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Padre Carlos da Silva Pires (1928 - 2005) PDF Imprimir E-mail
Escrito por La redacción de Da Casa Madre   
11.03.2006

Hijo de Eugénio y Maria Luisa Dias, nace el 28.12.1928, en Fundada-Vila de Rei (Portugal). Entra en el Instituto en 1951 después de haber trabajado como dorador de capillas y altares. Emite la profesión religiosa en 1957 y es ordenado sacerdote en 1963. Después de un año de trabajo pastoral en Campolide (Lisboa), es nombrado director espiritual del seminario de Fátima, tarea que realiza hasta 1969. Dotado de gran afabilidad y disponibilidad para escuchar a los seminaristas y solicitado por ellos continuamente en busca de orientación humana y espiritual, así como para disfrutar de su presencia grata, amistosa y afable.

 

De 1969 a 1972 es párroco de Campolide, donde adquiere una gran estima por su disponibilidad con las personas que en medio de las dificultades recurren a él. En este período la casa parroquial acoge también a un pequeño grupo de seminaristas profesos que estudian filosofía en la Universidad Católica.

 

De 1972 a 1989 y seguidamente de 1996 hasta su muerte, el P. Carlos es director del Hotel Pax de Fátima, lugar privilegiado de contacto con peregrinos llegados de todas las partes del mundo, especialmente de Italia.

 

El P. Carlos desarrolló a lo largo de los años su servicio misionero como superior de la casa regional de Lisboa (1990-1993) y de la comunidad del seminario de Fátima (1993-1996). Gran devoto de la Virgen y amante de la liturgia, entregó los últimos diez años de su vida al servicio del Hotel Pax. También fue director y animador de la liturgia en el Santuario de Fátima.

 

El 8 de julio de 2005, en el hospital de Coimbra, como consecuencia de una parada cardiocirculatoria provocada por un tumor, el P. Carlos se nos va a la Casa del Padre. Tenía 76 años de edad, 48 de profesión religiosa y 42 de sacerdocio.

 

El 28 de diciembre de 2004 había escrito en su diario espiritual: «He reflexionado sobre mi estado de salud y sobre mi situación espiritual. Estoy muy dispuesto, pero todavía tengo que trabajar mucho para mi “fiesta del paso”». Y pocos días antes de morir añadía: «Quisiera que la misa de mi funeral estuviera acompañada con cantos de Pascua. Será ese el momento más solemne de mi vida. Es la fiesta del “paso” y del encuentro definitivo con el Señor. Debe ser un momento de alegría y no de llanto. Ahora estoy sereno y espero con mucha fe ese momento de fiesta del “paso”».

 

El funeral fue una gran manifestación de pena, amistad y fe. A lo largo de 24 horas fueron sucediéndose visitas y oraciones: familiares, amigos, sacerdotes, religiosos, personal del Santuario de Fátima y hoteleros permanecieron largo tiempo junto a sus restos mortales. El obispo de Leiria y Fátima, mons. Serafim, no pudiendo estar presente el día del funeral, presidió una concelebración, de cuerpo presente, pronunciando una emotiva homilía ante una nutrida multitud de personas.

 

El funeral se celebró el domingo 10 de julio a las 15.00 h. La misa, concelebrada por unos setenta sacerdotes del santuario de Fátima, estuvo presidida por mons. João Alves, obispo emérito de Coimbra, amigo del P. Carlos y de los misioneros de la Consolata desde los tiempos en que era párroco de Setúbal, y actualmente huésped del Hotel Pax. Nuestra iglesia resultó pequeña para acoger a tanta gente y tantas flores. Las exequias fueron oficiadas por el P. Norberto Louro, superior regional. Ahora el P. Carlos descansa en el cementerio de Fátima al lado de un buen número de misioneros de la Consolata portugueses.

 

P. Norberto Louro

 

 

 

TESTIMONIOS

 

 

Sencillez cautivadora

 

Lo que más estimaba en el P. Carlos era su sencillez, su capacidad para acoger a todos, su bondad, su pureza. Era un alma pura. Su sabiduría no le venía de los libros, sino de Dios directamente. La gente sentía que sabía llegar al corazón y responder acertadamente en el momento preciso. Fue mi primer amigo; era un confidente en la dirección espiritual, en la confesión... Era un verdadero confesor. La gente le abría el corazón manifestándole incluso los secretos más íntimos con total confianza. Cuando estaba triste o tenía algún problema, me acercaba a él para hablar y todo se aclaraba.

 

Su sencillez era cautivadora porque le salía del alma. No necesitaba apoyarse en las responsabilidades que desempeñaba. En mi vida fue siempre un punto de referencia, como una luz que brillaba ante mí. Ahora que se ha apagado en la tierra esa luz, espero que siga brillando en el cielo.

 

Se fue serenamente. Poco antes de morir me dijo: «¡Si supieras qué paz interior siento y qué alegría con esta visita en la que puedo desahogarme contigo!». Nos abrazamos y lloramos juntos. Yo le daba las gracias por el bien que me había hecho a lo largo de 23 años de amistad y de ayuda espiritual; él hacía lo mismo por los momentos de intimidad y coloquio en aquel momento supremo, 24 horas antes de su muerte.

 

P. Luís Oliveira Ribeiro Pereira

 

Misioneros Monfortinos – Fátima

 

 

 

En recuerdo del P. Carlos Pires

 

El padre Carlos nos dejó por haber sido llamado por el Señor. Pero aquí ha dejado mucha gente sumergida en un mar de tristeza, la gente que le conocía y trabajaba con él en los servicios que brindó siempre a la Virgen de Fátima, a la que siempre amó y junto a la que quería estar siempre. Dejó también personas que le querían y trabajaban a su lado en el Hotel Pax porque siempre vieron en él a un amigo y no a un amo.

 

Siempre fue agradecido con quienes colaboraban con él, dentro y fuera de la institución. Muchas veces le oí decir: «Nuestro Fundador recomendaba: “Nunca os canséis de ser agradecidos con quienes nos ayudan”». Él lo hizo siempre: seguir el camino del Fundador. Esta es la razón de que tuviera un corazón lleno de bondad con todos. Yo mismo, mientras trabajaba a sus órdenes en el Hotel Pax, me acerqué con él a casa de algunos de sus familiares: hermanos, sobrinos, etc. En Abrantes y en casa de amigos en Lisboa, así como en casa de su madrina, que le ayudó en su camino hacia el sacerdocio.

 

Después de haber trabajado con él durante algunos años en el Hotel Pax, como jefe de camareros, fui invitado a trabajar en el hotel de los misioneros del Verbo Divino, que eran nuestros amigos. Me gustaba trabajar en el Hotel Pax y dejarlo me costaba realmente mucho. Lo hice porque me ofrecía mayores posibilidades para el futuro. Pues bien, el P. Carlos estuvo siempre a mi lado, incluso después de haberme ido. Algún tiempo después me invitó a una comida a mí y a los nuevos patrones en el Hotel Pax. Todavía recuerdo hoy las palabras que pronunció entonces: «Los padres acogen al señor Jaime, que es una persona adecuada para su casa. Él se va de aquí no por motivos salariales, sino porque cambia de categoría profesional y nosotros lo comprendemos». Por todo esto, mi amigo el P. Carlos fue para mí como un padre.

 

Jaime Mateus

 

Gerente do Hotel Verbo Divino

 

 

 

En el seno de Dios

 

Conocí al P. Carlos da Silva Pires en Abrantes, todavía seminarista. Estuve en contacto con él muy a menudo, especialmente como colaborador mío en el Santuario de la Virgen de Fátima, en París, donde fui rector algunos años. El padre Carlos era una persona adornada de muchas dotes que supimos valorar. Para mí fue un verdadero hombre, un sacerdote, un misionero y un santo.

 

Un hombre: en la casa paterna, en Ribeira da Fundada, Vila de Rei, aprendió desde niño a cultivar su carácter y a ser un hombre en el sentido auténtico de la palabra. Así se manifestó en la escuela, en el trabajo, en la profesión de dorador de iglesias y altares, en el servicio militar y más tarde como sacerdote y misionero. Sus padres, Eugénio da Silva Pires y Maria Luísa Dias, fueron los primeros educadores de su carácter e hicieron de él un hombre de bien y un hombre de Dios. Sus hermanos, especialmente el mayor, José María, aunque le considerara el benjamín de la casa entre ocho hermanos, sabía guiarle bien, aunque todos ellos le enseñaban con el ejemplo a ser todo un hombre.

 

Un sacerdote: en el contacto con la eucaristía y ayudado por su cuñada Beatriz Serras e Silva y por la señora Maria Cristina Moura Neves, sintió la llamada al sacerdocio. Quería ser cura, pero un cura auténtico. El seminario, el noviciado, los superiores, los compañeros y el Fundador, todos le animaban a ser un verdadero sacerdote. Desde su ordenación sacerdotal en la Casa Madre, en Turín, su meta espiritual y vocacional fue siempre se un buen sacerdote. Y lo consiguió. Todos los que se han encontrado con él o le han tenido como compañero, maestro, confesor o director espiritual, lo testimonian.

 

Un misionero: en su camino como miembro del Instituto de la Consolata, el P. Carlos fue un verdadero misionero. Aunque no fue misionero en el así llamado “campo misionero”, lo fue en sus comunidades. Fue misionero en Fátima, en el seminario, en el Hotel Pax, en el Santuario, en la parroquia de Campolide, en el Santuario de la Virgen de Fátima en París, en todo lugar y en toda circunstancia fue un verdadero misionero.

 

Un santo: santo es quien vive de Dios en lo más íntimo de su corazón y vive en Dios. El padre Carlos, con la fuerza de Dios que irradiaba, dejó un sendero de santidad en todos los lugares por donde pasó. Ahora su misión en la tierra ha terminado, pero comienza otra en el cielo. Mi testimonio en esta hora de tristeza quiere expresar también la certeza de que su intercesión en el cielo, junto a la Consolata, al beato José Allamano y los demás misioneros de la Congregación –entre los que quiero mencionar al P. José Pequito– será sin duda fuente de vocaciones.

 

¡Feliz el Instituto, que crea padres y hermanos con el temple del P. Carlos da Silva Pires!

 

Mons. José Genro Carvalheira

 

 

 

Queridos Misioneros de la Consolata

 

No puedo dejar de decir algunas pobres palabras aunque solamente pueda transmitir con ellas una pálida imagen de lo que he recibido a través del P. Carlos. El Señor se lo ha llevado a su casa, pero él, al irse, nos ha dejado la imagen de un hombre inteligente y de un padre auténtico. Su inteligencia brillaba en la humildad de su espíritu de servicio y en la discreción con la que llevaba a cabo, con inigualable competencia, las responsabilidades que había recibido.

 

Convirtió la liturgia en el Santuario de la Virgen de Fátima en pupila de sus ojos, los ojos de un hijo que hacía cuanto podía para ensalzar a su Madre. No se perdía en banalidades o palabras inútiles. Tenía los oídos atentos y la soltura suficiente para llevar a cabo su labor. Su espíritu de servicio lo realizaba con espíritu silencioso, con una sonrisa apenas esbozada, como quien solamente habita en lo más íntimo de sí mismo.

 

Contaba con un agudo espíritu apostólico, tan fino que, al transmitirlo, apenas se daba cuenta de ello. Entraba en las almas y se quedaba en ellas. Todas las ocasiones servían para sutil perspicacia, al modo misionero, para dejar su señal de servidor. Era más pródigo en gestos que en palabras. Era muy atento y no se perdía en detalles efímeros. Tenía un delicado sentido de lo esencial.

 

Mi contacto personal con el P. Carlos fue mínimo, pero las lecciones que recibí de él son hermosas y grandes. Es un deber de reconocimiento recordarlas. Declaro con sencillez y claridad mi gran estima por este hombre de Dios que sabía quedarse en la sombra para que brillara la luz divina. Cuento con muchos libros que considero buenos, pero el libro diminuto que el P. Carlos me ofreció, la única vez que estuve en su despacho, no ha abandonado nunca mi mesa. Me lo dio con sencillez, diciendo: «Tome este librito y léalo si puede. Es un pensamiento sencillo para cada día del año; son palabras de nuestro Fundador. Son muy sencillas, como sencillas son las cosas de los santos».

 

“Puntos de luz”, se titula. Ahora, sin punto de luz, pero en la luz total y plena, que nos llegue el consuelo de la Madre a la que él supo amar y que nos obtenga de su corazón la paz y el bien que el mundo necesita. Que interceda por las vocaciones de consagración total a su Instituto Misionero y a la santa Iglesia de Jesucristo. Por mi parte, doy gracias a Dios por el don de su vida y de su muerte, que le ha introducido en su Pascua.

 

Maria da Conceição Primitivo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ultima modificación ( 16.03.2006 )