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| VISITA CANÓNICA A LAS CIRCUNSCRIPCIONES |
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| Escrito por P. Piero Trabucco, IMC | |
| 22.02.2006 | |
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14 septiembre 2000 Queridos hermanos: El año apenas terminado ha permitido a la Dirección General mantener un contacto con todas las Circunscripciones del Instituto, especialmente a través de la participación en las Conferencias regionales. Poniendo ahora en marcha la programación del segundo año, la Dirección General considera oportuno comenzar las visitas canónicas a las Circunscripciones, teniendo en cuenta lo previsto por las Constituciones y las orientaciones del Décimo Capítulo General. La praxis general, seguida hasta ahora en la realización de la visita canónica, ha sido modificada parcialmente por el Capítulo del 99. Recuerdo los elementos que más directamente interesan para su desarrollo o que modifican lo establecido por las Constituciones: "El Superior General, o el Vicesuperior General, realizará durante el sexenio la visita canónica a todas las circunscripciones. Se trata de una ocasión de encuentro, revisión, examen de los problemas, momento de reflexión y de renovación. Las disposiciones de la visita se dan al final de la misma por el visitador, tras haberlas tratado en el Consejo General, y tienen valor normativo para la circunscripción visitada" (p. 79). "El programa de la visita canónica está acordado con la Dirección de circunscripción que se visita y es anunciado a las comunidades. Se da también la debida importancia al encuentro con la Dirección y los Departamentos de la circunscripción" (p. 80). "Durante su mandato, el Superior General visitará todas las circunscripciones. Cada religioso debe tener la posibilidad de encontrarse personalmente con él (p. 80). La Programación Sexenal de la Dirección General, conforme a las indicaciones del Capítulo, ha ofrecido también las siguientes propuestas operativas: - El Superior General y el Vicesuperior General se alternarán en las visitas a las circunscripciones. Estarán ayudados ordinariamente por el Capítulo Continental. - El Superior General se personará también durante el sexenio las Circunscripciones que no hayan sido visitadas por él para ofrecer a los religiosos la posibilidad de encontrarse con él personalmente (cf. Const 117.3). - El programa de las visitas canónicas será acordado con los Superiores regionales y se anunciará con la adecuada antelación a las comunidades. La Circunscripción preparará la visita con un atento examen de la propia situación, para hacer que emerjan los problemas y las perspectivas que deben ser estudiados durante la visita. La Dirección Regional preparará, juntamente con los departamentos, una relación completa de la Circunscripción que facilite a los visitadores el conocimiento de la misma. - Al final de la visita canónica, los visitadores dirigirán a los religiosos una carta circular con las disposiciones y orientaciones tanto generales como propias para la Circunscripción" (Bol. 88, p. 14). Además de las indicaciones ofrecidas por el Capítulo y por la programación de la Dirección General, deseamos ahora añadir las siguientes orientaciones concretas: 1. Los encuentros continentales de los Superiores regionales serán el lugar oportuno para decidir los tiempos y los modos para realizar la visita canónica a cada una de las circunscripciones. En esa ocasión se podrán decidir también la fecha y los modos de la presencia del Superior General en las circunscripciones donde no efectúa la visita canónica. 2. Durante la visita, el diálogo personal con los religiosos y el encuentro con la comunidad serán considerados prioritarios. Queremos además poder profundizar en los temas siguientes: - situación personal del misionero, el proyecto personal de vida y sus iniciativas de formación permanente; - proyecto comunitario de vida y proyecto apostólico; - resonancia que las indicaciones del último Capítulo General están teniendo en el trabajo misionero, especialmente en nuestro compromiso ad gentes; - impacto que las decisiones de la Conferencia regional están teniendo, de manera especial sobre las comunidades locales. 3. Cada Circunscripción preparará para la visita canónica tres relaciones: - la primera debe expresar el pensamiento del Superior regional y el Consejo sobre la situación global de la Circunscripción; - la segunda debe presentar las actividades y las problemáticas relacionadas con los diversos departamentos y sectores; - la tercera debe hacer una descripción de cada una de las comunidades locales. Antes de la visita se enviará a cada circunscripción un esquema de los temas que deberán desarrollarse en las tres relaciones. 4. Al final de la visita, los dos visitadores prepararán una carta circular que, tras la aprobación del Consejo General, se enviará a los religiosos de la Región. Esta carta recogerá todo lo reflexionado y madurado en los diversos encuentros, tanto personales como comunitarios, y que puede convertirse en orientación operativa para la Región. Lo dicho hasta aquí se refiere a los aspectos prácticos y organizativos del encuentro de la Dirección General con una circunscripción. Pero la visita canónica puede tener también un significado más recóndito sobre el que nos detendremos brevemente. Se le puede deducir reflexionando sobre el episodio de la visita de María a su prima Isabel. Nos lo cuenta el evangelista Lucas, quien pone de relieve algunos preciosos elementos que podemos aplicar a la visita canónica. 1. Presencia del Espíritu El Espíritu Santo precedió y acompañó la visita de María, pues es siempre él el protagonista verdadero de todo acontecimiento de salvación. María lo sabía muy bien. Se encamina apresurada hacia la casa de su prima, aunque sea consciente de que el servicio que podrá ofrecerle será sencillo y humilde. Pero quien ha llenado su vida y la ha enriquecido con la presencia del Emmanuel sabrá transformar su gesto sencillo de amor en instrumento de salvación para todos aquellos que nos acojan en la fe. Lo que nosotros podemos realizar en el contexto de una visita canónica tiene indudablemente la apariencia de la sencillez y de la pobreza; se trata de hermanos que se encuentran con otros hermanos para intercambiarse los dones que son su experiencia de vida, la realidad de la misión, los pequeños éxitos así como también los fracasos, que nunca faltan. Este "intercambio de dones" puede sin embargo convertirse en un acontecimiento de salvación si Aquel que estaba presente en el encuentro de María con Isabel es invocado ahora por nosotros, acogido y escuchado. Por tanto, que cada visita sea precedida y acompañada por una insistente oración al Espíritu Santo. 2. "Se levantó María" Muchos elementos podrían desaconsejar aquel viaje de María hacia Judá. Sin embargo, "se levantó María" y se puso en marcha, dejando tras de sí los titubeos personales y los demás, la seguridad de su casa, una mayor atención sobre sí misma en aquel momento tan especial de espera de su Hijo. Sólo emprendiendo resueltamente el viaje fue capaz María de encontrarse con su prima y llevarle a ella y a su familia gozo y salvación. Una visita es posible y resulta útil y fructífera si cada uno está dispuesto a dejar a sus espaldas el propio mundo hecho de certezas y seguridades, de prevención al cambio, de titubeos y miedos de abrirse a lo "nuevo" que Dios tiene preparado para todos. Maduremos pues las disposiciones de apertura al otro, de acogida de todo los que puede convertirse en propuesta de conversión y de recualificación de nuestro servicio misionero. 3. "Se fue con prontitud a un ciudad de Judá" Ain Karim es la aldea de Isabel: un pueblecito de gente sencilla, alejada del chismorreo de Jerusalén. Tal es el mundo que María busca y que Isabel presenta a su prima y en el que Dios realizará sus maravillas. Durante la visita debemos ahuyentar el miedo de presentarnos en la normalidad de nuestra vida y de nuestro trabajo. Nuestro Ain Karim es ése. Creamos, por el contrario, que puede aquí repetirse el encuentro, suscitado por la fe, que significa el paso de Dios que salva. María saluda con alegría a su prima. Hagamos de modo que nuestro encuentro constituya también la ocasión de celebrar la alegría de la Familia que se reúne para estrechar más intensamente los vínculos de la propia fraternidad. 4. "El Poderoso ha hecho cosas grandes en mí" Dar gracias quiere decir reconocer la presencia salvífica de Dios en la trama de la existencia y de nuestras comunidades cristianas. En la Biblia hay una insistencia constante en la necesidad de dar gracias. Al dar gracias se pone a Dios en primer lugar y a nosotros en una constructiva dependencia de él, se aprende a vivir la relación con Dios de forma vital, nos disponemos a la conversión abriendo los propios horizontes y sintonizándolos con los de Dios. La visita canónica es el tiempo de trazar una recapitulación del sexenio transcurrido. Al dar gracias reconocemos la obra de Dios en nosotros y al mismo tiempo nos abrimos a la conversión porque somos más claramente conscientes de nuestros límites. Al mismo tiempo, con confianza renovada nos proyectamos hacia el futuro, conscientes de que la ayuda de Aquel que "hace cosas grandes" no nos faltará. Y con la confianza renace en nosotros la esperanza, se refuerza la determinación a no perder ninguna de las oportunidades que el Señor sigue sembrando en el terreno de nuestra realidad misionera. 5. "El Señor ha mirado la humildad de su esclava" Nuestras debilidades no pueden asustarnos y nuestras infidelidades no deben paralizarnos. Podemos decir con San Pablo: "Cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2Cor 12,10). La revisión de nuestra vida y de nuestro trabajo es uno de los puntos fuertes de toda visita. Se observan las situaciones críticas y se analizan las dificultades no para condenar sino para encontrar caminos de superación. Momentos como el de la visita canónica pueden ofrecer una providencial infusión de esperanza si el ángulo desde el que consideramos nuestra vida y nuestro trabajo misionero es similar al que tuvo María ante su pequeñez. Partiendo de nuestra debilidad y pobreza y manteniéndonos constantemente disponibles a Dios podemos desear las cosas más grandes "porque su nombre es santo". 6. "María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa" La visita de María a su prima duró tres meses, un período limitado pero que imaginamos llenos de muchas expresiones de amor mutuo y de servicio recíproco y capaz de suscitar un aumento de fe en estas dos personas llamadas por Dios a cosas grandes. Una visita no puede durar excesivamente. Mientras que por una parte constituye un momento fuerte en la vida de una Región, permitiendo tomar decisiones incluso d cierto alcance, por otra no deja de ser siempre un momento especial y de duración limitada. Nuestra vuelta a casa significará la reanudación del trabajo ordinario, el desempeño de tantos compromisos que forman el tejido de nuestra vida cotidiana. María vuelve a su casa llevando en su seno a Jesús. Si también nosotros sabemos volver a casa con una conciencia más viva de la presencia de Jesús entre nosotros, nuestra existencia se verá enriquecida con una nueva carga de luz y fuerza en favor de un renovado arrojo apostólico. Concluyendo, quisiéramos expresar un deseo: que el paso de la Dirección General por una circunscripción pueda ofrecernos a todos los misioneros la oportunidad de detenernos para reflexionar sobre el pasado, discernir el presente y programar el futuro. Y si a esta pausa sabe añadir cada uno el evangélico granito de fe, se podrá entonces percibir de manera tangible el paso de Dios por la vida personal de cada uno y por la circunscripción. Que este deseo, avalado con la intercesión de la Madre de Jesús y nuestra, sea acogido con generosa disponibilidad por todos nosotros, por cada uno y por las comunidades. Que el Beato Allamano confirme nuestra buena voluntad y los propósitos de renovación y que nos bendiga. Os saludamos cordialmente. P. Piero Trabucco, IMC P. Antonio Bellagamba, IMC P. Norberto Ribeiro Louro, IMC P. Aquiléo Fiorentini, IMC P. Jean André Benedetti, IMC |
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