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| P. GARBOLINO GIOVANNI 1913-2000 |
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| Escrito por La Redacción del Da Casa Madre | |
| 22.02.2006 | |
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Hijo de Carlo y de Maria Giachino, nació el 2-10-1913 en Pinerolo (Turín). En 1924 ingresó en el Instituto proveniente del seminario de Pinerolo, donde había cursado hasta 5º curso de básica. En 1929 se consagró al Señor con la profesión religiosa y en 1936 fue ordenado sacerdote. Licenciado en teología y doctorado en filosofía, enseñó filosofía a los seminaristas de la Consolata hasta que en 1940 tuvo que ir a la guerra como capellán militar. Fue a trabajar a Albania y a Grecia, y a los hospitales de Merano y de Gallarate. En 1942 escribe al P. Sandrone, vicesuperior general, desde Albania: "Estoy siempre convencido de que la santidad, que es caridad, que es fe, que es celo, que es vivo deseo de glorificar a Dios con las virtudes y la edificación del prójimo, es el requisito indispensable para realizar el bien que es la finalidad de nuestra vocación sacerdotal. Una de las constataciones o experiencias que he hecho y sigo haciendo como capellán es precisamente ésta: que el sacerdote o es, con el ejemplo de sus virtudes, la sal de la tierra, o es piedra de escándalo. Se tiene la sensación, en medio de este mundo de los soldados, que si uno no es sacerdotes en serio, somos simplemente marionetas, ridículos hasta cuando se celebra la misa; y tanto más en el altar, cuando la explicación más evidente de los que allí se hace es para los que allí están presentes la fe que nos inspira, la caridad que nos anima, el celo que nos espolea, la vida digna y virtuosa que se lleva". Las circunstancias eran difíciles debido a la guerra y el P. Garbolino supo hacer de ello una lectura profunda de fe. Así lo hace al felicitar la Navidad al P. Sandrone: "Triste esta Navidad de 1942. Como para todo el mundo, también para nosotros, para nuestro Instituto, que con la guerra sufre sus consecuencias negativas, con la lejanía de los misioneros de sus misiones, con el sufrimiento de los que están en la prisión, la aspereza de los que han de combatir y actuar con los soldados, con el disgusto de quienes en la patria o en casa atienden a su formación o a la de los demás, con el espíritu apostólico en muy difíciles circunstancias. ...A pesar de todo, feliz Navidad, entre otras cosas porque después de un tiempo tan duro cabe esperar que hayamos sembrado y fecundado el terreno con muchas lágrimas. Por eso la próxima Navidad no pasará para usted, padre, sin una sonrisa del Niño Jesús, quien sonríe viendo a los nuevos misioneros hacerse más dignos con el sufrimiento y la penitencia, para predicar su evangelio y recoger con manos más grandes los frutos de su redención". La guerra termina y el P. Garbolino vuelve a la comunidad de Montevecchia y en 1946 parte hacia Brasil. La impresión del Nuevo Mundo es óptima y tiene gran deseo de comprometerse por el Reino de Dios. Escribe al vicesuperior general desde Rio de Oeste el 13-7-1946: "Mucho quehacer hay por aquí, padre, a Dios gracias, en favor del incremento de nuestro Instituto, por la gloria de Dios y por el bien de las almas... Brasil es sin duda un paraíso terrestre que nos ofrece las mejores posibilidades. se trata sencillamente de que nosotros cumplamos los planes de la Divina Providencia haciendo ni más ni menos lo que debemos del mejor modo posible". Trabaja enseñando filosofía a nuestros clérigos de Brasil: "Comienzo con la mejor buena voluntad, espoleado por el buen ejemplo de todos los demás hermanos padres y de los mismos clérigos, quienes en cuanto a buen espíritu -espíritu misionero y espíritu peculiar nuestro- no dejan nada que desear". En mayo de 1947 muere inesperadamente el P. Bisio Giovanni, iniciador de nuestra presencia en Brasil. Una época termina. Comienza otra de la que dice el P. Garbolino, escribiendo al P. General: "Nosotros debemos ahora proseguir esta segunda fase explotando celosamente su (del P. Bisio) espléndida herencia espiritual, siguiendo fielmente sus directrices, sus ejemplos y el espíritu en él genuinamente modelado conforme al del Veneradísimo Padre Fundador... Mucho, mucho queda por hacer en este sentido... Mucho se puede hacer en este vastísimo y joven país, en medio de esta gente... Corresponde a nosotros los Misioneros de la Consolata, quizá más que a nadie, como deber y como derecho... suscitar la llama y animar e incrementar el impulso, la 'pasión' apostólica que deberá dar mayor gloria a Dios y al Brasil el excelente mérito y prestigio de cooperar en la construcción de la civilización espiritual del mundo". El P. Garbolino continuará luego su apostolado misionero en Erexim y en 1952 se le destina a Estados Unidos. Aquí trabaja un año como vicepárroco en la parroquia de Fall River en Massachussetts dedicándose a la asistencia de los inmigrante portugueses. Luego lo encontramos en otras localidades de América del Norte desempeñando actividades de animador misionero, de predicador de retiros espirituales y de conferenciante. En 1958 se le destina a la casa de Roma como ayudante del procurador general, el P. Gaudenzio Barlassina, y se inscribe en el Pontificio Ateneo de ciencias orientales con el secreto deseo de poder dedicarse un día al apostolado en Rusia y colaborar en la causa ecuménica con los ortodoxos conocidos en Grecia durante la guerra. En el mes de julio de 1959 hace un viaje turístico a Polonia, Rusia, Hungría y Austria. Durante el mismo tiene la oportunidad de conocer a algún sacerdote de esos países y comienza así su "apostolado" en favor de las iglesias de detrás del telón de acero, dominadas por los regímenes comunistas. Apostolado realizado con el envío de libros, misales, rosarios, etc., y despertando el interés de la gente por medio de conferencias y artículos. Pasó un año más en la Casa Madre de Turín dedicándose a diversos compromisos y finalmente fue destinado a la casa de Roma-Bravetta como superior y para recuperar el ambiente adecuado de un seminario filosófico y teológico. En enero de 1965 acompaña al P. Lombardi, famoso predicador en televisión, en tres cursos de ejercicios espirituales en Ceilán, en India y en Pakistán, viaje que vivió como una auténtica experiencia de apostolado y que le enriqueció desde el punto de vista misionero. A principios del año 1966 vuelve a Estados Unidos y entabla correspondencia epistolar con Svetlana Alliluyeva, la hija de Stalin, que se había refugiado en Estados Unidos. La vio en la televisión en su primera conferencia de prensa al llegar a Nueva York tras huir de Moscú. Parecía "ansiosa, agitada, frágil, respondía entrecortada a todas las preguntas, incluso las más duras". Así le describió con las pocas palabras rusas que conocía. Le contestó en inglés. Y él escribía al P. Fiorina: "Será también un motivo de alegría para usted el hecho de que un Misionero de la Consolata haya tenido el cometido, realmente sacerdotal y misionero, de facilitar los consuelos de la Virgen a un alma que María Santísima ha elegido, evidentemente, como instrumento especial de la bondad materna y como signo de amor en favor y para el bien del pueblo ruso" (21-5-1967). La relación epistolar con la hija de Stalin duró hasta 1984 cuando ella, con una decisión inesperada, volvió a Rusia. En 1972 viajó a Polonia invitado por el obispo auxiliar de Varsovia. Con la aprobación de los superiores buscó una inserción en aquella Iglesia para dar a conocer el Instituto y difundir el ideal misionero. En septiembre volvió a Roma y fue destinado a la Casa General con el fin de mantener contactos epistolares con Polonia que favorecieran la colaboración misionera. Gracias a él algunos sacerdotes polacos se agregaron temporalmente al Instituto para trabajar en las misiones. Y se llegó incluso a acariciar la idea de fundar en Polonia. En esta colaboración destaca un personaje destinado a ser conocido como...Papa: el arzobispo de Cracovia Karol Woityla. A él le regaló el P. Garbolino en 1974 una cruz rusa que el astronauta Edwin E. Aldrin llevó a la Luna con el Apolo 11 y a quien se la había enviado el propio P. Garbolino con la súplica de que la llevara. El astronauta así lo hizo y al volver le devolvió la cruz rusa y otra que también había llevado, y que es la que regaló a quien en 1978 se convertiría en Juan Pablo II. El 7 de mayo de 1977 el P. Garbolino realiza su primera vigilia eucarística y mariana, una iniciativa a la que dedicará sus energías durante el resto de su vida. Se trata de una vigilia de oración mensual que dura una noche entera y que tiene lugar el primer sábado de cada mes. Huésped de varias iglesias de Roma, en los últimos años tenía lugar en la iglesia votiva de la Dolorosa, llamada "Iglesia de los Argentinos". Teniendo como finalidad el culto eucarístico y la devoción mariana, la iniciativa se difundió en varias parroquias de Roma y de otras ciudades, contando con adhesiones de sacerdotes y obispos. Para esta iniciativa el P. Garbolino redactó una "Guía para las vigilias eucarístico-marianas", que se editó tres veces. En todo esto supo implicar a miles de personas en el compromiso espiritual en favor de la "Iglesia del silencio" de los países del Este y de la Iglesia misionera en general. A comienzos del 2000, a la edad de 87 años, el cuerpo del P. Garbolino mostraba las marcas de las batallas combatidas. Agotado por la enfermedad, fue llevado a Alpignano, donde el 8 de abril voló a la Casa del Padre. Sus restos mortales fueron inhumados en Pinerolo, en la tumba de la familia. En el P. Giovanni Garbolino el Instituto llora a uno de los últimos testigos que conocieron vivo al Padre Fundador, el Beato José Allamano. La Redacción del Da Casa Madre |
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