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El discernimiento PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Piero Trabucco, IMC   
22.02.2006

7 de octubre de 2000

 X Aniversario de la Beatificación de J. Allamano

 

 

 Queridos Misioneros:

 

 Han tenido ya lugar las celebraciones de las Conferencias Regionales en casi todas nuestras Circunscripciones y en todas partes ha sido posible percibir el clima de fraternidad y el espíritu de auténtica búsqueda que caracterizó previamente al X Capítulo General (XCG). Con la mirada puesta en los valores del carisma que constituyen la primera fuente de nuestra inspiración y tras un auténtico análisis de la realidad de cada circunscripción, se ha tratado de encontrar los caminos que como Misioneros estamos llamados a recorrer, deseosos de ser fieles al Espíritu Santo y a nuestro ad gentes.

 Un elemento clave, utilizado en todas partes y en la formulación del programa sexenal de las circunscripciones, ha consistido en el "discernimiento". Ya la Actas del XCG usaron intensamente términos y expresiones como búsqueda, intuir los caminos de Dios, reflexión sobre el pasado para descubrir el futuro del Instituto, especificar, interrogarnos, etc. En la introducción a las Actas, después de la presentación del ad gentes como tema del XCG, se afirma que "signo de vitalidad es la orientación y la cualificación de nuestra implicación en la Misión". Y prosigue así el texto capitular: "...muchos Misioneros advierten la necesidad, o al menos la oportunidad, de interrogarnos sobre la fidelidad del Instituto al carisma ad gentes transmitido por el Fundador, sobre el cómo y el lugar donde lo vivimos, si hay algo que mejorar en el modo de practicarlo. Este discernimiento..." (7). Utilizando una expresión grata al Beato Allamano, podemos afirmar que la intención del XCG fue realmente la de "buscar la voluntad de Dios" sobre el Instituto, sobre los Misioneros y sobre nuestra misión en el mundo de hoy.

 Este proceso de discernimiento o de "búsqueda de la voluntad de Dios" no puede considerarse terminado con el Capítulo y con la conclusión de las Conferencias Regionales. La atención al discernimiento se encuentra en la misma naturaleza humana, por lo que nunca cesa. Discernir antes de actuar es la difícil tarea que nos corresponde cada día, tanto en el ámbito personal como en el de nuestras comunidades, así como en el de la pastoral misionera. Si no lo realizamos, seguimos indecisos, en el caos, o tal vez esclavos de la repetitividad. Y todos tenemos una necesidad enorme de intuición acerca del futuro o de capacidad de decisiones coherentes, especialmente teniendo presentes nuestros propios horizontes como cristianos, religiosos y misioneros.

 Discernir y decidir es un arte difícil que requiere aprendizaje, ejercicio y empeño. Durante uno de los encuentros continentales de los Superiores Regionales, se pidió a la Dirección General que ofreciera a los religiosos algunos medios didácticos para aprender cada vez mejor tal arte y especialmente para ponerlo en práctica de manera eficaz. Las reflexiones siguientes quieren ser un intento para responder a esa petición y deben ser incorporadas a los subsidios ya enviados por el Secretariado para la Misión a los Superiores Regionales con ocasión de las recientes conferencias regionales.

 

 

Por qué el discernimiento

 

 Son muchas las razones que convierten a éste en un tema de importancia decisiva para nosotros. Aludo brevemente a tres, casi como un ejemplo del profundo significado que tiene el discernimiento y de lo mucho que se siente su exigencia en todos los niveles:

 

- Quizá no haya habido ninguna época de la historia de la humanidad tan cargada de luces y sombras, contradicciones y conflictos como la nuestra (cf. GS 4-10). La vertiginosa rapidez de los cambios nos acosa día tras día y frecuentemente nos deja atónitos. Nuestra atención se siente atraída por múltiples realidades y en multitud de direcciones. Las radicalizaciones de las posiciones parecen prevalecer a menudo cuando se debaten cuestiones o se profundizan problemáticas. Surgen por todas partes problemas y conflictos. ¡Y ese mundo tan complejo y a veces tan conflictivo es el nuestro, el que encontramos en todas las latitudes!

- Tanto en la sociedad como en la Iglesia, la persona humana quiere sentirse protagonista de sus decisiones y de su destino. De ahí que sea fácil deducir que los verdaderos líderes son quienes saben motivar a los demás, invitando a la búsqueda y estimulando a afrontar las decisiones. De este modo, en las comunidades religiosas se siente vivo el deseo de querer buscar unidos la voluntad de Dios y de asumir juntos la responsabilidad de toda decisión y de la realización de todo proyecto. De este convencimiento brotan el proyecto comunitario de vida (PCV) y el proyecto apostólico, como formas concretas que dan lugar a la corresponsabilidad comunitaria. En cambio, toda decisión que viene de arriba resulta siempre escasamente eficaz para una auténtica renovación de vida y de misión.

- La existencia cristiana se caracteriza por su dinámica, porque lleva consigo gérmenes de vida, de crecimiento y desarrollo. Como tal, debe sentirse y vivirse por los individuos y por la comunidad. Animada por el Espíritu que todo lo vivifica, necesita alimentarse, crecer, luchar, expresarse, encontrar siempre nuevos significados. Debe crecer descubriendo día tras día las formas, los modos y los caminos para pasar de una fase infantil a otra de madurez plena. De este modo el cristiano se ve confrontado constantemente por el Espíritu y entre los dos brota un diálogo de vida, dinámico y transformador, en unas ocasiones como pequeño puñetazo en la carne y en otras como suave brisa, y siempre como expresión de la vida que debe ser vivida.

 

 Todo ser inteligente siente la necesidad de discernir, pues sin discernimiento no puede crecer, ni madurar, ni renovarse.

 ¿Qué respuesta daremos a estos gérmenes de vida que exigen un crecimiento, a nuestra vida cristiana sometida a continua transformación, a las opciones misioneras expuestas a tantas acometidas frecuentemente conflictivas, obscuras y problemáticas? Me parece que la respuesta puede resumirse en una única palabra: ¡discernimiento!

 Al afrontar ahora un tema tan complejo como el discernimiento o la búsqueda de la voluntad de Dios, considero que es oportuno restringir el ámbito de la reflexión al contexto propio de nuestra vocación de Misioneros de la Consolata.

 

 

Qué significa "discernimiento"

 

 La etimología de este término es muy rica y está llena de sentido. Tanto en la lengua griega como en la latina, discernir significa separar, seleccionar, juzgar, criticar, elegir tras atento examen, pasar por el cedazo para separar, percibir las cosas con claridad, comprender en profundidad para decidir.

 Aplicando estos verbos a nuestra vida o a la de la Iglesia y la sociedad, podemos describir el discernimiento como la capacidad de aclarar donde hay obscuridad, de poner equilibrio y armonía donde hay unilateralismos, de elegir lo esencial en lugar de lo superfluo, sabiendo percibir el núcleo y el centro de los problemas y de las cuestiones. Dado este primer paso, el discernimiento estimula a emprender caminos nuevos o a corregir lo que hayamos visto como equivocado.

 Por otra parte, son numerosos los elementos que deben formar parte de un discernimiento auténtico y sano, que deben actuar entre sí de manera creativa: mente y corazón, los sentimientos más profundos y las dotes naturales, el "toque" de Dios juntamente con el esfuerzo personal.

 Si acudimos a la Biblia para profundizar mejor en el significado del discernimiento, podemos hacerlo casi en todas sus páginas, y no de forma teórica sino práctica (cf. Sal 95,8-11; Gén 28,10-22; 1Sam 3,1-18; Jos 24). Dios mismo discierne cuando elige a los profetas, o cuando como en el Exodo camina al frente de su pueblo hacia una tierra de seres libres. El hombre bíblico debe discernir para comprometerse en un camino de fe, de adhesión significativa al Dios de la liberación y entrar así poco a poco en la visión misma de Dios, abandonando por otra parte lo que es fruto del pecado. Discernimiento en la Biblia es sobre todo pasividad en cuanto acogida de Dios por parte del hombre, pero se revela también como actividad porque exige una respuesta vital de la criatura al amor del Creador.

 En el Nuevo Testamento se usa mucho el concepto del discernimiento como expresión de la tentativa de conocer, juzgar e interpretar. El discípulo de Jesús debe saber reconocer en la persona y acción del propio Jesús la acción del Espíritu de Dios. San Pablo habla específicamente de este tema cuando trata el tema del discernimiento de los espíritus en el contexto de los diversos carismas (cf. 1Cor 7,7). Es un don del Espíritu y permite distinguir entre el bien y el mal y nos permite vivir como verdaderos hijos de Dios (cf. Rom 12,1-3; Fil 1,9-10). La carta a los Hebreos nos exhorta a dejarnos coger de la mano por Jesús para caminar por el sendero de la vida y del bien (cf. Heb 12,1-11). El libro de los Hechos de los Apóstoles presenta el discernimiento como una virtud de la hora de la Iglesia que realiza su misión en marcha hacia los últimos tiempos (cf. He 8.26-40; 10,44-48; 11,19-26).

 Por lo demás, en la vida y en la praxis eclesiales el discernimiento se toma como una exigencia y un deber inderogables para todo creyente, aunque conforme a dones y funciones diferentes. Lo afirma claramente la GS: "Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad" (4). Y en el n. 44 dice: "Es propio del todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo". Desempeñar este deber con competencia, responsabilidad e inteligencia significa brindar una aportación impagable en favor de un valiente camino de nuestras comunidades cristianas y de una maduración más completa de las mismas.

 Nuestro mismo XCG, analizando los contextos en los que se reta a la misión, siente la necesidad de ponerse en situación de discernimiento y se expresa así: "El tiempo que nos separa del Beato José Allamano, nuestro Padre Fundador, ha dado lugar a cambios profundos en el concepto de Misión y el modo de actuarla. A pesar de ello, sentimos muy próximo a nosotros a nuestro Padre. Es él el primero en darnos seguridad y animarnos. En la variedad de los contextos permanece inalterable el espíritu. Afirmados en su presencia, nos fijamos en la realidad en la que estamos llamados a realizar la Misión para encontrar las actitudes y los métodos más idóneos para su actuación" (p. 9).

 

 

Qué discernir

 

 Es propio de toda persona discernir, juzgar y decidir todo lo que concierne a la propia vida y cada una de sus expresiones. Es algo que se hace casi instintivamente, frecuentemente sin mucho esfuerzo, tal vez con poca decisión o con voluntad escasa. El alcance de muchas de nuestras acciones se nos puede en ese caso escapar, y así el control de nuestra acción resulta limitado, con lo que incurrimos en múltiples errores, equivocaciones o salidas de tono lamentables.

 La costumbre de un discernimiento correcto, fruto de la atención y del constante ejercicio es pues de gran importancia en la vida personal cotidiana y en el desarrollo de nuestro trabajo misionero. Y cuando se trata de decisiones importantes para nuestra vida personal, así como para la vida comunitaria, o para realizar nuestras tareas o las misiones que se nos confían, se impone que recurramos a toda nuestra capacidad de esfuerzo y buena voluntad.

 El Beato Allamano espoleaba a caminar hacia un "más aún" en nuestra vida espiritual. Este "más aún" existe también en la vida de nuestras comunidades, de la Iglesia, en el ámbito de nuestro trabajo apostólico. Es algo que pertenece al gran capítulo de los "signos de los tiempos" que el Concilio Vaticano II nos ha propuesto vigorosamente. Baste en relación a esto una sola cita entre las muchas que podríamos aportar: "El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino..." (GS 11).

 Además, el discernimiento tiene que ver con la programación de nuestra vida, tanto personal como comunitaria. Se fija en el futuro, establece las señales para un camino fácil y correcto, aclara donde las cosas están turbias o desordenadas. Ante las opciones que deben hacerse, las decisiones que deben tomarse, los peligros que deben evitarse, nos preguntamos: ¿Qué quiere el Señor de nosotros, de mí? ¿Hacia dónde me invita a caminar el Espíritu? ¿Qué "algo más" exige de mí y de mi comunidad en este momento y en esta determinada circunstancia?

 

 

El discernimiento personal

 

 Consiste este discernimiento en la búsqueda de la voluntad de Dios hecha por cada persona, con la ayuda del director espiritual. En esta forma de discernimiento han puesto mucha atención los maestros de espíritu en los pasados siglos. Entre ellos ocupa un lugar especial San Ignacio de Loyola, especialmente en los Ejercicios Espirituales. Sobre las huellas de San Ignacio, también el Beato Allamano nos indicó pistas para una búsqueda correcta de la voluntad de Dios (cf. VS 258-264). Recuerdo brevemente algunos de sus principales elementos:

 

1. El convencimiento de que toda persona puede llegar a discernir la voluntad de Dios con tal de que se esfuerce en adquirir la libertad interior. Los caminos para llegar a ella pueden ser muy distintos. Una persona es espiritualmente libre cuando se esfuerza en ver la cosas desde el punto de vista de Dios. Consigue este objetivo sólo quien sabe mantenerse libre del mal que ofusca la mente y el corazón y no permite ver las cosas en su verdad.

2. La familiaridad con la Palabra de Dios, que no sólo crea el clima adecuado para un discernimiento correcto, sino que acompaña a la persona a lo largo de su itinerario de conversión. Este paso debe ser preparado, iluminado y fortalecido con el uso de la Palabra.

3. La disponibilidad para cuestionarse ante las interpelaciones de Dios, con la apertura consiguiente al cambio. En otras palabras, esto significa querer poner orden en la propia vida (cf. C. M. Martini, Mettere ordine nella propia vita, 1992), partiendo de la óptica de Dios. Es un acto de humildad que da lugar a una correcta visión crítica sobre uno mismo.

4. La experiencia de la consolación-desolación es uno de los elementos más característicos del método ignaciano del discernimiento, pero quizá también el más difícil para nuestra sensibilidad moderna. La consolación es fruto del Espíritu que se la concede a quien sabe estar con el Señor. El gozo puro que se saborea, además de la serenidad y la paz, son un índice de que el camino emprendido es el acertado. La desolación, por el contrario, significa soledad, aridez y sentirse extraños a Dios. La persona que se encuentra en este estado debe reaccionar con la oración y la penitencia, consciente de que Dios lo prueba y purifica en la prueba y de que no se aleja nuca de nosotros.

5. La elección: es el último paso del itinerario del discernimiento personal. La persona elige y decide sabiamente cuando consigue ver con claridad su meta, acompaña este paso con mucha oración, experimenta serenidad de alma y siente la oportunidad de dar un nuevo paso, así como elige también los medios adecuados tras haber sopesado los aspectos a favor y en contra.

 

 Este itinerario es acertado especialmente en los momentos especiales de nuestra vida, como pueden ser los Ejercicios Espirituales anuales o el retiro mensual, o cuando se redacta el Proyecto Personal de Vida. Además, encuentra sitio adecuado en la práctica ignaciana, muy inculcada por el Padre Fundador, del examen de conciencia diario.

 

 

El discernimiento comunitario

 

 Tiene lugar cuando un grupo o los miembros de una comunidad, iluminados por la fe o por la Palabra, deciden descubrir la voluntad de Dios sobre ellos. Indudablemente, este proceso es más exigente que el personal, pues presupone que cada miembro de la comunidad o del grupo esté ya familiarizado con los mecanismos del discernimiento a nivel personal. Además, entre los miembros del grupo debe haber una sintonía de pensamiento, de vida, de ideales. Una pluralidad demasiado acentuada entre los componentes del grupo o de la comunidad podría frustrar el esfuerzo común al tratar de hacer un discernimiento real y eficaz.

 

 

Algunas premisas necesarias:

 

- Una comunidad religiosa o un grupo de cristianos son capaces de discernir la voluntad de Dios sobre sí mismos o sobre su misión cuando tienen clara la propia identidad humana, cristiana y carismática y tienen capacidad de hacer una verificación sobre sí mismos teniendo en cuenta sus vivencias (y no las ideas).

- Los componentes de la comunidad son aptos para el discernimiento si cuentan con suficiente capacidad para situarse ante la realidad que los rodea con realismo, conocimiento suficiente, sensibilidad para descubrir los signos de los tiempos y percibir sus retos.

- La comunidad o el grupo es capaz de discernir si los propios miembros son capaces de autocrítica, cultivan ideales superiores a la propia vivencia, si se dejan interpelar por los valores de fe, eclesiales o carismáticos y si están dispuestos al diálogo constructivo.

- Es necesario además que todos los miembros de la comunidad estén dispuestos a aceptar "las reglas del juego". Deben asimismo estar claros los objetivos, los medios que deben usarse y el clima en el que se realiza el discernimiento. El problema sobre que se trata para su discernimiento debe exponerse claramente; un problema mal planteado confunde fácilmente el camino.

 

Proceso de discernimiento comunitario

 

- No se puede realizar el discernimiento comunitario sin una previa preparación adecuada. Tal preparación consiste en la oración ardiente al Espíritu por parte de todos los miembros del grupo. Todos los miembros de la comunidad deben haber sido suficientemente motivados y deben estar dispuestos a aceptar sus conclusiones.

- Se busca el tema sobre el que hay que hacer el discernimiento con anticipación adecuada con el fin de permitir a los miembros del grupo la reflexión sobre el mismo, a nivel personal, con relativa calma. Deben ponerse a disposición de todos las informaciones necesarias para conocer bien aquello sobre lo que se trata de discernir. El argumento del discernimiento debe tener cierta entidad para el grupo o la comunidad, con sus aspectos positivos y negativos.

- El número de personas que componen el grupo no debe ser ni excesivo ni muy limitado. Deben tenerse en cuenta también las condiciones ambientales, las psicológicas de las personas y sus motivaciones espirituales.

- No es necesario elegir un moderador de fuera de la comunidad, pero puede ser muy útil. No expresará pareceres o juicios sobre los contenidos. Su cometido consiste en recordar los principios del discernimiento, aclarar los objetivos y recordar la necesidad de usar todos los medios.

- Los métodos para realizar el discernimiento pueden ser muchos. El clásico consiste en seguir estas tres etapas: ver - juzgar - actuar. Creo que es más sencillo y eficaz el que consiste en afrontar un tema de forma alternativa. Este proceso sigue las tres siguientes etapas:

 1. Se formulan dos alternativas claras y opuestas del tema u objeto que debe discernirse (por ej., continuación o cierre de una obra).

 2. Primero, nos concentramos en una y luego en otra, exponiendo los aspectos positivos y negativos de cada una. Todos los miembros deben ser activos tanto en la exposición de los aspectos negativos como de los positivos.

 3. La tercera etapa (la de la decisión) debe permitir al grupo o a la comunidad volver a los motivos escuchados y dejarles resonar en lo profundo, como el Espíritu guía. Es oportuno que haya un momento de oración personal, de reflexión antes de que cada individuo exprese su parecer. En este punto deben prevalecer los motivos evangélicos, los criterios del bien mayor y no los intereses particulares. Movidos por el Espíritu, nos interrogamos ante Dios y la propia conciencia sobre lo que constituye el bien verdadero. También puede ser éste un momento de sufrimiento, de cruz, pero lo será para la resurrección y la vida.

 

La verificación

 

 Es un elemento de gran importancia en un discernimiento eficaz. A menudo la infravaloramos o sencillamente la descuidamos. Efectivamente, una vez tomada la decisión, deben buscarse los medios aptos para ponerla en práctica. Y justamente la realización concreta de lo que se ha decidido y su eficacia práctica dirán si el discernimiento ha tenido éxito y en qué medida.

 En la realidad de nuestras circunscripciones o comunidades, la concreción de ciertas decisiones exige procesos normalmente bastante laboriosos. Se trata, en efecto, de llevar a cabo proyectos que en su realización deben hacer frente a muchas dificultades. Por eso se impone una verificación periódica que devuelva la energía al proyecto inicial y lo mantenga orientado hacia el objetivo establecido.

 Hecho el discernimiento y tomada la decisión, el individuo o la comunidad establecerán de inmediato los momentos de la verificación, así como su periodicidad, estableciendo modos específicos. Es cometido del responsable de la comunidad o de la Región recordar el deber y el compromiso tomado sobre las verificaciones periódicas.

 

 

Conclusión

 

 El discernimiento no brota ni se expresa en la vida del Misionero sin una convicción profunda sobre su necesidad, su valor y su eficacia. Este es el motivo de mis deseos de terminar estas reflexiones sobre el discernimiento sugiriendo un esquema de lectio divina sobre el siguiente texto del evangelista Mateo:

 

 Los fariseos y los saduceos se le acercaron y, para ponerle a prueba, le pidieron que les mostrase una señal del cielo. Mas él les respondió: "Al atardecer decís: 'Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego', y a la mañana: 'Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío'. ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir las señales de los tiempos! ¡Generación malvada y adúltera! Una señal reclama y no se le dará otra que la señal del profeta Jonás". Y dejándolos, se fue (Mt 16,1-3).

 

Fe en un Dios que nos habla a través de los signos

 

 La historia humana no es un círculo cerrado a merced del destino. Dios y el hombre son los constructores de la historia. La salvación viene en la historia y a través de la historia, y Dios actúa dentro de ella. La lectura y el discernimiento de la historia humana, a la luz de la fe, revelan los signos de la obra salvífica de Dios y los caminos que Él está utilizando para realizarla en nuestro presente.

 

Importancia del "leer" (discernir)

 

 Sólo una lectura de fe de la realidad humana es capaz de revelar la "voluntad" de Aquel que comparte nuestras vicisitudes a lo largo de los senderos de la vida. Esa lectura, sin embargo, no es fácil y menos aún se verifica de manera automática. Siempre es necesario partir de la óptica de Dios, a través de un camino serio de silencio, de oración y de reflexión sobre la Palabra.

 

Proyección en el futuro

 

 Los gérmenes de salvación que se revelan en los "signos de los tiempos" no son un conjunto de ideas o de posiciones abstractas, sino acontecimientos, personas e historia que tienden hacia el futuro. Este futuro de salvación posible debemos descubrirlo constantemente, comprenderlo y realizarlo. Para que esta proyección sobre el futuro de salvación sea posible, debe tener lugar siempre en un contexto de fe y de leal adhesión a la realidad concreta.

 

Búsqueda honrada

 

 Quien tiene fe en el Dios de la Biblia no puede ser una persona que idolatra el presente ni tampoco alguien que lo demoniza. Ante nuestro mundo y su historia, el creyente no puede ser ni un conservador a ultranza ni un rebelde desesperado. La búsqueda honrada del cristiano sabe ver el mal, pero también los gérmenes buenos, conoce la clave de un lectura "profética" y sabe descubrir el proyecto de salvación del "Dios con nosotros".

 

Coherencia de vida

 

 Se trata de una conclusión lógica del proceso de discernimiento. No basta con ver los "signos"; estamos llamados a caminar por los senderos que Dios nos indica para llegar a su realización. Y en este itinerario debemos ser capaces de "pasión" y de paciencia, dotes que nos permiten tener determinación y ser capaces de superar los obstáculos y las pruebas sin apartar nunca los ojos de la meta posible.

 

 Que los santos Pedro y Pablo, nuestros protectores en este año santo jubilar, sean nuestros inspiradores con el ejemplo y la enseñanza. Que su intercesión nos ayude a convertirnos en "expertos en discernimiento" y en constructores del Reino en el tiempo y en el lugar donde Dios nos ha puesto para realizar nuestra misión.

 Que José Allamano, cuyo décimo aniversario de Beatificación recordamos, interceda por nosotros.

 Fraternalmente en la Consolata.

 

 P. Piero Trabucco, IMC

 (Padre General)