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Padre Alberto Bona (1914 - 2005) PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Villa   
11.03.2006

Hijo de Pietro y Elisa Bertolio, nace el 28 de mayo de 1914 en Calogna di Lesa (NO). Crece en Belgirate y, en 1930, entra en el Instituto, en Favria, proveniente del seminario diocesano, donde había cursado 2º filosofía. En 1934 se consagra a Dios con la profesión religiosa y en 1938 es ordenado sacerdote en Turín.

 

Actividades que realiza: asistente de los hermanos en Comotto (1938-’40), capellán militar (’40-’44), tipógrafo durante un año en Cereseto, director de la granja de Carignano (1948-’55), ecónomo de la casa de Alpignano (1955-’64), agregado al centro comercial de Rivoli (1964-1974) y de Turín (1974-1989). Entre 1990 y 1992 ayuda en la pastoral en las casas de Ceriale y Cavi di Lavagna, y seguidamente, en 1992, se retira a Alpignano.

 

El 25 de agosto, a las 0.45 h., asistido por el P. Genta, entrega su espíritu al Señor. Tenía 92 años de edad, 71 de profesión y 67 di sacerdocio.

 

El P. Franco Gioda, superior regional, preside la misa exequial, destacando en la homilía la laboriosidad del fallecido, aunque nunca hubiera estado físicamente en las misiones, así como su disponibilidad incluso para los trabajos más humildes, su gran espíritu de pobreza no obstante los bienes familiares y los que tuvo que gestionar en el Instituto. Sus restos mortales fueron llevados a Belgirate y sepultados en su pueblo natal.

 

P. Giuseppe Villa

 

 

 

El padre Bona Alberto trabajó siempre en el campo de la economía. No era muy dado a hablar, sino más bien a hacer, y por eso mismo no dejó cosas escritas que hablen de su vida. Sí hablan de su trabajo humilde y silencioso, desplegado a lo largo de toda su existencia para sostener económicamente a su familia misionera. Fue un misionero de retaguardia, dedicado a un trabajo humilde y escondido, pero siempre necesario e importante, con el que permitió a otros que desplegaran su apostolado en tierras de misión.

 

Tenemos algunos testimonios del comienzo de su vida sacerdotal, cuando durante la guerra, siendo capellán militar en diversas regiones de Italia y en Croacia, prepara mensualmente una relación administrativa para el vicesuperior general, el P. Vittorio Sandrone, detallando los peligros y los miedos de la guerra, y especialmente su trabajo entre los soldados con celebraciones, enseñanza del catecismo, primeras comuniones, confirmaciones..., motivo de gran gozo espiritual. Al mismo tiempo expresa el sentido de vacío y la tristeza que le invaden por la falta de su comunidad y el vivo deseo de estar en comunión con los misioneros.

 

Nostalgia de la Navidad (13.12.1941): «Se aproxima a grandes pasos la querida fiesta de la S. Navidad y mi pensamiento corre más que nunca hacia la querida familia del Instituto, donde sentí a lo largo de tantos años la alegría de esa solemnidad, que siempre dejaba en mí recuerdos estupendos. Lamentablemente este año la obediencia nos exige a los militares el doloroso sacrificio de pasar esta querida fiesta de familia muy lejos de donde quisiera estar nuestro corazón. Esté no obstante seguro, querido Padre, de que nosotros estamos presentes con el espíritu, así como para haceros llegar las felicitaciones con motivo de que nuestro Rey se nos hace niño. Téngame presente en ese solemne momento y suplique a Jesús niño que bendiga y proteja a este pobre hijo suyo».

 

Gozos del apostolado: (4.8.’42): «El trabajo no me falta nunca, ya que los sectores que se me confían son bastantes y no siempre están cerca entre sí. El 12 de julio fue un día inolvidable para todos: la S. Confirmación a 33 de mis soldados... Discúlpeme si me he atrevido a informarle de estos detalles de mi vida militar. Qué le vamos a hacer: un hijo dice a su padre muchas cosas sin importancia y el padre se siente feliz de que se las diga. Ese fin pretendo».

 

Amor a la Consolata (2.7.’42): «La fiesta de nuestra Madre, la Consolata, externamente fue poco brillante. ¡A duras penas conseguí decir la misa! Pero mi espíritu estuvo ese día muy cercano a los queridos hermanos misioneros que en las diversas casas tuvieron la suerte de festejarla solemnemente como los demás años. Que Ella nos obtenga pronto la victoria que sería reunirnos a todos bajo su manto protector».

 

Disponibilidad para el trabajo: el 2.9.1944 se encuentra en casa con sus padres, pero con el corazón está en la Casa Madre de Turín, destruida por las bombas de la guerra mundial. Su deseo es hacer algo por el Instituto. Escribiendo a su amigo el P. Boetti dice: «Avisa al P. Gallea de que no dude de mí: apenas haya trabajo, estaré en mi sitio para siempre; y si me quiere en seguida, que me escriba e inmediatamente partiré, aunque sea a pie, pues yo solamente sé vivir en mi Instituto».

 

 

El padre Alberto Bona nos dejó un diario de 30 días (julio-agosto) en el frente, titulado “Horas de agonía en tierras de Sicilia”, donde cuenta las vicisitudes, vividas en primera persona, de los bombardeos, del desembarque de los aliados, de los peligros sufridos mil veces durante los continuos cambios de sitio, de la muerte de tantos compañeros, de su ministerio de consolador de los heridos y los moribundos, de la gran fuga hacia el norte y finalmente de la vuelta a casa, con el abrazo de su madre la tarde del 14 de agosto, víspera de la Asunción de María.

 

El diario concluye con estas palabras: «Así, entre los brazos de mi madre terminan estos treinta días de verdadera agonía y al mismo tiempo de gracia y de bendiciones divinas, en los que he tocado con mis manos que allá en el cielo hay un Dios que es realmente nuestro Padre amantísimo, como también hay una criatura poderosa por encima de todas, que es Madre de Dios y verdadera madre nuestra... y que hace milagros sobre milagros, para hacer felices a dos corazones que confían en ella. Que suba hacia ellos con obras y palabras la acción de gracias de madre e hijo».

 

La Redacción del Da Casa Madre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ultima modificación ( 16.03.2006 )