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III. El diálogo, camino de anuncio de la salvación para Asia Imprimir E-mail
Escrito por Consolata.org   
22.02.2006

 

 Asia ha aparecido en el escenario de nuestro Instituto muy recientemente. Sin embargo, está despertando cada vez más nuestro interés, y no sólo por su importancia en la escena mundial sino especialmente porque, al comienzo de un nuevo siglo de evangelización, se presenta como el Continente de la misión ad gentes por excelencia. En efecto, sólo una mínima parte de la población de este inmenso Continente ha recibido hasta el presente la buena noticia de la salvación de Jesucristo. ¡Asia entera está todavía por evangelizar!

 En este Continente se encuentra la cuna de las mayores religiones del mundo, como el cristianismo, el islamismo, el hinduismo, el judaísmo. Aquí nacieron algunas grandes tradiciones espirituales del mundo, como el budismo, el taoísmo, el confucionismo, el sintoísmo. Por otra parte, los pueblos de este Continente cuentan con grandes valores culturales y religiosos típicos, a través de los cuales experimentan y viven la salvación de Dios y que el Sínodo ha querido elencar atentamente: "El silencio y la contemplación, la sencillez, la armonía, el desprendimiento, la no-violencia, el espíritu de un duro trabajo, de disciplina, de vida frugal, la sed de conocimiento y estudio filosófico. Aman los valores del respeto a la vida, de la compasión por todo ser vivo, de la cercanía a la naturaleza, del filial respeto a los padres, ancianos y antepasados, y tienen un sentido de la comunidad muy elevado. De manera especial consideran a la familia como una fuente viva de fuerza, como una comunidad íntimamente relacionada, que posee un fuerte sentido de la solidaridad. Los pueblos de Asia son conocidos por su espíritu de tolerancia y de coexistencia pacífica. Sin negar la presencia de tensiones ásperas y conflictos violentos, se puede no obstante decir que Asia ha demostrado con frecuencia una notable capacidad de adaptación y una apertura natural al enriquecimiento mutuo de los pueblos, dentro de la pluralidad de religiones y de culturas. Además, y a pesar del influjo de la modernización y de la secularización, las religiones de Asia manifiestan signos de gran vitalidad y capacidad de renovación, como puede verse en los movimientos de reforma dentro de los diversos grupos religiosos. Muchos, especialmente entre los jóvenes, experimentan una sed profunda de valores espirituales, como se comprueba por la aparición de nuevos movimientos".

 La presencia cristiana en el continente asiático tiene una historia rica y compleja (Cf. 9). Pero la Iglesia ha sido siempre un pusillus grex en medio de una inmensa muchedumbre de los no cristianos. A pesar de ello, nunca ha dejado de ofrecer testimonios sublimes y heroicos de vida cristiana, especialmente por parte de los laicos.

 

 Estas brevísimas pinceladas de la situación asiática nos introducen en el Sínodo especial para Asia, que se celebró en Roma del 18 de abril al 14 de mayo de 1998. Las reflexiones de los padres sinodales, diversas, bien articuladas y recogidas en la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Asia (EIAS), facilitarán nuestra tarea de descubrir el camino de salvación que el Espíritu está abriendo a los pueblos de este Continente.

 Tomaremos la categoría del "diálogo" como elemento inspirador de nuestra reflexión, según las célebres palabras de la encíclica Ecclesiam suam de Pablo VI, que afirma: "La Iglesia debe entablar diálogo con el mundo en el que tiene que vivir. La Iglesia se hace palabra, la Iglesia se hace mensaje, la Iglesia se hace coloquio" (n. 60). El esfuerzo del diálogo, que ha marcado profundamente el camino de evangelización de la Iglesia del postconcilio, está dando un espíritu y un rostro nuevos al anuncio de la salvación de Jesucristo a los pueblos de Asia.

 

 

Diálogo del evangelio con las culturas

 

 Afirma la EIAS: "Lo que distingue a la Iglesia de las demás comunidades religiosas es la fe en Jesucristo, y no puede guardar para ella esta preciosa luz de la fe bajo el celemín (Cf. Mc 5,15), pues su misión consiste en compartirla con todos" (10). Varias veces quisieron los obispos reafirmar con energía este proprium de la presencia cristiana en Asia. La Iglesia, resaltaron también, siente que está llamada a desempeñar una función de levadura evangélica para transmitir el sabor de Cristo salvador a los pueblos pertenecientes a las grandes religiones del Continente.

 No obstante, los obispos no disimulan las dificultades que esta tarea comporta: "La gran cuestión que tiene ahora la Iglesia en Asia es cómo compartir con nuestros hermanos y hermanas asiáticos lo que nosotros custodiamos celosamente como don que contiene todos los demás dones, es decir, la Buena Nueva de Jesucristo" (19). Dos son las dificultades especialmente señaladas:

 

 Anunciar el Evangelio en Asia significará necesariamente confrontación y diálogo con las grandes tradiciones culturales del Continente, permitiendo así a estos pueblos permanecer al mismo tiempo fieles a la doctrina cristiana y a sus orígenes asiáticos. "Desafío enorme", llama la EIAS a esta tarea, que deberá ser afrontado valorando dos normas pedagógicas:

 - Los pueblos de Asia deben ser ayudados a hacer suyo el misterio cristiano pasando a través de una primera evangelización donde mitologías y folclore local se utilicen con métodos narrativos afines a las formas culturales asiáticas. Al presentar la figura de Jesús es oportuno también usar "perspectivas más relacionales, históricas o cósmicas", propias de la cultura del Continente.

 - En la evangelización, procúrese el contacto personal que comporta mucha atención en la escucha y ofrézcase una proclamación que sea apta al grado de madurez de los que escuchan, utilizando imágenes de Cristo fieles a la Escritura y al mismo tiempo inteligibles a la mentalidad asiática. Se sugieren luego algunas: "Jesucristo, maestro de sabiduría, el curador, el liberador, el guía espiritual, el iluminado, el amigo compasivo de los pobres, el buen samaritano, el buen pastor, el obediente" (Prop. 6).

 

 Afrontar el nudo de la cultura, o mejor, de la inculturación del Evangelio, es un paso necesario para conseguir un anuncio eficaz de la salvación. EIAS afirma su plena validez: "Este es el itinerario adecuado de los evangelizadores al presentar la fe cristiana y al querer que forme parte de la herencia cultural de un pueblo. Por otra parte, las diversas culturas, cuando están purificadas y renovadas a la luz del Evangelio, pueden convertirse en expresiones verdaderas de la única fe cristiana" (21). Si la inculturación es necesaria en el proceso de evangelización de cada uno de los Continentes, lo es con mayor razón en Asia, donde a causa de tantas religiones, culturas y pueblos, el cristianismo corre el riesgo de seguir al margen y parecer extranjero. Aunque debe implicarse a todo el pueblo de Dios en este proceso, algunas áreas necesitan una atención especial. Así las elencan los padres sinodales:

 - La investigación teológica es uno de los aspectos más importantes y delicados en la concreción de un proceso eficaz de inculturación. Sin una seria reflexión teológica no se puede conseguir una verdadera inculturación del Evangelio" (Ibíd..).

 - La liturgia, además de ser "fuente y culmen de la vida cristiana", representa un papel especial en el ámbito asiático, donde el culto, las fiestas religiosas y las devociones populares se tienen en alta estima por todas las religiones. Múltiples elementos contribuyen a hacer que la liturgia se inculturice en el genio de un pueblo: valores tradicionales, símbolos y ritos, culturas emergentes, las necesidades de la gente...

 - La Palabra de Dios tiene un poder intrínseco para comunicar la salvación a las gentes. Además, si se la traduce oportunamente y se la transmite con eficacia, constituye siempre el camino real de una inculturación eficaz de la fe cristiana.

 - La contemplación es muy estimada en Asia. Afirma el Papa: "El contacto con los representantes de las tradiciones espirituales no cristianas, especialmente las asiáticas, me han confirmado en el convencimiento de que el futuro de la misión depende en gran medida de la contemplación" (23).

 

 

Diálogo con las religiones

 

 En su mensaje final al pueblo de Dios, los obispos sinodales han resaltado con convicción que "en el Continente asiático de las muchas religiones, el diálogo se ha convertido sin duda en una necesidad". EIAS explica el motivo: "Porque tiene su origen en el diálogo benévolo de salvación que el Padre mantiene con la humanidad en el Hijo con el poder del Espíritu Santo... Este diálogo que la Iglesia propone tiene su fundamento en la lógica de la encarnación. Por consiguiente, nada como una cálida y desinteresada solidaridad mantiene el diálogo de la Iglesia con los hombres y las mujeres de Asia que buscan la verdad en el amor" (29).

 Si el diálogo se convierte en el modo normal de afrontar la misión en Asia, dada la presencia de tantas religiones, es obvio que el Sínodo insista en este tema. EIAS, tras haber resaltado su importancia afirmando que el diálogo no es para los cristianos una opción, sino un deber, un reto y "parte de la misión evangelizadora de la Iglesia, una expresión del ad gentes" (31), se detiene en las orientaciones concretas y prácticas, que podemos resumir en un decálogo de comportamiento para todos los cristianos:

 - Recuerda que el diálogo con las religiones no es una alternativa al anuncio de Cristo, sino un elemento concomitante y complementario.

 - Si deseas afrontar el diálogo con los seguidores de otras religiones, debes ser fuerte en tu fe y gozoso de tu adhesión a Cristo.

 - No olvides nunca que un objetivo decisivo del diálogo interreligioso es la búsqueda del verdadero bien de la humanidad y el fortalecimiento de la paz.

 - Cuando dialogues, no cedas nunca al irenismo ni abdiques de tu fe cristiana.

 - Se dialoga con la palabra, pero en primer lugar debes poner siempre el testimonio de tu vida.

 - El diálogo no se improvisa. Prepárate a él con un serio estudio teológico.

 - Para dialogar provechosamente debes estar siempre disponible a la escucha y el respeto del otro y de su fe religiosa.

 - Recuerda que el diálogo fructifica sólo cuando se realiza en un contexto de oración.

 - Como religioso, te corresponde a ti especialmente dar testimonio de las formas cristianas de ascetismo y misticismo cuando estés en contacto con otras religiones.

 - No confundas el diálogo ecuménico con el interreligioso. Cada uno de ellos tiene objetivos y usa medios propios.

 Recordando el impacto positivo que tuvo el primer encuentro de oración por la paz, que contó con la presencia de incontables autoridades de muchas religiones en Asís el 27 de octubre de 1986, el Sínodo no se olvida de formular un deseo cuando afirma: 'La Iglesia debe proseguir en el empeño de preservar y promover en todos los ámbitos aquel espíritu de encuentro y de colaboración con las demás religiones" (31).

 

 

Diálogo de la solidaridad y del amor

 

 "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón" (GS, 1). Estas palabras del Concilio Vaticano II fueron el comienzo del capítulo sexto de la EIAS, que trata ampliamente de la misión que la Iglesia quiere poner en marcha para construir con todos los hombres y mujeres de Asia "la civilización del amor, fundada en los valores universales de la paz, de la justicia, de la solidaridad y de la libertad, que tienen su pleno cumplimiento en Cristo" (32).

 Si la Iglesia quiere ofrecer una aportación válida a la conservación y al desarrollo de los valores más auténticos de las civilizaciones asiáticas, debe perseguir tres objetivos fundamentales:

 

Cambio de mentalidad y de estructuras en favor de la persona humana

 

 La Iglesia afirma con energía ante todos los pueblos de Asia que la persona humana, y no el desarrollo económico o la tecnología, es el primer destinatario de toda forma de desarrollo. La persona humana, creada con Dios con derechos inalienables, debe ser defendida, proyectada y privilegiada por encima de cualquier otro valor.

 Desgraciadamente, millones de mujeres y hombres de Continente asiático siguen viendo pisoteados muchos de sus derechos y sufren discriminaciones de todo género por parte de la sociedad y con frecuencia por parte de los mismos sistemas políticos. A pesar de las múltiples formas de desarrollo en muchos campos, Asia alberga algunas de las naciones más pobres de la Tierra, en las que la persona humana es ultrajada por males endémicos como la pobreza, las privaciones de todo tipo y múltiples discriminaciones.

 En esta batalla en favor de la persona humana, la Iglesia en Asia confirma la opción de ponerse al lado de los más pobres y abandonados y convertirse en portavoz de los que no tienen voz, pues con estas personas se identificó su Señor (Cf. Mt 25,40).

 

La valentía de la nueva solidaridad

 

 El Sínodo invita a emprender con valentía el camino de una nueva solidaridad, "capaz de dar pasos creativos y eficaces para superar tanto el subdesarrollo deshumanizador como el 'superdesarrollo' que tiende a reducir a la persona a una partícula económica en una tela de araña de consumos cada vez más opresores" (32). La aportación que la Iglesia puede ofrecer en este ámbito no consiste en soluciones técnicas, sino en proclamar el Evangelio de Cristo y aplicarlo en las múltiples situaciones concretas.

 En primer lugar, los hijos de la Iglesia deben demostrar "la valentía de una nueva solidaridad" afirmando y defendiendo, siempre y en todas partes, el "evangelio de la vida", incluso cuando tenga que ir contracorriente en una sociedad que parece haber perdido su estima.

 Ligado al valor de la vida se encuentra el de la salud. La Iglesia en Asia, siguiendo el ejemplo de Jesús que curaba "toda enfermedad y dolencia" (Mt 9,35), considera misión suya el cuidado de los enfermos. Y quiere hacerlo de forma concreta, "especialmente allí donde las personas carecen de servicios médicos elementales a causa de la pobreza y la marginación" (36). Los padres sinodales aluden de manera especial a los enfermos de SIDA, que frecuentemente son despreciados y abandonados por la sociedad. Deben ser objeto de una atención y un amor especiales.

 Otro aspectos de la nueva solidaridad en el mundo asiático es el esfuerzo en la educación. Todos los que están comprometidos en este servicio, al que el Sínodo define como "elemento clave" de la presencia eclesial en Asia, sepan que ofrecen una de las aportaciones más importantes a las poblaciones de este Continente. Que valoren todos los medios necesarios para que tal servicio sea siempre cualificado, que den la precedencia a los más pobres y necesitados, que traten no sólo de impartir títulos académicos sino de formar personas de manera integral.

 Finalmente, el Sínodo no se olvida de dirigir una llamada especial en favor de la paz y de la justicia. Por desgracia Asia se ve hoy invadida por fuerzas diversas que fomentan el odio, la intolerancia y la marginación, lo que crea continuas situaciones de guerra y conflictos y dan lugar a una cultura de muerte. La Iglesia proclama, además, su contrariedad por la proliferación de armamento, especialmente por el enorme número de minas antipersonal, "que han mutilado y matado cientos de miles de personas inocentes y al mismo tiempo han dejado improductivos terrenos fértiles que podrían haber sido usados para la producción de alimentos" (Ibíd..).

 La Iglesia puede ofrecer a Asia una aportación impagable en favor de una formación cultural de la paz y de la justicia, anunciando y dando testimonio de los valores evangélicos que se encuentran en sus raíces.

 

El desarrollo como "cuestión humana y moral"

 

 El desarrollo actual en el Continente asiático está íntimamente relacionado con el proceso social y económico que se recoge bajo el nombre de globalización. Los obispos sinodales hablaron de él porque el efecto que la globalización está teniendo en los pueblos de Asia es enorme. Y resaltaron las siguientes orientaciones: la globalización tiene aspectos positivos indudables para desempeñar una función estratégica en el desarrollo económico y social en Asia, pero deben acompañarla principios éticos que pongan constantemente en primer plano el bien de la persona y no otros objetivos.

 Desgraciadamente, la globalización tiende a marginar a las naciones y las sociedades más pobres. La economía de mercado no debe ni puede convertirse en un principio absoluto y determinante en las decisiones sociales y económicas que se hacen en los diversos países.

 Más nociva aún podría ser una globalización cultural que difundiera en las naciones de Asia una "cultura consumista global, secularizada y materialista" (39), con la consiguiente erosión de los tradicionales valores de la familia y de la sociedad.

 El desarrollo debe tener siempre en cuenta el ambiente y el respeto de la naturaleza. Gravísimos e incalculables daños han sido ya perpetrados en el territorio asiático porque gobiernos y organizaciones sin escrúpulos ponen la ganancia por encima de cualquier otro valor. Dice el Sínodo: "Es tarea de los cristianos y de todos los que ven a Dios como creador proteger el ambiente, restaurando el sentido del respeto a todas las criaturas de Dios. Es voluntad del Creador que el hombre actúe en la naturaleza no como un explotador despiadado, sino como administrador sabio y responsable" (41). La educación a la responsabilidad común, al respeto de la naturaleza y del ambiente son considerados por la Iglesia una cuestión moral ineludible.

 

 El Papa concluye su exhortación apostólica con una confesión firme de esperanza. La conciencia de su pequeñez es para la Iglesia en Asia su fuerza. Es fuerza el poder del Espíritu que la anima y la convierte en levadura que fermenta toda la masa. Es fuerza de la Iglesia en Asia su fe en Cristo: "Los pueblos de Asia necesitan a Jesucristo y su Evangelio, pues el Continente tiene sed del agua viva que sólo Él puede dar" (50). Son fuerza y esperanza las palabras que el Señor dirigió a sus discípulos: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final del mundo" (Mt 28,30).

 

 

Puntos de reflexión

 

Para los Misioneros de Corea

 

 ¿Os sentís reflejados en el análisis del Sínodo especial para Asia?

 ¿Están en sintonía las opciones de vuestra Delegación con las orientaciones sinodales?

 ¿Qué aspectos tocan más de cerca la presencia IMC en Corea?

 

Para los Misioneros que trabajan fuera de Asia

 

 ¿Sientes la problemática asiática cercana a tu realidad misionera?

 ¿En qué aspectos te puede ser de inspiración?

 ¿Puede ser el "diálogo" un elemento importante también en tu misión?

 ¿Ofrecen las orientaciones sinodales criterios de orientación para nuestra segunda apertura en Asia?