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II. Asamblea Continental América: Discipulos y Misioneros de Jesucristo..... Imprimir E-mail
Escrito por P. Antonio Manuel de Jesus Fernandes, imc   
07.08.2006
DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO PARA
QUE LOS PUEBLOS TENGAN VIDA EN ÉL

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6)

La Asamblea Continental de las dos Américas ha querido dar, en la dinámica de su desarrollo, un paso adelante en el proceso de renovación y conversión, un momento de comunión fraterna y de nuevo impulso misionero. Los Misioneros del continente americano hemos preparado y vivido este momento de gracia a la luz de un eslogan acuñado por el CELAM: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que los pueblos tengan vida”.
Conscientes de que nuestra vocación misionera se expresa en la dinámica del seguimiento y de la misión, hemos tratado de vivir este momento en la fraternidad y la búsqueda, animados por las palabras del llorado Papa Juan Pablo II: «¡Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo» (NMI, n. 58 ).
La invitación capitular era sintética y específica: realizar a lo largo del primer año, y antes de la conferencia de cada circunscripción, una asamblea continental con el fin de programar el camino del continente para el próximo sexenio a la luz del XI Capítulo General.
Las asambleas son espacios privilegiados de encuentro entre las personas. El compromiso de siempre es hacer de este encuentro un momento de crecimiento. Y esta es también la perspectiva desde la que deseo compartir el desarrollo y las conclusiones de la Asamblea del continente americano.

DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO

La misión encuentra su verdadero sentido cuando conseguimos ponernos en el camino del discipulado y de la misión.
“Discípulos y misioneros”, un binomio que exige una actitud de escucha de Dios y de las realidades donde vivimos. Escucha de un Dios que camina, se hace carne, da la vida y envía su Espíritu para renovar todas las cosas. Escucha de las personas que están a nuestro lado y con las que compartimos gozos y sufrimientos.
Discípulos y misioneros conscientes de que la historia se hace camino y, caminando, se renueva en la escucha y el diálogo.
Discípulos y misioneros en comunión con Dios y con las personas que viven a nuestro lado, capaces de descubrir las semillas del Verbo, presentes desde el principio en toda persona, pueblo y cultura.

QUE TENGAN VIDA EN ÉL

El seguimiento de Cristo y la misión buscan “la vida” en sentido global: vida material que comprende todas las necesidades del ser humano y vida espiritual que permite ver en cada hombre la imagen de Dios.
La misión no es personal o individual. El discípulo se hace misionero en la medida que vive profundamente los valores del Reino en su comunidad y orientado a toda la humanidad. El auténtico reto es vivir y testimoniar los valores del Reino, empeño que no puede verse afectado por las dificultades que la realidad presenta y que pueden ser superadas viviendo intensa y auténticamente nuestra dimensión humana desplegando todas sus capacidades.
Los valores del Reino se refieren tanto a la dimensión terrena: la educación, la salud, el agua, la justicia y la paz, como a la dimensión espiritual: la acogida, la fraternidad, la escucha, el diálogo, la capacidad de perdón.
El gran empeño es compartir nuestra vida en todas sus dimensiones:
- Abriendo espacio en nosotros a la acogida fraterna de toda persona;
- Siendo “signos de consolación” para los más necesitados que encontramos en el camino;
- Siendo centros de comunión donde busquemos juntos caminos nuevos a la luz de Jesús, “camino, verdad y vida”.

MEMORIA - VIDA – SUEÑOS

La Asamblea Continental de las Américas nos ha ofrecido la posibilidad de hacer memoria del camino recorrido buscando la comunión en el intercambio de las diversas experiencias de vida.
- Nos reunimos para buscar juntos a un Dios siempre es nuevo y que lo renueva todo; para animarnos a recorrer sus caminos y reconocer con humildad que necesitamos los unos de los otros para realizar su proyecto.
- Nos reunimos para compartir con realismo y sin dramas las angustias, las inquietudes y los límites que nos impiden ser verdaderos signos de la presencia de Dios en la historia, para reanudar juntos el camino desde el lugar donde nos encontramos.
- Nos reunimos para buscar nuevos caminos en la construcción del Reino. Compartiendo las diversas experiencias de vida de los hermanos, los sueños y las utopías del misionero se convierten en metas concretas y posibles.
El trabajo llevado a cabo con ocasión de la Asamblea Continental hace que emerja la figura del Misionero de la Consolata como “Discípulo/misionero de Jesucristo que, a través del encuentro con los hermanos, hace memoria de la vida generada en la historia desde la presencia creadora del Espíritu de Dios”.
Hemos vivido momentos de encuentro y de intercambio que nos han permitido creer en la posibilidad de trazar el camino mientras damos pasos y vivimos la misión en comunión con otras personas y fuerzas ad intra o ad extra de la Iglesia.
Las conclusiones logradas nos permiten creer que podemos ser personas:
- agradecidas a Dios que nos ha permitido hacer esta experiencia y a los hermanos que nos han acogido en su casa para compartir con nosotros su mesa, su amistad y su vida;
- atentas a lo nuevo en las diversas realidades, capaces de leerlo y de acogerlo;
- capaces de pensar y vivir la misión en comunión fraterna con quien está a nuestro lado;
- conscientes de que la misión es de Dios y la realizamos juntos;
- conscientes de que la misión es búsqueda que llevamos a cabo mediante la escucha y el diálogo.
Hemos terminado nuestros trabajos con la convicción de que no somos islas y de que el individualismo lleva a la negación de la propia dimensión humana (cfr. Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 32).
La tarea que nos espera es clara: ser misioneros abiertos a lo nuevo, que anuncian y testimonian la salvación vista, vivida y experimentada; que viven en profundidad la espiritualidad de consolación heredada del Padre Fundador; que saben poner signos nuevos de comunión y son capaces de responder a la llamada de anunciar el Evangelio más allá de las fronteras personales y de la propia comunidad.
“Nuestra andadura, al principio de este nuevo siglo, debe hacerse más rápida al recorrer los senderos del mundo. Los caminos, por los que cada uno de nosotros y cada una de nuestras Iglesias camina, son muchos, pero no hay distancias entre quienes están unidos por la única comunión, la comunión que cada día se nutre de la mesa del Pan eucarístico y de la Palabra de vida” (NMI, n.58)
Que la Virgen Consolata y el Beato Allamano sean la luz que guía nuestro sendero de encuentro y de comunión con todos los pueblos en la construcción del Reino de Dios.
Ultima modificación ( 07.08.2006 )