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I. La Iglesia, familia de Dios: fermento para un futuro de salvación en África Imprimir E-mail
Escrito por Consolata.org   
22.02.2006

 Nuestro itinerario en busca de caminos de salvación en los diversos Continentes comienza en África. Aquí tuvo lugar el primer campo de trabajo del Instituto a comienzos del siglo XX y actualmente nuestra familia misionera es como de casa en este Continente. Cuenta con una presencia estimable de personas, atenta siempre a actualizar su presencia ad gentes, así como con un nutrido flujo vocacional. Mientras damos gracias al Señor por tantos caminos de salvación ya recorridos, no podemos esconder que también existen preocupaciones y problemas en muchas áreas de este Continente.

 Celebrado en el mes de abril de 1994, el Sínodo especial para África usó profusamente la imagen de la "familia de Dios" para expresar de manera eficaz y significativa lo que la Iglesia misma entiende que es este Continente. Conscientes de que la familia es para todos los pueblos africanos el lugar donde el valor sagrado de la vida viene a la luz, donde se le cultiva y protege y donde toda persona encuentra su identidad y se siente en casa, los obispos sinodales adoptaron esta imagen para explicar lo que la Iglesia quiere ser y el modo quiere comportarse en África. Rescatado plenamente por la exhortación postsinodal Ecclesia in África (EIAF), el icono de la Iglesia-familia de Dios ha sido oficialmente reconocido como una "expresión de la naturaleza de la Iglesia especialmente adecuada para África" (63), pues pone "el énfasis en la premura por el otro, en la solidaridad, en el calor de las relaciones, en la acogida, en el diálogo y en la confianza" (Ibíd..). Es en África especialmente donde la Iglesia podrá ganar credibilidad a los ojos de la gente, con tal que sepa estar cercana a los problemas concretos de cada pueblo, respetando la identidad africana y luchando al lado de los más pobres. En otras palabras, la Iglesia en África desarrollará su función verdadera de cooperadora de la salvación únicamente si sabe expresar en plenitud y verdad su vocación de familia de Dios (Cf. The Church as Familiy of God, SECAM, Accra, 1998).

 

 

Entender la familia de África

 

 La comprensión del alma africana, paso obligado para conseguir que sea eficaz la presencia salvífica de Dios en África, pasa a través de una atenta y correcta comprensión de la familia. La familia nace como una convergencia de amor y comunión del hombre y de la mujer que se expresa en una alianza estable y abierta a la vida. Son estos los elementos comunes a toda familia humana, pero África los ha enriquecido con características propias que la hacen peculiar. Esas características son las siguientes:

 - Familia amplia: el contrato matrimonial que une a un hombre y una mujer comporta lazos fuertes y duraderos entre dos familias o dos clanes, hasta incluir a casi toda la parentela.

 - Parentela o linaje: se extiende al pasado y conserva fuertes lazos incluso con los difuntos. Cultiva especialmente la relación y la comunión con todos los miembros vivos. La familia africana no puede morir porque la parentela debe continuar sin interrupción. Por eso la vida es el valor más grande del africano, al que hay que amar, defender y buscar como el don más grande de Dios. La parentela no es cerrada; está siempre abierta a la acogida y la hospitalidad.

 - La familia africana posee el sentido de la solidaridad como una de sus características fundamentales. La unidad dentro de la parentela es un valor sagrado que se expresa especialmente con quienes se encuentran necesitados o son los más débiles. Esta solidaridad parental no es cerrada, sino que se abre a la hospitalidad con todos.

 

 

Iglesia-familia: una relación posible y oportuna

 

 Las características fundamentales de la familia africana constituyen la base ideal para una acogida de la buena noticia de Cristo Salvador: ¡nosotros somos familia de Dios! Viene a ser la sementera del Espíritu a la que todo evangelizador debe acercarse como a una "realidad sagrada" y como plataforma providencial para favorecer un paso posterior hacia la "verdad plena".

 Recordamos y resaltamos brevemente algunas orientaciones pastorales emergidas en la asamblea sinodal y de reflexiones posteriores, capaces de favorecer una correcta dinámica evangelizadora dentro de la realidad africana hoy:

 - El matrimonio cristiano en África debe valorar plenamente el concepto cultural y bíblico de alianza entre dos personas y dos familias. Puede aportar un vigor renovado al matrimonio en África, liberándolo de adherencias negativas, antiguas y nuevas, como pueden ser las interferencias inoportunas sobre las jóvenes parejas, una expectativa desorbitada de beneficios económicos o el debilitamiento del vínculo matrimonial. La parentela, con sus múltiples expresiones, puede expresar valores cristianos como la comunión, la fraternidad, la solidaridad. El mensaje de Cristo aporta nuevos horizontes a estos valores: universalismo, sentido de la gran familia humana, responsabilidad de cada una de las personas. Combate, además, los aspectos negativos: etnocentrismo, nepotismo y parasitismo.

 - La vida en la familia africana se considera un valor supremo, desde el nacimiento de los hijos a la educación de la prole y la defensa de la salud. Desgraciadamente la sociedad moderna plantea retos serios a este valor, como una escasa responsabilidad en la educación de los hijos, poco cuidado de la salud, especialmente en la prevención de nuevas enfermedades, la violencia, que ni siquiera tiene en cuenta a los niños, y el poco respeto de la sexualidad. Estos retos constituyen sin duda las nuevas fronteras para una experiencia más profunda de la salvación ofrecida por la familia africana.

 

 

Iglesia-familia de Dios para inculturar el evangelio

 

 El tema de la inculturación del evangelio en África ha sido indudablemente de importancia fundamental en el contexto de las discusiones sinodales. En el pasado, en los años del Concilio, se discutía sobre su oportunidad o posibilidad. Hoy nos preguntamos sólo sobre "cómo" debe realizarse y no queda margen para la perplejidad o el titubeo cuando compartimos la afirmación de que no hay evangelización y verdadera experiencia de salvación sin inculturación.

 De estas premisas fundamentales nacen algunas exigencias claras que confluyen en una metodología misionera diversa. Recordamos algunas:

 - La experiencia religiosa africana se convierte en el lugar teológico privilegiado para afrontar de forma seria la evangelización en África. No se puede prescindir de ella, como no se pueden ignorar las religiones tradicionales africanas con su sentido específico de Dios, del más allá, de la mediación de los antepasados. La religión, según la experiencia africana, no está codificada en libros ni se especifica con claras normas cultuales. En general se expresa espontáneamente en la vida concreta de los individuos, de la familia y del clan. Al evangelizador se le exigirá empatía para percibir esta realidad religiosa, esfuerzo para rastrear las semillas del Verbo y mucha capacidad de escucha.

 - La inculturación "incluye todos los ámbitos de la vida de la Iglesia y de la evangelización: teología, liturgia, vida y estructura de la Iglesia" (62). Todas las expresiones de la vida y de la comunidad cristiana deben situarse en la índole religiosa y cultural propia de África. No se puede olvidar que este empeño implica un discernimiento...

 - Hablar de inculturación significará también tomar en seria consideración el elemento comunitario, según el célebre principio de un filósofo africano: "Yo soy porque nosotros somos, y puesto que nosotros somos, yo soy" (J. Mbiti, African religions and Philosophy, Londres 1990, p. 106). Ignorar la comunidad es ignorar la peculiaridad africana...

 - La evangelización inculturada no será, por consiguiente, una simple y pura propuesta de fe cristiana, sino más bien una llamada a la conversión, a la transformación, a pasar de lo viejo a lo nuevo según las palabras de Jesús: "El Hijo del hombre no ha venido para derogar sino para perfeccionar" (Cf. Mt 5,17).

 

 

Iglesia-familia de Dios al servicio de la solidaridad y la comunión

 

 El tradicional valor de la solidaridad africana abre a los individuos al compromiso y a la responsabilidad comunitaria, se convierte en don abierto para todos y sin confines, privilegia la ayuda a los pobres y los necesitados, defiende a los huérfanos y las viudas. La veneración a los padres y los ancianos sigue vigente en todas partes, por más que las exigencias modernas de la sociedad africana parezcan mitigar a veces el tradicional respeto hacia quienes encarnan la sabiduría y los valores ancestrales. También la hospitalidad y la acogida, como expresiones de solidaridad africana, se practican especialmente en el contexto de la familia o del clan, pero se mantienen abiertas siempre a una generosa acogida de todas las personas.

 La Iglesia-familia encuentra en estos valores un terreno fértil en el que hacer brotar los auténticos valores cristianos y evangélicos de la fraternidad, de la comunión y del amor hacia todos. Una pastoral iluminada tratará de poner la máxima atención en crear verdaderas comunidades, solidarias y fraternas, donde la acogida sin distinciones sea de casa y el amor fraterno sea tenido en la máxima consideración. Aquí está el secreto para hacer que se viva una profunda experiencia de salvación dentro de la sociedad africana.

 Pero África ha experimentado a lo largo de estos últimos años una improvisa y constante disgregación de la convivencia, de la acogida, de la hospitalidad y de la solidaridad. Parecen haber decaído en poco tiempo los valores culturales perennes y las realidades cristianas bien arraigadas en decenios de presencia cristiana.

 Las comunidades deben ser, por tanto, reforzadas, purificadas y apoyadas en contacto con las realidades de la comunión fraterna y de la Eucaristía. Deben crecer hacia la superación de las fronteras de la parentela, del clan o de la tribu y mirar hacia los horizontes más amplios de la nación, de la Iglesia y de la familia humana.

 

 

Iglesia-familia de Dios en diálogo

 

 El diálogo es uno de los elementos indispensables para el crecimiento y el bienestar de la familia humana. Sin diálogo, las relaciones humanas se enfrían y mueren. Diálogo y comunicación constituyen para la gente de África el espacio ideal para el crecimiento de los lazos familiares, para la transmisión de los valores tradicionales y para reforzar la solidaridad. Del mismo modo, sin comunicación y diálogo la Iglesia no podría ser ella misma, justamente porque es familia y comunión. Además, sin la utilización de los medios de comunicación social, la propia misión evangelizadora de la Iglesia resultará baldía.

 Consciente del valor de la comunicación para la evangelización y de la expresión oral para la sociedad africana, la Iglesia de África siente la necesidad de valorar lo mejor posible el anuncio y toda forma de comunicación oral. La Iglesia encuentra el fundamento principal de una fructífera comunicación del mensaje de la salvación en "Jesús, el comunicador por excelencia, que a quienes creen en él les comunica la verdad, la vida y el amor compartido con el Padre celestial y con el Espíritu Santo" (122). Otro elemento fundamental de la comunicación son los medios tradicionales africanos, que deben ser valorados en consonancia con los descubrimientos modernos de la comunicación. Tales son el canto y la música, el teatro y el mimo, los relatos y los proverbios.

 Los medios de comunicación desempeñan una función importantísima en el desarrollo económico de las naciones y en la evolución social de la humanidad. La posibilidad de informar y de ser informados forma parte también de la declaración universal de los derechos humanos. Consciente de la responsabilidad que incumbe a todos sobre el uso correcto de los medios de comunicación, la Iglesia se compromete a:

 - acompañar con una actitud positiva el desarrollo de los medios de comunicación y a vigilar para que África no se quede al margen del uso de esos medios;

 - hacer que el uso de los medios modernos de comunicación no dañe los valores tradicionales de la cultura africana y no cree nuevas discriminaciones en detrimento de las clases más pobres;

 - formar a la gente en el uso correcto de los medios modernos y en el sentido crítico de los contenidos que éstos transmiten;

 - unir las fuerzas para dar vida a una cadena de información que sea respetuosa de los valores culturales y cristianos.

 

 

La Iglesia-familia de Dios deja oír su voz

 

 Ante el trágico escenario que desgraciadamente ofrece la actual África, donde valores ancestrales son pisoteados y anulados y la vida de tantos creyentes se ha convertido en abierta negación del evangelio de Cristo, la Iglesia ha querido que se oiga su voz, fuerte y clara, de madre, maestra y dispensadora de los misterios de la salvación. Esto ha sucedido de manera especial durante el reciente Sínodo de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), celebrado en Roma en la primera semana de octubre de 2000. El tema de esta asamblea fue: "Iglesia-familia de Dios, lugar y sacramento de reconciliación, perdón y paz en África", como continuación de los temas del Sínodo.

 La actual África, afirman los obispos en un mensaje enviado a todas las personas de buena voluntad del Continente, se ve desgraciadamente sacudida por los vientos gélidos de la intolerancia, la discriminación y el odio tribal, que están arrasando los valores seculares de los pueblos del Continente. Situaciones de tragedia inaudita han sido creadas por hombres políticos sin escrúpulos en diversos países. Tales situaciones están causando grandes sufrimientos a los ciudadanos, privándoles de los derechos más elementales y provocando por todas partes hambre, epidemias y destrucciones. El desprecio de la vida y de la dignidad humana se manifiesta en la utilización de los niños y de las niñas como combatientes en conflictos étnicos o de intereses particulares.

 África está perdiendo poco a poco su identidad cultural, herencia impagable de las pasadas generaciones. Los ancianos están perdiendo toda consideración, la solidaridad comunitaria se desvanece en un individualismo egoísta y la familia se ve privada de la función que el no lejano Sínodo especial para África había ilustrado altamente.

 La culpa de estos trágicos acontecimientos hay que buscarla no sólo en el ámbito africano. Las grandes potencias del mundo no sólo parecen olvidarse de África, sino que frecuentemente la utilizan para aprovecharse de sus recursos naturales y humanos en exclusiva ventaja propia y para imponerles el yugo cada vez más pesado de la deuda.

 Un mal más trágico aún, afirman los obispos, azota a África, aunque sea de forma callada y poco evidente: el avance de la enfermedad del SIDA. Dos tercios de todos los afectados del mundo se encuentran en el Continente africano. Las costosas medicinas que alivian esta enfermedad son desgraciadamente inaccesibles para la mayor parte de los enfermos africanos, que se ven condenados a una muerte segura. A la denuncia clara de estos nuevos males de África sigue, en el mensaje de los obispos, una llamada a todas las Iglesias para que busquen con empeño renovado la reconciliación, el perdón y la paz. Pero no de forma aislada, sino uniendo todos los esfuerzos de los de los fieles de otras religiones y de todas las personas de buena voluntad. Medios indispensables para conseguir esos objetivos serán la Palabra de Dios, el testimonio del amor fraterno y la educación a la fraternidad, la práctica de la reconciliación y del ejercicio del perdón pedido y ofrecido a todos.

 La llamada de los obispos no se ha limitado a la denuncia del mal, sino que ha querido invitar al mismo tiempo a los creyentes y a las personas de buena voluntad a poner en marcha todo posible esfuerzo a fin de cambiar la dirección del camino y tender decididamente hacia los comunes objetivos de la justicia, de la reconciliación y de la paz como expresiones de la salvación que se realiza en este Continente.

 

 

Pistas de reflexión

 

A los Misioneros que trabajan en África

 

 La lectura de la realidad hecha por el Sínodo, ¿Tiene eco en tu ambiente de trabajo?

 ¿Cuáles son las "semillas de salvación" más visibles en ti o en tu ministerio?

 ¿Cuáles son las debilidades más evidentes en la comunidad donde vives y en el ambiente donde trabajas? ¿Qué remedios propondrías?

 Iglesia-familia de Dios: ¿Cómo marca este concepto tu ministerio?

 ¿En qué formas de inculturación estás colaborando? ¿Sientes su importancia para una evangelización que lleve a la gente a hacer una experiencia profunda de la salvación de Dios?

 ¿Sientes el compromiso por la paz, la reconciliación y la justicia como una realización concreta de la salvación que Dios ofrece a África?

 

A los Misioneros que viven fuera de África

 

 ¿Qué mensaje puede ofrecer la Iglesia de África a tu evangelización?

 ¿Qué aportación pueden ofrecer los hermanos provenientes de África al proyecto misionero de tu Región? ¿Pides y valoras esa aportación?

 Desde tu actual comprensión de la realidad del Continente africano, ¿qué significa hoy ser Misioneros de la Consolata en África?