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Presencia y Aportación de los Padres Conciliares IMC PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Diamantino Guapo Antunes, imc   
10.04.2006

(MISIONEROS DE LA CONSOLATA)
AL CONCILIO VATICANO I
I

El Vaticano II, gran acontecimiento eclesial y misionero

El Concilio Vaticano II, anunciado por el papa Juan XXIII el 25 de enero de 1959, fue un acontecimiento que marcó a la Iglesia especialmente en su dimensión misionera. Fueros tres las fases que acompasaron este acontecimiento conciliar: la fase antepreparatoria (del 25 de enero de 1959 al 6 de junio de 1960), la fase preparatoria (del 6 de junio al 11 de octubre de 1962), y la fase conciliar, repartida en cuatro períodos (del 11 de octubre de 1962 al 8 de diciembre de 1965).
En el Concilio participaron de derecho y de hecho algunos Misioneros de la Consolata: el P. Domenico Fiorina, superior general; monseñor A. Beltramino, vicario apostólico de Iringa (Tanganica); monseñor Lorenzo Bessone, vicario apostólico de Meru (Kenia); monseñor Carlo Re, que fue vicario apostólico de Nyeri (1931-1946) y que durante el Concilio era obispo de Ampurias-Tempio en Cerdeña (Italia); monseñor Giuseppe Nepote-Fus, prelado de Rio Branco (actual diócesis de Roraima, Brasil); monseñor Angelo Cuniberti, vicario apostólico de Florencia (Colombia); monseñor Servilio Conti, obispo de Roraima (Brasil). Ocho personas en total. Una minoría exigua si tenemos en cuenta que los padres conciliares eran 2300. Iremos viendo cuál fue su aportación en las tres fases a los trabajos conciliares.

Fase antepreparatoria

La primera prepración del Concilio fue confiada a una Comisión anteprepatoria, nombrada el 17 de mayo de 1959 y presidida por el Secretario de Estado, que era el cardenal Domenico Tardini. Su cometido consistía en ponerse en contacto con todo el Episcopado, con los Dicasterios de la Curia Romana y las Facultades y Universidades católicas, con el fin de recoger consejos, indicaciones y propuestas, trazar las líneas generales de los temas a tratar y sugerir la composición de los diversos órganos que se encargarían de cuidar la preparación próxima del Concilio . El cardenal Domenico Tardini, tras estudiar con los miembros de la Comisión Antepreparatoria el modo de proceder, envió primeramente, con fecha del 18 de junio de 1959, una carta circular a los Obispos, a los Prelados y a los Superiores Mayores de los institutos religiosos en la que informaba de que el Papa deseaba conocer su opinión y recoger sus sugerencias, consejos y deseos en relación con la doctrina y la disciplina de la Iglesia en el momento histórido que vivía, para cuya labor podían contar con el consejo y la ayuda de personas eclesiásticas competentes .
De forma análoga a la consulta de los Obispos, Prelados y Superiores Mayores, el Papa quiso que se consultara también a las Facultades Teológicas y las Universidades católicas. El cardenal Tardini, el 18 de julio de 1959, envió otra carta del mismo tenor a todas las Universidades, Ateneos y Facultades eclesiásticas in Urbe et extra Urbe .
De esta larga consulta a los Obispos y Prelados, a los Dicasterios y a las Facultades y Universidades eclesiásticas surgió una mole de indicaciones y propuestas sobre una gran cantidad de sectores: dogmático, litúrgico, bíblico, pastoral, misionero, ecuménico, moral y disciplinar .

Los “consilia et vota” de los padres conciliares IMC

A la carta circular enviada el 18 de junio por el cardenal Domenico Tardini a los futuros padres conciliares respondieron cinco Misioneros de la Consolata con sus deseos y propuestas, los monseñores C. Cavallera, obispo de Nyeri (Kenya); L. Bessone, obispo de Meru (Kenya); A. Beltramino, obispo de Iringa (Tanzania); C. Re, obispo de Ampurias-Tempio (Italia); P. Domenico Farina, superior general del Instituto Misiones Consolata. No respondieron los demás ordinarios del Instituto, los monseñores Giuseppe Nepote-Fus, prelado de Rio Branco (Brasil) y Antonio Torasso, vicario apostólico de Florencia (Colombia).
El superior general, P. Domenico Farina, fue el primero en responder a la carta del cardenal D. Tardini . Entre los “vota” IMC, el más completo y significativo es sin duda el de monseñor C. Cavallera (Nyeri/Kenya), y el “vota” más breve y pobre es el de monseñor A. Beltramino (Iringa/Tanganica) .
Las respuestas del epicospado, recogidas y publicadas por la Comisión Antepreparatoria del Concilio, son un excelente termómetro para medir la problemática sentida y presente en la vida de la Iglesia, especialmente de las jóvenes Iglesias. ¿Qué pensaban los obispos IMC en aquellos años cruciales para la vida de sus Iglesias locales? ¿Cuáles eran sus expectativas y exigencias pastorales? ¿Qué voz estaban dispuestos a llevar al Concilio? Podemos decir que sus deseos y propuestas difícilmente apuntaban a una amplia y profunda reforma de la Iglesia o a una auténtica revisión eclesiológica. Aparte una propuesta más teológica de monseñor C. Re (Ampurias-Tempio/Italia), que pedía que el Concilio elaborara una constitución dogmática sobre la Iglesia en la que se sometiera a un examen más profundo la relación entre el Cuerpo Místico de Cristo y la Iglesia visible , las propuestas que incluían los demás “vota” IMC son especialmente de carácter pastoral: adaptación litúrgica, relación entre obispos e institutos religiosos y misioneros, formación del clero local, laicos, diálogo ecuménico, etc.

Adaptación litúrgica

El tema de la adaptación está omnipresnte en los “vota” del episcopado de Africa, sendo el que recogió mayor unanimidad. En un contexto de grandes transformaciones sociopolíticas, era muy sentida la necesidad de la adaptación. En las observaciones de monseñor Cavallera, obispo de Nyeri/Kenya, se trata de una consante en los “vota” del episcopado del Africa anglófona, y las exigencias y criterios de la adaptación están motivados especialmente por la situación política y social . Era necesario que el cristianismo se desprendiera de su vestidura occidental mediante una efectiva adaptación a la realidad africana. La participaciòn consciente y activa de los fieles en la liturgia exigía la traducción de los textos. El uso de la lengua vernácula en la liturgia lo piden expresamente varios obispos, entre ellos monseñor C. Cavallera (Nyeri/Kenya) . Otros problemas concomitantes, con el tema litúrgico, que exigen una adaptaciòn son la pastoral de los sacramentos, las fiestas de precepto, el ayuno eucarístico, los tiempos de la celebración de la Misa, los rituales nacidos en un contexto sociocultural europeo, que en Africa son contraproducentes o difíciles de realizar.

Relación Obispos-Religiosos

El problema de las relaciones entre obispos y religiosos y la crisis de la práctica del “ius commisionis”, con sus inconvenientes, aparece en los “vota” de algunos obispos misioneros. Los obispos deseaban ver su autoridad definida y reforzada en sus Iglesias locales. En efecto, especialmente en Africa, el Ordinario del lugar, superior eclesiástico, y el superior religioso constituían muchas veces una autoridad bicéfala, por lo que era necesario conseguir una unidad en el ejercicio del apostolado. La legislación en vigor, “ius commisionis”, debía ser actualizada. El aumento del clero diocesano y la necesidad de consolidar la Iglesia local exigían que el poder efectivo estuviera en manos de la autoridad diocesana. Era pues necesario, como subrayaba monseñor C. Cavallera, definir la figura jurídica del Ordinario del lugar en los territorios confiados al servicio pastoral de los Institutos, ya que la Instrucción de Propaganda Fide (8-12-1929), que regulaba la relación entre los Institutos misioneros y el Ordinario del lugar era insuficiente .
Según monseñor C. Cavallera, una de las tareas del Concilio debía consistir en ofrecer los elementos necesarios para la renovación del ordenamiento canónico de las misiones a la luz de las últimas orientaciones misioneras. Pedía por ello que el derecho misionero fuera tratado como una parte especial del Código de Derecho Canónico con la debida adaptación a las necesidades de las jóvenes iglesias de misión .
Monseñor L. Bessone, además de considerar necesario que el Concilio clarificara los dominios específicos de la autoridad diocesana y de los Institutos religiosos, habla en sus “vota” de la necesaria “renovatio” de los Institutos religiosos a la luz de su primigenia inspiratio .

Clero local: formación y relación entre el clero misionero y el clero nativo

El problema de la formación, espiritualidad, sustento y distribución del clero local ocupa un espacio en el “vota” de monseñor C. Cavallera. Siente que los seminarios diocesanos africanos son inadecuados para la formación tanto espìritual como humano-filosófica-teológica del clero nativo. Pide la reforma de la Ratio studiorum y que se la adecue a las necesidades de los tiempos modernos y la problemática actual . Otro problema que se siente es el del sustento del clero diocesano y el de la necesidad de educar a las jóvenes comunidades cristianas a su deber de cooperar en la autosuficiencia de la Iglesia local y en el sustento de su clero. L. Bessone y C. Cavallera hablan incluso de imponer graves sanciones eclesiásticas contra los cristianos que no cumplen con este deber de cooperación . Monseñor C. Cavallera reconoce que las relaciones entre los dos cleros no son las mejores. Llega a hablar incluso de determinar la posición jurídica del clero local .

Laicos

También el tema del laicado está presente en los “vota”.
En relación con la educación aparece el problema de la escuela católica en Africa, al que especialmente los obispos de Kenya se habían referido enérgicamente en los años de la posguerra. En este momento las escuelas católicas pasaban por dificultades importantes. Con la proximidad de la independencia política del dominio británico, monseñor L. Bessone pide que las escuelas sean ayudadas mediante el sistema concordatario . Y es en este contexto en el que monseñor C. Cavallera pide que se estudien las relaciones Iglesia-Estado .

Diálogo ecuménico

La sensibilidad ecuménica está presente en los “vota”. Se nota que las comunidades católicas, especialmente en Kenya, viven en contacto con el mundo protestante, especialmente el anglicano. Los dos obispos de la Consolata de Kenya, monseñores C. Cavallera y L. Bessone, aluden al problema de la unidad de la Iglesia con los hermanos separados en sentido positivo: búsqueda de diálogo, expectativas, cooperación en el campo bíblico, social y cultural. Así monseñor L. Bessone, obispo de Meru (Kenya) habla de media excogitanda al comprensionem fovendam et opiniones praeiudicatas extirpandas inter catholicos et protestantes . Monseñor C. Cavallera (Nyeri/Kenya) dedica un párrafo a la unión de la Iglesia y sugiere criterios, métodos para el diálogo ecuménico, y concuye: Praevalere deberet spiritus comprehensionis, cooperationis, conatus quidam redeundi ad communem modum sentendi qui, incipiendo a re sociali, oeconomica et sic dicta “sportiva”, extendere se possit etiam ad religionem. Promovendae sunt consociationes studiorum, activitates sociales in communi, communes manifestationes culturales… Manifestando propria principia possibilis ets unio .

Como vimos anteriormente, además de los Obispos y Superiores Generales, la consulta comprometía también a las Universidades católicas y Facultades de teología. Las propuestas provenientes de los ateneos de teología constituyen un material interesante, ya que sus redactores, además de proponer temas considerados de interés para la Iglesia, facilitan su justificación científica y su motivaciòn teológica. El Pontificio Ateneo de Propaganda Fide (Urbaniana), en cuyos cuerpos docente y discente había Misioneros de la Consolata, envió su “vota” a la Comisión Antepreparatoria. En el cuerpo docente figuraba el P. Ugo Viglino, a quien se encargó que redactara, juntamente con el profesor T. Piacentini, la parte sobre la temática social.
Su parecer se titula Principios fundamentales sobre el trabajo humano . Al tratar de caracterizar la naturaleza y los fines del trabajo humano afirman que el trabajo es bueno porque contribuye decididamente a la perfección de la persona. “El trabajo no es pues en sí mismo, como pretende Marx, la aliención del hombre, sino un verdadero medio para la propia realización e instrumento de interiorización espìritual. La plena humanización del trabajo se convierte en divinización segura, ya que la dimensión sobrenatural es, de alguna manera, intrínseca al hombre en el estado presente” . Humanizar el trabajo significa en definitiva dar el primer paso para divinizarlo, ya que todo el hombre ha sido divinizado a través de la encarnación del Hijo de Dios. Algunos de los párrafos que hay a continuacion se dedican a desarrollar el significado del trabajo profesional. Se afirma que a través de la “personal vocación terrena” la persona humana asume un significado propio, original, inalienable e insustituible en la construcción histórica de la civilización humana, y por tanto de la glorificación divina . El trabajo profesional se asocia a una “vocación” que permite al hombre colaborar con Dios.
Después de haber hablado del trabajo como esencial cooperación del hombre en la obra de la creaciòn, en base al texto de Génesis 1,26, los autores tratan de su valor ascético . Al final del pensamiento expuesto por la Urbaniana, en forma de sumario, se resumían las ideas precedentes con estas palabras: “La Revelación divina ofrece los principios teológicos mediante los cuales el trabajo adquiere significado: el trabajo es cooperaciòn humana en la obra de la creación divina y, después del pecado original, en la obra de la restauración cristiana del hombre. La Revelación eleva el trabajo profesional al ejercicio de las virtudes morales y sobrenaturales, de tal modo que todos los hombres pueden vivir como hermanos en la vida del Cuerpo Místico de Cristo” .

Conclusión

La Fase Antepreparatoria (1959-1960) puede ser definida como el período de la preparación de la preparación. Este sondeo, de gran alcance, contribuyó no tanto a la redacción de los Documentos que se debían discutir en el Concilio, sino más bien a recordar y hacer circular la idea de que estaba aconteciendo algo muy importante en la Iglesia y que todos debían sentirse implicados.

II. Fase preparatoria

Con el motu proprio Superno Dei nutu del 5 de junio de 1960, el papa Juan XXIII declaraba terminado el cometido de la Comisión Antepreparatoria e instituía las comisiones preparatorias (en número de diez, más la Comisión Preparatoria Central) y ponía en marcha la preparaciòn inmediata del Concilio . Las comisiones tenían el cometido de elaborar, en base a las sugerencias recibidas, los esquemas que servirían luego como material de discusión en el Concilio. Estaban compuestas por cardenales, obispos y otros miembros elegidos entre el clero secular y religioso, según sus capacidades personales . Con vista a la institución de las Comisiones preparatorias, los órganos competentes del Vaticano promovieron especialmente entre los Institutos religiosos una búsqueda de personas cualificadas. Parece no obstante que no llegó al Superior General ninguna petición. De hecho, ningún Misionero de la Consolata formó parte como consultor de ninguna comisión.
En el vértice de la Comisión Central, presidida por el Papa, que tenía el cometido de seguir y coordinar los trabajos de cada una de las comisiones para presentárselos al Pontífice, con el fin de establecer seguidamente los temas que debían tratarse en el Concilio ecuménico, así como proponer normas sobre el desarrollo del mismo . En dos años de trabajo, las comisiones prepararon 75 esquemas que, examinados por la Comisión Central en siete reuniones plenarias, fueron remitidos a las comisiones para sucesivas elaboraciones, que redujeron el número de los esquemas a 22. En el verano de 1962, los primeros textos fueron enviados a los padres conciliares para que pudieran comenzar el Concilio tras haberlos estudiado.
En las comisiones y en las subcomisiones se hace un trabajo intenso de catalogaciòn y de examen de las observaciones y de las enmiendas llegadas. El trabajo de catalogación de las observaciones y de reelaboración de los textos de los esquemas eran realizados por peritos y por las subcomisiones y examinado a continuaciòn por las comisiones. En cumplimiento de las peticiones de las enmiendas, las comisiones modificaban los textos y trasmitían a los padres conciliares el nuevo texto en dos columnas: en la primera figuraba el texto precedente y en la segunda se ofrecía el nuevo texto corregido. En la redacción que acompañaba al documento se motivaban las enmiendas introducidas y se daba razón de la aceptación o no de las observaciones hechas por los padres conciliares.

III. Fase conciliar

En las cuatro sesiones del Concilio participaron 8 padres conciliares IMC. De ellos, tres de América Latina: monseñor Giuseppe Nepote-Fus, prelado de Rio Branco, que a partir de 1963 se llamará Roraima (1948-1965), Brasil; monseñor Servilio Conti, obispo de Roraima a partir de 1965, y monseñor Angelo Cuniberti, vicario apostólico de Florencia, Colombia, nombrado en 1961. Otros tres procedían de Africa: monseñor Carlo Cavallera, obispo de Nyeri hasta 1964 y después obispo de Marsabit (Kemya); monseñor Lorenzo Bessone, obispo de Meru, y monseñor Attilio Beltramino, obispo de Iringa. De Europa hubo dos: monseñor Carlo Re, obispo de Ampurias-Tempio, y el P. Domenico Fiorina, superior general del Instituto. Apenas los monseñores C. Cavallera, L. Bessone, A Cuniberti, C. Nepote-Fus, Carlo Re y el P. Fiorina participaron en todas las sesiones conciliares. Monseñor A. Beltramino (Iringa/Tanzania) murió durante el Concilio (3-10-1965) .
Ofrecemos a continuación la aportación de estos hermanos nuestros al debate de algunos documentos conciliares. Seguimos el orden de promulgación de los mismos.

1. Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia (4-12-1963)

El esquema De Liturgia fue el primero en ser discutido y aprobado por el Concilio. La discusión comenzó en la primera sesión, entre el 22 de octubre y el 13 de noviembre de 1962. Después de hacerse algunos cambios, la segunda redacción del esquema fue aprobada parcialmente en la primera sesión. La Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium .(SC), fue aprobada por los padres conciliares el 22 de noviembre de 1963 y de forma solemne el 4 de diciembre. Apenas hubo un padre conciliar IMC en tomar parte en el debate sobre el tema litúrgico, monseñor G. Nepote-Fus (Roraima/Brasil), apoyando una intervención del cardenal J. De Barros Câmara (Río de Janeiro/Brasil) sobre el capítulo IV, sobre el Oficio Divino, durante la primera sesión (29ª congregación general, 28 de noviembre de 1962), en el que se hace hincapié sobre la importancia de la liturgia de las horas en la vida espiritual .

2. Constitución Lumen gentium sobre la Iglesia (21-11-1964)

El primer esquema, De Ecclesia, fue entregado a los padres conciliares el 23 de noviembre de 1962 y se discutió durante la primera sesión (1-7 de diciembre de 1962). La fuerte crítica de los padres conciliares a la estructura y el contenido llevó a su desaprobación. Posteriormente, la Comisión teológica elaboró un nuevo esquema, De Ecclesia: Textus Prior (1963), que fue discutido en la segunda sesión, entre el 20 de septiembre y el 31 de octubre de 1963. Le siguió una nueva elaboración y fue votado. La asamblea promulgó la Constituciòn dogmática Lumen gentium el 21 de noviembre de 1964.
En el debate del segundo esquema De Ecclesia: Textus prior (1963), de la 51ª congregación general (18 de octubre de 1963), monseñor G. Nepote-Fus apoyó la intervención del cardenal J. Barros Câmara sobre el capítulo III: De Populo Dei et speciatim de Laicis. A su parecer, el capítulo contiene principios excelentes y afirmaciones espléndidas, pero carece de sobriedad, claridad y disposición lógica. Debería dividirse en dos partes, en armonía con el parecer ya expresado por la Comisión de coordinación. Necesita una exposición más clara de la participación en el sacerdocio de Cristo mediante los sacramentos del bautismo y de la confirmación, de manera que aparezca más evidente que la esencia de la comunidad sacerdotal se funda justamente en los caracteres impresos por los sacramentos. Con este fin formuló algunas propuestas concretas de enmiendas que debían hacerse en el apartado 24: De sacerdotio universali, necnon de sensu fidei et de charismatibus christifidelium, para subrayar los efectos específicos de los sacramentos del bautismo y de la confirmación y los deberes que de ellos se derivan en relación con la vida cristiana y el apostolado. Además, se hizo hincapié en que el “munus” pastoral debe ser considerado como un servicio .
Algún tiempo después, en la 57ª congregación general (29 de octubre de 1963), el arzobispo de Río de Janeiro realizó una nueva intervención en el debate del esquema De Ecclesia, contando nuevamente con la firma de monseñor G. Nepote-Fus. Se trataba del capítulo IV del De Eclesia, que se refería a la vocación universal a la santidad, y afirmó que el capítulo merecía más de un consenso, por más que, en lo relativo a los fundamentos de la vocación a la santidad y a cierta confusión de elementos teológicos y jurídicos, suscitara alguna reserva. Se formularon diversas propuestas con el fin de exponer mejor el fundamento de la vocación general a la santidad y al ejercicio de la virtud, y para poner de relieve el deber especial de los obispos de destacarse en la práctica de la perfección evangélica, especialmente en el espíritu de caridad, así como para eliminar algunos elementos jurídicos del esquema que más oportunamente podían ser introducidos en el esquema “De statibus perfectionis”. Concluía su intervenciòn afirmando que el capítulo debía recordar que la santidad tiene su origen y su fin último en la Santísima Trinidad .
Algunos obispos IMC presentaron observaciones/enmiendas escritas a título personal o bien firmando algunas presentadas por otros padres. Por ejemplo, monseñor C. Cavallera presentó una propuesta de cambio en el capítulo I del De Ecllesia: Textus prior (1963), insertando un nuevo apartado: De Ecclesia catholicitate, i.e., de eius unitate in diversitate . Por su parte, el otro ordinario IMC de Kenya, monseñor L. Bessone, presentó observaciones al capítulo II del De Ecclesia: Textus Prior (1963), firmadas por monseñor Beltramino (Iringa/Tanzania)
Los padres conciliares IMC firmaron generalmente observaciones y propuestas presentadas por otros padres conciliares colectiva o individualmente. Siendo religiosos, defendieron su vocación e identidad, apoyando la inserciòn de un capítulo sobre los religiosos en la Constituciò dogmática sobre la Iglesia propuesta por un grupo numeroso de padres conciliares. Efectivamente, entre los padres no había unanimidad sobre esta cuestión. En el segundo esquema De Ecclesia: Textus Prior (1963), el tema de los religiosos se trataba en el capítulo IV: De vocatione ad sanctitatem in Ecclesia. La cuestión fundamental que surgió en el debate conciliar era la siguiente: ¿Con qué título el estado de perfección (religiosos) debía ser introducido en la Constitución sobre la Iglesia? La respuesta de los padres era doble: un grupo consideraba que se debía hablar de los religiosos en el capítulo sobre la vocación universal a la santidad, mientras que otros consideraban necesario un capítulo sobre los religiosos. De ahí que un grupo bastante numeroso de padres conciliares, entre ellos los obispos IMC y el P. Fiorina, suscribieran una petición dirigida al papa Pablo VI que se entregó a la Secretaría del Concilio el 26 de noviembre de 1963, en la que se exigía un capítulo específico sobre los religiosos en el De Ecclesia, teniendo en cuenta la posición especial que tienen en la Iglesia . Pablo VI transmitió esta petición a la Comisión Teológica, la cual revisó el capítulo IV: De vocatione ad sanctitatem in Ecclesia, y dedicó un capítulo a los religiosos, el actual capítulo VI: De religiosis , de la Constitución Lumen gentium.
Monseñor G. Nepote-Fus suscribió también algunas otras sugerencias/enmiendas presentadas por escrito por algunos padres conciliares. Durante la IIIª sesión suscribió las observaciones hechas por el cardenal M. Gonçalves Cerejeirade, cardenal patriarca de Lisboa, al capítulo VIII . Monseñor A. Cuniberti suscribió las observaciones escritas presentadas por los monseñores G. Proença Sigaud (Diamantina/Brasil) y A.Silva Santiago (Concepción/Chile) .

3. Decreto Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo (21-11-1964)

La formación del decreto Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo fue muy compleja. De los tres esquemas preparatorios (cap. XI: De oecumenismo del esquema De Ecclesia, esquema De Ecclesia unitate: ut omnes unum sint, esquema De unione fovenda inter christianos) que trataban la cuestión de la unidad de los cristianos, solamente el esquema De Ecclesia unitate: ut omnes unum sint fue discutido durante la primera sesión del Concilio (27ª -30ª congregación general: 26-30 de noviembre de 1962). En la intersesión (1963), una Comisión mixta formada por miembros del Secretariado para la Unidad y por las Comisiones teológica y de las Iglesias Orientales redactó un nuevo esquema: De oecumenismo. Este esquema fue examinado en la segunda sesión (69ª-79ª congregación general: 19 de noviembre al 2 de diciembre de 1963). Más tarde el esquema fue revisado a la luz de las observaciones hechas por los padres conciliares. El decreto Unitatis redintegratio fue promulgado en la 3ª sesión (21 de noviembre de 1964).
Durante el debate de este documento, los monseñores A. Cuniberti y G. Nepote-Fus suscribieron una intervención hecha en el aula conciliar por monseñor H. Golland Trindade (Botucatu/Brasil) en la 77ª congregación general (28-11-1963) . En esta intervención, el arzobispo de Botucatu pasaba en examen el capítulo III: Los cristianos separados de la Iglesia Católica del esquema “De oecumenismo”. Según él, las sugerencias que incluía el apartado 6º sobre la renovación interior son laudables, y es deseable que no se queden en papel mojado, abandonadas en los archivos, sino que se transformen en realidad de vida, especialmente por parte de los pastores, que deben preceder con el ejemplo. El Concilio puede ser considerado como una verdadera gracia, aunque sólo fuera por la llamada a la santidad que quiere despertar de forma tan comprometida y urgente. La opinión pública y el mundo esperan de la Iglesia especialmente una presencia de santidad. Difícilmente podríamos tener influencia en ellos con los medios propagandísticos, pero es posible edificarles con un ejemplo de vida, como ha hecho Juan XXIII. El ejercicio del ecumenismo consiste especialmente en una vida conforme con el espíritu del Evangelio, en un testimonio que lleva a implicarse en las virtudes enseñadas por Cristo, en el amor a los pobres, a la castidad y a la obediencia efectiva .
Monseñor Cuniberti y monseñor G. Nepote-Fus, también durante el iter del esquema sobre el ecumenismo, firmaron una intervención escrita presentada por un grupo de padres conciliraes de América Latina .

4. Decreto Cristus Dominus sobre el oficio pastoral de los obispos

Gran parte de la materia contenida en este decreto fue discutida en el aula conciliar durante la II sesión (5-8 de noviembre de 1963), cuando se presentó y debatió el esquema De episcopis ac de dioecesium regimene. La Comisión de los Obispos y del Gobierno de las Diócesis, siguiendo las indicaciones recibidas, unificó en 1964 los esquemas de decretos sobre el Régimen de las Diócesis y la Cura de Almas en un nuevo esquema de decreto sobre el Oficio Pastoral de los Obispos en la Iglesia. El debate conciliar sobre el nuevo esquema se llevó a cabo del 18 al 24 de septiembre de 1964. Tomando en consideración las observaciones de los padres conciliares, la Comisión presentó una nueva redacción de este esquema a finales de octubre de 1964. El decreto sobre el Oficio Pastoral de los Obispos, Cristus Dominus fue promulgado el 28 de septiembre de 1965. La mayoría de los padres conciliares eran conscientes de la importancia de las conferencias episcopales. Este tema fue tratado durante el debate del esquema De episcopis ac de dioecesium regimene (1963), cuyo capítulo III, De nationali episcoprum coetu seu conferentia, hacía referencia explícita a él. El debate sobre este capítulo (de la 65ª a la 67ª congregación general) se desarrolló en torno a la cuestión de la naturaleza, el fundamento y la estructura de las conferencias episcopales. Un grupo de padres concoliares quería fundar el poder de las conferencias episcopales en la colegialidad episcopal. Esta tendencia fue combatida enérgicamente en el aula conciliar por otro grupo de padres capitaneados por monseñor L. Carli (Segni/Italia). En su intervención oral, suscrita por monseñor G. Nepote-Fus, la acción conjunta de un determinado episcopado no tiene su fundamento en la colegialidad episcopal. Para ser una acción colegial, según monseñor L. Carli, eran necesarios tres elementos esenciales que no se encuentran en la conferencia episcopal: 1. reunión de todo el colegio episcopal; 2. participación de la cabeza del colegio, el Romano Pontífice; 3. tratamiento de cuestiones que se refirieran a toda la Iglesia. Además, si las conferencias episcopales tuvieran su fundamento en la colegialidad episcopal, sucedería que el poder del obispo diocesano, además de estar limitado por el Romano Pontífice, estaría limitado también por los obispos de cada región o nación miembros de la conferencia episcopal. Lo cual, a su parecer, es inaceptable .

5. Decreto Ad gentes sobre a actividad misionera de la Iglesia (7-12-1965)

La génesis histórica del decreto Ad gentes fue larga, hasta el punto de que se convirtió en el último documento conciliar en ser aprobado. El esquema De missionibus preparado por la Comisión preconciliar para las Misiones no fue discutido en el aula conciliar. Durante las primeras sesiones del concilio, la Comisión conciliar advirtió de la necesidad de elaborar un nuevo esquema que respondiera de manera satisfactoria a las expectativas de los padres conciliares. La Comisión para las Misiones, que aumentó el número de sus miembros durante la segunda sesión del Concilio, redactó un nuevo esquema “De missionibus” teniendo en cuenta que en el “De Ecclesia” había sido introducido un texto sobre la naturaleza misionera de la Iglesia y las numerosas solicitudes provenientes de las intervenciones en el aula de los padres conciliares. Monseñor C. Cavallera (Nyeri/Kenya) fue uno de los miembros de la renovada Comisión para las Misiones, siendo nombrado directamente por el papa Pablo VI . El nuevo esquema De missionibus fue enviado el 17 de enero de 1964 a todos los padres conciliares para que, tras examinarlo, pudieran enviar sus observaciones. El esquema estaba constituido por un proemio y cuatro capítulos. Sin embargo, algunos meses después el Secretariado General del Concilio decidió que el esquema De missionibus se redujera a solamente algunas proposiciones. Ante esto, la Comisió para las Misiones decidió preparar un texto minimum titulado Schema propositionum de activitate missionali Ecllesiae. Se trata de un texto pobre enviado a continuación a los padres conciliares. Efectivamente, la materia del primer capítulo, “De principiis doctrinalibus”, del precente esquema “De missionibus”, fue omitido, ya que, según la Comisión, estaba abundantemente expuesto en el De Ecclesia. Los padres conciliares, en la tercera sesión, comenzaron el debate conscientes de que la Iglesia ha recibido de Cristo el mandato irrenunciable de anunciar a el Evangelio a las gentes. El 6 de noviembre de 1964, Pablo VI, para destacar la importancia de las misiones, quiso estar presente en el aula y hablar de este tema. El esquema fue discutido posteriormente (116ª-118ª congregaciones generales: 6-9 de noviembre de 1964) y en seguida se vio con claridad que el texto no gustaba a los obispos, especialmente a los obispos misioneros, por lo que se consideró oportuno retirarlo para rehacerlo radicalmente. Querían un documento conciliar con una adecuada base teológica, apto para dar un nuevo impulso a la actividad misionera de la Iglesia. Los padres conciliares IMC, especialmente los de Kenya, a través del portavoz del episcopado africano, lamentó que el tema de la misión, tan fundamental en la vida de la Iglesia, fuera tratado de forma tan superficial y sin un sólido fundamento teológico.
Rechazado el esquema Propositionum de activitate missionali Ecclesiae, y tras ser retirado, la Comisión para las Misiones se puso a trabajar. Bajo la presidencia del Superior General de los Misioneros del Verbo Divino, P. Schutte, los trabajos comenzaron el 12 de enero de 1965 y duraron hasta el 27 del mismo mes. Una vez preparado, en la reunión plenaria, del 23 de marzo al 3 de abril, el Schema decreti de activitate missionali Ecllesdiae: textus prior, fue aprobado unánimemente por la Comisión y obtuvo el 28 de marzo la autorización pontificia, siendo enviado a continuación a todos los padres conciliares. El texto comprende el proemio, cinco capítulos y la conclusión. Se ponen especialmente de relieve, en el capítulo I, De principiis doctrinalibus, los fundamentos teológicos de la misión:
1. Origen trinitario: el fundamento teológico de la actividad misionera se deduce en primer lugar del origen trinitario de la misión de la Iglesia;
2. Aspecto eclesiológico: el segundo fundamento teológico es la dimensión eclesiológica de la misión y su íntima conexión con la constitución De Ecclesia. Se afirma que el ejercicio de la “misión” universal de la Iglesia, que pertenece a su misma esencia, es la expresión necesaria de su misión salvífica universal;
3. La noción de “misión”: la “misión” se funda en la misma función de los Apóstoles. Las iniciativas particulares con las que la Iglesia ejercita su cometido de penetración cristiana entre los pueblos y los grupos todavía no evangelizados, se llaman comúnmente “misiones”, y se realizan particularmente por medio de la actividad misionera. Es pues el designio de Dios al que Cristo se entregó para la gloria del Padre que le había enviado el motivo de la actividad misionera de la Iglesia. Y para realizar este designio de salvación es imprescindible esa actividad. Se deduce de ahí la necesidad de la cooperación por parte de toda la Iglesia: la tarea misionera es de todo el Pueblo de Dios, de los obispos, de los presbíteros, de los laicos, de los Institutos de perfección y de las comunidades cristianas.
En síntesis, la rica teología de la misión en este nuevo esquema se funda en la doctrina trinitaria y está íntimamente relacionada con la misión universal de la Iglesia. Este enriquecimiento teológico se debe especialmente a la aportación teológica de Ives Congar y de Joseph Ratzinger, dos peritos conciliares que ya habían contribuido con su aportación significativa a la eclesiología de la Lumen gentium y que, como peritos de la subcomisión encargada de elaborar el capítulo I, De principiis doctrinalibus del decreto misionero, lo enriquecieron con la renovada eclesiología surgida en el Concilio. Monseñor C. Cavallera era uno de los cinco obispos miembros de la subcomisión De principiis doctrinalibus. Los demás obispos eran S. Lokuang (Taiwan), E. D’Souza (India), B. Yago (Costa de Marfil), M. Perrin (Túnez). Eran peritos-teólogos de esta subcomisión, además de Y. Congar y J. Ratzinger, los jesuitas D. Grasso y J. Neuer, el oblato A. Seumois y V. Che. Todavía no se han publicado las actas de las comisiones conciliares, por lo que no podemos saber cuál fue la aportación real de monseñor C. Cavallera en la elaboración del importante capítulo doctrinal del decreto Ad gentes. Según el testimonio del diario de Y. Congar, principal redactor del capítulo, la actitud del ex ordinario de Nyeri, C. Cavallera, y ya entonces obispo de Marsabit, fue de aceptación en relación con su eclesiología .
En la cuarta sesión del concilio, entre el 7 y el 13 de octubre de 1965, de la 144ª a la 148ª congregación general, tiene lugar la segunda discusión en el aula . Los obispos pidieron aún algunos cambios, pero el texto del Schema decreti de activitate missionali Ecclesiae: textus prior fue sustancialmente aprobado como base de una nueva redacción corregida para presentársela a los padres conciliares, conforme al procedimiento de los documentos conciliares. El 7 de diciembre, día de la clausura del Concilio, fue promulgado el Decretum de activitate missionali Eccleiae: Ad gentes.

Los padres conciliares IMC contribuyeron con su aportación en otros documentos conciliares. No queriendo alargarnos mucho, dejo de citar las intervenciones orales y escritas subscritas en relación con la constitución dogmática sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, Gaudium et spes y al decreto Presbyterorum ordinis sobre el ministerio y vida de los sacerdotes .

Conclusión

Como hemos podido constatar, la presencia numérica de los Misioneros de la Consolata en el Concilio Vaticano II y la aportación de los padres conciliares IMC, aun comparándola con otros institutos misioneros, fue modesta. Indudablemente recibieron mucho más que aportaron. Lo suficiente como para, a su vuelta a sus iglesias locales, poder proseguir con entrega y entusiasmo la obra misionera.
Nuestros representantes eran pastores de comunidades cristianas de reciente fundación, su ministerio se concentraba casi exclusivamente en el trabajo de implantación de las estructuras indispensables para su crecimiento y consolidación. Eran fundamentalmente hombres prácticos, conocedores del pueblo de Dios, del que eran pastores, y estaban animados de un gran celo pastoral. Aunque poco acostumbrados a la reflexión teológica, es evidente que no estaban cerrados a lo nuevo. Eran conscientes de su misión y estaban dispuestos a abdicar de su puesto en favor de los obispos locales. Representando en el Concilio a sus iglesias locales, trataron de ser portavoces de sus exigencias y a ellas les trasmitieron todo lo que pudieron aprender durante el mismo.

P. Diamantino Guapo Antunes