imprescindibles y nunca se puedan ignorar, la misión no puede perder de vista la esencia del anuncio, que es la Buena Noticia del Reino, raíz de todas las otras dimensiones. No hay verdadera evangelización mientras no se anuncie el misterio de Jesús de Nazaret, su persona, su vida, su mensaje, sus promesas (EN 22). Él es el centro de la misión y de la vida de la Iglesia, Él es la base de toda la evangelización, su razón de ser más profunda. Las verdades que Jesús nos ha mostrado del Padre, el programa de vida que nos propone, el testimonio que ha dado, implican, ante todo, novedad. Novedad en la manera de ver el mundo, novedad en el relacionarse de las personas, novedad de actitudes en los acontecimientos de la vida, en los más sencillos y en los más importantes. Efectivamente, Él ha venido con la misión de anunciar un mundo nuevo. 3. Exigencias del Reino Cambio de mentalidad y de conducta Jesús, anunciando la Buena Nueva del Reino, indica sus exigencias. El despojamiento y la pobreza interior, que dejan a la persona libre de ataduras para poder seguirle; la escucha y la atención del discípulo para oír la palabra nueva y estar disponible a emprender el camino nuevo que le ofrece. Todo lleva a la conversión, cambio de mentalidad y de conducta. Abrahán dejó la tierra de sus padres; Pablo cambió de perseguidor de cristianos a misionero del Evangelio; los discípulos de Emaús, que, desanimados, se alejaban de Jerusalén, volvieron entusiasmados para contar lo que habían experimentado. Y así hasta el día de hoy en que miles y miles de misioneros continúan anunciando el Evangelio por todo el mundo. Nuevas actitudes El anuncio hay que hacerlo siguiendo las huellas de Jesús, siguiendo sus actitudes de fondo. En el Nuevo Testamento encontramos el método genuino que el misionero debe observar en el anuncio. En primer lugar, vemos que Jesús se dirige a personas concretas, habla a sus parientes y a la gente de su pueblo, trata con funcionarios, publicanos y pecadores, cura a enfermos, discute con los doctores y entendidos, deja que los niños se le acerquen, charla con unas mujeres, visita a sus amigos. Jesús enseña a sus discípulos los caminos del anuncio: la mansedumbre, la pobreza, el sufrimiento y las persecuciones a causa de su nombre; la sed de justicia y de paz, la verdad y el amor. Todo esto Él lo resume en el sermón de la montaña, como la nueva ley de su pueblo (Mt 5,1-12) en contraposición con la ley de la antigua alianza. 4. El anuncio abre fronteras Así lo entendieron e hicieron los apóstoles cuando les tocó a ellos anunciar la Buena Nueva. Pedro se dirige en seguida al pueblo: “Escuchad, hombres de Israel” (Hech 2,22), cura a un paralítico en la puerta del templo (Hech, 3,6), enseña al pueblo (Hech 4,2), habla con los jefes y ancianos (Hech 4,8-12). Es que los apóstoles no podían callarse lo que habían visto y oído (Hech 4,20). Empiezan también a anunciar el Evangelio a los no judíos, saliendo de las fronteras geográficas y culturales de Israel: explican las escrituras a un funcionario de la reina de Etiopía (Hech 8, 27 e 35); se dirigen a Cornelio y a su familia (Hech 10,1.22.33.42), y también a los griegos (Hech 11,21). Pablo y Bernabé emprenden viajes apostólicos, anunciando el Evangelio en Chipre (Hech 13, 5), en Pisidia (Hech 13,32), en Iconio (Hech 14,1), en Listra, Licaonia y Derbe (Hech 14,21). En el anuncio del Evangelio hay que tener presente a la gente concreta y sus situaciones. Los apóstoles van a Macedonia a petición de la gente (Hech 16,10); en Filipos, se reúnen a las orillas de un río, donde las mujeres acostumbraban rezar (Hech 16,13); en Tesalónica, Pablo dice que Cristo es aquel Jesús que “yo os anuncio” (Hech 17,3); en Atenas, se dirige a los filósofos y ciudadanos de la capital griega (Hech 17,22); en Éfeso, Pablo habla abiertamente del Reino de Dios (Hech 19,8). Los apóstoles también anunciaban la Buena Nueva fuera de las sinagogas (Hech 19,8), hasta llegar a la misma Roma, (Hech 28,23 ;30-31), donde Pablo y Pedro dieron el testimonio máximo con su martirio. 5. Se constituyen comunidades Comunidades en estado de misión Las primeras comunidades cristianas son comunidades en estado de misión, comunidades que viven en actitud evangelizadora, comunidades que tienden a crecer, a salir de sí mismas para hacer presente el Evangelio en sus contextos socioculturales y fuera de sus fronteras. El Reino de Dios que los apóstoles anunciaban se va estableciendo en medio de la gente por medio de señales palpables que todos pueden entender. Para ello constituyeron comunidades entre las personas que libremente aceptaban la Buena Nueva (Hech 14,23). Estas primeras comunidades eran ejemplares y en ellas se podían ver realizados algunos signos del nuevo pueblo de Dios: los cristianos vivían unidos, se ayudaban mutuamente, se reunían para escuchar la Palabra, para orar y alabar a Dios y para la fracción del pan eucarístico, y cuidaban de los que sufrían cualquier necesidad. Estas comunidades eran misioneras, pues ellas mismas sentían y realizaban el deber de anunciar la Buena Nueva que Jesús les había dejado (Hech 4, 31-35). Por ello “la actividad misionera no se concibe como una tarea al margen de la Iglesia, sino inserta en el centro de su vida, un compromiso básico de todos los miembros del pueblo de Dios” (Redemptoris Missio 32). Iglesias locales Hoy diríamos que se trata de la implantación y consolidación de las iglesias locales. Estas comunidades deben alcanzar una adecuada madurez y autosuficiencia en lo que se refiere a personas, medios, estructuras, pensamiento teológico y expresiones culturales en comunión con las demás iglesias locales, esto es, desarrollar la unidad en la diversidad (Ad Gentes 6). Iglesias jóvenes y pobres, sin duda, pero, al mismo tiempo, conscientes de que existen para la evangelización. La Iglesia no tiene otra razón de existir sino la de hacer partícipes a todas las personas de la realidad de un Dios que nos ama y que quiere que todos “nos salvemos y lleguemos al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4). Por ello, cada bautizado singularmente y como miembro de la Iglesia no puede dejar de anunciar el Evangelio de Jesús: “cada cristiano no puede esconder ni conservar para sí la novedad y la riqueza recibida de la bondad divina para comunicarla a toda la gente” (RM 11b). Un cristiano o una comunidad que no cumple con esta misión, deja de ser discípulo de Jesús, deja de ser comunidad cristiana. 6. María, estrella del anuncio En el anuncio misionero, los cristianos tenemos en María un ejemplo muy particular. La Iglesia nos la presenta como estrella de la evangelización, ayuda y orientación para cumplir el mandato misionero del Señor, pues con su oración ha acompañado el comienzo de la evangelización (EN 82). “La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor de madre que debe animar a todos los que colaboran en la misión apostólica de la Iglesia” (LG 65). María es el modelo del amor materno que todo misionero debe tener en sus entrañas al anunciar a Cristo (RM 92). De hecho, los enviados en misión deben seguir las huellas del itinerario de María: escucha y obediencia a la Palabra, contemplación de la voluntad del Padre, actitud de atención y servicio a los demás, fidelidad hasta el fin y amor maternal a las comunidades. Para reflexionar y compartir 1. Responde a esta pregunta: ¿ En qué consiste fundamentalmente el anuncio de Jesús? 2. Indica y explica las exigencias del anuncio. 3. Partiendo del ejemplo de María y de Pablo, presenta ejemplos de misioneros y misioneras de nuestro tiempo: ¿Te cuestionan estos ejemplos de misioneros y misioneras de hoy? ¿Por qué hoy es muy reducido el número de los que abrazan la vocación misionera? 4. Estudia el Compendio del CEC, n. 79 (la Buena Noticia); n. 80 (¿cómo se difunde?); n. 172 (la Iglesia anuncia el Evangelio). 5. El Reino de Dios no puede ser separado ni de Cristo ni de la Iglesia (Dominus Iesu, 93). Desde el testimonio San Pedro Claver (1596- 1654), ejerció su apostolado entre los esclavos en Cartagena (Colombia), donde murió extenuado en sus fuerzas. Es protector especial de las misiones entre los afroamericanos. El Beato José Allamano así nos lo presenta: ”Admiramos en él la caridad y la paciencia heroica manifestada durante más de cincuenta años en Cartagena de Indias con los esclavos. Pero no debemos pararnos ahí sino ir hacia la causa de tantas virtudes y constancia en el sacrificio. Para llegar a ser santos misioneros, con la necesaria caridad y paciencia, hay que formarse desde jóvenes y fundamentarse bien en estas virtudes” (Beato José Allamano, Conferencias, III,152). Desde la oración Somos tus siervos, Cristo Jesús, elegidos para ser apóstoles, y destinados a proclamar tu mensaje de salvación, la Buena Noticia que tu Padre había prometido por los profetas. Es el mensaje de tu vida, muerte y resurrección, fuerza salvadora de Dios para todo creyente. Queremos usar todos los instrumentos que Tú, Señor, nos proporcionas, para mantenernos firmes en el momento crítico y superar todas las dificultades. Pon en nuestros labios la palabra oportuna y haz que podamos dar a conocer libre y valientemente el misterio de tu mensaje. Concédenos el valor de anunciarlo como debemos (E. Mazariego/A. Botana, Orar a pie descalzo, 197-198). |
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| Ultima modificación ( 09.10.2006 ) |
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